Concepciones equivocadas sobre la llamada «acumulación originaria del capital»

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Introducción:


 


¿Por qué los neoliberales no participan en esta discusión?


 


En la Facultad de Economía se está formando una corriente muy adversa al estudio de la Economía Política marxista, normalmente basada en prejuicios y no precisamente en un conocimiento profundo sobre el tema. Se sostiene que la "modernización" de la carrera de Economía pasa por la eliminación de esa materia en el plan de estudios. Son los neoliberales abiertos o encubiertos quienes lideran esta corriente y han logrado adeptos incluso en el campo de los profesores de Economía Política marxista, que en algunos casos se sienten derrotados…


 


En su expresión más extrema, algunos han llegado a comparar el aprendizaje de la Economía Política marxista con el latín: interesante conocerla como parte de la cultura de un individuo, pero absolutamente inútil en el mundo actual… afirmación temeraria que demuestra que, efectivamente, "la ignorancia es atrevida" y, en esta breve introducción, pretendemos demostrarlo (1).


 


Quisiéramos saber en qué se basa esta corriente para llegar a semejantes conclusiones. Nos preguntamos: ¿Habrán leído alguna vez algún texto de economía política marxista, aun cuando no fuese más que como parte de la historia del pensamiento económico? La verdad que la gran mayoría de los economistas de las diferentes escuelas de la economía burguesa, aquellos que algún día se dieron tiempo de leer algo de marxismo llegaron en el pasado y también actualmente a conclusiones totalmente diferentes y contrarias al pensamiento que manifiestan los partidarios de la mencionada corriente.


 


¿Conocerán estos señores, por ejemplo, la teoría del valor o de la plusvalía, la del salario o de la acumulación del capital y de la crisis económica, o en fin, la teoría de los precios de producción y los precios de mercado que plantea la economía política marxista?… muchos nos tememos que no, porque aquellos como el marginalista Eugen Böhm-Bawerk, por ejemplo, que estudiaron a Marx con un mínimo de seriedad, no osaron igualar sus teorías con el "latín" (2); contrariamente, las tomaron muy en serio, aunque no estuviesen necesariamente de acuerdo con ellas. Böhm-Bawerk consideraba tan importante la obra de Marx que dedicó su obra fundamental, la "Teoría positiva del capital" (3) a la lucha contra los conceptos de "El Capital".


 


Desde otra perspectiva y tomando al azar, podemos referirnos, por ejemplo, a Joseph A. Shumpeter, un estudioso de la historia del pensamiento económico, que no sólo reconoció la enorme importancia e influencia de Marx en su libro "Diez grandes economistas: de Marx a Keynes" (4), sino que reconoció que muchas de las ideas básicas de su propia obra (5) "son exactamente las mismas que subyacen en la doctrina económica de Karl Marx". En el prefacio a una de sus obras se puntualiza que lo más importante de la teoría de Marx es su "concepción de la evolución económica", para indicar que "probablemente baste esto para explicar el hecho de que todas las generaciones de economistas, una tras otra, vuelvan su mirada a la obra de Marx, aún cuando sean muchas las cosas condenables que encuentren en ellas" (6)


 


Podríamos seguir tomando indefinidamente citas de economistas de las más diversas orientaciones burguesas y que se refieren en términos similares a la obra de Marx, pero para muestra baste un botón. Es suficiente conocer superficialmente la historia de las doctrinas económicas para afirmar tal cosa.


 


Sin embargo, probablemente a esta altura, el lector neoliberal esté pensando que son autores del pasado lejano y que ahora, en los tiempos modernos, nadie se atrevería a afirmar semejantes cosas. Tenemos, entonces, a alguien que sin duda para ellos, y también para el profesor Mercado, es una autoridad y le escucharán con mucha atención y circunspección, uno de los maestros de la economía burguesa e imperialista de nuestros días, el profesor de la universidad norteamericana, Paul A. Samuelson, quien se ha tomado la molestia de estudiar la obra de Marx durante más de una década:


 


"El marxismo es quizás demasiado valedero para dejárselo a los marxistas. Proporciona un prisma crítico a través del cual los economistas de la corriente dominante pueden, en su propio beneficio, examinar sus análisis" (7).


 


Espero que lo mencionado sea suficiente para que nuestros detractores nos digan por qué hay incluso en el campo de los economistas imperialistas tantos estudiosos de "latín", que pierden lamentablemente su tiempo estudiando algo que no sirve absolutamente para nada y peor aún, dándole tanta importancia (8).


 


Ahora, pasando de la defensa al ataque, traigamos a colación un problema que nos permitirá descubrir las razones por las que algunos neoliberales atacan con golpes tan "bajos" a la Economía Política marxista, así iremos al fondo mismo del problema. Preguntamos: ¿Por qué los neoclásicos y neoliberales no participan en la discusión que se viene produciendo hace varios años en la carrera de Economía de la UMSA acerca de la Acumulación Originaria de capital en Bolivia?


 


Ya que ellos mismos no se pronuncian, nosotros lo haremos por ellos. Hay por lo menos dos posibles respuestas:


 


1. Consideran que siempre existió el capitalismo, desde la Colonia, en la época del incario, desde el Tahuantinsuyo y antes… que el capitalismo en Bolivia es eterno, sin comienzo ni fin. De ahí que no tenga ninguna importancia científica el análisis de la génesis del capitalismo atrasado boliviano.


 


2. Consideran que si bien tuvo un comienzo no tiene importancia en la medida en que es un problema "histórico", en el sentido peyorativo del término, tal como sólo un neoclásico-neoliberal podría concebirlo. En palabras del sabio Mercado sería "latín": interesante pero innecesario.


 


Suponemos que las dos respuestas se combinan en el cerebro de los neoliberales. Preguntamos: ¿Cómo se explicaría, entonces, la pequeñez del mercado en la economía boliviana? ¿Cómo se entenderían las deformaciones que presenta ese diminuto mercado boliviano con referencia al modelo de la competencia perfecta? ¿Cómo explicaríamos la desigualdad, en el plano tecnológico, en el desarrollo de los diferentes sectores de la economía boliviana? ¿Por qué la producción global es tan pequeña y tan deformada? ¿Por qué la economía boliviana no tiene una industria pesada?


 


En fin, surgen infinidad de preguntas que no pueden ser respondidas si no se estudia el proceso de surgimiento del capitalismo boliviano que, sin duda, presenta rasgos sumamente particulares.


 


Los neoclásicos y por ende sus engendros neoliberales de la hora actual utilizan un método que no les permite abarcar problemas tan profundos y trascendentales de la economía boliviana. Lucio Colletti ya apuntó que cuando se trataba de analizar las teorías de la crisis estructural del capitalismo y la posibilidad o no de su propia desaparición o negación, autores como Jevons, Marshall, Menger y Böhm-Bawerk, Pareto, etcétera, "jamás trataron y peor aún, jamás dijeron nada del problema", esto porque para ellos el capitalismo es algo que está "fuera del tiempo, es eterno" (9). Sólo faltaría completar ese pensamiento indicando que, por el mismo motivo, tampoco les interesa seguir los rastros hasta encontrar las raíces y el proceso de gestación de los problemas actuales. Su método es estrictamente empírico y ahistórico, no pueden penetrar en la profundidad de los problemas y tampoco pueden rastrear y encontrar la génesis de los mismos. De ahí arranca su profunda esterilidad no sólo para explicar los fenómenos económicos, sino también para resolverlos.


 


En síntesis, podemos decir que el método empírico de neoclásicos y neoliberales los conduce a colocarse unas poderosas "cocheras" en los ojos, que les impiden ver en la gran perspectiva hacia atrás y también hacia adelante, así como les impide ver en la profundidad, más allá de las apariencias. Por eso que se tornan conservadores, inmediatistas, superficiales; son los mejores administradores de los intereses de la burguesía, de los que controlan la economía y los resortes fundamentales de la sociedad.


 


Lo dramático es cuando estos señores, así de limitados en su capacidad de interpretación científica de la realidad, se convierten no sólo en jueces supremos, que pontifican sobre lo que es bueno y malo, sino que pretenden ser los poseedores absolutos de la verdad.


 


En esas condiciones, rápidamente pueden convertirse en pisoteadores de la libertad de pensamiento, sobre todo con aquellos que discrepan con sus planteamientos. En el fondo, puede descubrirse con facilidad la desesperación y odio que siente la burguesía contra aquella teoría que muestra su inevitable caída histórica. He ahí las raíces más profundas de los que quieren suprimir la Economía Política en la carrera de economía. En el momento actual resulta insoportable y peligroso para la mantención del orden de cosas existente.


 


Con esas líneas de obligada introducción, procedemos a abordar el tema de si hubo o no Acumulación Originaria de capital en Bolivia. Constituye una de las claves no la única para entender los problemas más importantes de la economía boliviana, sus leyes de funcionamiento y, por lo tanto, para abordar los problemas más importantes de la actualidad, aunque eso no les guste a los que creen que es "latín".


 


1. La acumulación originaria significa nacimiento del capitalismo


 


Hay muchos autores, inclusive aquellos que se reclaman marxistas, Ernest Mandel, por ejemplo, que sostienen que la acumulación originaria se viene produciendo a cada momento en las economías semicoloniales, donde todavía subsisten los modos de producción pre-capitalistas. Basta que se produzca la proletarización (transformación de pequeños propietarios, siervos de la gleba o esclavos, en trabajadores libres desposeídos de los medios de producción) en algunos sectores de la economía,que se bautiza a ese proceso como "acumulación originaria" (10).


 


En 1991 se presentó en la carrera de trabajo social de la UMSA, una investigación realizada en Coripata, en la que se sostenía que el enriquecimiento y la transformación de algunos cocaleros en burgueses (propietarios de empresas), significa ya la existencia de una acumulación originaria a partir de 1952. El autor de este ensayo participó en el debate anticipando el punto de vista que aquí se desarrolla. Véase: "La Acumulación originaria del capital en Bolivia, desde diferentes perspectivas" (debate académico alrededor de la Práctica de Trabajo Social en Coripata – Año 1990) UMSA – Facultad de Ciencias Sociales – Carrera de Trabajo Social, La Paz, junio de 1991.


 


Dos graves errores se pueden percibir en esa interpretación: 1) Se confunde el nacimiento de la célula, el proceso parcial, con el de todo el organismo. 2) No se comprende el momento en que se encuentra el desarrollo del organismo.


 


En primer lugar, la acumulación originaria para Marx no consistía simplemente en la proletarización de unos cuantos obreros o la destrucción de algunos resabios de modos de producción precapitalista. La categoría científica se refiere, más bien, al proceso de surgimiento del capitalismo, al parto o acto de nacimiento de este modo de producción en una determinada formación económico-social. Por lo tanto, se trata de un fenómeno global, no simplemente individual o sectorial aunque, como obvio, está constituido de una enorme cantidad de individualidades.


 


El equívoco de Mandel sería lo mismo que confundir, en el campo de la biología, el nacimiento de nuevas células en el organismo vivo hecho que se da a cada momento y en los diferentes órganos del cuerpo humano con el nacimiento de ese ser vivo como tal. Desde luego que en el organismo del perro todos los días y a cada instante están naciendo nuevas células, pero eso no nos autoriza a decir que se está dando a cada instante el proceso de la gestación del perro y su nacimiento. Si queremos hacer ciencia lo menos que podemos hacer es distinguir entre el nacimiento de las células y el del organismo en su conjunto, que son fenómenos cualitativamente diferentes.


 


Marx planteaba del siguiente modo la cuestión:


 


"…la acumulación del capital presupone el plus valor, la producción capitalista, y ésta la preexistencia de masas de capital relativamente grandes en manos de los productores de las mercancías. Todo el proceso, pues, parece girar en un círculo vicioso del que sólo podemos salir suponiendo una acumulación originaria previa a la acumulación capitalista (previus acumulation, como la llama Adam Smith), una acumulación que no es el resultado del modo de producción capitalista, sino su punto de partida" (11).


 


De ahí que el concepto marxista de la acumulación originaria no se puede confundir con la transformación en proletarios y burgueses que se puede dar en un determinado sector de la economía o, peor aún, si nos referimos a casos individuales. No basta constatar de que se estén disolviendo las relaciones de producción precapitalistas (feudales o de pequeños propietarios) en tal o cual sector, ese fenómeno ha seguido ocurriendo en las economías capitalistas de desarrollo clásico durante mucho tiempo, en el momento de la revolución industrial (siglos XVIII-XIX), y también en la época del imperialismo o fase superior del capitalismo, sin que esto nos autorice a hablar de una "acumulación originaria". Según Marx es una acumulación "previa a la acumulación capitalista". En ese sentido, es "punto de partida". Para no dejar ningún equívoco la comparó con la tradición bíblica:


 


"Esta acumulación originaria desempeña en la economía política aproximadamente el mismo papel que el pecado original en la teología. Adán mordió la manzana, y con ello el pecado se posesionó del género humano" (12).


 


No está demás subrayar por las enormes implicaciones que tiene que para Marx el concepto de capital no es el mismo que para la economía burguesa y particularmente para la economía clásica, en la que se confundía el instrumento de trabajo, la máquina, con el capital, o en su defecto se creía que el capital era una determinada suma de dinero. Por eso es que, un poco más abajo, aclara a qué se está refiriendo:


 


"El dinero y la mercancía no son capital desde un primer momento, como tampoco lo son los medios de producción y de subsistencia. Requieren ser transformados en capital. Pero esta transformación misma sólo se puede operar bajo determinadas circunstancias coincidentes: es necesario que se enfrenten y entren en contacto dos clases muy diferentes de poseedores de mercancías; a un lado los propietarios de dineros, de medios de producción y de subsistencia, a quienes les toca valorizar, mediante la adquisición de fuerza de trabajo ajena, la suma de valor de la que se han apropiado; al otro lado, trabajadores libres, vendedores de la fuerza de trabajo propia y por tanto vendedores de trabajo" (13).


 


En segundo lugar, no es lo mismo que las células nazcan en un organismo que recién se está conformando o que lo hagan cuando está en un período de desarrollo progresivo, o que, finalmente, las células surjan en un organismo que está en la decadencia biológica. En el primer caso se podría decir que forman parte de su proceso de nacimiento, en el último lo están haciendo como parte del proceso de decrepitud y de muerte de ese ser vivo. Una cosa semejante ocurre en la sociedad con el proceso de proletarización que se puede presentar en cualquier momento de desarrollo del capitalismo. Existe este fenómeno desde el momento en que está naciendo lo hace en siglos y continúa produciéndose a lo largo de toda su existencia, incluido el momento de decrepitud histórica del capitalismo.


 


En la culminación del libro I, cuando Marx, después de haber estudiado las leyes fundamentales de movimiento del capitalismo, plantea la previsión histórica de su futuro desenvolvimiento y la necesidad económica de su periclitación, en el punto sobre la "Tendencia histórica de la acumulación capitalista", nuevamente se toca el problema de la Acumulación originaria, pero esta vez desde una óptica diferente, desde la perspectiva del desarrollo futuro del capitalismo (14). Señala:


 


"El modo capitalista de producción y de apropiación y por tanto la propiedad privada capitalista, es la primera negación de la propiedad privada individual, fundada en el trabajo propio. La negación de la propiedad capitalista se produce por sí misma, con la necesidad de un proceso natural. Es la negación de la negación" (15).


 


Queda, pues, absolutamente claro que "la primera negación de la propiedad privada individual", esa "apropiación terrible y dificultosa de las masas populares" constituye la "prehistoria del capital. Comprende una serie de métodos violentos, de los cuales hemos pasado revista sólo a aquellos que hicieron época como métodos de la acumulación originaria del capital"(16).


 


Actualmente, el capitalismo a nivel mundial está en su fase de decadencia, como consecuencia del choque entre la producción social o colectiva (cada día más, por el predominio de las transnacionales en la economía mundial) con las relaciones capitalistas de producción y apropiación (17). Constituye un craso error señalar que en esa sociedad en decadencia se está dando nada menos que la "acumulación originaria", es decir el proceso de gestación y nacimiento del capitalismo.


 


En los hechos, eso no sucede ni siquiera en las economías del Sudeste asiático a las que los neoliberales ponen como modelo de desarrollo capitalista para los países atrasados, donde no ha existido propiamente una acumulación originaria de capital sino que las transnacionales se han trasladado sobre todo gracias a las favorables condiciones de superexplotación de la fuerza de trabajo que presentan esas economías para bombardear, desde ahí, al mercado mundial (18).


 


En términos estrictos, nos encontramos en el período que Marx avizoró como el de la "segunda negación".


 


"Esta restaura la propiedad individual, pero sobre el fundamento de la conquista alcanzada por la era capitalista: la cooperación de trabajadores libres y su propiedad colectiva sobre la tierra y sobre los medios de producción producidos por el trabajo mismo" (19).


 


De ahí que el error de Mandel y de todos cuantos piensan como él hay algunos que postulan que actualmente nos encontramos en el proceso de la acumulación originaria, no puede ser más evidente.


 


Lo anterior no quiere decir que, en determinados países, en ciertos períodos o sectores de la economía, no se puedan producir procesos de proletarización como consecuencia de la disolución de los modos de producción pre-capitalista. Ya hemos señalado que esos procesos en ningún caso pueden ser confundidos con la acumulación originaria de capital, como no se puede confundir el nacimiento de determinadas células en el organismo vivo con la gestación y el nacimiento de éste (20).


 


2. La Acumulación originaria como "conditio sine qua non"


 


Agustín Cueva, en su libro "El desarrollo del capitalismo en América Latina" (21) ha señalado que la Acumulación originaria del capital es una de esas "regularidades estructurales", que necesariamente tienen que repetirse ya que "no son más que expresión de las leyes que rigen la conformación, el funcionamiento y el desarrollo de cada modo determinado de producción" (22). Añade, sin embargo, que estas leyes no se manifiestan en su estado "puro", sino con una determinada especificidad.


 


Tomando en cuenta todas las circunstancias particulares, como es la implantación tardía en la época imperialista del capitalismo en el continente; o el hecho de que tiene que realizarse sólo sobre "una base interna" a diferencia del caso europeo que se "complementó y amplió con el excedente económico" de las colonias; o "lo que es más grave", afectada por el "intercambio desigual, la exportación de superganancias e incluso el pillaje puro y simple en los países neocoloniales"; a pesar de todas estas circunstancias particulares, "no la eximían de realizar, como requisito sine qua non, la acumulación originaria del capital."


 


La argumentación de Cueva podríamos resumirla en la fórmula: si es cierto que hay capitalismo en América Latina, es también cierto que ha tenido que haber acumulación originaria. Y nos apresuramos a decir que la conclusión es falsa.


 


Si tomamos en abstracto el modo de producción capitalista, es evidente que lo uno (modo de producción capitalista) está condicionado por lo otro (acumulación originaria) y en esa medida la afirmación de Cueva es correcta. Sin embargo, el problema es más complejo. Analicemos de cerca la cuestión pues constituye uno de los equívocos fundamentales que debemos rectificar para abordar con el método científico el problema que nos ocupa.


 


Si partiésemos de la convicción de que cada una de las naciones de América Latina y del mundo se encuentran la una al lado de la otra, independientes y separadas unas de las otras, con vínculos casuales entre ellas o que dichos vínculos no afectan el desarrollo interno de esas sociedades, tendríamos que llegar a la conclusión de que, indudablemente, tienen que repetirse las "regularidades estructurales" en todas y cada una de ellas. Sólo en ese supuesto resulta coherente el planteamiento de Cueva de que la acumulación originaria es una "conditio sine que non".


 


Lo que sucede en la realidad es que el desarrollo de las fuerzas productivas que ha provocado el modo de producción capitalista ha determinado el surgimiento de la economía mundial, que no es la simple sumatoria de las economías nacionales sino que funciona como una sola totalidad, que se rige por leyes que actúan por encima de las fronteras nacionales.


 


La realidad objetiva ha sobrepasado al precapitalismo, situación en la que cada país o sociedad estaba desvinculado de los restantes haciendo posible la "repetición" de las "regularidades estructurales" a las que se refiere Cueva.


 


En el caso de la Acumulación Originaria de capital, Cueva parte del supuesto de que en América Latina ésta se habría producido en el último cuarto del siglo XIX, momento en el que como él mismo señala ya se ha constituido la economía mundial y el capitalismo se encuentra en su fase imperialista, donde el capital financiero fusión del capital industrial y el capital bancario monopolista penetra en las economías atrasadas y precapitalistas de la periferia del capitalismo para incorporarlas no sólo en el mercado mundial desde el siglo XV, XVI ya lo estaban sino en el proceso productivo del capitalismo mundial, determinando de esta manera que las fuerzas productivas se constituyan en una unidad mundial.


 


Las economías de América Latina se incorporan de esa manera a la división internacional del trabajo determinada por las grandes potencias imperialistas, proceso que las convierte en productoras de materias primas y alimentos, afectando sustancialmente su desarrollo económico y social, al punto que se va a estructurar un capitalismo particular, con rasgos no conocidos hasta el momento.


 


La realidad era concreta: por un lado, los países capitalistas avanzados con un gigantesco aparato productivo basado en la maquinaria y enormes masas de capital, utilizando la última palabra de la tecnología, de la experiencia y del "know how" que se genera en varios siglos de desarrollo capitalista; masa de mercancías baratas venidas de las metrópolis, capaces de barrer con la incipiente industria de los países atrasados, etcétera. En el otro lado, un lento desarrollo pre-capitalista, gérmenes más o menos desarrollados de producción capitalista, en fin, bajo nivel de desarrollo de las fuerzas productivas con diferencias cuantitativas entre los diversos países de América Latina, incapacidad de competir con las metrópolis del capitalismo, sometimiento obligado a la división internacional del trabajo, etc.


 


No es correcto afirmar como lo hacen quienes siguen a A. Cuevas, que a pesar de esta nueva realidad que constituye la economía mundial con su polo avanzado y su polo rezagado, aspectos contradictorios de la misma unidad donde el uno es condición de existencia del otro y que están en permanente interrelación, el proceso de la acumulación originaria debía realizarse de todas maneras, aunque sea con sus propias especificidades y particularidades, como "conditio sine qua non" para la existencia del capitalismo en los diferentes países de América Latina.


 


Sostenemos que la existencia de la economía mundial como una totalidad, con sus propias leyes que afectan al conjunto del organismo económico, determina que el propio proceso de acumulación originaria, que en casi todos los países de América Latina había comenzado en la época de la colonia o posteriormente y que se venía desarrollando con ritmo más acelerado o más lento, sufra modificaciones sustanciales que es indispensable estudiar con toda precisión.


 


Las leyes económicas y de la historia así como en los diferentes campos de las ciencias naturales están sujetas a determinadas condiciones para realizarse, no pueden darse independientemente de todas las circunstancias, como podría desprenderse del planteamiento de A. Cueva. Si pensamos que eso es así, nos encontraríamos en presencia del dogmatismo que deforma la realidad para acomodarla a un determinado concepto preconcebido.


 


Lo que realmente sucedió es que la penetración del capital europeo y posteriormente del capital financiero se convertirá en un poderoso freno y en algunos casos se llegará al extremo de provocar un retroceso en el proceso de la acumulación originaria que se venía produciendo. En la mayor parte de las situaciones se producirá una frustración del proceso de acumulación originaria que se venía dando hasta el momento.


 


Paul A. Barán refiriéndose sobre todo a lo ocurrido en la India, intenta generalizar el proceso con las siguientes palabras:


 


"La irrupción del capitalismo occidental en los hoy países subdesarrollados, al precipitar con irresistible energía la maduración de algunas de las condiciones básicas para el desarrollo de un sistema capitalista, bloqueó con igual fuerza el crecimiento de las otras. La remoción de una gran parte del excedente corrientemente generado y previamente acumulado por los países afectados, no podía sino causar un serio retroceso de su acumulación primaria de capital" (23).


 


Así, podemos afirmar que en estos países, pero sobre todo en Bolivia, nace el capitalismo, pero lo hace sin que hubiese podido desarrollarse plenamente la acumulación originaria del capital; nace al influjo de la penetración del capital financiero internacional, con determinadas peculiaridades. Por eso que tampoco se trata del nacimiento del capitalismo a secas, sino que será un capitalismo sui-géneris, un capitalismo atrasado que supone la convivencia con los modos de producción precapitalistas. Estos no pudieron ser barridos por el desarrollo capitalista que "normalmente" penetra en todos los sectores de la economía y acaba con todo vestigio pre-capitalista. La frustración de la acumulación originaria explica precisamente esa obligada combinación del capitalismo con los modos de producción precapitalistas.


 


Como se ve, hemos llegado a una conclusión que choca con el sentido común y la lógica formal: hay nacimiento del capitalismo atrasado pero no acumulación originaria, ésta no es "conditio sine qua non" de aquél. Para entender ese aparente "quid pro quo" hay que comprender el proceso en toda su complejidad e intentando dejar de lado los esquemas rígidos y mecánicos. En caso contrario, no podríamos aprehender con el pensamiento la realidad concreta.


 


¿No se tratará, como supone A. Cueva, de una acumulación originaria muy "particular" y "específica" que explique, precisamente, esa convivencia del capitalismo con los modos de producción pre-capitalistas?


 


3. La unilateralización del concepto


 


Como se sabe, todas las escuelas burguesas en economía son víctimas por el método que emplean para comprender la realidad del fetichismo mercantil, de la cosificación de las relaciones sociales de producción. En esa medida, no logran ir más allá de las apariencias engañosas que velan la esencia del fenómeno económico. Por eso que identifican el capital con el dinero y en otros casos con los medios de producción; su método empírico les impide ir más allá de las cosas que se les presentan ante los sentidos. Los clásicos, por ejemplo, suponían que la existencia de los medios de producción en el proceso económico significaba el surgimiento del capitalismo: de ahí que hubiesen pensado que el capitalismo existió desde que el hombre logró elaborar los más primitivos instrumentos de trabajo.


 


Cuando investigaron el proceso de surgimiento del capital lo hicieron desde su propia óptica. A. Smith, por ejemplo, cuando estudió la "previus acumulation" se refirió a la acumulación de dinero e instrumentos de trabajo en manos de los capitalistas. Con ello quedaba limitada a su faceta apariencial la investigación sobre el proceso de surgimiento del capitalismo. Ocurre, como demostró Marx, que también en otros momentos de la historia económica se logró acumular ingentes cantidades de dinero, pero esto no dio lugar al surgimiento del capitalismo. Dicha acumulación dineraria estaba asentada sobre relaciones de producción de otro tipo, por ejemplo esclavistas.


 


Esos antecedentes explican por qué Marx tuvo que puntualizar cuál era el "secreto de la acumulación originaria", señalando que:


 


"El dinero y la mercancía no son capital desde un primer momento, como tampoco lo son los medios de producción y de subsistencia. Requieren ser transformados en capital. Pero esta transformación misma sólo se puede operar bajo determinadas circunstancias coincidentes: es necesario que se enfrenten y entren en contacto dos clases muy diferentes de poseedores de mercancías; a un lado los propietarios de dinero, de medios de producción y de subsistencia, a quienes les toca valorizar, mediante la adquisición de fuerza de trabajo ajena, la suma de valor de la que se han apropiado; al otro lado, trabajadores libres, vendedores de la fuerza de trabajo propia y por tanto vendedores de trabajo" (24).


 


En el caso de Agustín Cueva nos encontramos con el error polarmente opuesto al de los clásicos (A. Smith, D. Ricardo). Consiste en la reducción de la categoría "acumulación originaria" al proceso de proletarización: luego de señalar que la acumulación originaria supone "la constitución de la propiedad capitalista de los medios de producción y la creación de una mano de obralibre, corrige este concepto marxista indicando que:


 


"Separadas ocasionalmente en el espacio de formaciones sociales distintas, tales premisas forman sin embargo parte de un solo y único movimiento histórico que consiste en el establecimiento de un divorcio entre el productor directo y los medios de producción, secreto último y por lo tanto concepto de la denominada acumulación originaria" (25).


 


Para comprender la importancia de la mutilación conceptual que realiza A. Cueva, debemos remitirnos a la forma como analiza Marx la "acumulación originaria" en el caso inglés; en el capítulo XXIV de El Capital, después de revelar el "secreto" de este proceso, pasa a la formación del proletariado por la vía de la "expropiación de la población rural", proceso que va desde fines del siglo XV hasta la primera mitad del siglo XVII. Ya en este punto es necesario anotar la intervención del Estado en el proceso de expropiación de las masas campesinas y también en el proceso de proletarización efectiva, para lograr su incorporación al proceso capitalista de producción: por ello pasa revista a la "legislación sanguinaria contra los expropiados" y a las leyes reductoras del salario, prolongadoras de la jornada laboral y de prohibición de las organizaciones obreras.


 


A partir de este punto debemos poner atención especial, pues se verá con claridad la deficiencia metodológica de A. Cueva. Marx prosigue analizando la formación del otro polo, el polo del "propietario del dinero, medios de producción y de subsistencia".


 


Así, estudia el proceso de "génesis del arrendatario capitalista" (es decir, el capitalista agrícola), que pasa por un proceso de metamorfosis desde el siervo capataz y administrador, pasando por el "arrendatario libre" y por el "medianero", hasta concluir en el "arrendatario propiamente dicho", que ya tiene capital propio, contrata asalariados y paga una renta, ya sea en dinero o en especies al terrateniente.


 


En este punto hay que recordar lo que F. Engels escribió sobre la aristocracia inglesa en el momento de la revolución burguesa de 1689: "…aunque en aquel momento como ahora se la denominaba aristocracia, desde hacía mucho tiempo estaba transformándose en lo que Luis Felipe fue mucho más tarde: el "primer burgués del reino"(26). Aquí hay que llamar la atención al lector sobre un asunto que cobrará una enorme importancia cuando se trate de estudiar la acumulación originaria del capital en Bolivia: parte del proceso "clásico" de acumulación originaria está constituido por la transformación de los señores feudales en burgueses, al punto que en la "revolución" de 1689 constituyó un compromiso entre los sectores burgueses y los aristocráticos de la sociedad inglesa. Aquí hay hegemonía burguesa y la aristocracia se quedó con los cargos "decorativos" y sin trascendencia del régimen burgués.


 


El centro de la estructuración del polo burgués lo constituye el estudio de la "génesis del capitalista industrial", donde advierte que la transformación de los maestros gremiales, artesanos independientes, ex-siervos de la gleba, etc., en capitalistas es un método "demasiado lento" en la acumulación originaria del capital. Por eso pondrá de relieve los "factores fundamentales" en la acumulación originaria que son:


 


"El descubrimiento de las comarcas auríferas y argentíferas en América, el exterminio, esclavización y soterramiento en las minas de la población aborigen, la conquista y saqueo de las Indias Orientales, la transformación de Africa en un coto reservado para la caza comercial de pieles negras, caracterizan los albores de la era de producción capitalista" (27).


 


Pero además, el poder del Estado violencia organizada y concentrada de la sociedad juega un papel central en el proceso de la acumulación originaria, no sólo a través del sistema colonial, sino también "en el de la deuda pública, en el moderno sistema impositivo y el sistema proteccionista." En este último caso, el proteccionismo se convirtió en "un medio artificial de fabricar fabricantes, de expropiar trabajadores independientes, de capitalizar los medios de producción y de subsistencia nacionales, de abreviar por la violencia la transición entre el modo de producción antiguo y el moderno" (28).


 


De ahí la conclusión general: "La violencia es la partera de toda sociedad vieja preñada de una nueva. Ella misma es una potencia económica" (29).


 


El repaso del proceso anterior que puede resumirse en la afirmación de que la acumulación originaria del capital es la formación del polo proletario y del polo burgués nos permite comprender en su verdadera dimensión el concepto de la "Acumulación Originaria de Capital", para no incurrir en el gravísimo error de A. Cueva cuando intenta aplicar el concepto a las economías de América Latina. La unilateralización, la mutilación del concepto conducirá, como veremos posteriormente, a conclusiones sorprendentes que muestran, con toda nitidez, la equivocada interpretación que hacen de la categoría marxista y por lo tanto, la errónea comprensión de la naturaleza y el devenir de las economías de América Latina. Veamos.


 


Todos los casos que plantea y los ejemplos que da, tienen como punto de referencia solamente el proceso de proletarización, y a eso le llama "acumulación originaria de capital" en Latinoamérica.


 


Así llega a la peor de las caricaturas copiando trozos de algunas historias económicas de países latinoamericanos, en los que se señala que ha habido expropiación de los campesinos, de las propiedades de la Iglesia, etcétera presentando esos recortes como pruebas irrefutables de la existencia de la acumulación originaria en todas partes.


 


Donde ya se llega al colmo de la deformación es cuando se señala que en el Paraguay se realizó la participación de "capitalistas extranjeros". Prosigue:


 


"Y éste no es el único caso en que la acumulación originaria se realiza con la directa intervención de las fuerzas exógenas. En Nicaragua, por ejemplo, parece evidente que la invasión yanqui precipita ese proceso" (30).


 


Un poco más allá afirma:


 


"En Haití la situación es más clara todavía, en la medida en que son los propios ocupantes norteamericanos quienes se encargan de expoliar a los campesinos" (31).


 


En el caso de la República Dominicana dice que la acumulación originaria "sólo adquirió verdadera intensidad" cuando "el poder extranjero dictaminó por la fuerza la expulsión de los campesinos propietarios de las tierras codiciadas por las compañías norteamericanas" (32).


 


El error de Cueva aparece nítido en estos casos, por cuanto el polo burgués, en sus "acumulaciones originarias", no ha sido gestado internamente, lo ha sido muy débilmente o peor aún, el proceso ha dado lugar como en varios casos de América Latina a una feudal-burguesía, que no es precisamente la burguesía. Por eso aparece el capital extranjero expropiando a los campesinos a través de sus agentes internos, o lo hace directamente.


 


¿Cómo puede hablarse de "acumulación originaria" si uno de los polos, el polo burgués, está presente como consecuencia de otros procesos que históricamente se dieron en otros países que a fines del siglo XIX se convirtieron en potencias imperialistas? ¿Qué tiene de "originario" el capital norteamericano que penetra en las semicolonias con el objetivo de saquear los recursos naturales y llevarse el conjunto de la plusvalía a las metrópolis del capital? Nada, absolutamente nada.


 


Como hemos visto, la acumulación originaria supone tomando en cuenta los procesos internos y los internacionales la gestación y el parto de los dos polos fundamentales de la relación social de producción capitalista. No se trata de que sean o no exportadores de materias primas Inglaterra en el primer momento, fue exportadora de lana, materia prima básica de la producción manufacturera de hilados y tejidos sino si se van estructurando los dos polos.


 


En los casos presentados por Cueva se logra distinguir el proceso de proletarización aunque de una forma muy limitada, porque la mayor parte de las economías latinoamericanas sigue cargando el pesado fardo precapitalista pero en ningún caso la formación de la burguesía industrial, ya sea agrícola o la propiamente industrial. En la mayor parte de los casos presentados por Cueva sólo encontramos la formación de una burguesía comercial, usuraria y se encuentra la imbricación con los modos de producción pre-capitalistas y las clases dominantes que los expresan (terratenientes feudales, propietarios de esclavos, etc.). En América Latina es excepción la configuración de burguesías industriales, pero que incluso en este caso han resultado sometidas y convertidas en eslabón secundario del capital financiero internacional.


 


Si tomamos en cuenta el proceso de la acumulación originaria, tenemos que concluir que el capital financiero (imperialista), si bien juega un papel progresivo en cuanto se refiere a la aceleración de la proletarización, por el otro lado juega un papel de freno y obstáculo de la acumulación originaria, porque impide que la burguesía nativa pueda desarrollarse de manera plena, la convierte en una clase semiexplotada en la medida en que una buena parte de la plusvalía pasa a las metrópolis imperialistas; la reemplaza en el plano económico y, en el plano político, la somete y le hace perder cualquier vestigio de soberanía.


 


En síntesis, el capital financiero imperialista frena y en la mayor parte de los casos impide el surgimiento y desarrollo de una verdadera burguesía industrial nacional, y éste es el problema decisivo en toda la historia económica de América Latina y por lo tanto también en los grandes problemas del presente.


 


El planteamiento de Cueva es el caso de una deformación conceptual para adecuarla a una realidad rebelde, que no se adecua a los esquemas preconcebidos de la teoría. Cueva parte del principio dogmático de que si hay capitalismo en América Latina tiene que haber necesariamente, como "conditio sine qua non", la acumulación originaria de capital. En ese caso estamos en presencia de un principio inamovible que no se puede modificar ni siquiera haciendo concesiones a la realidad. La verdad es que en la mayor parte de los países de América Latina se tuvo un proceso de iniciación de la acumulación originaria, proceso que fue cortado, abortado precisamente por la presencia del capital financiero imperialista.


 


El fondo del error, ya lo hemos dicho, consiste en que no se tiene en cuenta la existencia de la unidad mundial de la economía capitalista, que se mueve con sus propias leyes y que actúa sobre las partes, a veces de una manera decisiva, como en este caso. 


 


Si las economías latinoamericanas se hubiesen encontrado separadas del contexto mundial, si la presencia del imperialismo y el capital financiero no hubiesen influenciado directamente en el desarrollo de los países atrasados, es indudable que la tendencia histórico-económica que se daba era hacia la consumación de la acumulación originaria del capital. La interferencia vino "desde fuera" (33) y se cambió el rumbo que tomaría la economía latinoamericana. No cabe duda que en el caso boliviano la distorsión fue aún mayor, por eso es que se ha constituido en una especie de caso "típico" de capitalismo atrasado.


 


Es cierto que en todos los casos mencionados por Cueva se da un proceso de proletarización por la acción de diversas fuerzas; sin embargo, no basta esto para hablar de la acumulación originaria.


 


 


 


 


Notas:


 


(*) Dirigente de la Oposición Trotskista del P.O.R.


 


 


1.Nos estamos refiriendo a las afirmaciones del licenciado Alejandro Mercado, profesor de Macroeconomía, que en un foro-debate realizado el mes de diciembre de 1992, en la carrera de Economía, con el licenciado Angel Zabala, comparó el latín con la Economía Política. El profesor Mercado pretende convertirse en la punta de lanza de la tendencia mencionada y como tal está obligado a fundamentar sus posiciones.


2. Aquí usamos la expresión "latín" en el sentido que la usa el licenciado Mercado, es decir como sinónimo de pérdida de tiempo, de absurdo. Se trata de una idea propia de un pragmático, un tecnócrata al que sólo le interesa aquello que tiene una utilidad práctica inmediata. Advierta el lector sobre el nivel al que ha llegado la universidad actual.


3. Eugen Böhm-Bawerk, Teoría positiva del capital, Turín, 1957. El autor, que estudió detenidamente el marxismo, trata de hacer una defensa intransigente del marginalismo. En su momento, esta obra tuvo gran predicamento, al punto que Von Wieser escribió que "si se prescinde de El Capital de Marx", ésta es "la obra teórica que más ocupó los espíritus desde la época clásica de nuestra ciencia". Es evidente que ahora ya no tiene ese sitial, pues sólo los iniciados conocen el nombre y la obra de Böhm- Bawerk.


4. Shumpeter, Joseph A. "Diez grandes economistas: de Marx a Keynes", Madrid, Alianza, 1971. Se trata de una autoridad en el terreno de la historia de las doctrinas económicas y que no puede ser acusado precisamente de ser filo-marxista.


5. Shumpeter se refería a uno de sus trabajos fundamentales: "Teoría del desenvolvimiento económico", obra publicada en 1911.


6. Se trata del prefacio de E. B. Shumpeter a "Diez grandes economistas… ob. cit., pp. 9-10.


7. P. A. Samuelson, "Economics: Winds of Change. Evolution of Economic Doctrine". Ed. McGraw-Hill, Nueva York, 1973, p. 866.


8. Nos parece ocioso detenernos en otras afirmaciones del licenciado Mercado en el mencionado foro, tan "sabias" como la primera, que la teoría económica es una sola, que se trata de una ciencia "exacta" y otras barbaridades por el estilo…


9. Colletti, Lucio. "El marxismo y el derrumbe del capitalismo", p. 19, Siglo XXI editores, Biblioteca del pensamiento socialista.


10. Mandel, Ernest. "El capitalismo tardío". Ed. ERA, 1985.


11. Marx, Karl. El Capital, Siglo XXI editores, S. A. (4a. edición), Tomo I, Vol. 3.


12. Idem ant.


13. Ob. cit., p. 892.


14. Compartimos la opinión de Maximilen Rubel en sentido de que el apartado séptimo del capítulo XXIV "Tendencia histórica de la acumulación del capital" estaba inicialmente ubicado como capítulo XXV y que, para burlar la censura, Marx cambió el orden y colocó en este último "La teoría moderna de la colonización".


15. Idem, p. 953-63.


16. Idem, p. 952.


17. Hasta ahora, ninguno de los "teóricos" neoliberales ni de los ex-marxistas convertidos hoy en sirvientes del capital, que sostienen que la caída de los Estados obreros degenerados del Este europeo (fueron mal llamados países socialistas) demuestra la eternidad del capitalismo, ha logrado demostrar que esa contradicción fundamental, descubierta por Marx, ha dejado de ser el núcleo de la crisis estructural que actualmente atraviesa el capitalismo. De ahí la debilidad de su planteamiento teórico. Contrariamente, las crisis económicas, el caos y la anarquía capitalista, el sometimiento de la inmensa mayoría de los países del mundo a las metrópolis imperialistas, etc., son otras tantas de las manifestaciones de dicha contradicción estructural, hoy tremendamente agudizada.


18. Esta tesis deberá ser tratada con mayor detención en otros trabajos para su mayor esclarecimiento.


19. Idem, p. 954.


20. Gustavo Rodríguez, en su Tesis: "La acumulación originaria de capital en Bolivia – 1825-1885", se dio cuenta de esta diferencia, aunque no logró sacar las consecuencias necesarias de la diferenciación. En la pág. 62 de su Tesis se lee: "…de facto se distingue una temporalidad histórica que nos permite apreciar dos circunstancias en el proceso de acumulación primitiva. La una consiste en una acumulación que da origen al capitalismo como Modo de Producción y en rigor constituye la verdadera acumulación originaria (el subrayado es nuestro, JPB); y la segunda, que ya entiende su existencia, que permite el surgimiento de las partículas o elementos fornantes del mismo que van a engrosarlo; entre las dos, la primera no sólo es vital, sino esencial".


21. Cueva, Agustín: "El desarrollo del capitalismo en América Latina", 1982, Siglo XXI editores, sexta edición.


22. ob. cit. p. 65.


23. Barán, Paul: "La economía política del crecimiento", pp. 201-202, Fondo de Cultura Económica, segunda edición en español, 1975. Es incompleto hablar de qué precipitó la maduración de algunas condiciones básicas para el desarrollo de un sistema capitalista. En realidad, el capitalismo traído por el capital europeo se impone de manera violenta y acabada a los países atrasados. Tampoco es correcto hablar de países "subdesarrollados", científicamente hablaremos mejor de países de desarrollo combinado, de capitalismo atrasado. En su momento, justificaremos estas observaciones.


24. Ob. cit., p. 892.


25. Agustín Cueva. "El desarrollo del capitalismo en América Latina", Siglo XXI editores, 6ta. edición, p. 65.


26. Engels, Federico. "Socialisme utopique et socialisme scientifique". Editions sociales-clasiques du marxisme, 1973, p. 41.


27. K. Marx, El Capital. Tomo I, vol. III, p. 939.


28. Ob. cit., p. 946.


29. Ob. cit., T. III, vol. III, p. 940.


30. A. Cueva, Ob. cit., p. 76.


31. A. Cueva, Ob. cit., p. 76.


32. A. Cueva, Ob., cit., p. 77.


33. En realidad, se trata solamente de la acción de los sectores más avanzados de la economía mundial sobre los más retrasados, que provocan efectos decisivos, como aquel de la estructuración de una nueva cualidad antes no conocida que es el capitalismo atrasado.


 

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