Cambia la situación mundial


La emergencia en las últimas semanas de grandes manifestaciones y huelgas políticas de masas que han derribado a los gobiernos de sus países o que plantean la perspectiva de su derrocamiento indica que la situación mundial, tomada en su conjunto, está pegando un viraje. El imperialismo mundial aún conserva la iniciativa que conquistó con la derrota de la revolución política en Polonia a manos de Jaruzelski; con la neutralización de la revolución alemana y la absorción de Alemania oriental por Alemania occidental; con la masacre de Tien An-men, por la burocracia china, y con el despedazamiento de Yugoslavia, impulsado conjuntamente por el imperialismo y las diversas cliques burocráticas. Es claro, sin embargo, que el desarrollo de la crisis mundial y la creciente acción de las masas están agotando esta iniciativa y preparando una nueva situación mundial, que reanuda las tendencias revolucionarias del conjunto del período, iniciado precisamente por la revolución polaca y por la caída del Muro de Berlín.


 


La actividad que están desplegando los explotados es excepcional.


En Ecuador, una espectacular huelga general contra el paquetazo fondomonetarista de Bucaram desarrollada en medio de manifestaciones de masas de una amplitud sin precedentes en todos los rincones del país, cortes de ruta y choques con la policía, terminó por voltear al Menem ecuatoriano. La huelga fue la culminación de cuatro semanas de impresionantes manifestaciones y huelgas de los trabajadores de la ciudad, y de huelgas de hambre y bloqueos de caminos y marchas hacia las capitales de los campesinos e indígenas.


 


La amenaza de la huelga indefinida llevó al parlamento a votar apresuradamente la destitución de Bucaram: la "nebulosa institucional" (1) en que entonces cayó el país es el precio que estuvieron dispuestos a pagar la burguesía ecuatoriana, sus fuerzas armadas y el imperialismo para sacar a los huelguistas de la calle.


 


En Bulgaria, después de 30 días de grandes manifestaciones de masas y huelgas en la industria y el transporte, el PS búlgaro (stalino-capitalista) ha debido ceder parcialmente al reclamo de los manifestantes para salvar así la posibilidad de un rescate del FMI. Las primeras manifestaciones comenzaron poco después de principios de año, cuando los stalinistas aggiornados lanzaron un paquetazo descomunal y fondomonetarista: en horas se elevó el precio del carbón, la energía eléctrica, el combustible y los transportes hasta en un 40%; los impuestos municipales fueron duplicados y la moneda volvió a devaluarse, esta vez un 12% (con lo que sumaba un 600% de devaluación en los últimos doce meses).


 


La Unión de Fuerzas Democráticas (UFD, de derecha), que ganó las elecciones presidenciales de noviembre de 1996 pero es minoría en el parlamento, comenzó a reclamar el adelantamiento de las elecciones parlamentarias (que debían realizarse recién en 1998), porque "un nuevo mandato de los socialistas haría estallar al país" (2). Efectivamente, a cada negativa de los stalinistas de convocar a elecciones anticipadas, las masas respondían con nuevas y mayores huelgas y manifestaciones. Así, a mediados de enero, los manifestantes tomaron por asalto el parlamento.


En Yugoslavia, ya van casi dos meses de impresionantes manifestaciones callejeras diarias contra la anulación de las elecciones municipales en las que el dictador Milosevic fue derrotado por la oposición en las principales ciudades. El régimen está cercado por la movilización, cuya cabeza es el movimiento estudiantil; para echar lastre, primero reconoció el triunfo opositor en algunas pequeñas ciudades; luego tuvo que retroceder todavía más y aceptar una revisión general de los resultados electorales. Pese a todo, la movilización no se desinfla al tiempo que Milosevic va perdiendo aceleradamente sustento en dos de sus principales pilares: el ejército, la iglesia ortodoxa y, por sobre todo, el imperialismo, que luego de apoyarlo por todos los medios, ha llegado a la conclusión de que está terminado (3). El régimen se desintegra bajo la presión de la movilización política de los trabajadores y estudiantes, y las contradicciones de la política mundial del imperialismo.


 


En Albania, cientos de miles de exasperados trabajadores, jubilados y desocupados vienen ocupando desde hace semanas las calles de todas las ciudades del país, en lo que es la movilización popular más masiva, prolongada y explosiva que se recuerde en la historia de la pequeña república balcánica. Las manifestaciones, en muchos casos acompañadas de huelgas, han creado "un riesgo cierto de guerra civil" (4) y plantean la perspectiva de la caída del gobierno encabezado por el derechista Sahi Berisha. En su ira, los manifestantes han incendiado comisarías, municipalidades y hasta la sede de la empresa petrolera estatal. Fueron movilizadas tropas del ejército para impedir que el Banco Central albanés y los ministerios corrieran la misma suerte. Uno de los ministros, que pretendió dialogar con los manifestantes, fue golpeado y tomado como rehén durante varias horas. La magnitud de la movilización popular es tal que "el gobierno parece haber perdido el control en algunas de las grandes ciudades" (5).


 


Los manifestantes exigen que el gobierno devuelva los depósitos de las financieras que han quebrado, dejando a más del 90% (6) de la población sin sus ahorros. ¡Más de 1.000 millones de dólares una cifra que triplica el monto del déficit público se han evaporado en manos de los novísimos capitalistas albaneses! Las financieras quebradas mantenían "estrechos lazos con el gobierno" (7) y financiaron sus campañas electorales. En el centro de la estafa se encuentra el holding Vefa, la mayor compañía privada del país, directamente ligada al partido gobernante (8).


 


Bajo la presión irresistible de la calle, el gobierno aprobó una ley que garantiza la devolución de los depósitos pero como no tiene ninguna posibilidad de devolverlos, está planteada su caída a manos de los trabajadores movilizados.


 


Paralelamente a estas grandes huelgas y manifestaciones políticas, se están desarrollando otras luchas que, aunque todavía no cuestionan directamente el poder político es decir, no plantean aún el derrocamiento del gobierno, son el indicador de que en las propias ciudadelas del gran capital se están preparando convulsiones todavía mucho más explosivas que las que ya se están registrando.


 


En Bélgica, la degeneración política y moral de la burguesía y la crisis económica están provocando una situación revolucionaria. En octubre, más de 300.000 manifestantes convocados por organizaciones de base repudiaron el encubrimiento policial, judicial, gubernamental y hasta monárquico de una red de explotadores sexuales de menores que secuestraró y asesinó a dos niñas. El encubrimiento de los pedófilos, la montaña de denuncias de corrupción que pesan sobre las principales figuras del gobierno de todos los partidos, sean de derecha o de izquierda y el excepcional crecimiento de la desocupación, han condenado al régimen belga a los ojos de las masas: "día tras día, se cuestionan todos los engranajes del Estado: la policía, la gendarmería, la justicia y las instituciones políticas" (9).


 


En este cuadro de descomposición política mayúscula y de rebelión popular contra el régimen, la clase obrera ha comenzado a tallar: acaba de tener lugar una gran marcha por el empleo, convocada por las organizaciones de base de una fábrica metalúrgica amenazada de cierre. Concurrieron más de 60.000 trabajadores y estudiantes encabezados por los padres de las niñas asesinadas, obreros ellos también, en lo que constituyó la primera manifestación política de masas contra el gobierno acaudillada por la clase obrera.


 


En Corea, asistimos a todo un mes de batallas callejeras de masas y de huelgas parciales y a una gran huelga general contra una ley de flexibilización laboral que refuerza, además, la ilegalización que pesa sobre el principal sindicato obrero del país. Las huelgas, caracteriza un diario de negocios, "puso al gobierno a la defensiva" (10). La ley sigue en pie y el sindicato ilegalizado ha anunciado el retome de la huelga general en un acto al que concurrieron más de 200.000 trabajadores, luego de haber intentado una componenda con el gobierno. El alza obrera se combina en Corea con una profunda crisis económica y política, que se ha puesto de manifiesto en la quiebra de uno de los mayores grupos económicos del país: la siderúrgica Hambo, vinculada al hijo del propio presidente Kim, y en la amenaza de una quiebra bancaria generalizada.


 


La explosiva combinación de estancamiento productivo, quiebras, caída de los beneficios y de las exportaciones, sobreproducción, desinfle de las Bolsas (asiáticas y europeas) y deterioro de la balanza comercial, fuera del área dólar; y de grandes luchas obreras que, para sorpresa de muchos, está emergiendo en Corea, es apenas el espejo de una situación que se propaga por todo el Sudeste asiático. En Tailandia, en Indonesia, en Filipinas, en la India, huelgas oficialmente consideradas ilegales son cosas de todos los días, al punto que un observador señala que "ni siquiera el poder conjunto de la policía y el ejército puede detener la marea de concientización de los obreros asiáticos" (11).


 


Todo esto sucede en el cuadro de grandes huelgas sindicales, algunas de gran dureza, como las de los camioneros franceses (que obtuvieron una resonante victoria sobre el gobierno y las patronales) y las que libran actualmente los camioneros españoles o los estatales colombianos (y la guerrilla de este país, que combate a las puertas de Bogotá). En los Estados Unidos, un decreto de último minuto de Clinton, que evitó el desencadenamiento de una devastadora huelga de los trabajadores de la United Airlines, sólo demoró lo que habrá de ser una tremenda huelga aérea internacional.


 


La situación aún no se encuentra dominada por la iniciativa de las masas, porque la crisis en los Estados Unidos se encuentra precariamente contenida y porque aún no ha surgido una vanguardia obrera, es decir, con una política independiente. Pero aunque aún deben recorrer un importante camino, las masas están comenzando a derrotar y, más importante, a derrocar con sus huelgas y con sus manifestaciones, a quienes pretenden resolver la crisis capitalista sobre sus espaldas, sean éstos, stalinistas reciclados, demócratas restauracionistas o dictadores civiles latinoamericanos. Este es el cambio que se va procesando en la situación mundial, y que resulta directamente de la incapacidad del capitalismo mundial para resolver o desviar la enorme crisis de conjunto que se manifestó en el hundimiento del viejo orden que emergió en la posguerra, sostenido en la coexistencia entre el imperialismo y la burocracia rusa.


 


Contenido


 


¿Cómo interpretar estas grandiosas manifestaciones políticas de masas? La opinión dominante es que este movimiento tendría un contenido diferente en el Este y en el Oeste. En Europa oriental, asistiríamos a una lucha por la democracia, cuyo objeto sería completar la revolución de 1989. Esta explicación pasa por alto, sin embargo, que en Albania gobiernan los occidentales (y no los stalinistas reciclados) y que en Bulgaria la caída del Muro se completó hace mucho: desde hace más de un lustro, los stalinistas y los derechistas se alternan en el gobierno y lo comparten.


 


Según esta misma explicación en el Oeste democrático, la movilización de las masas sería, apenas, una lucha contra la corrupción. La muestra más evidente de esta ceguera la dio el diputado transformado en presidente del Ecuador, Fabio Alarcón, para quien "el pueblo soporta los sacrificios (es decir, los paquetazos fondomonetaristas) pero no la corrupción" (12).


En esta interpretación interesada, los explotados no se están levantando contra el derrumbe capitalista en Ecuador, en Albania, en Bulgaria o en Yugoslavia y sus terribles consecuencias sobre sus condiciones de vida: la licuación de los salarios por la hiperinflación y los tarifazos, el desempleo, la superexplotación y la entrega nacional.


 


Es imposible desconocer, sin embargo, el único y común contenido de todas estas movilizaciones y huelgas políticas de las masas: el levantamiento de los explotados contra los regímenes fondomonetaristas y sus inevitables corruptelas. Este lazo político y social indisoluble que une a las huelgas y las manifestaciones de Quito, Tirana, Seúl, Sofía o Belgrado, confirma que nos encontramos en presencia de una tendencia sistemática hacia un giro de la situación mundial.


 


Crisis capitalista


 


Pocos se han percatado de que, en el Este y en el Oeste, las masas se han levantado contra lo que es la última panacea del FMI, los planes cavallianos de convertibilidad.


 


En Ecuador, las manifestaciones comenzaron cuando Bucaram lanzó un violentísimo paquetazo, que era apenas el primer paso hacia el programa de convertibilidad que pensaba aplicar con la ayuda no gratuita, por cierto del propio Cavallo. La exportación de la convertibilidad cavalliana al Ecuador contaba con el visto bueno de los acreedores internacionales y, según un muy informado diario financiero, "los inversores (externos) se mostraron felices con el plan pero no precisamente porque Ecuador lo necesitara con urgencia" (13), sino porque abría una nueva veta para la especulación.


En Bulgaria, el paquetazo que lanzaron los stalinistas reconvertidos y que desató las manifestaciones y las huelgas tenía la misma función que el que lanzó Bucaram en Ecuador: preparar las condiciones para la aplicación del plan de convertibilidad exigido por el FMI. Efectivamente, a fines del año pasado los usureros internacionales suspendieron todos los créditos a Bulgaria hasta tanto el gobierno aplicara la convertibilidad además de despedir a 60.000 empleados públicos y cerrar decenas de empresas estatales (14). Los stalino-cavallianos búlgaros pretendían formar un gobierno de coalición con los derechistas para aplicar la convertibilidad en el entendimiento de que "todos los partidos aceptan la propuesta del FMI de implantar el sistema de convertibilidad" (15).


 


Tanto en Ecuador como en Bulgaria, el intento de aplicar la convertibilidad llevó al estallido del país y a la caída del gobierno. Al borde de la catástrofe, Lituania, Letonia y Estonia, los países bálticos que ya lo habían aplicado, anunciaron su apresurado abandono de la convertibilidad.


 


Ecuador, Bulgaria, las repúblicas bálticas: en apenas unas pocas semanas, se ha asistido a tres nuevas y abrumadoras derrotas del exitoso plan Cavallo. ¿Por qué, entonces, el FMI insiste en su aplicación, aun a costa del estallido de los países beneficiados? La razón por la que el imperialismo pretende imponerlos en todo el mundo no es el salvataje de los países atrasados, sino el suyo propio. La seguridad para los negocios especulativos que brinda el tipo de cambio fijo, permite la entrada a estos países dudosos de enormes masas de capitales ociosos que, a su turno, sirven para financiar las exportaciones norteamericanas. En Argentina, esa película ya la vimos; en las tres repúblicas del Báltico, los déficits comerciales son récord.


En resumen, por su necesidad de promover nuevos negocios especulativos y de darle una salida a sus exportaciones, el imperialismo está llevando al estallido a los países atrasados. Todo esto está revelando la envergadura que ha alcanzado la crisis capitalista.


 


Durante las últimas dos décadas, la tasa de crecimiento de las grandes potencias se redujo a menos de la mitad de la que exhibían en las décadas precedentes. Los llamados tigres asiáticos, con sus elevadísimas tasas de crecimiento, parecían inmunes a esta tendencia mundial al estancamiento. La crisis, sin embargo, los ha alcanzado, y en los otrora vigorosos tigres asiáticos se está incubando un nuevo y decisivo agravamiento de la crisis económica. Un reciente informe (16), brinda un pantallazo de la espectacular crisis que se cierne sobre el Asia. Corea está shockeada por la quiebra de grandes grupos económicos, la caída de sus exportaciones y la debilidad de su sistema financiero. En los últimos meses, Tailandia registra sucesivos déficits comerciales y quiebras bancarias, un virtual certificado de defunción para un aspirante a tigre exportador.


 


En toda la región, la balanza comercial (exportaciones menos importaciones) empeoró y las bolsas de la región, con excepción de la de Hong Kong, apenas alcanzan los niveles de 1993 (en el mismo período, Wall Street se valorizó un 50%). La mayoría de los capitales de la región, a pesar de su creciente facturación, "casi no generan beneficios" dice el mismo informe. El excedente de capacidad instalada, es decir, de capitales en electrodomésticos, automotrices, computación, químicos y siderurgia es, simplemente, monstruoso. Como consecuencia, el precio de los chips de computación cayó ¡82%! en el último año y el de los petroquímicos el 38%. Los propios capitalistas pronostican un "baño de sangre" en estas industrias y la desaparición de decenas y decenas de empresas. En algunos sectores, ya ha comenzado un proceso de venta de empresas a firmas norteamericanas.


Todo esto confirma que sus limitaciones sociales, políticas y económicas, propias de su carácter periférico la estrechez de los mercados internos; sus desproporciones y desigualdades; la ausencia de redes financieras propias; de mano de obra altamente capacitada y de recursos para generarla y la consecuente incapacidad de innovación tecnológica; la "incapacidad para administrar operaciones globalizadas" en el lenguaje de aquel informe que venimos citando resultaron insuperables para los tigres asiáticos. A pesar del enorme crecimiento de su producción como consecuencia de la explotación de una mano de obra extremadamente barata no han logrado superar el estadio de enclaves subordinados, financiera y tecnológicamente, al imperialismo.


 


Los tigres han chocado con otro límite insuperable: la propia crisis capitalista mundial. "El mundo, dice el mencionado informe, simplemente no puede absorber toda esa producción". La capacidad para descargar las consecuencias de la crisis sobre las restantes naciones es lo que diferencia a un país imperialista de otro que no lo es: los tigres asiáticos están empezando a sentirlo en carne propia.


 


Pero la crisis se agrava no sólo entre las potencias de segundo orden, sino también en las propias metrópolis imperialistas. En Japón, que desde hace cuatro años no logra superar el estancamiento, acaba de quebrar el segundo mayor banco del país. Los restantes grandes bancos están en una situación de virtual quiebra, como consecuencia de la acumulación de enormes deudas incobrables por el hundimiento de la burbuja especulativa de la década pasada y la depresión que le ha seguido. Con todo, lo más notable de la crisis japonesa y un indicador de su envergadura es que los bancos japoneses han sido incapaces de superar la situación, a pesar de la monumental masa de dinero decenas de billones de dólares con que los ha subsidiado el Estado.


Los récords que está alcanzando la Bolsa de Wall Street se explican por la crisis asiática, que es su contrapartida, pues la necesidad de rescatar a los capitales japoneses, etc., ha provocado una emisión inflacionaria de liquidez que ha inundado a Wall Street. Es por eso que lo que más temen los neoyorquinos es una recuperación japonesa y la consiguiente suba de las insignificantes tasas de interés en Japón. Sin embargo, un agudizamiento de la crisis en Japón podría obligar a una repatriación de capitales nipones invertidos en Wall Street, lo cual provocaría un gigantesco derrumbe bursátil. Este desequilibrio internacional se manifiesta ya en la crisis monetaria. Ocurre que el enorme crecimiento de los valores accionarios en Wall Street (más del 50% en apenas tres años) ha sido cebado por la revalorización del dólar frente al yen japonés y al marco alemán. Para europeos y japoneses, la sobrevaloración del dólar ofrecía enormes ventajas competitivas en el campo comercial pero una marcada desventaja en la competencia por el acaparamiento de los capitales especulativos que circulan por el mundo. Con Wall Street en un récord histórico, la valorización del dólar que sería necesaria para evitar que se pinche la burbuja neoyorquina plantea el derrumbe de las Bolsas de Europa y Japón; si estos últimos intervienen en los mercados monetarios para valorizar sus monedas y, por esta vía, salvar sus Bolsas, con ello destruyen el mecanismo que ha permitido el engorde de Wall Street. En consecuencia, las tensiones monetarias entre las grandes potencias son inevitables.


 


Con un telón de fondo de estancamiento económico, de montañas de deudas, de sobreproducción y de lucha aguda por los mercados, una tormenta monetaria sobre Europa, Japón y los Estados Unidos bien podría ser el detonante de un cataclismo general.


 


Los límites del arbitraje imperialista


 


Las explotados comienzan a levantarse contra los gobiernos fondomonetaristas. Frente a este movimiento, que asume cada vez más un carácter de conjunto, los márgenes de arbitraje del imperialismo se estrechan.


 


En las crisis recientes, cuando la continuidad de los regímenes atacados por las masas se reveló imposible (¡y sólo entonces!), la diplomacia norteamericana impulsó activamente los planteos de recambio de personal en el cuadro del mismo régimen político, llevando al gobierno a las direcciones democratizantes y proimperialistas que se encuentran a la cabeza de las movilizaciones: Alarcón por Bucaram en Ecuador; los stalinistas reciclados por los derechistas en Bulgaria; Milosevic por algún nacionalista serbio, y en el futuro cercano, si fuera necesario, de los derechistas por los stalinistas en Albania.


 


Sin embargo, y a pesar de los poderosísimos medios políticos, económicos e ideológicos a su disposición, las limitaciones del arbitraje saltan a la vista cuando se observa la precariedad de los respiros que logra imponer. En Yugoslavia, toda la intervención imperialista estuvo destinada a evitar la caída de Milosevic, para lo cual contó con la colaboración de la propia oposición pese a lo cual no logró desmontar las movilizaciones estudiantiles contra la dictadura. El mejor ejemplo, sin embargo, es el de Ecuador, donde Alarcón, el elegido por la embajada norteamericana para suceder a Bucaram, ha debido enfrentar, desde el primer día, amenazas de una nueva huelga general, la ocupación de edificios públicos y gobernaciones por parte de los obreros y de los campesinos e indígenas que levantan sus propias reivindicaciones sociales.


 


La defensa de la democracia continúa siendo el principal ángulo de ataque del imperialismo y de los explotadores para enfrentar los reclamos y las movilizaciones de los explotados. Así, en Ecuador, después de la caída de Bucaram, se empiezan a oponer chicanas constitucionales al reclamo de las organizaciones indígenas de conformar un Estado plurinacional, que es la envoltura política de su larga y obstinada lucha por la tierra. Y también en Bulgaria, donde el FMI reclama elecciones anticipadas para que surja un gobierno con respaldo popular, con la autoridad política que no tenían los stalinistas para aplicar la convertibilidad. Pocas veces como en la crisis búlgara ha quedado expuesta de una manera más transparente la verdadera esencia de la democracia: los oprimidos son obligados a elegir quiénes serán sus próximos verdugos.


 


Las direcciones de los movimientos de las masas


 


Una de las particularidades de todas estas movilizaciones es que las direcciones que se encuentran a la cabeza de las masas no son esencialmente diferentes de los gobiernos que las masas quieren derrocar. Así, Alarcón llegó a la presidencia del parlamento de la mano de Bucaram; hasta hace poco tiempo, los opositores yugoslavos pretendían formar un gobierno de unidad nacional con Milosevic; los derechistas albaneses y sus opositores provienen todos, sin excepción, del viejo partido stalinista, y todos ellos, también, ahora son partidarios del mercado y de la ortodoxia fondomonetarista; por su parte, los stalinistas reciclados búlgaros y sus opositores de derecha no sólo son todos ellos stalinistas de la buena época, sino que, además, han cogobernado el país en los últimos siete años.


Este hecho incontrastable el carácter derechista y proimperialista de las direcciones que están a la cabeza de las movilizaciones ha llevado a los escépticos a decir que no pasa nada y hasta adoptar una posición de neutralidad entre los verdugos de hoy y los verdugos de mañana (o, peor aún, a preferir a los verdugos de hoy cuando de stalinistas se trata), lo cual revela su completa impasse política. Porque la realidad es que pasa y mucho.


En primer lugar, constituye no ya un error de apreciación, sino un completo crimen político, identificar a las masas que se movilizan con las direcciones que aparecen a la cabeza de estas movilizaciones. En Yugoslavia, "la prensa ha confundido deliberadamente al movimiento popular de oposición a Milosevic, que tiene su epicentro en la movilización estudiantil, con la oposición política reunida en (el frente) Zajedno. Es evidente, sin embargo, que los estudiantes insisten en distinguirse de los partidos de oposición (El Cronista, 31/12)" (17), al punto que organizan sus manifestaciones por separado. En Ecuador, en Bulgaria y en Albania, los trabajadores salieron a la calle por sus propias reivindicaciones e hicieron tambalear a sus respectivos regímenes y, sólo entonces, aparecieron los opositores proimperialistas.


Las relaciones establecidas entre las masas y estas direcciones son de recelo mutuo. "¿Quién nos garantiza se preguntan los estudiantes yugoslavos que la oposición llegada al poder se comportaría diferente de los actuales gobernantes?" (18). En Quito, una pintada que reza Cuidado Alarcón, te vigilamos (19), revela el mismo espíritu de los explotados ecuatorianos respecto del hombre que ha llegado al gobierno como consecuencia de su movilización. En Sofía, "los líderes de la oposición" reconocen que han logrado apenas una "tenue credibilidad entre los manifestantes" (20).


Los recelos de los estudiantes yugoslavos y de los trabajadores ecuatorianos hacia los líderes políticos del movimiento, y la cautela de los derechistas búlgaros hacia las masas, dice mucho acerca de la relación política establecida entre estas direcciones y los trabajadores movilizados: estas direcciones carecen de cualquier autoridad sólida sobre las masas; no están enraizadas en ellas; no son la expresión real, o incluso deformada, de su movimiento y de sus reivindicaciones. Se limitan a usurpar un vacío político existente y a intentar desviar las movilizaciones hacia la trampa democratizante.


 


La crisis, los choques y las rupturas entre estas direcciones proimperialistas y las masas movilizadas son, por lo tanto, inevitables. El carácter circunstancial, superficial y episódico de las direcciones que aparecen a la cabeza de las masas, plantea agudamente la necesidad de estructurar de inmediato el partido revolucionario en el plano internacional. O sea, pasar de la consigna a la acción y refundar de inmediato la IVa Internacional.


 


Las metrópolis


 


Ciertamente, las manifestaciones y huelgas políticas de masas ocurren en países de tercer orden y no en las principales potencias imperialistas, que son, en definitiva, las que deciden el destino del mundo. En las metrópolis no hay manifestaciones y huelgas políticas de masas todavía.


 


Ya se han mencionado las grandes manifestaciones políticas en Bélgica y las agudas luchas obreras en Francia y en España. La situación alemana se deteriora manifiestamente. En Francia, un sector de la burguesía reclama abandonar la política del franco fuerte, es decir, la política de atar el franco al marco alemán o, lo que es lo mismo, la perspectiva del eje París-Bonn como viga de la unidad monetaria europea. En consecuencia, la perspectiva de esta unidad podría alejarse, provocando una crisis política y militar internacional. En Rusia, el marasmo engendrado por la restauración capitalista está incubando una enorme rebelión popular (que ya se ha expresado en numerosas huelgas). En las Bolsas de Asia y en los mercados monetarios mundiales se prepara una nueva catástrofe financiera internacional.


 


. . .


Salta a la vista que nos encontramos en una etapa de reversión del ángulo político dominante inmediatamente después de la caída del Muro de Berlín. El mito del triunfo definitivo del capitalismo se ha esfumado. Tanto en el Orientecomo en el Occidente, las masas trabajadoras han recorrido una experiencia concreta: el capitalismo y el mercado han fracasado no sólo en dar satisfacción a sus necesidades más elementales, sino también para impedir el derrumbe de naciones y continentes enteros.


 


Las luchas de las masas en defensa de sus reivindicaciones sociales se convierten, casi inmediatamente, en ofensivas, y éstas, inevitablemente, llevan a plantear la cuestión del poder político. Los explotados han comenzado a aparecer en la escena política y, aunque todavía no imponen su salida a la crisis, están comenzando a voltear a los que pretenden imponer salidas en su contra.


 


Este es el nuevo ángulo político que tiñe toda la escena mundial.


 


 


Notas: 


 


1 La Nación, 8/2/97.


2 . Brecha, 24/1/97.


3 . International Herald Tribune, 18/02/97.


4 . Clarín, 2/2/97.


5 . Financial Times, 2/1/97.


6 . Cronista, 28/1/97.


7 . The New York Times, 3/2/97.


8 . Financial Times, 1/2/97.


9 . Le Monde, 21/11/96.


10 . Financial Times, 4/2/97.


11 . Frankfurter Rundschau, reproducido por La Nación, 28/1/97.


12 . La Nación, 15/2/97.


13 . The Wall Street Journal, 6/2/97.


14 . Financial Times, 5/2/97.


15 . Financial Times, 25/1/97.


16 . Business Week, 2/12/96.


17 . Prensa Obrera, n° 526, 16/1/97.


18 . El Cronista, 31/12/96.


19 . La Nación, 15/1/97.


20 . Financial Times, 25/1/97.

Argentina: Por un Frente de Izquierda

Por una política electoral de la clase obrera *


Es un hecho que todas las clases sociales, a excepción de la clase obrera, y que todos los partidos y dirigentes políticos, a excepción de la izquierda, tienen establecida una política electoral para las elecciones parlamentarias y municipales de octubre de 1997.


 


Duhalde ha logrado que la lista de candidatos por la provincia de Buenos Aires se confeccione por medio de una elección interna entre las dos corrientes que lo siguen, Liga Federal y Lipebo, evitando que Cafiero ‘corriera por afuera’ en una alianza con Palito. Pero además de esto, ha ‘incursionado’ en Córdoba, por medio de De la Sota, y en Santa Fe, por medio de Reutemann, para asegurarse la ‘sucesión’ justicialista para el 99.


 


A través del Banco de la Provincia de Buenos Aires, Duhalde ha tejido una alianza de intereses financieros, vinculados a las privatizaciones de la salud, la energía, las jubilaciones y los accidentes de trabajo, con los intereses industriales; la ‘provincialización’ del PAMI pretende reforzar la ‘caja’ de este sector. Sobre esta base, Duhalde quiere convertirse en el abanderado de una política ‘desarrollista’ como la que vienen reclamando insistentemente muchas patronales de la industria.


 


La mayoría de la burocracia cegetista ya se ha lanzado al apoyo de la política de Duhalde, por medio de la Mesa Duhalde Presidente.


 


El radicalismo pretende emerger de las cenizas como abanderado de la ‘patria exportadora’. Sus principales voceros (Alfonsín, Terragno, Posse) ya reclaman abiertamente la devaluación del peso, en sintonía con los ‘pesos pesados’ de la Unión Industrial. En las diversas provincias, el radicalismo se esfuerza por atender los planteos de los grupos exportadores regionales, en especial los vinculados al Mercosur.


 


La pequeña burguesía democratizante y la casi totalidad de la clase media ‘ilustrada’, en especial porteña, se ha largado con el Frepaso. El Chacho Alvarez la ha convencido de la necesidad de una alianza con la UCR, esgrimiendo dos ‘razones’ para ello: la falta de un aparato nacional del Frepaso y la falta de una base social suficiente en la burguesía. Los apoyos visibles del Frepaso son los bancos cooperativos que se van transformando en sociedades anónimas, ingresan al negocio de las AFJP y se alían a compañías de seguro internacionales. El Frepaso siente la necesidad de dar una nueva muestra de ´buena conducta’ ante los desconfiados capitalistas y en particular al gobierno norteamericano.


 


Sacrificando una vez más la ‘ética’ a la cruda conveniencia, la Fernández Meijide acaba de votar a favor de la aceptación del diploma de senador para Massaccesi, para no poner piedras al ‘pacto’ con la UCR. Es evidente que no le ha importado que el rionegrino haya estafado de punta a punta a su provincia, ni que el hecho le pueda servir al PJ para meter también a Saadi en el Senado. Ni qué decir que el ‘pacto’ que el PJ hizo por otro lado con la UCR para que ingrese Massaccesi, va a ‘dejar pagando’ al ‘pacto’ del Frepaso.


Las contradicciones de clase entre la UCR y el Frepaso y la mezquindad de sus dirigentes grandes y pequeños, hacen inviable la pretendida alianza entre los dos, salvo que se produzca una grave crisis política nacional, en cuyo caso los aliados serán más de uno. A los políticos de ‘mercado’ sólo los puede unir el espanto.


 


La burocracia de la CTA se encuentra encolumnada con el Frepaso y más precisamente con la política de unidad con la UCR. Así lo planteó la dirección de la CTA en su último congreso. Algo parecido ocurre con la burocracia del MTA. La burocracia sindical en su conjunto marcha a la rastra de los capitalistas y de sus políticos, sacrificando cualquier intervención política propia de la clase obrera contra esos políticos y contra los capitalistas.


Tenemos, por último, a Cavallo y a sus amigos de la Fundación Mediterránea, lanzados a promover su elección como diputado nacional y a presionar a favor de una ‘reforma política' que elimine el sistema de listas partidarias, para dar cabida a la manada de políticos-empresarios que ha escupido el período menemista. Una fracción de la iglesia, vinculada al Opus Dei (Béliz), también participa de esta política, como se registra en el diario La Nación.


 


La crisis política


 


El apresuramiento por desatar la carrera electoral no responde solamente al apetito natural de los políticos carreristas. Se explica también por la necesidad de sembrar entre los trabajadores la idea de que sus luchas actuales no llevan a ningún lado y la ilusión de que las próximas elecciones sí pueden poner fin al menemismo y a la situación de empobrecimiento del pueblo.


 


La razón principal del apresuramiento es, sin embargo, la necesidad de encauzar el derrumbe político del gobierno menemista por los canales de las instituciones establecidas y de los partidos patronales. Incluso, si una crisis financiera internacional precipita el desenlace de la crisis económica y provoca la caída del gobierno, la anticipación del planteo electoral serviría para imponer una salida estrictamente constitucional, es decir, conforme a los intereses de los explotadores.


 


La estrecha vinculación de las elecciones de octubre con la crisis política, está demostrada también por el contenido de la disputa electoral, que gira en torno al tipo de modificación que debe sufrir la política económica e incluso el régimen político. Desde el planteo de la devaluación, en economía, al gobierno de coalición, en política, las elecciones de octubre servirán para hacer el recuento de fuerzas de cada posición y servirán de guía para el intento de recomponer la estabilidad política.


 


Es incuestionable para cualquiera que el imperialismo se encuentra empeña do en todo el mundo, en encontrar soluciones electorales a las crisis políticas. Desde la victoria de la Chamorro, en Nicaragua, hasta la absorción dé la Alemania del este por la del oeste, la ‘táctica’ electoral ha hecho verdaderos ‘milagros para un imperialismo agotado en el uso y abuso de los golpes militares. El capital financiero ha explotado a fondo, en su beneficio, los aspectos reaccionarios de constitucionalismo, o sea su carácter de defensor del orden jurídico existente contra la acción directa independiente de las masas. La ‘táctica tiene vigencia en la medida en que predominen en las masas las ilusiones en la democracia y en que sirva para integrar a las direcciones políticas centroizquierdistas. Cuando la crisis y la maduración del pueblo agoten este recurso, el imperialismo volverá a poner a la orden del día la consigna del golpe y de la guerra civil.


 


Este conjunto de circunstancias obliga a la clase obrera y a la izquierda a dar una pelea seria en el campo electoral; de lo contrario, arriesga a quedar fuera de la propia vida política, o sea de la experiencia de las masas.


 


Desde 1982, la experiencia electoral de la izquierda, en Argentina, pasó por dos etapas. En la primera (Partido Intransigente, Frente del Pueblo, Izquierda Unida, o la participación del Ptp en la lista de Menem), la izquierda intentó seriamente integrarse al sistema a través de un programa y una política democratizantes. En la segunda, luego del fracaso en reconstruir esa política por medio del Frente del Sur y su desplazamiento por el Frepaso, ha caído en un brutal sectarismo electoral, que apenas esconde la expectativa en una nueva oportunidad de reconstruir la política del frente democrático. Esta tendencia se puede ver en los acercamientos del Ptp, del Msty del PC al Frepaso y, en algunos casos, a los radicales.


 


Política obrera


 


Para la izquierda y para el movimiento obrero combativo, sin embargo, la fijación de una política electoral para 1997, que realmente dispute el voto dé las masas a los partidos patronales, no es lo que se podría llamar una oportunidad sino una obligación. La obligación de superar el principal obstáculo del que intenta valerse la burguesía para interrumpir la etapa de ascenso de luchas que iniciaron los paros generales y para clausurar la etapa de crisis política iniciada con el derrumbe del 'plan Cavallo’. 


 


Es por estas razones que el movimiento obrero combativo es el que más debería reflexionar sobre la necesidad de una política electoral de la clase obrera. Sin ella, o sea, sin fijar una política de lucha contra las patronales y el imperialismo en el terreno electoral, el activismo que ha comandado las últimas luchas así como todo el activismo que ha sido despertado a la lucha por la crisis social y política y por el empuje de las masas; todo este activismo, corre el riesgo de quedar aislado y, a partir de esto, de ser dividido y absorbido por las burocracias sindicales, por los partidos patronales y por el Estado.


 


Para el conjunto de la izquierda, las próximas elecciones representan una amenaza de crisis política, ya que si predomina en ella la tendencia al sectarismo y al ultimatismo, corre el riesgo de agravar su marginalismo político, y si prevalece el intento de ‘zafar’ de las elecciones por medio del apoyo al Frepaso, arriesga la desaparición política. Esto simplemente demuestra que la necesidad de una política electoral obrera es un desafío político objetivo.


 


Una vez que se las acepte como una obligación, las próximas elecciones son, al mismo tiempo, una oportunidad política revolucionaria, esto debido a la evolución política hacia la izquierda que se registra en sectores crecientes del pueblo. Incluso, debido a la revuelta política que se ha producido en los trabajadores que votaron hasta 1994 a Menem.


 


El punto de partida de esa política electoral es la unidad de la izquierda y del movimiento obrero combativo, para enfrentar a los partidos y a los candidatos de las patronales. Sólo si se produce esta unidad contra los representantes de la entrega y de la miseria, es posible conquistar el voto de las masas, incluido el de la pequeña burguesía más explotada que, en ausencia de otra cosa, votaría por el Frepaso o Duhalde.


 


Pero para que esa unidad sea fructífera y no se esterilice en el sectarismo, como ocurrió en el pasado reciente, debe basarse en una intensa movilización. Una movilización que sirva para atraer contingentes de luchadores, esclarecer y organizar. Sólo una movilización política puede neutralizar la tendencia sectaria de la izquierda y la simultánea propensión a buscar aliados electorales entre los enemigos de los trabajadores.


 


Esa movilización política puede ser propiciada por un llamado a intervenir en elecciones abiertas circunscriptas a la izquierda y al movimiento obrero y popular combativo, para conformar las listas únicas electorales, lo que daría lugar a impulsar la discusión del programa político, esto mediante mesas redondas, plenarios, asambleas, congresos y reuniones. La realización de elecciones abiertas daría la posibilidad de que se presenten listas independientes de activistas o de que éstos se incorporen a distintas propuestas partidarias.


 


El VIII° Congreso del Partido Obrero, que se reunió el pasado fin de semana, (del 5 al 8 de diciembre de 1996, N. del E.) resolvió dirigirse con esta propuesta a todas las organizaciones de izquierda, tendencias sindicales, activistas y luchadores. Decidió también convocar para principios de abril a un conferencia abierta, para discutir y profundizar este planteo. La realización de las internas no deberá pasar de la mitad del año próximo, (por 1997, N. del E.) para poder dedicar a la campaña electoral, cuatro o cinco meses por lo menos.


 


En los términos expuestos, es decir, en favor de una política electoral de la clase obrera, el Congreso del Partido Obrero votó el comienzo de una campaña política. Esta campaña debe servir para preparar la unidad de la izquierda y del movimiento obrero combativo para las elecciones; para preparar las internas abiertas, las asambleas y mesas redondas, y para preparar la campaña electoral de 1997.


 


* Publicado en Prensa Obrera. n° 523, 12 de diciembre de 1996.

Por un correcto balance del paro navideño


Tenemos planteada la organización de la huelga indefinida en defensa de los convenios y de los sindicatos; contra la liquidación del Pami y la desregulación de la salud; por el cese de los despidos; contra los cupos de ingreso a la Universidad; por un seguro a los desocupados de 500 pesos; por un aumento general de salarios y jubilaciones; por el encarcelamiento de los clanes de Menem y de Cavallo, asaltantes de los cofres públicos; por el fin del gobierno menemista y el pase del gobierno a un congreso de bases de los trabajadores


 


Nos parece desacertado descalificar el paro general del último jueves 26, en razón de que su cumplimiento habría sido bastante inferior a los precedentes. Aun en estas condiciones, la última huelga general fue una manifestación combativa de las masas trabajadoras contra las patronales y el gobierno menemista, y en este carácter empalma con todo el movimiento de lucha popular que arranca con el Cutralcazo, las puebladas de Córdoba y Neuquén, la caída de Cavallo y los paros generales.


 


El cumplimiento masivo del paro en Córdoba, Rosario, Santa Fe, Santiago del Estero, Mar del Plata y la mayor parte del Gran Buenos Aires, demuestra que la política de componendas y traiciones de las burocracias de las tres centrales que se reclaman la conducción sindical, ha fracasado en poner fin a la etapa de crisis y luchas iniciada con la caída de Cavallo. Bien mirado, el desarrollo del paro general de Navidad, en particular en Córdoba y Rosario, muestra el surgimiento de activistas y organizaciones piqueteras, es decir, una fuerte tendencia de las masas a tomar la organización de las luchas en sus propias manos. El diario financiero que dijo que el fracaso que atribuye al paro había fortalecido a Menem, está escrito por un imbécil interesado. Más inteligente fue el propio Menem, cuando le dijo a sus asesores que la sola realización del paro era un revés para el gobierno.


 


Por una vez, el riojano tiene razón, porque el llamado al paro expresó la crisis del intento menemista de liquidar los convenios colectivos y los estatutos gremiales por medio de un acuerdo con las burocracias y con la consiguiente sanción legislativa. De este mismo procedimiento conciliador depende la solución política armada por Menem para liquidar el Pami.


 


Es incuestionable que la política componedora y traidora que precedió al paro general, condicionó fuertemente sus posibilidades. Al calificarlo de paro con sidra, la propia burocracia anunció anticipadamente que no encararía su organización; en las sedes sindicales el paro fue, sí, del ciento por ciento. Pero es precisamente esta política canallesca de la burocracia lo que mejor deja al descubierto la tendencia de lucha que existe en las masas y la disposición militante de los activistas. Los críticos del paro debieran tener en cuenta este dato fundamental, de que la burocracia fracasó en derrotar al paro desde adentro, una vez que fue obligada a ir al paro contra su voluntad componedora y traidora.


 


No hay que confundir la crítica a la burocracia con la crítica al paro. Hacerlo significa ignorar la tendencia de lucha de las masas y de los activistas, que se manifestó en el paro general. Esa confusión no permite establecer adecuadamente las perspectivas políticas de la crisis y de la lucha popular en curso. El centro de gravitación de las luchas se viene desplazando desde hace mucho tiempo hacia las organizaciones que van creando las masas, o que son recuperadas del control de la burocracia.


 


Es interesante hacer notar la falta de mención, por parte de los críticos de la huelga, a la conducta de la pequeña burguesía en el paro general. En cierto modo, esto debería sorprender, si se tiene en cuenta la presión positiva de la pequeña burguesía en los paros generales de agosto y setiembre. En el paro navideño, las cosas ocurrieron de otro modo porque, de un lado, las fiestas de fin de año son un acontecimiento comercial fundamental para la pequeña burguesía y, del otro, los representantes políticos de la pequeña burguesía descontenta los Alvarez y Terragno están transando a todo trapo la salida electoral con el gobierno de Clinton. Pero es muy probable que los críticos del paro militen en las corrientes políticas complacientes con la pequeña burguesía, por un lado, e ignorantes de sus limitaciones, por el otro.


 


El abismo que se ha abierto entre las aspiraciones de la ofensiva capitalista, de una parte, y las necesidades defensivas de los obreros, de la otra, señala una perspectiva de confrontaciones y luchas cada vez más agudas. Es a partir de esta constatación que ingresa en el orden del día la cuestión de la huelga general indefinida. Comprender esta nueva situación significa hacerla conciente entre los trabajadores y prepararla concienzudamente, mediante un trabajo de esclarecimiento, de agitación y de organización. En torno a las reivindicaciones que ya se plantean en las luchas parciales, es necesario entonces proceder a la organización de bases, como plenarios, asambleas y congresos, y a recuperar las organizaciones usurpadas por la burocracia. Como parte de este planteamiento, exigimos a las organizaciones oficiales del movimiento obrero que organicen un congreso de bases para preparar la huelga indefinida.


 


Esta apreciación de conjunto sobre el último paro y sobre la perspectiva de una huelga indefinida, esclarece también la importancia de la cuestión electoral de 1997, porque ella se irá transformando cada vez más en el arma de los políticos patronales y de los burócratas sindicales contra la tendencia a la huelga general. Precisamente, porque está planteada más que nunca como un arma contra la clase obrera, los trabajadores tenemos la obligación de establecer nuestra propia política para las elecciones; de lo contrario, se va a levantar otra vez el escollo de la demagogia de los políticos opositores. El centro de esa política electoral debe ser la unidad, por medio de la movilización, de la izquierda y del movimiento obrero combativo, para acabar con Menem y con su política. Contribuye a la movilización para potenciar la unidad contra el gobierno y los partidos patronales opositores, la realización de elecciones de la izquierda y del movimiento obrero combativo para organizar una lista común, precisamente, sobre la base de la voz y del voto de los trabajadores, de los activistas y de los militantes. Una elección de este tipo, preparada con debates, asambleas, conferencias, daría un gran impulso a la conciencia y organización revolucionarias.


 

La rebelión fiscal es social y política


La rebelión de comerciantes en la serrana Carlos Paz no es solamente el reflejo de la bancarrota comercial que siguió como a su sombra al derrumbe del plan Cavallo; la mayor parte del récord histórico de quiebras judiciales que registró 1996 responde al pequeño y mediano comercio. Ocurre que esta rebelión pone también al desnudo la imposibilidad de seguir pagando la deuda externa, el agotamiento del sistema impositivo basado en los impuestos al consumo y, por último, la inviabilidad de los ajustes que impone el FMI. Una comprensión adecuada de estos asuntos permitiría unir la lucha de los trabajadores y de los comerciantes, que revistan en polos opuestos en el mercado de consumo, en torno a objetivos comunes.


 


La deuda externa


 


Los intereses de la deuda pública consumen el 15 por ciento del presupuesto nacional, ya que representan 6.000 millones de dólares sobre ingresos calculados en aproximadamente 40.000 millones. Este porcentaje deberá crecer todavía más en los próximos años, como consecuencia de la constante refinanciación de que es objeto el pago de los intereses y del capital de la deuda, así como de la previsión de una suba de las tasas de interés en el mercado internacional.


 


En las actuales condiciones no existe ninguna posibilidad de modificar estas perspectivas, debido a que la refinanciación creciente de los intereses y de los capitales de las deudas externas de los diferentes países constituye el negocio más lucrativo del capital internacional. Mientras persista la llamada abundancia de liquidez, el gran objetivo de los capitales bancarios consistirá en colocar empréstitos de los países incapacitados de pagar sus deudas externas en las diferentes Bolsas del mercado mundial, porque mediante ellos obtienen jugosas comisiones, que son mayores cuanto mayor es el riesgo del país que coloca esa deuda, o sea cuanto mayor es su insolvencia.


 


La transformación del antiguo método de los préstamos bancarios en el más novedoso de la compra de títulos por parte de los fondos de pensión y de inversiones, permite al capital bancario que se encarga de colocar los empréstitos, transferir el riesgo de la operación hacia los bolsillos de la pequeña burguesía. Una bancarrota en el mercado de títulos entrañaría una inmediata confiscación en masa del dinero que la pequeña burguesía internacional tiene depositada en los fondos especulativos, y lo mismo vale con los aportes compulsivos de los trabajadores en los fondos de pensión de la jubilación privada.


 


Para la gran burguesía, la presión impositiva representa un problema menor, en particular porque ella es la que más se beneficia con la especulación aplicada a la deuda pública; lo que obtiene por aquí supera por lejos lo que pueden sacarle por allá. Interesada en el crecimiento de las cotizaciones de los títulos en su poder, es partidaria entusiasta de exprimir impositivamente a la pequeña burguesía y permitir con ello que el gobierno pague su deuda pública. La gran burguesía goza también de numerosas exenciones, como por ejemplo el reintegro de impuestos para los exportadores o la sistemática rebaja de las cargas sociales.


 


En lo que hace a la evasión fiscal, ella es la principal beneficiaria. Primero, porque toda venta en negro en el mercado consumidor final tiene siempre como contrapartida una compra en negro del comerciante final al mercado mayorista y al industrial. Segundo, porque los grandes capitalistas tienen medios de presión infinitamente más poderosos para evadir impuestos por medio del contrabando, si se trata de la importación; por medio de la sobrefacturación, cuando se trata de cobrar reintegros a la exportación; por medio de las operaciones financieras, cuando se trata de blanquear dinero ilegal. El reciente descuento en los bancos, por parte de la DGI, de los pagarés firmados por los contribuyentes morosos, puso al desnudo otro gran negocio de la gran burguesía a expensas de los pequeños comerciantes y del fisco, porque le permitió sacar suculentos intereses gracias a las urgencias fiscales del gobierno.


 


La deuda pública constituye, de este modo, la base de una gigantesca máquina de exprimir que, por intermedio del Estado, permite la confiscación económica de los trabajadores y de la pequeña burguesía comercial por parte de la gran burguesía nacional e internacional.


 


El IVA


 


No es casual que la rebelión fiscal de Carlos Paz tenga que ver con el IVA y con las facturas que deben registrarlo. En medio de un derrumbe del consumo personal y de fuertes tendencias deflacionarias, el incumplimiento del IVA es un recurso del pequeño comercio para hacer frente a la competencia del más grande. La tasa del 21 por ciento de este impuesto es absolutamente confiscatoria, pues significa literalmente que el fisco se queda con el mismo porcentaje del ingreso o salario de los trabajadores. La evasión de semejante porcentaje reduce enormemente el costo del giro comercial.


 


La generalización virtual del IVA a partir del gobierno de Menem fue una pieza fundamental del gran negociado de la deuda pública, porque permitió financiar el presupuesto con la plata de los consumidores. Los capitalistas jamás hubieran admitido pagar ellos la deuda externa con impuestos al patrimonio y a las ganancias. El enorme crecimiento del gasto público y del déficit fiscal en estos años menemistas se debieron a la implantación del IVA, que permite financiarlos a costa de los trabajadores. La nula percepción de los impuestos a la riqueza, ganancias o inmobiliarios rurales (de parte de las provincias), revela que la gran burguesía no tiene la intención de poner un peso para solventar a su propio Estado, de manera que la carga de la especulación financiera deberá ser bancada integralmente por los consumidores.


 


La enormidad de la evasión del IVA desnuda la mentira que se dijo cuando se justificó este impuesto con el argumento que era de fácil percepción y difícil evasión. Aunque el incumplimiento fiscal tiene que ver con el hundimiento del consumo personal y la deflación, sería imposible implementarlo sin la complicidad de la cadena hacia arriba del circuito comercial, o sea, los mayoristas y la gran industria.


 


La gravedad de la situación puede medirse con este simple dato: en medio de una recesión de la que el oficialismo afirma querer salir mediante la reactivación de la construcción, el gobierno acaba de llevar al 21 por ciento el IVA que se aplica a los créditos hipotecarios. Lo hizo por exigencia del FMI, en cuyo último memorándum también se insiste con el despido masivo de empleados públicos, con el desmantelamiento de los institutos técnicos y con la rebaja de salarios mediante un nuevo estatuto de la función pública todo, con el fin de seguir aumentando el negociado de la deuda pública. Hace pocas semanas, este mismo gobierno había derogado un impuesto bancario en beneficio de la obra social del gremio, ¡porque decía que encarecía los créditos!


 


Es incuestionable que los ajustes fondomonetaristas, para expandir los excesos especulativos, han dejado de ser viables. Junto al no pago de la deuda externa se impone una barrida general del actual sistema impositivo que confisca a los consumidores. Este programa es incompatible con la continuidad del menemismo o de cualquier otro gobierno que responda a los grandes capitalistas, sean nativos o extranjeros.


 


Rebelión y programa


 


El examen de las condiciones económicas y sociales que caracterizan a la situación actual, permite entender la profundidad de la rebelión fiscal en una zona relativamente cheta como Carlos Paz, donde los inspectores de la Impositiva fueron echados a patadas de los locales comerciales. Los comerciantes organizaron una cadena telefónica y hasta una red de piquetes para enfrentar colectivamente a los inspectores. Una asamblea nacional de comerciantes, que sesionará en Carlos Paz el jueves 16, deberá debatir un apagón nacional de protesta e incluso una huelga impositiva. En la zona serrana, el comercio tuvo una quiebra del orden del 40 por ciento y hasta se conoció el suicidio por razones económicas de 14 comerciantes (Clarin, 13/1).


 


La clase obrera no tiene ninguna necesidad de solidarizarse económicamente con los comerciantes de cualquier tamaño para intervenir decisivamente en esta crisis. Es que ella pone al desnudo el carácter antiobrero de la deuda externa, de los impuestos al consumo, de los compromisos con el FMI y del gobierno menemista y sus cómplices opositores; no es para nada una casualidad que la oposición le eche agua a la rebelión fiscal y que la vanguardia de la represión anti-comercial esté representada por el radical cordobés, Mestre.


 


Llamamos a aprovechar la oportunidad que brinda esta crisis para reclamar el cese del pago de la deuda externa; la nacionalización de los pulpos bancarios y de los fondos de pensiones; la derogación de todos los impuestos al consumo y el establecimiento equivalente de impuestos a las ganancias y al patrimonio; el repudio a los acuerdos con el FMI, y un aumento general de los salarios.


 


La rebelión fiscal plantea de nuevo la cuestión política de acabar con el gobierno menemista. El conjunto de estos objetivos exige preparar la huelga general indefinida y convocar a un congreso de base de los trabajadores.

La lucha por el Frente de Izquierda


Durante el mes de febrero, el conjunto de los partidos de izquierda produjo dos declaraciones sobre el crimen del compañero Cabezas y un pronunciamiento contra el tarifazo telefónico, como parte de un temario más amplio, en el cual está incluida la formación de un frente de izquierda para las próximas elecciones.


 


Por notables que hayan sido estos pasos, cuando se los compara con la completa falta de acción común que existía hasta el momento, no constituyen todavía nada decisivo con relación a la formación del frente. Los pronunciamientos que se sacaron no han servido hasta ahora para dejar constituida una Mesa de la izquierda, como lo propuso el Partido Comunista con el apoyo del Partido Obrero. De las reuniones realizadas hasta el momento sólo participaron consecuentemente el PC y el PO; el resto participó en alguna de ellas o se limitó a adherir a las propuestas por medio de un fax. El uso de la economía informática delata, en este caso, una posición política de obstaculizar el frente de izquierda.


 


Todo esto pone en evidencia el siguiente cuadro de contradicciones. De un lado, la presión de conjunto que ejerce la situación política ha forzado a los partidos de izquierda a exhibir públicamente una unidad de acción a la que pocos los creían capaces. Esa presión se refiere a la creciente crisis política desatada por el crimen de Cabezas; a la descomposición del oficialismo que revela la ruptura entre el menemismo y el duhaldismo; a las movilizaciones desatadas por el crimen, que empalman con el movimiento de luchas simultáneo con la caída de Cavallo; a la creciente sensación de las masas de que enfrentan una situación de miseria sin salida, y a la cuestión menor, pero significativa, del recule de la UCR ante la exigencia del Frepaso de quedarse con las primeras candidaturas, tanto en Capital como en Provincia. Por último, claro, a la caída de Bucaram por medio de una semi-insurrección popular.


 


Por otro lado, sin embargo, la izquierda no cree todavía en un frente de izquierda, ni le ve perspectivas por ahora. Hay planteos de unir a la oposición, que ponen en la misma bolsa a los capitalistas que reclaman reorientar la política económica para mejor explotar a los trabajadores, con la clase obrera que necesita un viraje de 180 grados. Otros planteos reclaman incorporar a los protagonistas sociales, entendiendo por tales a los artistas, a los escritores, a los pintores, a los psicoanalistas, etc., con la intención de cazar el voto furtivo de la opinión pública pequeño burguesa en vez de conquistar políticamente a los trabajadores. La acusación de que el frente sería electoralista no debe ser tomada en serio: nadie ha negado hasta ahora la necesidad de disputar a los partidos capitalistas el voto de las masas, ni nadie ha demostrado que la situación política haya llegado ya a tal grado de polarización que permita ignorar los procesos electorales.


Las elecciones tienen, por el contrario, una importancia excepcional para la izquierda, pues ésta debe demostrar en el terreno propio de la democracia burguesa que es una alternativa estratégica, por lo menos para la masa más conciente de los trabajadores. El partido comunista ha descubierto, claro que muy recientemente, que las elecciones serían una forma de legitimización del sistema imperante, de lo que se deduciría, anarquísticamente, que habría que boicotearlas. Pero lo mismo se podría decir de cualquier manifestación institucional o espontánea de la sociedad capitalista, o sea, de la tendencia del presente sistema social a reproducirse a sí mismo. Hace más de siglo y medio que el proletariado ha descubierto que la respuesta a esta realidad no pasa por boicotear la propia vida social, sea mediante el bandolerismo o la destrucción de las maquinarias. Pasa por presentar un programa y construir una organización, es decir, por explotar en forma conciente las tendencias del propio sistema social hacia la crisis y su destrucción.


El temario presentado por el Partido Obrero contiene dos puntos que, como el referido al crimen de Cabezas o al tarifazo telefónico, no pueden ser pasados por la izquierda sin la debida consideración.


 


El primero se refiere a la situación en Fiat y a la defensa del Sitramf.


 


Es elemental que este punto tiene un enorme alcance estratégico, porque el progreso del Sitramf y la constitución de una interfabril en las fábricas automotrices de Córdoba, donde perdió la burocracia, servirá para desarrollar una poderosa dirección clasista en la gran industria imperialista o multinacional. Se puede prever, incluso, el alcance internacional que tendría lograr ese objetivo.


 


El Partido Obrero propuso ese punto para impulsar una acción política y sindical de toda la izquierda, en defensa de los 42 activistas despedidos de Fiat. Una agitación común serviría para impulsar, en el conjunto de la masa cordobesa, un movimiento de solidaridad, incluida la huelga general. Una acción organizativa coordinada ayudaría a poner en pie una interfabril. La falta de iniciativa de acción de la izquierda está ayudando, en cambio, a que el destino de Sitramf quede jugado a las maniobras de la CTA, obsesionada en la construcción administrativa de una central alternativa, es decir, de una central que pueda concebirse, parirse y nacer sin que ninguna lucha perturbe su alumbramiento; o a las novedosas maniobras de la UOM para recuperar a Fiat con autonomía, como sería el caso, ofrecido como ejemplo, de la paralizada seccional de Villa Constitución de la UOM, conducida por Piccinini.


 


El otro punto del temario que propuso el PO tiene relación con la discusión de un programa de conjunto, algo elemental para una acción común de cualquier carácter de parte de la izquierda. La apertura de la discusión de un programa clarificaría las posiciones y las intenciones de todas las organizaciones con respecto a formar un frente político.


 


Es necesario pasar a la discusión integral del temario, sin dilaciones.


 


Pero precisamente porque las perspectivas de un frente de izquierda, que actúe como alternativa al conjunto del Estado capitalista y de sus partidos, están vinculadas con el proceso de derrumbe del menemismo, con la creciente crisis social y con la lucha de las masas, el método fundamental para poner en pie ese frente consiste en ponerse a la cabeza de la lucha contra el régimen menemista. Este es el método fundamental del PO.


 


Por eso planteamos:


 


Ante el crimen de Cabezas, fuera Menem-Duhalde y todo el régimen que instiga, ejecuta y encubre el crimen político.


 


Impulsemos planes de lucha en todos los conflictos, para preparar la huelga general.


 


Fuera los decretos y leyes fexibilizadoras y represivas del Congreso. Abajo los aumentos telefónicos, fuera los monopolios privatizadores. Fuera Alderete, el Pami para los jubilados. Abajo la privatización y arancelización de la salud y de la educación. Huelga general contra los planes del Banco Mundial.


 


Ningún despido en Fiat. Huelga general por las reincorporaciones. Fuera Rodríguez y Miguel. Por una dirección clasista para el movimiento obrero.


 


Fuera el Bucaram argentino. Unidad obrera y campesina de América Latina contra los Menems-Cardosos-Bucarames. Por un frente de izquierda. Por un gobierno de trabajadores.


Llamamos a todos los luchadores obreros y militantes de izquierda a reclamar, impulsar y organizar un Frente de Izquierda y del movimiento obrero combativo.

Condiciones políticas de la lucha para refundar la IVa Internacional


El VIIIº Congreso del Partido Obrero definió que "la cuestión de la dirección política internacional de la clase obrera es un problema objetivo de la actual situación mundial", planteando la lucha por la reconstrucción de la IVª Internacional como "la respuesta política revolucionaria a una cuestión que está puesta en el orden del día del movimiento mundial de la clase obrera y los explotados". Este abordaje metodológico implica caracterizar la situación política mundial, los ejes políticos alrededor de los cuales se define el reagrupamiento internacional de la vanguardia obrera, y las corrientes políticas que, situándose sobre el terreno de la IVª Internacional, proponen una respuesta a estos problemas.


 


La cuestión metodológica, sin embargo, no puede ser comprendida sin referirse, brevemente, a la experiencia histórica del movimiento revolucionario.


 


En nuestra época histórica de "guerras y revoluciones", dos fueron los momentos más importantes de reagrupamiento revolucionario internacional de la vanguardia obrera: la IIIª y la IVª Internacionales. Nacidas en períodos políticos de signo opuesto (la primera, con un ascenso revolucionario, y la segunda, en una etapa de preeminencia de la contrarrevolución), ambas surgieron, sin embargo, recorriendo caminos políticos semejantes (no olvidemos, por otro lado, que los bolcheviques proclamaron la lucha por la IIIª Internacional en noviembre de 1914, esto es, en plena marea chauvinista contrarrevolucionaria, consecutiva a la explosión, en agosto de ese año, de la Iª Guerra Mundial).


 


La Izquierda de Zimmerwald


 


En 1914, los bolcheviques eran ya una tendencia diferenciada en el movimiento obrero y socialista ruso, después de una lucha en la que, según Kautsky, "en ningún país una lucha semejante despertó mayores desconfianzas y enconos que en Rusia". La propia revolución rusa, en marcha desde las impresionantes agitaciones de inicio del siglo, explica que los problemas que en otros países se expresaban apenas como divergencias tácticas, organizativas y hasta personales, asumieran en Rusia el carácter de diferencias programáticas de principios.


 


La capitulación sin combate de la Internacional Socialista (IS) obligó a los bolcheviques, a partir de agosto de 1914, a dar proyección internacional a su combate "ruso" contra el reformismo y el oportunismo, que ya era internacional por su contenido, pero todavía nacional por su forma, en el período precedente.


 


La capitulación de la IS tuvo lugar en condiciones en las que, como sucede hoy, el supuesto "realismo" de sus dirigentes escondía una ceguera voluntaria frente a la realidad de la crisis capitalista, o sea, el peor de los irrealismos. De acuerdo con el mejor historiador de ese proceso, "la reunión del Buró Socialista Internacional del 29-30 de julio de 1914 (víspera inmediata de la guerra) reveló que los dirigentes estaban convencidos de que la guerra era imposible y que la crisis tendría una salida pacífica" (1). En las semanas siguientes, ya declarada la guerra, elaboraron un comunicado diciendo haber hecho todo lo posible para evitarla, sin éxito, y cerrando la persiana por tiempo indefinido.


 


Contra el pronóstico del dirigente reformista más combativo, Jean Jaurès (asesinado en la víspera de la guerra) "la guerra será el punto de partida de la revolución internacional", se confirmó la caracterización de Otto Bauer: "La revolución proletaria no es nunca menos posible que al inicio de una guerra, cuando la fuerza concentrada del poder estatal y toda la potencia de las pasiones nacionales desencadenadas se oponen a ella". O, como dijo Trotsky en el propio comienzo de la guerra: "Luego de anunciada la movilización militar, la socialdemocracia se encontró frente a la fuerza de un poder concentrado, basado en un poderoso aparato militar listo para derribar, con la ayuda de todos los partidos e instituciones burguesas, todos los obstáculos que apareciesen en su camino".


 


El desarrollo de la guerra, y la evidencia de la capitulación socialdemócrata, dio lugar a una reacción internacional en los partidos obreros (los PPSS) y en las organizaciones de los explotados: de esa reacción nació, por ejemplo, el Partido Socialista Internacional de Argentina, futuro PCA. Internacionalmente, la reacción se expresó inicialmente en el CRRI (Comité por la Retomada de las Relaciones Internacionales). Los revolucionarios se vieron obligados a intervenir en este movimiento mayoritariamente "socialista pacifista", en la medida en que suscitaba un interés político en la vanguardia obrera (y, potencialmente, en las masas): lo hicieron victoriosamente, por el hecho de haber sido la única fuerza que, a pesar de muy minoritaria, actuó en aquel movimiento como partido organizado (el bolchevismo).


 


Según una de sus animadoras (Agnès Blandorf), el "movimiento de Zimmerwald" (del nombre de la ciudad suiza en que se reunió inicialmente) tenía por objetivo "revivir la IIª Internacional bajo los viejos principios del marxismo socialista de antes de la guerra", o sea que su objetivo era "más la restauración que la transformación", lo que no impidió que "concebido para crear un fundamento para la unidad socialista, la conferencia de Zimmerwald, en cambio, abrió la puerta para una escisión cuyas consecuencias dominarían el paisaje político del siglo XX". En esa conferencia, "Lenin tuvo éxito en reunir una pequeña fracción para dar un paso adelante como líder de una alternativa internacional" (2).


 


Internacionalismo y Revolución


 


Las siete Tesis sobre la Guerra de Lenin pueden ser sintetizadas en: la guerra tiene un carácter burgués, imperialista, reaccionario y dinástico; la postura patriótica de la IS es una traición al socialismo que marca el colapso político e ideológico de la Internacional; la lucha contra la autocracia continúa siendo el primer deber del socialista ruso; todos los auténticos socialistas deben romper con el oportunismo pequeño burgués de la IS, y desarrollar un trabajo entre las masas para acabar con la guerra a través de la revolución. A partir de noviembre de 1914, Lenin declaró que, bajo esa plataforma, debía lucharse por una Tercera Internacional, la Internacional Comunista.


 


El bolchevismo ejerció un papel dirigente en una fracción del "movimiento", la "Izquierda de Zimmerwald", que sería la base, después de la Revolución de Octubre, de la Internacional Comunista (fundada en 1919), a pesar de sus serias divergencias con otros componentes de la fracción (los mencheviques internacionalistas, Radek, Rosa Luxemburgo, Trotsky). El vértice político de las divergencias se situaba en la consigna bolchevique de "transformar la guerra imperialista en guerra civil", y su consecuencia lógica, el "derrotismo revolucionario", considerada como una "provocación" por el ala "moderada" de Zimmerwald (que incluía a algunos futuros ministros burgueses). Y también en la cuestión de la necesidad de la IIIª Internacional, sólo defendida por los bolcheviques.


 


El desarrollo histórico daría la razón a los bolcheviques. Lo más importante a notar es que los bolcheviques no sólo "intervinieron" en Zimmerwald, sino que fueron los promotores del movimiento aunque no de su confusión política, en la medida en que, a pesar de sus limitaciones, planteaba objetivos susceptibles de movilizar a las masas.


 


Como afirma Craig Nation, "cuando los bolcheviques tomaron el poder, el movimiento de Zimmerwald perdió cualquier importancia que se hubiese esforzado en retener" (3). No obstante, sin su existencia y sin la participación bolchevique, esto es, sin la actividad internacionalista del partido de Lenin, éste no habría tenido chances de ser victorioso a escala nacional, de tomar el poder a la cabeza de la revolución proletaria como consecuencia de la crisis rusa de 1917.


La revolución rusa, como dijo Rosa Luxemburgo, "fue el acontecimiento más importante de la guerra mundial", y sólo podía admitir como dirección consecuente a una tendencia que plantease su actividad y su programa en esa escala. Además de la larga tradición acumulada, fue a partir de esos principios que los bolcheviques, minoritarios al inicio de la revolución, consiguieron organizar a la vanguardia obrera y revolucionaria en función de su propia alternativa política. En el cuadro de una crisis mundial, sólo las tendencias cabalmente internacionalistas consiguieron ejercer un papel dirigente de carácter histórico en la revolución.


 


La IVª Internacional


 


Fue con ese bagaje político que León Trotsky enfrentó la crisis provocada por el "4 de agosto" del stalinismo: su capitulación y la renovada capitulación socialdemócrata sin combate frente al ascenso de la extrema reacción política representada por el nazismo, de cara al proletariado más poderoso de ese entonces, el alemán. Está claro que se trató de un acontecimiento de proyección mundial, que preparó simultáneamente la vía para la segunda conflagración imperialista, así como para su contrario, las revoluciones obreras de Francia y España en la década del 30.


 


Luego del ascenso de Hitler, Trotsky (como Lenin en 1914) chocó con la resistencia de sus propios partidarios al defender la necesidad inmediata de la IVª Internacional (que sólo sería proclamada cinco años después, en 1938). Trotsky no podía ignorar, sin embargo, la existencia de una corriente internacional (el "Buró de París") que planteaba el objetivo progresivo del frente único obrero contra el fascismo, aunque esa corriente fuese continuidad de la centrista "Internacional IIª y 1/2", o "Unión de Viena", organizada en 1920 para salvar a la IIª Internacional del avance de la IIIª, y fallecida en 1923: "Los animadores (del Buró de París) se reivindicaban continuadores de la Unión de Viena, y ponían el acento en la indispensable unidad que debía reencontrar el movimiento obrero para luchar contra el fascismo" (4).


 


Sin adherir al Buró de París, los trotskistas intervinieron para promover en el mismo una diferenciación revolucionaria, que culminó en la "Declaración de los Cuatro" (de 1934), redactada por Trotsky (y corregida por los otros firmantes) y suscripta por los trotskistas (la Liga Comunista Internacional), el OSP y el RSP de Holanda, y el SAP alemán (del que participaba el futuro canciller y líder de la IS en la posguerra, Willy Brandt). La LCI ya defendía el "Programa de 11 Puntos", que fue el primer esbozo del Programa de Transición de la IVª Internacional. La "Declaración" era una caracterización de la situación mundial y de las otras corrientes del movimiento obrero, correcta en los principios, aunque no contuviese el conjunto de las proposiciones de Trotsky.


 


Salvo la LCI, los otros partidos no evolucionaron hacia la IVª Internacional, bajo el pretexto de que ésta "sólo podría resultar de un largo proceso de maduración de la vanguardia del movimiento obrero", divergencia que escondía otra "que no apareció claramente sino en los últimos meses de 1935, cuando el SAP comenzó a evolucionar hacia la política de Frente Popular" (5).


 


La "Declaración" y la promoción de la más amplia unidad revolucionaria fue, sin embargo, esencial para el trotskismo, porque: 1) verificó a los ojos de la vanguardia revolucionaria que los trotskistas no defendían la IVª Internacional como una reivindicación sectaria; 2) permitió evidenciar, entre los propios trotskistas, divergencias semejantes a las que planteaban los centristas (que fueron inclusive propuestas, y derrotadas, en la conferencia de fundación de la IVª Internacional); 3) permitió reclutar cuadros y grupos que serían decisivos para la construcción de la nueva Internacional.


 


La crisis de la IVª Internacional


 


En los ejemplos evocados, tanto Lenin como Trotsky actuaron como revolucionarios, esto es, capaces no sólo de formular teóricamente una tarea, sino también de plantearla políticamente (prácticamente).


 


Actualmente, entre los "trotskistas", la cuestión de la Internacional está dominada, de movida, por una inconciencia, en mayor o menor grado, de la profundidad y el alcance de la crisis de la IVª Internacional. Luego de su fundación y durante la IIª Guerra, ésta ya evidenció su debilidad cuando la mayoría de la dirección de su sección más importante (el Socialist Workers Party, SWP, de los EE.UU.) adhirió a la política "anti-defensista" (de la URSS en la guerra interimperialista), encabezando una escisión internacional (liderada por Max Schatchmann) a la que apoyaron, por un tiempo por ejemplo, Mario Pedrosa en Brasil y Pedro Milessi en la Argentina, escisión que concluyó evolucionando hacia el socialismo amarillo y proimperialista.


 


Cuando se produjo la crisis de 1951-53, con la exclusión, primero, de la mayoría de la sección francesa y, después, con la afirmación del Comité Internacional encabezado por el SWP, la IVª Internacional ya había sufrido escisiones que comprometían la organización emergente de la IIª Guerra Mundial: la corriente, inicialmente inglesa, de Tony Cliff (que, tras una serie de polémicas, rompió defendiendo el neutralismo en la guerra de Corea); la ex Unión Comunista de Francia (futura Lutte Ouvrière), que había liderado la importante huelga de la Renault en 1947, en desacuerdo con la caracterización de "obreros" para los Estados de Europa Oriental, ocupados por la burocracia stalinista (cuando la propia IVª, en su IIº Congreso Mundial de 1948, los caracterizara como capitalistas, a pesar de ya haber tenido, o estar teniendo lugar, las principales transformaciones en el régimen de propiedad, que la llevarían a cambiar después esa definición); sólo por citar las más conocidas (cabría mencionar también el completo aislamiento del POR boliviano, a pesar de su papel fundamental en la revolución de 1952).


 


Durante la IIª Guerra Mundial e inmediatamente después, hubo "una crisis política en la dirección de la IVª Internacional, que socavó la posibilidad de actuación de la organización" (6). El adaptacionismo a la burocracia stalinista del III Congreso Mundial de 1951 (conocido como "pablismo") fue una tentativa desastrosa y oportunista de salir de esa crisis, tentativa que condujo a la liquidación de las secciones europeas y al surgimiento de grupos declaradamente stalinistas dentro de la propia Internacional (Cochrane, Mestre, etc.).


 


Este panorama permite calificar de aparatesca la disputa posterior entre el Secretariado Internacional "pablista" y el Comité Internacional "ortodoxo", reivindicando ambos ser "la" IVª Internacional: en los hechos, ésta ya no existía como organización o como programa mundial, lo que debería ser el punto de partida de la lucha por su reconstrucción por parte de una tendencia revolucionaria, cosa que demoró todavía muchos años. El crecimiento posterior de las divergencias y divisiones no hizo sino aumentar la dispersión y el vacío programático.


El punto de partida de la lucha por la reconstrucción de la IVª Internacional no es ideológico sino político (definición de la situación de la lucha de clases mundial, de las corrientes políticas del movimiento obrero y de los explotados, y de las tareas políticas planteadas), en el sentido en que Lenin respondió, en 1916 (en pleno "período Zimmerwald"), a la socialista de izquierda holandesa Henriette Roland-Holst, que lo urgía a definir el "programa de la revolución socialista": "No hay necesidad de él por ahora. Ese programa sólo será necesario cuando la revolución sea inminente, de modo absolutamente seguro" (7).


 


La caracterización de las corrientes políticas debe hacerse en el cuadro de una situación de crisis que rompió los equilibrios internacionales de posguerra, siendo lo más importante "que el equilibrio capitalista fue quebrado por la acción de las masas, lo que configura un desarrollo revolucionario… Las fuerzas que destruyeron el equilibrio en Polonia, en Checoslovaquia, etc., fueron las masas, que sin embargo fueron incapaces de dar a la crisis un desenlace propio… Lo que tenemos es producto de un desarrollo revolucionario controlado por el imperialismo, que consigue canalizarlo para su autoafirmación" (8). La crisis mundial se refiere al momento en que la descomposición del conjunto del capitalismo como sistema mundial, adquiere la forma de crisis políticas y revoluciones, e integra a los Estados Obreros burocratizados, ahora en descomposición, ya vinculados anteriormente a la circulación económica mundial, y a la burocracia, como un agente de la burguesía mundial en el Estado Obrero.


 


La cuestión del internacionalismo proletario se plantea entonces sobre bases inéditas que exigen, no un retorno programático al pasado, sino la profundización teórico-política sobre la base de las conquistas programáticas del marxismo revolucionario (el trotskismo). En el cuadro de la crisis y ausencia de la IVª Internacional, la sobrevivencia de un sin número de grupos y corrientes que se reivindican trotskistas expresa (más allá de sus limitaciones políticas, en muchos casos insuperables) la fuerza del programa y la teoría revolucionaria, y su vigencia histórica. Con la descomposición burguesa de la socialdemocracia, y la transformación de los Partidos Comunistas en partidos burgueses (por la disolución de los Estados Obreros burocráticos a los que estaban vinculados), el trotskismo se yergue como la única corriente internacional de lucha contra el capitalismo y por el socialismo. Esto torna imprescindible el análisis de las corrientes que se reclaman de la IVª Internacional.


 


Sectarios


 


Esta "área" está constituida por un sin número de grupos, en parte de los cuales su característica apenas refleja inexperiencia política. Buena parte, sin embargo, constituyen lo que Trotsky llamaba "el contorno lunático de la IVª Internacional".


 


Su ejemplo más acabado (y vicioso) es la tendencia Spartacist, con sede en los EE.UU. y pequeños grupos en otros países (de la cual los llamados "bolcheviques" del Mercosur constituyen apenas una versión degradada). Frente a todos los problemas, especialmente aquellos que suceden lejos de casa, postulan el "programa máximo" (revolución socialista). Nuevamente citando a Trotsky, "no tienden el puente de las reivindicaciones transitorias porque no pretenden atravesar el río".


Fuera de los trotskistas ellos mismos, el resto de los partidos constituye "una masa reaccionaria única", en estilo lassalleano, carente de contradicciones internas. Lo mismo sucede con las clases no proletarias (pequeña burguesía, burguesía nacional, imperialismo). Como consecuencia lógica y so pretexto de que la construcción de la IVª exige previamente la eliminación del "revisionismo" trotskista (o sea que sería una cuestión ideológica) no desarrolla ningún trabajo sistemático en dirección del movimiento obrero.


 


Se trata de una tendencia pequeño burguesa, para la cual la Historia se reduce al vals de las ideologías, sin ser parte de ella las luchas políticas concretas, surgidas de la lucha de clases. Este "ideologismo" se transforma en oportunismo barato cuando es confrontado con los acontecimientos. En la guerra de las Malvinas proclamaron el neutralismo, igualando al país semicolonial a la potencia imperialista, reclamando ¡en medio del cañoneo! "fuera Thatcher y Galtieri" (no necesariamente en ese orden), una política muy a gusto de la clase media "izquierdosa" de las metrópolis.


 


Cómicamente, critican el "castrismo" del SWP, pero apoyan variantes peores: a la burocracia rusa en la invasión a Afganistán (¡que realizaría la revolución democrática!); apoyaron el golpe militar y el Estado de sitio de Jaruzelski en Polonia (1981), lo que los retrata como una tendencia antiobrera (cualquiera que sea la opinión que se tenga sobre Solidaridad); o a los golpistas de la ex URSS en agosto de 1991. Incapaces de ver más allá de la superficie ideológica de los acontecimientos (de ver la lucha de clases), consideran todo el proceso del ex "bloque socialista" como una contrarrevolución. Son un apéndice de la burocracia stalinista en descomposición.


En casa, la vociferación "revolucionaria" no les impide caer en el democratismo más vulgar, como en la campaña contra la pena de muerte del activista negro Mumia Abu-Jamal, y en el planteamiento general de la cuestión negra en los EE.UU., al margen de la intervención del movimiento obrero organizado, o sea, no como un aspecto de la revolución proletaria (aunque declaren lo contrario).


 


En la polémica con las otras corrientes trotskistas que, sectariamente, es la única polémica que realizan, asumen una actitud provocadora. En el Programa de Transición, Trotsky consagró un capítulo "contra el sectarismo" (incluyendo, significativamente, el trabajo en las organizaciones obreras como condición para pertenecer a la IVª Internacional). La dispersión de la IVª no hizo sino crecer este problema: pese a esto, el sectarismo "trotskista" está en descomposición (lo que incluye a una de sus variantes nacionales, el lorismo, la más lamentable, porque está basada en una gran intervención pasada del trotskismo en la lucha de clases). Carece de cualquier aspecto progresivo, y la única polémica posible con este sector es desde este ángulo.


 


Derecha


 


Se trata de las corrientes abiertamente derrotistas, que proclaman también abiertamente su adaptación al capitalismo y la inactualidad de la IVª Internacional, como partido mundial de la revolución socialista. Algunas, como el SWP norteamericano, afirman esto último declaradamente, y abandonan explícitamente el trotskismo (bajo pretexto de apoyo a la revolución cubana, se ha transformado en un grupo en favor de un acuerdo entre el imperialismo y el castrismo, o sea, de entierro de la revolución cubana y latinoamericana).


 


Otros se reclutan, paradojalmente, entre los que se reivindicaban "ortodoxos" (término religioso acuñado por el propio SWP para referirse al trotskismo): el lambertismo (que se proclama ahora "la" IVª Internacional) y el Secretariado Unificado de la IVª Internacional (SU), que siempre hizo lo mismo. El primero se ha convertido, en el único país en que tiene algún papel (Francia), en un apéndice derechista de la burocracia sindical socialdemócrata. En función de esto, ha ido elaborando una "teoría" ("imperialismo senil") que afirma la necesidad de defender las conquistas sociales a través de una vuelta a la "producción" contra la "especulación", al "consumo", al capitalismo "reglamentado" (el Welfare State).


 


El desarrollo especulativo no sería la expresión del parasitismo y la descomposición capitalistas, que ya estaban presentes en su período de "auge" de posguerra, sino el índice de su pasaje para un nuevo estadio histórico. El "Acuerdo Internacional de Trabajadores" que impulsa la "IVª" lambertista so pretexto de reproducir la Iª Internacional sobre bases economicistas está puesto bajo la perspectiva derechista de hacer del programa mínimo el programa máximo (lo que lo pone a la derecha del socialismo reformista de inicios de siglo), y vive de inflar artificialmente a burócratas sindicales y a políticos burgueses desplazados.


 


Toda la historia del SU es la de la disolución de la IVª Internacional en agrupamientos reformistas, nacionalistas, petardistas o foquistas. Ahora, en función del supuesto "retroceso" (o "muerte") del socialismo caracterización que revela que el SU nunca pasó de un ladero de la burocracia y de su desastrosa política contra la unificación socialista de Alemania, el SU tiende abiertamente hacia la descomposición burguesa, con la disolución de secciones enteras que se integran a agrupamientos burgueses o frentepopulistas; papel de bombero de la rebelión campesina de Chiapas; asunción por un miembro prominente de su sección brasileña de la intendencia de la importante ciudad de Porto Alegre, anunciando que dará continuidad a la gestión (capitalista y "austera") del PT. Quien espere que Raúl Pont reprima huelgas para romper con el SU con la "conciencia tranquila", estará siendo cómplice de esta evolución.


 


Centro


 


Debemos mencionar a algunas corrientes que, sin ser revolucionarias y, estrictamente, tampoco centristas oscilantes entre reformismo y revolución no llegan a los extremos de las anteriores, aunque ocasionalmente lleguen a estar a su derecha, ideológica o políticamente.


 


El SWP inglés (Tony Cliff) rompió con la IVª Internacional por la derecha, abandonando la defensa incondicional de los Estados Obreros frente al imperialismo, y rompiendo con la caracterización trotskista de la burocracia stalinista y de la URSS, a la que definió como "capitalista de Estado". No es una tendencia trotskista, sino "trotskizante", pues no reivindica a la IVª Internacional, a la que considera un error de Trotsky. Fuera de Inglaterra (posee un trabajo internacional) se dedica apenas a una labor propagandística.


 


En Inglaterra, al contrario, parece tener una intervención en la lucha de clases y en el movimiento sindical y juvenil. Por otro lado, no declara cerrado el ciclo histórico de la revolución socialista, ni abjura de la Revolución de Octubre (como lo hace el SU y lo insinúa el morenismo). Su práctica política en Inglaterra, sin embargo, es claramente democratizante, centrada en los "derechos de las minorías" y en el "antifascismo", lo que es particularmente grave en un país imperialista, que oprime abiertamente a Irlanda en sus propias puertas (y es el bastión europeo del imperialismo norteamericano).


 


La Liga Internacional de los Trabajadores (LIT) morenista probó no ser una corriente internacional, pues se dividió en tantos grupos como lo hizo su "casa matriz", el Mas argentino. Tampoco es una verdadera organización, pues las primeras divergencias internas serias la condujeron a la explosión. La fracción más derechista (Zamora) evoluciona abiertamente hacia el frentepopulismo, y se unió a un pequeño grupo frentepopulista español, que vota y defiende a "Izquierda Unida" (acuerdo entre el ex PCE y corrientes burguesas).


 


Lo que queda de la LIT está enfrascado en un debate en el que varias fracciones se disputan en torno a la mejor demostración de que un supuesto "capitalismo global" tornaría prácticamente imposible la revolución; esto, inmediatamente después de haber defendido durante años el absurdo de la "situación revolucionaria mundial". Se llega a plantear que el ciclo histórico de Octubre está cerrado, porque en realidad nunca fue abierto (la revolución proletaria de 1917 no habría sido ni revolución, ni proletaria). Queda como elemento de interés la repercusión de esta crisis en el PSTU brasileño, en el que participan sectores de la vanguardia obrera y combativa surgida con la creación de la Central Unica de Trabajadores y el PT en la década del 80.


 


Izquierda


 


Ocupan la izquierda en este espectro las corrientes que reivindican la IVª Internacional, reconocen su crisis y admiten la inexistencia de un centro internacional, y poseen una intervención real en la lucha de clases y en el movimiento obrero de sus países.


 


Lutte Ouvrière obtuvo recientemente en Francia más de un millón y medio de votos (5-6% del electorado), lo que no fue un fenómeno artificial, si se tiene en cuenta que el PCF obtuvo uno de sus más bajos registros históricos (8%) o sea, que LO se benefició de una transferencia de votos del histórico partido obrero del país. Posteriormente, proclamó la imposibilidad de organizar un partido obrero con base en este vuelco político, y su intención de votar al PCF en las próximas elecciones, retomando su histórica política de seguidismo al stalinismo. Su caracterización de que los Estados Obreros no están en disolución y que siguen en pie, está al servicio de esta política. El primitivismo populista tradicional de sus planteos, y su anquilosamiento sectario en materia organizativa, se elevan como obstáculos a su evolución política.


 


Militant Labour es la organización de izquierda más fuerte de Inglaterra (y, por lo que parece, de Escocia). Tuvo dos diputados a través del Labour Party (LP), ejerció un papel dirigente y un liderazgo en la histórica lucha contra la Poll Tax del gobierno Thatcher, y también en la lucha contra la extrema derecha fascista.


 


Sus posiciones cargan vicios del "entrismo profundo" (deep entrism) en el LP (lo que se verifica hasta en el nombre de la organización). Esto se evidencia en sus posiciones aberrantes frente a la guerra de las Malvinas y la opresión de Irlanda, en las que se pone de relieve "una historia de adaptación al reformismo y al imperialismo democrático británico" (9). El aburguesamiento del LP no elimina la causa de este problema (Militant ha sido, además, expulsado del LP), pues reivindica ahora "la unión con otras fuerzas socialistas (¿cuáles?) en un partido socialista de masas". Son, sobre todo, posiciones antiinternacionalistas, que sólo pueden ser resueltas a través de un debate y de un combate internacionales efectivos, si se quiere ser consecuente con la afirmación de su principal dirigente: "El terreno está preparado para colosales levantamientos sociales en Gran Bretaña y en todo el mundo capitalista antes del fin de esta década" (10).


 


La AMR-Proposta está librando un combate importante en ese fenómeno central que es el Partito della Rifondazione Comunista (PRC) de Italia, habiendo reunido cerca del 16% de los delegados en su último Congreso Nacional (del que salió con 4 miembros en el Comité Nacional, contra dos anteriormente), y liderando la oposición de izquierda a su dirección frentepopulista y sustentadora del gobierno Prodi-Olivo. Ha orientado la intervención de otros grupos trotskistas en procesos de capital importancia para el reagrupamiento revolucionario del proletariado, como el Labor Party de los EE.UU. y el SLP (Socialist Labour Party) de Inglaterra, en el cuadro de la ITO (Oposición Trotskista Internacional). Participa claramente del movimiento obrero de su propio país. Ha dirigido su intervención internacional hacia un acuerdo con la corriente revolucionaria encabezada por el Partido Obrero.


 


Las limitaciones y aspectos centristas de su intervención en el PRC (reivindicando el "proyecto original" o el "PRC de los orígenes" que no era revolucionario, trampa en la que en su momento se ensartó la izquierda del PT brasileño) remiten a deficiencias programáticas, que se vinculan con su propia actividad internacional: la AMR no ha proclamado (ni la ITO) pública, abierta y programáticamente, su ruptura con el SU (al que califica, centristamente, de "centrista").


Al no definirse programáticamente por la dictadura del proletariado, tampoco plantea abiertamente la cuestión del partido revolucionario con base en su intervención en el PRC (lo que significaría plantear a la vanguardia la ruptura en perspectiva, y prepararla en ese sentido): el peligro de transformarse en la extrema izquierda de la política democratizante del PRC está directamente vinculado al de quedar "agarrados en la trampa democratizante del SU" (11). Esta cuestión está planteada como punto central del debate internacional.


 


Revolucionarios


 


La corriente revolucionaria compuesta por el PO y las organizaciones con las que desarrolla un trabajo internacional, desenvuelve una intervención sistemática en la lucha de clases sobre la base del programa trotskista, no de modo dogmático, sino confrontándolo con los nuevos desarrollos históricos y políticos. El rescate de la caracterización trotskista de la burocracia como capa social restauracionista (agente burgués en el Estado Obrero) que fue abandonada por la casi totalidad de los "trotskistas", la lleva a analizar la disolución de los EE.OO. como un aspecto de la crisis mundial, que tiene su epicentro en la crisis y decadencia históricas del capitalismo.


Los procesos en la ex URSS y Europa oriental tienen un carácter contradictorio, pues plantean simultáneamente la restauración violenta del capitalismo y la revolución política (y eventualmente social) contra la burocracia pro-burguesa. La crisis del imperialismo yanqui no es un fenómeno coyuntural ni episódico aislado, sino que se vincula con la descomposición del orden mundial que tenía en la burocracia stalinista su otro pilar fundamental, y ambos tienen por base la crisis estructural del capital: "neoliberalismo" y "globalización" son apenas el disfraz ideológico de esa crisis.


 


Plantea la cuestión de la Internacional Obrera (la IVª Internacional) como un agrupamiento político y revolucionario, no "economicista" ni "movimientista" (acuerdo ideológico "socialista" o "trotskista", que oculta divergencias políticas de principios), lo que es diferente de un acuerdo político revolucionario en que se delimitan y explicitan las eventuales divergencias. Sobre la base de las conquistas programáticas del marxismo (la principal y más actual de las cuales es el Programa de Transición) está planteada, no sólo su reafirmación (que puede tener un carácter puramente ritual), sino también la caracterización de la presente etapa histórica y política, y de las tareas revolucionarias que ella impone.


 


Este agrupamiento esquemático y simplificado de las diversas corrientes deja de lado grupos y organizaciones de desigual importancia, sobre los que carecemos de informaciones suficientes. Tiene por objetivo esclarecer el panorama político para la elaboración de una caracterización de la situación mundial, sus principales tendencias, y las corrientes presentes en el movimiento obrero y antiimperialista, con vistas a una delimitación política que sea un paso efectivo en la dirección del programa y la organización de la revolución socialista mundial.


 


 


 


Notas:


 


1. Georges Haupt. LInternationale et LUnion Sacrée en Août 1914, LHistorien et le Mouvement Social, París, Maspéro, 1980, p. 203.


2. R. Craig Nation. War on War, Lenin, the Zimmerwald Left and the origins of communist internationalism, Londres. Duke University Press, 1989, pp. 91-92.


3. Idem, p. 207.


4. Michel Dreyfus. Bureau de Paris et Bureau de Londres: le socialisme de gauche en Europe entre les deux guerres, Le Mouvement Social nº 112, París, julio-setiembre 1980, p. 27.


5. Idem, p. 34. Para un balance de esas discusiones, ver: León Trotsky, Alchimie centriste ou marxisme. Sur la question du SAP, Oeuvres, vol. 5, París, EDI, 1979, pp. 261-296.


6. Norberto Malaj. Para una Historia de la IVª Internacional. En Defensa del Marxismo nº 15, Buenos Aires, diciembre 1996, p. 120.


7. In H. Lademacher. Die Zimmerwalder Bewegung, Paris-La Haya. Mouton, 1967, p. 498.


8. Partido Obrero, Boletín Interno nº 20, 1º de octubre de 1996.


9. Chris Edwards. La política de Militant Labour. En Defensa del Marxismo nº 11, Buenos Aires, abril 1996, p. 37.


10. Peter Taaffe. The Rise of Militant, Londres, Militant Publications, 1995, p. 558.11. Jorge Altamira. Comentario al Informe Internacional. En Defensa del Marxismo nº 15, Buenos Aires, diciembre 1996, p. 21.

La cuestión del programa


El Partido Obrero ha entablado un debate con la Oposición Trotskista Internacional (ITO) sobre el carácter de las diversas corrientes trotskistas, o sea, sobre la apreciación de sus programas y políticas. Semejante discusión remite a una cuestión más general el carácter del programa para reconstruir la IVa Internacional. El pasaje de las organizaciones trotskistas tradicionales al campo democratizante (repudio de la dictadura del proletariado) significa que son contrarrevolucionarias y un lastre para la reconstrucción de la IVª Internacional.


 


Dictadura del proletariado


 


La dictadura del proletariado y la progresiva desintegración del Estado, son las conclusiones estratégicas de toda la teoría social de Marx. Tanto que, para Marx, "lo que yo hice de nuevo fue demostrar … que la lucha de clases conduce necesariamente a la dictadura del proletariado; (y) que esta misma dictadura no es más que la transición a la abolición de todas las clases y a una sociedad sin clases" (1). Para Lenin, por su parte, "Marxista sólo es quien hace extensivo el reconocimiento de la lucha de clases al reconocimiento de la dictadura del proletariado. En ello estriba la más profunda diferencia entre un marxista y un pequeño (o un gran) burgués ordinario. Esta es la piedra de toque con la que debe comprobarse la comprensión y el reconocimiento reales del marxismo" (2).


 


La dictadura del proletariado está íntimamente ligada a todas las cuestiones cardinales de la política revolucionaria del marxismo, tales como el internacionalismo proletario y el partido revolucionario. El internacionalismo proletario, según Lenin, es la lucha por la dictadura del proletariado en el propio país y en los restantes países. El partido revolucionario es el instrumento para la toma y el ejercicio del poder por el proletariado. Su misión histórica es la de educar y estructurar a los obreros y a las masas explotadas en la conciencia de la necesidad de la conquista del poder político. En otras palabras, si está ausente la estrategia de la dictadura del proletariado, no hay internacionalismo proletario ni hay partido revolucionario.


 


El planteamiento de la dictadura del proletariado es, en definitiva, el contenido elemental y último del marxismo. Precisamente, por esta razón, como en el pasado, la cuestión de la dictadura del proletariado es decir, la disyuntiva entre dictadura del proletariado y dictadura de la burguesía es la divisoria de aguas entre los trotskistas "reales" (para utilizar las palabras de Lenin) y quienes no lo son aunque por tradición, contrabando político o ambas cosas continúen declarándose partidarios de la IVa Internacional.


 


La cuestión de la dictadura del proletariado, es decir, la de "la comprensión y el reconocimiento reales del marxismo", está en el núcleo de la posibilidad de la reconstrucción de la IVa Internacional. Las corrientes tradicionales que se reclaman del trotskismo, tales como el Secretariado Unificado de la IVa Internacional (SU) o los lambertistas, han abandonado tanto en la teoría como en la práctica la estrategia y el programa de la dictadura del proletariado. En otras palabras, han abandonado el terreno del proletariado y del marxismo, y se han colocado en el campo del Estado burgués y del régimen social que éste defiende.


 


El Secretariado Unificado en el campo de la democracia burguesa


 


A mediados de la década del 70, comenzó un pronunciado giro derechista de la izquierda europea, cuya vanguardia fueron los llamados partidos eurocomunistas. En las usinas de ideas del PC italiano, bien alimentados burócratas comenzaron a descubrir las virtudes de la democracia tutelada por el Vaticano. Las proposiciones democratizantes que levantaban los eurocomunistas eran, apenas, la expresión pública del recurso ideológico fundamental del imperialismo para imponer la restauración del capitalismo en la URSS y en Europa oriental. Los PC eurocomunistas fueron, en este sentido, los auténticos precursores del gorbachovismo.


 


Por la misma época, el SU calificó como progresivos a los precursores eurocomunistas. Las tesis sobre "Democracia Socialista y Dictadura del Proletariado", aprobadas en 1977, reflejan el esfuerzo por convergir con los eurocomunistas, es decir, con los planteos ideológicos del imperialismo democrático. Estas tesis pusieron al SU en el campo de la democracia burguesa.


"Para el SU, la dictadura obrera significa, por sobre todas las cosas, la extensión de las libertades democráticas y afirma que el aplastamiento de la contrarrevolución burguesa debe estar limitado por el respeto de las libertades individuales. Se trata de un abandono del planteamiento marxista, puesto que el Estado obrero debe subordinar las libertades democráticas a la acción directa de las masas y al aplastamiento de la contrarrevolución. Este ha sido el curso seguido por todas las revoluciones (Cromwell, Robespierre, Lenin)" (3).


 


La concepción del SU de que la dictadura del proletariado es la "extensión de las libertades" contrasta con la de Lenin, para quien "La dictadura del proletariado, es decir, la organización de la vanguardia de los oprimidos como clase dominante con el fin de aplastar a los opresores, no puede dar como resultado sólo la ampliación de la democracia. Simultáneamente con la enorme ampliación de la democracia, que por primera vez se convierte en democracia para los pobres, en democracia para el pueblo, y no en democracia para los ricos, la dictadura del proletariado impone una serie de restricciones a la libertad de los opresores, de los explotadores, de los capitalistas. Debemos reprimirlos para liberar a la humanidad de la esclavitud asalariada; hay que vencer por la fuerza su resistencia; es evidente que no hay libertad ni democracia allí donde hay represión; donde hay violencia" (4). O más claramente: "Democracia para la inmensa mayoría del pueblo y represión por la fuerza, es decir, exclusión de la democracia, de los explotadores y opresores del pueblo: ésta es la modificación que sufrirá la democracia en la transición del capitalismo al comunismo" (5).


 


Los mandelianos, a diferencia de Lenin, sostienen que la dictadura del proletariado debe garantizar la libertad de acción y de agitación política a la contrarrevolución burguesa. "La constitución y el código penal de la dictadura del proletariado dice el SU impedirán y castigarán los actos de insurrección armada, las tentativas para derrocar el poder de la clase obrera mediante la violencia, los atentados terroristas contra representantes del poder de los trabajadores, los actos de sabotaje, de espionaje a favor de potencias extranjeras, etcétera. Pero solamente deberán ser castigados los actos comprobados de esta índole y no la propaganda general explícita o implícitamente favorable a la restauración del capitalismo. Esto significa que se deberá acordar la libertad de organización política a todos los que, en los hechos, respeten la constitución del estado obrero, incluidos los elementos proburgueses " (6). El SU, de antemano, le otorga a la contrarrevolución burguesa un certificado de legalidad obrera.


 


Para el SU, "la libertad de organización de grupos, tendencias y partidos sin restricciones ideológicas (es decir, incluidos los contrarrevolucionarios, LO) constituye una condición previa para el ejercicio del poder político por la clase obrera" (7). Es decir, que esa condición previa no es la dictadura del proletariado, sino la democracia burguesa, o sea, el código penal de los capitalistas. Continúa el SU: "La verdadera alternativa es la siguiente: o bien democracia obrera con el derecho de las masas a elegir a todos los que escojan y la libertad de organización política para todos los que han sido elegidos (incluidas las personas con ideologías o un programa burgués o pequeñoburgués), o bien, una restricción decisiva de los derechos políticos de la clase obrera, con todas las consecuencias que se derivan de ello" (8).


 


Para justificarse, el SU sostiene que "en ningún escrito de Marx, Engels, Lenin o Trotsky, ni en ningún documento programático de la IIIa Internacional bajo Lenin, apareció nunca (una) defensa del sistema de partido único" (9). Falso. Incluso Kautsky defendió la dictadura del Comité de Salud Pública de Robespierre.


 


El SU sostiene que no se puede proscribir a la contrarrevolución burguesa, porque, entonces, "¿por dónde trazar la línea de demarcación? ¿Se prohibirán a los partidos que tengan una mayoría de miembros de extracción obrera pero al mismo tiempo tengan una ideología burguesa? ¿Cómo se puede conciliar tal posición con el concepto de elección libre de los consejos de trabajadores? ¿Cuál es la línea de demarcación entre el programa burgués y la ideología reformista? ¿Se deben prohibir, entonces, los partidos reformistas? ¿Se suprimirá la socialdemocracia?" (10). Semejante planteamiento delata a una corriente ajena al movimiento obrero. Cualquier obrero huelguista sabe que los campos se determinan por sí mismos por medio de la lucha. ¿Cómo? Tomemos una sencilla asamblea sindical: la asamblea es democrática porque en ella todos pueden dar su opinión pero una vez que vota ir a la huelga, la propia lucha determina cuál es el campo en el cual los obreros permitirán el ejercicio de la democracia los huelguistas, que discuten cómo llevar la lucha a la victoria y quiénes están excluidos del ejercicio de la democracia: los rompehuelgas a los que no se les respeta, piquetes mediante, el derecho individual a carnerear y los patrones. Los huelguistas tampoco permitirán, digamos de paso, la propaganda contra la huelga. La asamblea obrera consagra la supremacía de los derechos colectivos de los trabajadores no sólo sobre los patrones sino, incluso, sobre los propios obreros individualmente considerados. Lo mismo hace la dictadura del proletariado. Por el contrario, cuando eleva la legalidad de los partidos burgueses a la categoría de un principio programático, lo que el SU presenta como dictadura del proletariado no es más que la versión idealizada de la democracia burguesa.


 


El abandono del planteamiento marxista de la dictadura del proletariado lleva al SU, naturalmente, a desconocer el papel del partido revolucionario, cuya función histórica no es para los mandelianos la conquista del poder político, sino "la lucha por conquistar a la mayoría en el seno de la clase para sus propuestas " (11). La concepción parlamentarista que tiene el SU acerca de la toma del poder justifica la denuncia que formulara la Tendencia Cuarta Internacionalista en su Declaración de Fundación (1979): "Tanto el SU como el CORCI hablan con frecuencia de gobierno obrero y campesino y lo hacen para encubrir su propia debilidad política y programática. Para ellos, gobierno obrero y campesino no es sinónimo de dictadura proletaria, sino, más bien, una fórmula que equivale a un gobierno transitorio en el proceso revolucionario. Como quiera que esa fórmula es presentada como finalidad estratégica, hay que entender que en los países atrasados se la presenta como el equivalente de un gobierno burgués Dicho de otra manera, el gobierno obrero y campesino, en boca de los renegados del trotskismo, no es otra cosa que una versión modernizada de la fórmula de la dictadura democrática de obreros y campesinos" (12).


El sandinismo nicaragüense fue quien más concienzudamente llevó a la práctica la democracia socialista mandeliana, lo que explica que el SU lo apoyara hasta el final. En nombre de la democracia, el sandinismo permitió la libre propaganda y hasta la organización política y la participación electoral de la contrarrevolución. Los resultados son conocidos: la democracia socialista es el camino más directo para la entrega de una revolución.


 


Con sus tesis sobre la "Democracia Socialista y (la) Dictadura del Proletariado", el SU se pasa por entero al campo de la democracia burguesa, es decir, de la dictadura del capital. La política crudamente derechista seguida por el SU a partir de entonces en Brasil (donde el grupo del SU se convirtió en la policía política de la dirección contrarrevolucionaria del PT contra las tendencias de izquierda, apoyo irrestricto al frente popular); en Irlanda y Medio Oriente (apoyo a los procesos de paz impulsados por el imperialismo); en Estados Unidos y Gran Bretaña (apoyo a la burocracia sindical en los procesos de formación del Labor Party y del Socialist Labour Party, contra sus alas izquierdas); en México, donde se ha colocado a la rastra del zapatismo está, por así decirlo, contenida en las tesis de 1977, que consagraron su abandono definitivo de la estrategia de la dictadura del proletariado.


 


Pablismo, foquismo


 


La degeneración del SU es el resultado de un largo proceso político cuyo punto de arranque fue el pablismo.


 


Efectivamente, fue el primer intento serio y orgánico dentro de las filas de la IVa Internacional de abandonar la estrategia de la dictadura del proletariado. Para Pablo y sus seguidores, la expropiación del capitalismo en Europa del Este y Yugoslavia planteaba que el stalinismo se había convertido, a pesar suyo, en un factor revolucionario, que se orientaba a construir Estados obreros. Entre el capitalismo y el socialismo se abría, para los pablistas, un período caracterizado por los Estados obreros deformados.


 


Semejantes posiciones llevaron al Secretariado Internacional a abandonar el planteamiento de la revolución política que, en la concepción de Trotsky, era la herramienta para la regeneración revolucionaria de la dictadura del proletariado en la URSS. Paralelamente, como en la teoría pablista la burocracia soviética reemplaza al proletariado como el agente de la revolución social, la construcción de un partido revolucionario la propia IVa Internacional es considerada superflua.


El pablismo cubrió de vergüenza el nombre de la IVa Internacional cuando se opuso a los levantamientos de los obreros de Berlín oriental (1953) y de Hungría (1956), con el argumento de que el derrocamiento de la burocracia stalinista llevaría a esos países a abandonar el campo socialista. Para los pablistas, la restauración del capitalismo en los Estados obreros degenerados provenía de la acción de las masas contra la burocracia…


 


Para los pablistas, el socialismo sólo podía ser el resultado de una auto-reforma de los regímenes burocráticos, lo que explica que, habiéndose opuesto a los levantamientos obreros de Berlín oriental y Hungría, apoyaran, en cambio, el de Polonia, encabezado por una fracción de la propia burocracia, la de Gomulka, cuyos planteamientos reformistas antecedieron a los de Gorbachov en más de 30 años. No hace falta decir que Gomulka hundió el levantamiento polaco.


 


Las posiciones pablistas hicieron escuela en la IVa Internacional, aun entre aquellos que se declararon sus opositores. Durante su efímero matrimonio en 1981/82, Moreno y Lambert, por ejemplo, sostuvieron que la "norma general y exclusiva en el curso y después de la Segunda Guerra Mundial" fue que "las direcciones pequeñoburguesas, burocráticas y contrarrevolucionarias se han visto obligadas a romper con la burguesía, expropiarla y tomar el poder" (13). O más llanamente: "el ascenso revolucionario es tan grande que la burguesía puede ser expropiada sin partido revolucionario" (14). Como criticaban Altamira y Magri en aquel entonces, "si esto es cierto, estamos en presencia de dos novedades: 1) los partidos trotskistas no tienen viabilidad; 2) reformistas y stalinistas no están en el campo del orden burgués, sino en el de la revolución proletaria, con sus propios métodos Se llega a la misma conclusión de Michel Pablo: hay, primero, un gran período de Estados burocráticos y el papel de los trotskistas no es dirigir sino impulsar" (15). Más cerca en el tiempo, mandelianos, morenistas y lambertistas no tuvieron empacho en caracterizar como progresiva a la perestroika gorbachoviana, es decir, a la primera etapa de la política abiertamente restauracionista de la burocracia soviética.


El pablismo significó la liquidación política de la IVa Internacional, porque importó el abandono del planteamiento y de la estrategia de la dictadura del proletariado.


 


Con relación a la Revolución Cubana (1959), el pablismo postuló como ley histórica la representación parcial que tenían de ella algunos intelectuales pequeñoburgueses y elevó al foquismo al rango de programa de la IVa Internacional.


 


El foquismo sustituye al proletariado como clase dirigente de la revolución por la pequeñoburguesía. En otras palabras, la adhesión al foquismo no significa un desvío militarista, como suponen algunos de sus críticos; significa, por sobre todo, la adopción del programa político de una clase social hostil al proletariado (la pequeñoburguesía), cuyos intereses históricos son opuestos al comunismo.


 


Quien más claramente expresó esta sustitución foquista fue Nahuel Moreno, que a mediados de la década del 60 integraba el SU. Para Moreno, "cualquier país, cualquier clase brutalmente explotada puede, por el programa y el método de la revolución permanente, plantearse la acumulación primitiva socialista y adquirir el desarrollo económico, cultural y técnico moderno así como hemos descubierto (!) que no sólo la clase obrera puede acaudillar la revolución proletaria, lo mismo podemos decir de los movimientos políticos: no sólo los obreros pueden organizar y dirigir las primeras etapas revolucionarias, pueden hacerlo los movimientos y organizaciones democráticas y agrarias" (16). De un plumazo, Moreno en nombre de la IVa Internacional arroja a la basura toda la teoría de Marx sobre el papel revolucionario del proletariado.


 


También aquí, el SU hizo escuela: la sustitución del proletariado por otras clases sociales como caudillo de la revolución, derivó en la teoría de las nuevas vanguardias (pequeñoburguesas, nacionalistas, estudiantiles, siempre antiproletarias), con la que no sólo los mandelianos, sino también el morenismo y el lambertismo quisieron reconstruir la IVa Internacional en los últimos veinte años. Y todavía hoy, cuando todas esas nuevas vanguardias se han pasado con armas y bagajes al campo proimperialista de la democracia, estos trotskistas nos quieren seguir vendiendo a las nuevas vanguardias como la vía para reconstruir una nueva Internacional. Esto lo han dicho claramente tanto los lambertistas como la principal sección de la LIT morenista, el PSTU brasileño, y los mandelianos (17).


 


El paso del aventurerismo foquista al democratismo de las tesis de la Democracia Socialista es un complemento necesario. El FSLN de Nicaragua un niño mimado del SU es la expresión de la perfecta complementariedad entre foquismo y democratismo.


 


Durante sus más de cuarenta años de trayectoria política con sus sucesivos congresos, escisiones y reagrupamientos, la corriente que hoy representa el llamado Secretariado Unificado de la IVa Internacional ha abandonado la estrategia de la dictadura del proletariado para defender, sistemáticamente, la política y los intereses sociales de clases hostiles al proletariado. Se trata de una corriente ajena a la IVa Internacional y, por lo tanto, irrecuperable para luchar por su reconstrucción. Cualesquiera hayan sido sus debilidades, a la Tendencia Cuarta Internacionalista le cabe el indudable mérito político de "acabar con el equívoco mantenido por la OCI (lambertista) de Francia, la que evitó decir con toda claridad que el SU no era solamente una desviación ideológica, sino que había pasado a representar intereses extraños a los del proletariado" (18).


 


El democratismo trotskista


 


El giro ideológico democratizante de la izquierda mundial de mediados de los 70/principios de los 80 en consonancia con la ofensiva democratizante del imperialismo y con las primeras formulaciones de la política gorbachoviana encontró poca oposición a la hora de tomar por asalto esa débil fortaleza política que eran los partidos de la IVa Internacional.


 


Ya se ha señalado que las tesis de unificación de las tendencias de Lambert y Moreno reprodujeron, con tres décadas de atraso, los planteos fundamentales del pablismo. "Esto implica señalaba entonces Política Obrera que la OCI, y con ella el CI, se ha autodesheredado de su único, pero valioso, elemento de tradición revolucionaria de lucha contra la liquidación de la IVa Internacional" (19).


 


La entente Lambert-Moreno también reprodujo, lo que no es poco, el planteo democratizante del SU. La base política de su unificación fue el apoyo al frente popular, encabezado en Francia por Mitterrand. En este sentido, el récord del Comité Internacional es verdaderamente impresionante si se considera que apenas sobrevivió nueve meses: apoyo al frente popular francés encabezado por Mitterrand (del que la OCI decía que pretendía destruir la Va República, es decir, que le atribuía un objetivo revolucionario); apoyo al frente con la burguesía en Nicaragua; pidió el ingreso (del PST) a la multipartidaria de los principales partidos patronales de la Argentina; el planteamiento de que la Constituyente peruana (es decir, el parlamento burgués en el cual, un frente único que integraban los partidos del CI había sacado el 12% de los votos) tomara el poder para "resolver las contradicciones del pueblo explotado". La lista sigue: Bolivia, El Salvador, Brasil (20).


 


Roto el Comité Internacional, el lambertismo entró en un acelerado proceso de desintegración política y organizativa. Su único grupo significativo en América Latina, O Trabalho de Brasil, que actúa en el PT, "consiguió zafarse de la expulsión de las corrientes trotskistas de dicho partido a través de la adhesión de principios a la estrategia de la dirección lulista democratizante, ejerciendo en el PT una especie de oposición consentida (sin hablar de omisión cómplice frente a la expulsión de los trotskistas, ni de su exaltación del caudillismo de Lula)" (21). En cuanto a la OCI, se ha auto-disuelto en un fantasmagórico Partido de los Trabajadores.


El morenismo que en el pasado había sido peronista y foquista formó la LIT, que debutó como plenamente democratizante: su planteo estratégico era el "socialismo con democracia" o sea, la democracia socialista mandeliana.


 


El socialismo con democracia es una contradicción en sus propios términos: el socialismo es un régimen social en el cual el Estado ha desaparecido; la democracia es una forma de Estado. Donde hay democracia no puede haber socialismo; donde hay socialismo, ya no existe la democracia. No se trata, sin embargo, de una confusión inocente. Significa que, para el morenismo, el socialismo puede ser alcanzado en el marco de la democracia, es decir, sin la destrucción del Estado burgués. "A esta revolución social en el marco del Estado burgués, el documento del Mas ("Documento sobre situación nacional", aprobado en el IIIº Congreso del Mas, 1988) la denomina cambiar el carácter del Estado, es decir, cambiar el contenido de clase del Estado, pero no destruir a éste como aparato de opresión de la burguesía, no hacer la revolución. Este cambio social se produce derrotando (pero no derrocando) a los partidos burgueses; llevando a la clase obrera al gobierno (pero no al establecimiento de un régimen proletario); y a hacerlo a través de sus partidos e instituciones, todos democratizantes y puntales del Estado burgués (y no a través de nuevas organizaciones revolucionarias de masas)" (22). En el citado documento, el morenismo propone la reorganización completa del Estado a través de una Asamblea Constituyente (y no su destrucción por medio de la revolución y la dictadura del proletariado). El subsiguiente planteamiento morenista de un "gobierno obrero y popular" sin la necesidad de la destrucción del Estado burgués es, típicamente, el "gobierno obrero-burgués" que denunciaron tanto la IIIa como la IVa Internacionales. Este conjunto de planteamientos democratizantes justifican plenamente la caracterización que formula Causa Operaria criticando el programa del grupo morenista brasileño: "El socialismo con democracia es, en realidad, la democracia pura transportada al escenario de la revolución, es decir, el estrangulamiento de la revolución por medio de la democracia" (23).


 


Efectivamente, el gobierno obrero en su versión morenista no es la dictadura del proletariado, sino una trasposición idealizada del parlamentarismo. Así, los morenistas brasileños sostienen copiando casi letra por letra la tesis mandeliana de la Democracia Socialista que "nuestra lucha consiste en que la clase obrera y los sectores aliados tomen el poder político a través de sus organismos y no que el partido tome el poder eso significa que la disputa política central entre los sectores revolucionarios y reformistas y las varias alas que pueden existir dentro de una determinada organización, se da dentro de estos organismos" (24). Aquí, la lucha a muerte entre la revolución y la contrarrevolución queda reducida a un debate parlamentario en el ámbito de los organismos de poder. Pero ningún organismo de poder puede reemplazar al partido revolucionario, que concentra en su programa los intereses históricos del proletariado como clase internacional.


El partido no toma el poder sino los organismos significa, simplemente, que el morenismo sólo está dispuesto a tomar el poder si es acompañado por los partidos contrarrevolucionarios.


 


Las tendencias trotskistas y la restauración del capitalismo en la URSS


 


Ya se ha señalado que el planteamiento democratizante fue el carro de guerra político-ideológico del imperialismo para preparar la restauración del capitalismo en la URSS y en Europa del Este. Los tratados internacionales de la década del 70 (Alemania Federal-URSS de 1970; Alemania Federal-Polonia de 1972; Tratado de Helsinki) garantizaron la intangibilidad de las fronteras establecidas y transformaron el derecho internacional (capitalista) en derecho nacional de la URSS y de las llamadas democracias populares la libertad de comercio, la libre circulación económica (que se encubría con la libre circulación de personas es decir, la circulación de las personas en calidad de mercancías; en otras palabras, fuerza de trabajo). La literaturademocrática acompañó al fenómeno internacional más amplio de la restauración capitalista en la URSS.


"Ese fue el servicio de la teoría de la democracia como valor universal, del predominio de la sociedad civil y de la ciudadanía. Cumplía la función ideológica, es decir, encubierta, de un planteo donde el imperialismo y la burocracia andaban del brazo. Estos tratados no sólo mostraban un esquema internacional dirigido a la instauración del régimen capitalista en la URSS y en Europa del Este, sino que estaban revelando un hecho aún más profundo: la tendencia a la restauración capitalista de la propia burocracia, la cual procuraba apoyos legales, de derecho, diplomáticos e internacionales, para proceder ella misma al proceso de restauración capitalista" (25).


El carácter democratizante de las principales corrientes trotskistas reside en no haber comprendido con la excepción parcial de la OCI que estos acuerdos políticos estaban delatando la tendencia de la burocracia stalinista a la restauración del capitalismo. Peor aún, caracterizaron este curso como progresivo porque significaba la ampliación de la democracia.


 


El hundimiento de los regímenes burocráticos destruyó las últimas ilusiones socialistas de las tendencias democratizantes del trotskismo. El XIIIº Congreso del SU votó una resolución cuyo corazón político consistía en la siguiente afirmación: "Terminó la época en que el movimiento obrero internacional se determinaba en función de la victoria y de la degeneración de la revolución rusa (que) ya no representa una referencia estratégica central en función de la cual se definen los revolucionarios de todo el mundo" (26). En otras palabras, para el SU ha terminado la época histórica de la revolución proletaria y ha desaparecido la dictadura del proletariado como referencia estratégica central. La última elaboración morenista, por su parte, sostiene que la URSS habría dejado de ser un Estado obrero prácticamente a poco de nacer (a mediados de la década del 20) y hasta niega que en China, Cuba o Vietnam hayan tenido lugar revoluciones y Estados Obreros. Este retroceso verdadera estampida en el terreno de los planteamientos políticos y programáticos, se complementó con crisis organizativas mayores, como la que llevó al estallido del morenismo.


 


Se trata de un resultado curioso para tendencias que se auto-proclamaban herederas políticas de Trotsky, quien había pronosticado con más de sesenta años de anticipación que si una revolución no derrocaba a la burocracia, la restauración del capitalismo en la URSS, más tarde o más temprano, sería inevitable. Que caracterizaba a la burocracia como una capa social restauracionista y, como tal, estaba condenada a intentar transformar sus privilegios en propiedad. ¿Por qué estas organizaciones se derrumban política y organizativamente cuando los pronósticos del fundador de la tendencia política a la cual decían pertenecer encontraban su más negativa verificación práctica?


 


Lo que explica esta aparente contradicción es que, en realidad, para ninguna de estas corrientes, la URSS y los restantes Estados obreros degenerados eran, como había caracterizado Trotsky, regímenes sociales transitorios entre el capitalismo y el comunismo, cuyo destino final sería resuelto en la arena de la lucha de clases mundial. Para todos ellos, el capitalismo no podía restaurarse en la URSS. Consideraban que la estatización de la propiedad era irreversible, porque la burocracia stalinista actuaba como su guardiana. Una guardiana totalitaria que actuaba en su propio interés pero guardiana al fin. Citemos a Mandel: "Nosotros pensamos que la restauración del capitalismo es, a corto, mediano y largo plazo, imposible" (27).


 


Fueron incapaces de comprender las enormes contradicciones, de toda índole, acumuladas por el socialismo en un solo país, y que la integración de la burocracia al mercado mundial por la vía del endeudamiento externo había llevado a un punto de explosión. Esas contradicciones debían llevar, obligadamente, a una situación revolucionaria, como la que estalló en Polonia en 1980.


Frente al hundimiento de los regímenes burocráticos y a la disyuntiva de dictadura del proletariado o restauración del capitalismo que abría este hundimiento, los planteamientos de la democracia socialista y del socialismo con democracia que levantaban mandelianos y morenistas no eran otra cosa que el utópico llamado a la autorreforma de estos regímenes por las fracciones progresivas y democratizantes de la propia burocracia. Como para los morenistas y los mandelianos, la burocracia no era restauracionista, su crítica al stalinismo se limitaba a su aspecto totalitario y antidemocrático… Una inyección de democracia debería alcanzar, entonces, para completar positivamente el desarrollo histórico de los regímenes burocráticos. Por eso aplaudieron cuando Gorbachov anunció que su objetivo era alcanzar un "estado socialista de derecho", sin percibir a excepción del PO que el planteo de la burocracia apuntaba a establecer el derecho a la propiedad privada, es decir, el marco jurídico de la restauración.


 


Las consignas de democracia socialista y de socialismo con democracia se limitaban a pretender el establecimiento de instituciones representativas (parlamentarias), en el marco de un régimen al que caracterizaban como socialista. Como la expropiación del capital (socialismo) no significa que la democracia deje de ser una forma de Estado con su correspondiente burocracia estatal, el socialismo con democracia es, en última instancia, el régimen abstracto, e imposible en la práctica, de la dominación de la burocracia.


 


Para Trotsky, el derrocamiento de la burocracia debía salvar al Estado obrero de la restauración del capitalismo; para los mandelianos y morenistas, por el contrario, la democracia debía salvar, no al Estado obrero, sino al régimen burocrático. Frente al derribamiento del Muro de Berlín por las masas sublevadas contra la burocracia, los morenistas opusieron a la consigna de la "Unidad socialista de Alemania", el "socialismo con democracia" en la RDA.


 


Si, como consecuencia del abandono de la estrategia de la dictadura del proletariado, la consigna del gobierno obrero se convierte en un gobierno obrero-burgués, en los Estados obreros degenerados, el abandono de la estrategia de la dictadura del proletariado convierte la consigna de la revolución política en un planteamiento democratizante. El Vo Congreso del Partido Obrero caracterizó que los planteamientos de revolución política antiburocrática (morenista) y de revolución política democrática (Pierre Broué, ex dirigente de la OCI) se "limitan a desalojar a la burocracia del poder, por la vía de la democratización de las instituciones del Estado. Es decir, no plantean la expropiación de los derechos políticos de la burocracia como categoría social, ni de los medios económicos que ha acumulado lo cual sólo puede significar, de un lado, un camuflage de la burocracia que conserva su dominación económica y, del otro lado, un camuflaje de la restauración capitalista" (28). La aberración del socialismo con democracia y de la democracia socialista no se refiere, sin embargo, tan sólo a la democracia, sino también al llamado socialismo. Sin dictadura del proletariado, la estatización de la propiedad no equivale, ni mucho menos, a un socialismo con o sin democracia, sino a un capitalismo de Estado.


 


La regeneración revolucionaria de los Estados obreros no se limita a una tarea puramente política reinstauración del poder de los soviets, exclusión de la burocracia. Implica una profunda reorganización social. El planteo de que la democracia podría salvar al socialismo ignora la interrelación dialéctica que existe entre el avance de la socialización y la dictadura del proletariado.


 


Pero esto no es todo, porque el socialismo sólo puede triunfar como un régimen social internacional. El aislamiento de la revolución lleva a la burocratización y a la degeneración del Estado obrero.


 


El planteamiento de la dictadura del proletariado expresa la unidad del proletariado internacional como clase y el carácter inseparable de la lucha por el poder en los Estados capitalistas con el desarrollo socialista en los países en que el capital fue expropiado.


 


Qué es el centrismo en la IVa Internacional


 


El centrismo está determinado por la oposición de extremos irreconciliables: revolución – contrarrevolución; burguesía – proletariado; marxismo – revisionismo. Las formaciones centristas son aquellas que oscilan ora a la derecha, ora a la izquierda entre estos dos extremos.


La caracterización de que la IVa Internacional estaría formada por un conjunto indiferenciado de "organizaciones centristas de tipo especial" (y un único agrupamiento revolucionario los trotskistas consecuentes, la propia ITO) (29), coloca en el polo derechista de la ecuación a los partidos comunistas y socialistas.


 


Esta caracterización significa que, para la ITO, todas las organizaciones que se reclaman de la IVa Internacional se encuentran en el mismo terreno de clase, y que las divergencias y crisis que la desgarraron durante medio siglo tienen un carácter puramente ideológico o político. La ITO no logra establecer las diferencias de contenido de clase de la política y del programa de las diversas tendencias que se reclaman trotskistas.


 


Siguiendo el mismo método de análisis, la ITO debería ubicar a Lenin y a Kautsky, en 1918, en el mismo terreno de clase, si es cierto que Kautsky "continuaba emparentándose positivamente" (30) con el marxismo (se declaraba a sí mismo marxista) y si es cierto que Kautsky "programáticamente todavía permanecía en la perspectiva de la dictadura del proletariado" (31). Ocurre que, a mediados de 1918, Kautsky publicó su folleto La Dictadura del Proletariado, al que Lenin calificó como "un perfecto modelo de tergiversación pequeñoburguesa del marxismo y una ruin negación de éste en los hechos, mientras se lo reconoce hipócritamente de palabra" (32). ¡Como Kautsky no había renunciado, de palabra, formalmente, a la dictadura del proletariado, debería ser considerado en el mismo terreno de clase que Lenin! La ITO no formula una caracterización, sino que solicita una declaración jurada …


 


La ITO no establece los diferentes contenidos de clase que se han manifestado en la crisis de la IVa Internacional. Por eso no logra avanzar más allá de una definición extremadamente vaga: "la tarea de los trotskistas ortodoxos es desarrollar una tendencia internacional orientada estratégicamente hacia la reconstrucción de la IVa Internacional por medio de la ligazón, el apoyo y la organización de toda lucha por el trotskismo, en favor de todo desarrollo genuinamente trotskista en el mundo, tanto dentro como fuera de las grandes organizaciones centristas" (33).


No es cierto, sin embargo, que estas organizaciones centristas "no han producido una completa y decisiva ruptura con las bases programáticas de la política proletaria revolucionaria. Esas organizaciones continúan emparentándose positivamente, de varias maneras, con el Programa de Transición de 1938. Programáticamente, todavía permanecen en la perspectiva de la dictadura del proletariado basada en la democracia soviética, todavía rechazan formalmente el frentepopulismo, todavía declaran su pertenencia al internacionalismo proletario, y todavía con cierta confusión y ciertas significativas excepciones mantienen el análisis trotskista de los regímenes stalinistas y de la necesidad de las formas de propiedad colectivizada contra el imperialismo incluso mientras revisan y distorsionan estos principios y se adaptan a corrientes hostiles a ellos" (34).


 


A lo largo de todo este artículo hemos demostrado que estas corrientes han perseverado en una política hostil a la dictadura del proletariado, han sido y son el vehículo del programa y los intereses de clases hostiles al proletariado, son abiertamente frentepopulistas y han abandonado el planteamiento de la revolución política (dictadura del proletariado) para los Estados obreros degenerados. Son, para usar las palabras de Lenin refiriéndose a Kautsky, "un perfecto modelo de tergiversación pequeñoburguesa del marxismo y una ruin negación de éste en los hechos, mientras se lo reconoce hipócritamente de palabra". Estamos autorizados, entonces, a caracterizarlos como Lenin caracterizó a Kautsky: como renegados. El mandelismo y el lambertismo no son centristas; son el ala derecha de la IVa Internacional y están ubicados en un terreno de clase hostil al proletariado. Su trayectoria de décadas, los ha endurecido en sus posiciones antiproletarias y los hace irrecuperables para la lucha por la reconstrucción de la IVa Internacional. En cuanto al morenismo, ha estallado; no existe más. Los grupos que han surgido del estallido morenista manifiestan las posiciones políticas más diversas.


 


El SU y el lambertismo no son centristas, pero lo que sí es típicamente centrista es la tentativa de recuperarlos y de reconstruir la IVa Internacional reuniendo a todas las tendencias, por el hecho de que se reclaman del trotskismo. Estas tentativas han fracasado en el pasado y no podían más que fracasar, porque significan la fusión, en una organización común, de tendencias y partidos con diferente contenido de clase. El fracaso de estas tentativas confirma el pronóstico formulado por la Tendencia Cuarta Internacionalista hace más de quince años: "La concepción de la reconstrucción de la IVa Internacional, como una reunificación con los revisionistas por medio de la recuperación del SU, está condenada al fracaso. Los grupos que caracterizan al SU como centrista, con la finalidad de postular su recuperación, se estrellarán contra la pared" (35).


"Hay que luchar políticamente contra el revisionismo y sus nuevos aliados continuaba entonces la TCI, no para recuperarlos o reformarlos, sino para destruirlos políticamente" (36).


La destrucción política del democratismo y el revisionismo es la vía para reconstruir la IVa Internacional.


 


La reconstrucción de la IVa Internacional, una tarea inmediata


 


La experiencia revolucionaria de las últimas seis décadas años de grandes victorias y amargas derrotas confirma que no existe ninguna posibilidad de estructurar un partido revolucionario de la clase obrera que no sea la IVaInternacional. Su programa concentra la experiencia de las tres Internacionales que la precedieron y la experiencia de la victoria y de la derrota de la Revolución Rusa. Toda esta experiencia histórica está resumida en la  consigna cardinal del marxismo, que preside el Programa de Transición: la dictadura del proletariado. Fuera del programa de la IVa Internacional, dominan las posiciones proimperialistas. La reconstrucción de la IVa Internacional exige diferenciar a las corrientes que actúan en nombre de la IVa Internacional desde un punto de vista de clase.


 


Por la vía de la delimitación y la clarificación política, mediante el debate y la experiencia de una intervención común en la lucha de clases, será posible reconstruir la IVa Internacional como el partido mundial que lucha por la dictadura del proletariado y el comunismo.


 


 


 


Notas:


1 . "Carta de Marx a Joseph Weydemeyer (5 de marzo de 1852)", en Carlos Marx – Federico Engels, Correspondencia; Editorial Cartago, Buenos Aires, 1973.


2 . Vladimir Lenin, El Estado y la Revolución; Editorial Cartago, Buenos Aires, 1974 (cursivas en el original).


3 . Pablo Rieznik, "Sobre el libro La dictadura revolucionaria del proletariado, de Nahuel Moreno", en Internacionalismo n° 2, Lima, diciembre de 1980.


4 . Vladimir Lenin, El Estado y la Revolución; Editorial Cartago, Buenos Aires, 1974 (diferenciadas por mí, LO).


5 . Idem anterior.


6 . "Democracia Socialista y Dictadura del Proletariado (Resolución del Secretariado Unificado de la IVa Internacional)", en Jornadas de Estudio sobre la IVa Internacional, Ediciones Prensa Obrera, Buenos Aires, setiembre de 1988 (diferenciadas por mí, LO).


7 . Idem anterior (cursivas en el original).


8 . Idem anterior (cursivas en el original, subrayado por mí, LO).


9 . Idem anterior.


10 . Idem anterior.


11 . Idem anterior.


12 . "Declaración de Fundación de la Tendencia Cuarta Internacionalista" (abril de 1979), en Internacionalismo n° 1, Lima, junio de 1980.


13 . "Tesis para la reorganización (reconstrucción) de la IVa Internacional" (Comité Internacional), Tesis I; reproducidas por Jorge Altamira y Julio N. Magri, "Las tesis del Comité Internacional", en Internacionalismo n° 3, Lima, 1981.


14 . Idem anterior, Tesis XII.


15 . Jorge Altamira y Julio N. Magri, "Las tesis del Comité Internacional", en Internacionalismo n° 3, Lima, 1981.


16 . Nahuel Moreno, "La revolución latinoamericana"; citado por Julio N. Magri en El revisionismo en el trotskismo; Ediciones Política Obrera, Buenos Aires, 1971.


17 . Ver "Resolución sobre la lucha por la reconstrucción de la IVª Internacional (aprobada por el VIIIº Congreso del Partido Obrero)", en En Defensa del Marxismo n° 15, Buenos Aires, diciembre de 1996; Osvaldo Coggiola, "El PSTU se afilia a la LIT y propone disolverla", en En Defensa del Marxismo n° 11, Buenos Aires, abril de 1996; Osvaldo Coggiola, "El XIII° Congreso del Secretariado Unificado de la IVa Internacional", en En Defensa del Marxismo n° 4, Buenos Aires, setiembre de 1992.


18 . "Resoluciones de la 4a Conferencia de la TCI (31 de julio al 2 de agosto de 1981)", en Internacionalismo n° 4, Lima, enero-abril de 1982.


19 . Jorge Altamira y Julio N. Magri, "Las tesis del Comité Internacional", en Internacionalismo n° 3, Lima, 1981.


20 . Para una crítica detallada de la política frentepopulista del Comité Lambert-Moreno, ver Jorge Altamira y Julio N. Magri, "El desbande del Comité Internacional", en Internacionalismo n° 4, Lima, 1982.


21 . Osvaldo Coggiola, El Trotskismo en América Latina, Ediciones Magenta, Buenos Aires, 1993.


22 . Jorge Altamira, La estrategia de la izquierda en la Argentina, Ediciones Prensa Obrera, Buenos Aires, 1989.


23 . Rui Costa Pimenta, "Convergencia Socialista y su defensa del socialismo", en En Defensa del Marxismo n° 2, Buenos Aires, diciembre de 1991.


24 . Joao Ricardo Soares, "La actualidad del partido revolucionario", en revista Desafío n° 2.


25 . Jorge Altamira, "Marx, Engels y la democracia de este fin de siglo", en En Defensa del Marxismo n° 2, Buenos Aires, diciembre de 1991.


26 . Citado por Osvaldo Coggiola, "El XIIIo Congreso Mundial del Secretariado Unificado de la IVa Internacional", en En Defensa del Marxismo n° 4, Buenos Aires, setiembre de 1992.27 . Ernst Mandel, Conferencia dictada en Buenos Aires, poco tiempo antes de su muerte, reproducida en la revista Razón y Revolución n° 2, Buenos Aires, 1996.


28 . Jorge Altamira, "La crisis mundial. Informe internacional al V° Congreso del Partido Obrero", en En Defensa del Marxismo n° 4, Buenos Aires, setiembre de 1992.


29 . Oposición Trotskista Internacional, "La crisis de la IVa Internacional y las tareas de los trotskistas consecuentes", en En Defensa del Marxismo n° 14, Buenos Aires, setiembre de 1996.


30 . Idem anterior.


31 . Idem anterior.


32 . Lenin, Op. Cit., cursivas del original.


33 . Oposición Trotskista Internacional, "La crisis de la IVa Internacional y las tareas de los trotskistas consecuentes", en En Defensa del Marxismo .n° 14, Buenos Aires, setiembre de 1996.


34 . Idem anterior.


35 . "Resoluciones de la 4a Conferencia de la TCI (31 de julio al 2 de agosto de 1981)", en Internacionalismo n° 4, Lima, enero-abril de 1982.


36 . Idem anterior.

Caracterizando al Secretariado Unificado de la IVª Internacional hoy

Una respuesta a la Declaración de la Tendencia Cuarta Internacionalista


Este documento intentará responder a un problema clave planteado en la Declaración de la Tendencia Cuarta Internacionalista (1979). Esta es la cuestión de la caracterización del Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional (SU), una cuestión que es importante para decidir cómo responder a la crisis de la Cuarta Internacional.


 


La Declaración correctamente critica al SU por su adaptación al foquismo guevarista y su democratismo pequeño burgués en relación a la lucha antiimperialista en América Latina y en cualquier lugar en el Tercer Mundo. Correctamente, critica al SU, nuevamente, por la inadecuación de su autocrítica sobre la cuestión del foquismo en el Xº Congreso Mundial. A esto deberían agregarse los ejemplos de apoyos no críticos del SU a los sandinistas en Nicaragua y a Lula en Brasil, ocurridos luego de que la Declaración fuera escrita en 1979. No escasean los ejemplos de esta clase de falta de independencia política, lo cual, en mi opinión, es la marca propia del centrismo. En este sentido, es necesario estar en desacuerdo con la parte de la Declaración que caracteriza al SU como contrarrevolucionario, sobre la base del "giro" hacia la guerrilla en 1969. La Declaración lo plantea así:


"Nadie ignora que el foquismo y el terrorismo individual son completamente extraños al trotskismo. No puede tratarse de un error momentáneo y secundario, porque importa el abandono de la concepción marxista de la revolución de nuestra época y del rol dirigente que debe jugar el proletariado en ella. En otras palabras, el SU abandonó el programa trotskista en su integridad por el foquismo y el aventurerismo castristas. Hay errores y errores. Algunos de ellos se refieren a aspectos tácticos, e inclusive, a puntos programáticos secundarios. Estas desviaciones pueden muy bien ser superadas por el camino de la autocrítica. Pero cuando se trata del abandono de los principios del programa quiere decir que una organización se desplaza del campo revolucionario al campo de la contrarrevolución. La organización que protagoniza tan descomunal salto es irrecuperable para el proceso revolucionario" (1).


 


El problema con esta formulación, en mi opinión, es que es demasiado mecánica y formalista. Fracasa en capturar la realidad viviente de las contradicciones del stalinismo de posguerra, del cual el guevarismo es sólo un ejemplo, y por lo tanto fracasa en apreciar correctamente la magnitud de los errores de los mandelistas. Decir que el SU abandonó, en ocasiones, el programa de la revolución proletaria es una cosa. Sobre eso podemos acordar. Decir, sin embargo, que abrazó el programa de la clase enemiga es otra cosa. No es correcto en mi opinión. El SU ciertamente careció de independencia política respecto a otras direcciones no proletarias y actuó como cobertura de izquierda del nacionalismo pequeño burgués en Nicaragua. Actuó también como lugarteniente de Lula en el PT de Brasil. Adoptó, por un tiempo, el programa aventurero pequeño burgués de los guevaristas. Sin embargo, la única vez que una sección del SU cruzó realmente una línea de clase fue en Sri Lanka, en 1964, cuando integró un gobierno burgués. No obstante, el resto del SU expulsó a esta sección de sus filas. Si no lo hubiera hecho, la Tendencia Cuarta Internacionalista habría estado justificada en decir que el SU se había integrado a las filas de los reformistas contrarrevolucionarios. Pero éste no fue el caso.


 


Para caracterizar adecuadamente el fenómeno del guevarismo, tenemos que verlo en el contexto de las contradicciones del stalinismo tal como se desenvolvieron desde la degeneración de la Revolución Rusa. Trotsky caracterizó al stalinismo, primero, como "centrismo burocrático", desde mediados de la década del veinte, y perseveró con este análisis hasta el momento que el stalinismo sostuvo el rearme del imperialismo francés, en 1935. Entonces modificó su caracterización hacia aquella otra de "contrarrevolucionario". Esto fue así, a pesar del hecho que las fechorías del stalinismo en ese período fueron muy graves. Los stalinistas le dieron una cobertura de izquierda a la burocracia de los sindicatos que habían traicionado la huelga general en Gran Bretaña. La ausencia de política independiente de los stalinistas en China, en relación al nacionalista-burgués Kuomingtang, condujo a la masacre de los comunistas por ese partido. En Rusia, los stalinistas arrestaron a Trotsky y lo exiliaron. El ultraizquierdismo criminal de los stalinistas en Alemania condujo a la derrota del partido comunista más grande del mundo a manos de Hitler. Aunque Trotsky trazó la conclusión de que la Tercera Internacional estaba "muerta para los propósitos de la revolución" poco después, apeló aún a su caracterización de "centrismo burocrático" por dos años más hasta 1935.


 


Sin embargo, aunque el apoyo stalinista al rearme francés y, un año más tarde, las acciones represivas de los stalinistas en la Guerra Civil Española, fueron la ocasión a partir de lo cual Trotsky caracterizó al stalinismo como contrarrevolucionario, las contradicciones dentro del stalinismo eran aún evidentes. Dos años después, en 1939, los "contrarrevolucionarios" stalinistas tiraron abajo el capitalismo en Polonia oriental, después de anexarla como parte del pacto Hitler-Stalin. Esto evidenciaba, de acuerdo a Trotsky, que la Revolución Rusa "no había sido completamente asesinada" por Stalin (2). El movimiento trotskista fue llevado al caos por estos eventos. Los schatchmannistas, con su metodología formal, no podían aceptar el análisis de Trotsky y se fueron con una significativa proporción de la militancia del SWP de los Estados Unidos, y varias otras secciones de la Cuarta Internacional.


 


Casi el mismo proceso tuvo lugar después de la guerra, cuando el stalinismo "contrarrevolucionario" tiró abajo el capitalismo en Europa del Este, Yugoslavia y China, la nación más grande de Oriente. El hecho de que realmente los stalinistas condujeran una guerra civil contra los nazis y las chetniks monárquicas en Yugoslavia, y contra los imperialistas japoneses y las fuerzas nacionalistas burguesas en China, llevó a otra reacción unilateral de parte de los trotskistas, y más adelante, a una crisis en las filas de la IVa Internacional. Los schatchmannistas, antes de la guerra, acentuaban uno de los aspectos de la naturaleza contradictoria del stalinismo sus reaccionarios métodos militar-burocráticos y declararon, formal y unilateralmente, que la izquierda no tenía ya nada que defender en Rusia. Los pablistas, después de la guerra, tomaron otra vez en forma unilateral un aspecto de la totalidad contradictoria el hecho de que los stalinistas habían conducido la lucha de los partisanos contra los nazis durante la guerra y las guerras civiles posteriores en Yugoslavia y China. Declararon formalmente que los stalinistas no eran más contrarrevolucionarios, sino centristas.


 


Ninguno de estos puntos de vista coincide con el análisis dialéctico de Trotsky, que reconocía que el stalinismo podía ser de naturaleza contrarrevolucionaria y, al mismo tiempo, sin embargo, tirar abajo la propiedad capitalista en determinadas partes del mundo. El stalinismo mantenía su carácter contrarrevolucionario porque, mientras expropiaba al capitalismo en una parte del mundo a causa de estrechas razones de autopreservación burocrática, lo hacía a expensas del sacrificio de las perspectivas de completar el proceso de la revolución permanente. Sacrificaba la revolución a escala mundial, lo único que hubiera consolidado las conquistas de la Revolución Rusa y hubiera permitidoromper el cerco imperialista (3).


 


La Revolución Cubana


 


La Revolución Cubana fue llevada a cabo no por el Partido Comunista cubano, sino por el Movimiento 26 de Julio, un movimiento nacionalista pequeño burgués. Este movimiento, más tarde, abrazó el stalinismo, cuando las acciones hostiles del imperialismo yanqui lo condujeron a la alianza con la Unión Soviética. Guevara, un médico argentino, participó en la Revolución Cubana y luego intentó repetirla en el Congo y en Bolivia. Sin embargo, un reciente informe en el londinense Guardian reveló que Guevara, en un encuentro con un representante del gobierno de Kennedy, en Uruguay, inmediatamente después de la Revolución Cubana, en agosto de 1961, propuso en privado un acuerdo por el cual Cuba no expropiaría intereses de los EE.UU. si cesaban las acciones de hostilidad económica y militar de los Estados Unidos. Esta oferta nunca fue aceptada por Kennedy (4).


 


El punto clave acerca del guevarismo, sin embargo, es que una vez más, las acciones de los stalinistas (o, para ser más preciso, de los nacionalistas pequeñoburgueses que abrazaron la ideología del stalinismo) en la Revolución Cubana, en el Congo, en Bolivia y, más tarde también, en Angola y Mozambique, parecían contradecir la idea de que el stalinismo era contrarrevolucionario. Los stalinistas cubanos estuvieron en agudas y crueles guerras civiles contra el imperialismo y sus títeres domésticos. Y en la Revolución Cubana, el capitalismo fue derrocado y los stalinistas, una vez más, nacionalizaron los medios de producción. Esto provocó una agitación en las filas de la IVa Internacional, en las dos fracciones que se reclamaban bajo su manto, el Comité Internacional de la IVa Internacional (CI) y el Secretariado Internacional de la IVa Internacional (SI), repitiendo los antiguos errores formales de schatchmannistas y pablistas. El CI, dirigido por Healy y Lambert, repitió los errores de los schatchmannistas, con la absurda idea de que Cuba era un Estado capitalista, mientras los pablistas simplemente continuaron siendo pablistas y declararon que Cuba era un Estado obrero sano, sin la necesidad de una revolución política. Esto condujo a un realineamiento de las facciones cuando el SWP norteamericano y la corriente de Moreno rompieron con el CI y se unieron al recién formado Secretariado Unificado de la IVa Internacional (SU).


 


Sin embargo, lo que nos interesa aquí es la naturaleza del error de los mandelistas. ¿Por qué el CI perdió un gran porcentaje de sus miembros a manos del SU debido la cuestión cubana? ¿Por qué Guevara se convirtió en una leyenda heroica para la juventud izquierdista de todo el mundo? ¿Por qué surgió una completa red de organizaciones guevaristas, como el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) chileno, por toda América Latina? ¿Por qué los Estados Unidos establecieron la Alianza para el Progreso, que proveyó mucho dinero para financiar los programas de ayuda a sus aliados derechistas de América Latina? Todas estas cosas ocurrieron porque la Revolución Cubana sacudió la dominación de los imperialistas en la región, su propio patio trasero, y esto condujo a una indudable radicalización de la juventud latinoamericana. Los intentos de Guevara de extender la Revolución Cubana a Africa y a América Latina fueron obstaculizados por la URSS y los partidos comunistas del continente latinoamericano. En la izquierda, en consecuencia, la campaña de Guevara en Africa y en Bolivia pareció a muchos como una ruptura con la política stalinista de coexistencia pacífica con el imperialismo. La persistencia de la lógica formal en el pensamiento de la izquierda condujo a muchos a la conclusión de que el guevarismo era una especie de ruptura centrista con el stalinismo contrarrevolucionario. La noción mandelista, que hacía de Castro un "trotskista inconsciente", es un ejemplo particularmente absurdo de esta clase de pensamiento. La adopción de la estrategia de la guerrilla por el Congreso Mundial del Secretariado Unificado de 1969, se desarrolló a partir de este tipo erróneo de pensamiento.


 


Si los mandelianos reaccionaron de manera formalista al guevarismo, entonces tiene que decirse que la Declaración de la Tendencia Cuarta Internacionalista reacciona de manera formalista en su afirmación sobre las aventuras guevaristas de los mandelianos. La naturaleza contrarrevolucionaria del stalinismo, como hemos hecho notar más arriba, se desprende de su método militar-burocrático y maniobrero. El hecho de que Stalin firmara un pacto secreto con Hitler para anexar, por la fuerza militar, el Este de Polonia y los Estados bálticos, posibilitaba derrocar al capitalismo en una pequeña parte del mundo; pero lo hizo al precio de debilitar las posibilidades de la revolución en el resto. La diplomacia secreta y las maniobras militares con Hitler introdujeron confusión y desánimo en las filas de la vanguardia a nivel internacional, y debilitaron la conciencia de clase de las masas en su conjunto. Si hay un paralelo con esto en la Revolución Cubana, fue el intento secreto de acordar con el imperialismo norteamericano de parte de Guevara, que hemos mencionado más arriba. Los intereses de las masas, internacionalmente, eran una pieza de negociación en el juego diplomático entre los imperialistas y los stalinistas cubanos.


 


¿Pero qué importancia debería asignarse a la adopción por el SU de la guerra de guerrillas como una estrategia, y a la afirmación de la Declaración de que esto significa que el SU se ha convertido en una corriente contrarrevolucionaria? Este enfoque contrasta con el de Trotsky frente a la situación, no tan diferente, que enfrentaron los trotskistas chinos a principios de la década del 30. Después de la derrota de la Revolución China en 1927, el Partido Comunista chino, al que Trotsky caracterizaba entonces como "centrista burocrático", abandonó los distritos obreros en las ciudades y fue al interior del país, donde comenzó a organizar ejércitos guerrilleros entre el campesinado. Trotsky envió a sus partidarios el siguiente texto, que quiero citar con cierta extensión:


"El centrismo burocrático, como centrismo, no puede tener una base de clase independiente. Pero en su lucha contra los bolchevique-leninistas está obligado a buscar apoyo en la derecha, es decir, en el campesinado y en la pequeñoburguesía, contraponiéndolos al proletariado. La lucha entre las dos fracciones comunistas, los stalinistas y los bolchevique-leninistas, contiene entonces, en sí misma, una tendencia interna a transformarse en lucha de clases. El desarrollo revolucionario de los acontecimientos en China puede llevar esta tendencia a una definición, es decir, a la guerra civil entre el ejército campesino dirigido por los stalinistas y la vanguardia proletaria dirigida por los bolchevique-leninistas.


 


"Que este conflicto trágico aflore, enteramente debido a los stalinistas chinos, significaría que la Oposición de Izquierda y los stalinistas dejaron de ser fracciones comunistas y se convirtieron en partidos políticos hostiles, cada uno con una diferente base de clase.


 


"Sin embargo, ¿esta perspectiva es inevitable? No, no pienso eso en absoluto. Dentro de la fracción stalinista (el Partido Comunista oficial) no sólo hay campesinos, es decir, tendencias pequeñoburguesas, sino también tendencias proletarias. Es extremadamente importante para la Oposición de Izquierda buscar el establecimiento de conexiones con el ala proletaria de los stalinistas, presentándoles la evaluación marxista de los ejércitos rojos y la interrelación entre el proletariado y el campesinado en general.


 


"Mientras mantiene su independencia política, la vanguardia proletaria debe estar siempre dispuesta a asegurar la acción unida con la democracia revolucionaria. Mientras rechazamos identificar los destacamentos armados campesinos con el Ejército Rojo como el poder armado del proletariado, y no nos inclinamos a cerrar los ojos frente al hecho de que la bandera comunista oculta el contenido pequeñoburgués del movimiento campesino, nosotros, por otra parte, tenemos una visión absolutamente clara de la tremenda significación revolucionaria democrática de la guerra campesina. Nosotros enseñamos a los trabajadores a apreciar su significado y a hacer todo lo que esté a nuestro alcance para alcanzar la alianza militar necesaria con las organizaciones campesinas.


 


"En consecuencia, nuestra tarea consiste no sólo en impedir el dominio político-militar sobre el proletariado del ejército campesino, sino también en preparar y asegurar la dirección proletaria del movimiento campesino, sus ejércitos rojos en particular" (5).


 


Evidentemente, hay ciertas diferencias obvias entre la situación en China a principios de la década del '30 y la situación en América Latina en los '60 y los '70. El Partido Comunista chino era una fuerza mucho más significativa que el SU en América Latina, a pesar de Hugo Blanco. El foquismo guevarista no era la vía del PC chino, aunque la intención de Guevara era, eventualmente, crear un movimiento de masas dirigido por los comunistas entre el campesinado, similar al de China en la década del 40.


 


Aunque caractericemos a los partidos comunistas hoy como contrarrevolucionarios en lugar de "centristas burocráticos", la cuestión es: ¿la adopción de la guerrilla como estrategia, implica que el SU se convirtió en una fuerza contrarrevolucionaria, como sostiene la Declaración? Creo que la diferenciación de Trotsky, indicada en la palabra "tendencia", en la cita precedente, puede ayudarnos a responder la pregunta. Trotsky dice que en la lucha entre los ejércitos campesinos dirigidos por el stalinismo, y las fuerzas trotskistas en el movimiento obrero, había una "tendencia interna a transformarse en lucha de clases", pero que eso no era inevitable y que la cuestión todavía no había sido decidida. Sólo en el punto en que una guerra civil se desarrollara entre esas dos fuerzas sería apropiado decir que los stalinistas y los trotskistas ya no eran fracciones comunistas, sino "partidos políticos hostiles, cada uno con una diferente base de clase". Es claro del enfoque de Trotsky que la adopción de una estrategia de guerrilla rural no implica necesariamente que una degeneración contrarrevolucionaria ha sido completada.


 


Como hemos visto, el Partido Comunista chino llevó a cabo una estrategia semejante en el período 1928-35, período en el que Trotsky lo caracterizó como "burocrático-centrista".


Si aplicamos la misma metodología al giro guerrillerista del SU, pienso que podemos decir algo bastante similar. Hubo toda clase de peligros en el giro guerrillerista y tuvo el potencial ("tendencia") de orientar una degeneración contrarrevolucionaria si la lógica del sustitucionismo hubiese llegado a su conclusión. Eso no sucedió, esa estrategia fracasó para ganar el apoyo de las masas y fue abandonada. Dentro del SU se desarrolló la oposición interna al "giro" guerrillerista, y la "tendencia" hacia una posible degeneración contrarrevolucionaria fue detenida. Mientras la "tendencia proletaria" del SU (una organización de propaganda) fue indudablemente mucho menos evidente que la practicada en los años 30 por el PC chino entre las masas, el hecho de que se desarrollara una oposición al "giro" guerrillerista no dejó de tener significación. Cualesquiera fueran las insuficiencias en la lucha de la Tendencia Leninista Trotskista (LTT) liderada por el SWP de los EE.UU. y Moreno, ésta luchó en defensa de la idea de un partido leninista (6). Eso no significa que las posiciones políticas o la práctica de la LTT sean defendibles en todas las cuestiones, pero en esta cuestión, la LTT hizo un combate limitado, colocándose en la oposición al "giro" guerrillerista.


 


¿Qué conclusiones deberíamos extraer los trotskistas consecuentes sobre el período de los 60 y 70 para definir el combate que nos permita superar la crisis de la Cuarta Internacional? Primeramente, tiene que decirse que la mayoría del SU, la Tendencia Mayoritaria Internacional, no se transformó aún en una tendencia contrarrevolucionaria, sino centrista; tiene que ser considerada como una fracción del movimiento trotskista, la Cuarta Internacional. Segundo, y continuando con este análisis, fue necesario para los trotskistas consecuentes unirnos al SU, y luchar dentro de él cuando fue establecido en 1963. El Comité Internacional liderado por Healy-Lambert y la tendencia Militant de Grant, cometieron un error sectario no haciendo eso. Los Espartaquistas, en contraste con su posterior y enloquecida degeneración sectaria, tuvieron una correcta apreciación defendiendo la idea de Cuba como un Estado obrero deformado y luchando dentro del SU hasta su expulsión. No había una razón lógica para mantener una existencia separada, cuando existía la oportunidad, como se hizo, de luchar dentro del SU.


 


Lo mismo puede decirse hoy. Es necesario argumentar por el reagrupamiento de los trotskistas dentro de una Cuarta Internacional reconstruida, en la cual los resultados puedan ser debatidos y las lecciones aprendidas, no para llenarse de papel sobre las diferencias, sino para luchar por la claridad política. Hoy, la misma "tendencia" hacia la degeneración contrarrevolucionaria de las fuerzas del SU, esta vez en dirección al reformismo, puede verse en el Partido de los Trabajadores de Brasil. En el período anterior a las elecciones, parecía posible que Lula ganara. La cuestión surgió por la posibilidad de que la sección del SU diera su apoyo político a un gobierno reformista. Otros ejemplos de falta de independencia política existen en otras secciones del SU (por ejemplo, México y Sri Lanka). Es obvio que tales "tendencias" pueden tener graves consecuencias, pero no debiéramos permitir que nuestra caracterización salte por delante de los actuales acontecimientos. Trotsky fue siempre extremadamente cauteloso en sus observaciones, nosotros debiéramos serlo también. Sería mejor hacer algo positivo acerca de esto, como la ITO ha venido haciéndolo en el período pasado, actuando como una tendencia de oposición dentro del SU. Un resultado exitoso de esta lucha no puede ser garantizado en la medida que somos pequeños, pero si no se intenta luchar, un resultado negativo es seguro (7).


 


Hoy, las únicas organizaciones trotskistas internacionales de alguna importancia, el SU y el The Militant, dirigido por el Comittee for Workers International (CWI), están en un proceso de discusiones considerando la posibilidad de fusionarse. Los trotskistas consecuentes deberían intentar formar parte de ese proceso, y si fueran excluidos por obstrucciones burocráticas, deberían intentar mantener las relaciones externas más estrechas posibles, en lugar de "quemar las naves" y marginarnos nosotros de esas mismas organizaciones. Esto puede lograrse manteniendo una política de diálogo y colaboración donde sea posible. Mientras los problemas políticos de esas dos organizaciones continúan siendo evidentes, es necesario monitorear desarrollos en ellas e intervenir en cuanta vía sea posible para traerlas a la política de regeneración y de reconstrucción organizacional de la Cuarta Internacional.


 


 


 


Notas:


1. Declaración de la Tendencia Cuarta Internacionalista, 1979.


2. Trotsky, León D., In Defence of Marxism, New Park, London, 1971, p. 28.


3. ibid., pps. 23-4.


4. The London Guardian, abril 30 de 1996. En el artículo se lee: «JFK desairó el ofrecimiento del Che (título). Burlado por el fracaso de la invasión a Cuba de Bahía de los Cochinos, el presidente Kennedy rechazó un ofrecimiento del Che Guevara para alcanzar un acuerdo de paz entre los Estados Unidos y Cuba, de acuerdo a los nuevos documentos puestos en circulación. El ofrecimiento está detallado en un memorándum escrito por el máximo concejero de la Casa Blanca, quien describió un notable encuentro con Ernesto Che Guevara, el guerrillero nacido en Argentina que se convirtió en el segundo hombre con mayor poder en Cuba. El Miami Herald entrevistó ayer a Richard Goodwin, asistente especial de Kennedy, quien se arrimó a Guevara en un cocktail en Uruguay el 17 de agosto de 1961, cuatro meses después del fracaso de la invasión a Cuba apoyada por los EE.UU.. Guevara dijo a Goodwin que el gobierno de Castro estaba preparándose para marchar a una alianza con el bloque soviético, pagando por las propiedades comerciales americanas confiscadas y restringiendo el apoyo cubano a las guerrillas izquierdistas en otros países. A cambio, los EE.UU. cesarían las acciones hostiles. Kennedy ignoró el mensaje de Castro, mientras autorizaba la Operación Mongoose, un plan secreto para provocar el derrumbe de Cuba» AP, Miami.


5. Trotsky, León D., Writings of Leon Trotsky, 1932, Pathfinder, New York, 1973, p. 200.


6. Documentos sobre el debate en el SU acerca de la lucha de guerrillas en América Latina, en: Hansen, J., The Leninist Strategy of Party Building, Pathfinder, New York, 1979. 7. Las posiciones de la ITO pueden consultarse en su documento fundacional, la Declaración de Principios de la Oposición de Izquierda Internacional (ITO), 1992. Esta resultó de una reelaboración de un temprano documento del Grupo Bolchevique Leninista (GBL de Italia) redactado inicialmente a fines de los 70. Fue luego adoptado por el Comité de Ligazón Trotskista Internacional (TILC) en 1979, por el Comité Trotskista Internacional (ITC) en 1984, y más tarde rebosquejado como documento fundacional de la Fracción por el Trotskismo Internacional (FTI) en diciembre de 1991. Esta versión puede consultarse en Bulletin of the Faction for a Trotskyst International Nº 1 (1992). La Fracción por el Trotskismo Internacional se juntó con otras fuerzas para formar la ITO en 1992.


 

Respuesta a Chris Edwards


El camarada Chris Edwards argumenta que el Secretariado Unificado (SU) no estaría perdido para la revolución: el adjetivo "centrista" equivale, por lo tanto, a recuperable. Sustenta que la declaración fundacional de la TCI (1979) habría estado equivocada en dar como ejemplo del abandono del programa revolucionario y del desplazamiento hacia la contrarrevolución, el apoyo del SU al foquismo castrista. Da como ejemplo una posición de Trotsky (de 1932) frente a las guerrillas campesinas chinas lideradas por el PCCh, las cuales sólo habrían contenido "tendencialmente" un enfrentamiento con la vanguardia proletaria (lo mismo habría sucedido con las guerrillas latinoamericanas, sustentadas por el SU). Afirma que Trotsky habría caracterizado al stalinismo como "centrista" hasta 1935 (pacto Laval-Stalin) y sólo a partir de allí como "contrarrevolucionario". Compara la revolución cubana con la anexión del Este polaco y los países bálticos por la URSS, como parte del pacto Hitler-Stalin. Dice que el SU se habría limitado a apoyar acríticamente la expropiación del capital hecha por métodos burocráticos (por eso sería "centrista"). Y nos invita a incorporarnos al SU…


 


Los errores del texto de Chris Edwards son políticos, históricos y hasta lógicos. Los peores, sin embargo, son los de método. Veamos.


 


Trotsky definió a la Internacional Comunista (IC) stalinista como "pasada definitivamente al orden burgués" a partir de 1933, cuando capituló sin combate frente al ascenso del nazismo, que impuso una derrota histórica al mayor proletariado del mundo. Llamó, por eso, a fundar la IVª Internacional. Bien entendido, para Trotsky la política de la fracción stalinista ya era contrarrevolucionaria mucho antes de eso: basta leer sus críticas a la política seguida en la revolución china o al comité anglo-ruso (en El Gran Organizador de Derrotas), o a la política seguida en Alemania antes en 1933. Lo que se prueba en 1933 es que la IC, que contaba con el apoyo de centenas de miles de trabajadores de todo el mundo, estaba completamente destruida como organización, por su nula reacción frente a la victoria nazi. Trotsky no tenía dudas sobre la política de la burocracia stalinista, sino sobre la capacidad de la IC de reaccionar a ella.


 


Con la lógica de Chris (si una organización es centrista y tiene "tamaño" size debemos permanecer en ella, el stalinismo era centrista hasta 1935), Trotsky debió haber continuado en la IC, por lo menos, hasta 1935 (apoyo al rearme del imperialismo francés). En realidad, siempre con esa lógica, debió haber continuado mucho más.


 


Chris confunde el "centrismo burocrático" oscilaciones políticas propias de esa camada social, en su calidad de intermediaria entre el imperialismo y las conquistas sociales de la clase obrera con la naturaleza histórica de la burocracia stalinista: agente de la burguesía en los Estados Obreros, y contrarrevolucionaria a escala mundial.


 


Trotsky no paró de dar ejemplos del "centrismo burocrático" en 1935. En 1940 (En Defensa del Marxismo) calificó la anexión del Este polaco (y hasta la potencial anexión de Finlandia!) como medidas defensivas de la burocracia frente a la opresión imperialista. Lo que no afectaba en nada el carácter contrarrevolucionario de la burocracia y del Estado por ella dirigido. No se trata aquí de hacer una exégesis talmúdica de los textos de Trotsky, sino, para hablar francamente, de usar la cabeza: el propio Chris da el ejemplo de Polonia y, después de la guerra, de la expropiación del capital en Europa oriental, Yugoslavia y China por el "contrarrevolucionario" stalinismo (las comillas irónicas son de… Chris). Está a un paso de decirnos que Trotsky no debió haber fundado la IVª, porque el stalinismo no era contrarrevolucionario.


 


Chris no entiende la diferencia entre una burocracia contrarrevolucionaria y el enemigo de clase. La burocracia no era "la" burguesía, sino un agente de la misma en los EE.OO., que usufructuaba las conquistas sociales de la revolución en beneficio propio, lo que informa su naturaleza contradictoria. Del mismo modo, la socialdemocracia no era "el" imperialismo, sino su agente en las organizaciones obreras, cuando capituló frente a la guerra mundial imperialista. Chris insiste en que, "después de 1935" (?) "cuando Trotsky caracterizó al stalinismo como contrarrevolucionario, las contradicciones dentro del stalinismo eran todavía evidentes". Pero si las contradicciones tipifican el "centrismo", ¡Trotsky estaba equivocado al caracterizar al stalinismo de contrarrevolucionario! En realidad, esas contradicciones son evidentes hasta el día de la fecha, lo que significa que la contradictoriedad social de la burocracia no es idéntica a su naturaleza contrarrevolucionaria: con el método de Chris, Trotsky no debió haber fundado la IVª Internacional, ni Lenin llamado a fundar la IIIª en 1914…


 


En cuanto a la guerrilla campesina del PCCh, Chris no precisaba de un texto de Trotsky de 1932: en el propio Programa de Transición, Trotsky condena "la liquidación de la China Roja, subordinando, no sólo el Ejército Rojo campesino, sino también al propio PC al Kuomintang, es decir, a la burguesía".


 


Lo que sucedió con la IVª Internacional después de la IIª Guerra fue algo diferente. Ella no llegó a estructurarse como una organización internacional, cuando fue destruida por una crisis política cuya principal manifestación fue el "revisionismo pablista" (la definición de la burocracia como el agente de la revolución socialista mundial). No llegó a tener estatura de Internacional, aunque se mantuviese la vigencia de su programa: por eso llamamos a "reconstruir la IVª Internacional", y no a fundar la Vª (como Lenin llamó a fundar la IIIª y Trotsky la IVª).


 


Chris dice que el SU "abandonó ocasionalmente el programa de la revolución". Da como ejemplos el apoyo al castrismo, al sandinismo, a la dirección del PT brasileño. Digamos que, en la medida que el SU existe desde 1963, y quedándonos apenas en los ejemplos de Chris (habría que agregar otros, especialmente en Europa…), éstos cubren toda la historia del SU, y no algunas "ocasiones". Para Chris, el SU "no abrazó el programa del enemigo de clase"; muy bien, la burocracia tampoco (el programa del imperialismo era la victoria mundial del capital, el de la burocracia, la "coexistencia pacífica" de los Estados Obreros con el capitalismo mundial). Así como Trotsky no esperó que Yeltsin declarara "la muerte del socialismo" para proclamar la IVª (tendría que haber vivido más de 110 años), nosotros no estamos esperando que el SU proclame la vigencia mundial del capital (lo que sería irrelevante desde el punto de vista de la lucha de clases mundial) aunque actualmente casi llegue a eso, según lo probamos en diversos documentos para luchar por la reconstrucción de la IVª Internacional.


 


Para Chris, los problemas de la IVª hasta el presente habrían sido ideo-lógicos. Schatchmann, en 1938-40, habría sido "unilateralmente" antiburocrático, y Pablo, en la década del 50, "unilateralmente" pro-burocrático. Ambos serían ejemplos de "lógica formal", y por ese camino llegamos a la conclusión senil de Healy: la solución de la IVª está en realizar cursos sobre dialéctica. Lógicamente, Trotsky defendió la dialéctica materialista contra el formalismo de Schatchmann-Burnham, pero no calificó su oposición de "lógico-formal", sino de pequeñoburguesa, y llamó, contra ella, a construir el SWP como partido obrero. El problema con Pablo, en la posguerra, fue el de no haber sido oposición, sino dirección de lo que quedaba de la IVª. A diferencia de Trotsky, que veía las luchas ideológicas encuadradas en la lucha de clases, para Chris los "desvíos" del SI, y después del SU, se dieron en el limbo del enfrentamiento entre "formalistas" y "dialécticos", o entre "formalistas" de signo contrario…


 


El problema es que Chris también es un gran formalista, más precisamente pablista. Cómo interpretar, si no, su afirmación de que el guevarismo es un ejemplo "de la contradicción del stalinismo de posguerra". O que el M-26 haya sido "nacionalismo pequeñoburgués influenciado por el stalinismo" (que sólo lo apoyó cuando ya entraban en La Habana Guevara fue boicoteado por el stalinismo boliviano antes de su muerte y con el que tuvieron conflictos después). Caro Chris: existe, felizmente, en la posguerra (y en la preguerra también) algo más que el imperialismo y el stalinismo, existe la revolución (¡por eso Trotsky fundó la IVª Internacional!).


 


Chris debería tomar distancia del Guardian, representante de la "lógica formal" imperialista, y preguntarse: 1) si no sería necesario verificar la veracidad de la noticia allí planteada de que Guevara habría buscado un acuerdo con el imperialismo en Punta del Este; 2) si así lo hizo, en qué condiciones lo hizo, y si no se trataba de una maniobra para ganar tiempo frente a la presión imperialista contra la revolución cubana. En cualquier caso, comparar esto con las cláusulas secretas del Pacto Hitler-Stalin, es de un "formalismo" grotesco.


 


Fue la revolución cubana, y no el stalinismo, la que propició un amplio movimiento de radicalización obrero-juvenil en América Latina en 1960-70. Ya que hablamos de lógica formal, digamos para información de Chris (y de los trotskistas europeos en general) que la participación del SU en ese movimiento fue platónica (en el doble sentido: asexuada e "ideal"). Fue N. Moreno, futuro "opositor proletario" del "desvío guerrillero", quien lanzó la consigna de "crear los brazos armados de la OLAS" (y quien teorizó abiertamente la sustitución del proletariado por la pequeñoburguesía, y del trotskismo por el mao-guevarismo). Cuando Mario Santucho, venido del FRIP (Frente Revolucionario Indoamericano Popular), quiso honestamente llevarla a la práctica, Moreno se apartó, iniciando la trayectoria que lo llevaría al "partido centrista de izquierda legal" (bajo la dictadura).


 


Santucho y el PRT-ERP, como se sabe, se alejaron rápidamente del SU, adhiriendo sin cortapisas al castrismo, y calificando al SU de "contrarrevolucionario" (1972). En Chile, la participación fue nula: el SU fue rápidamente expulsado del MIR foquista, que había contribuido a fundar. En Bolivia, no pasó del asalto a una gasolinera. Esa fue toda la "guerrilla" del SU (la guerrilla de Hugo Blanco en Perú fue un caso aparte, pues fue un movimiento de autodefensa campesino en el valle de La Concepción, cuando Hugo Blanco se encuadraba en el "SLATO" del CI de la IVa, o sea, no en el SU, y no pasó de un proyecto cuando asumió un cariz abiertamente foquista).


 


La "oposición" al curso guerrillero en el SU, la TLT-FLT, presentada por Chris como una reacción "de izquierda", que probaría la vitalidad del SU, fue en realidad de derecha, porque se basaba en el apoyo al "centrismo de izquierda legal" de Moreno (que tomó las formas sucesivas del PST y el MAS) y al "proceso de institucionalización" burgués-imperialista, declaradamente apoyado por el PST. Lo único mínimamente rescatable de ese proceso, justamente, fue la denuncia que la TMI hizo del encuadramiento del PST en el "bloque de los 8" (realizada mucho antes por PO) y en la "defensa de la institucionalización" del gobierno de la Triple A (Isabel Perón), cuando los morenistas llegaron al extremo de defender la prisión para sus ex-compañeros del PRT (!). Es absurdo decir que el SU abandonó el guerrillerismo por causa de la "lucha" de la FLT: lo hizo porque el propio Castro se pasó al acuerdo con gobiernos burgueses en América Latina (Allende, Perón, Velazco Alvarado).


 


Después de esta "aventura", convenientemente distanciada, el SU se pasó al apoyo al "eurocomunismo" y la "democracia socialista", cosa que Chris ni menciona. La dictadura del proletariado ("piedra angular del programa", según Marx) fue explícita y formalmente abandonada: el SU conserva una referencia formal a la IVª, aclarando que ella no es el "partido mundial de la revolución socialista", pero se ha transformado en una variante de la izquierda pequeñoburguesa, en busca de un lugar bajo el Sol, frente a la descomposición stalinista y socialdemócrata, y ella misma en descomposición.


 


En términos de revisionismo programático, el SU es mucho más revisionista de lo que era la IC en 1933 (sus posiciones actuales, más que revisionistas, son proburguesas), con la desventaja de que la IC era una referencia para las masas, lo que el SU está muy lejos de ser.


 


El documento de Chris tiene un mérito enorme: plantear abiertamente, sin salidas intermedias, la disyuntiva frente a la que se encuentra la ITO: el "entrismo eterno" en una secta pequeñoburguesa "internacional", o la lucha por partidos revolucionarios y por una tendencia trotskista independiente que luche por la reconstrucción de la IVª Internacional. 

Comentario al documento de la ITO


"La Cuarta Internacional sufrió un grave proceso de degeneración política y fragmentación organizativa. Como una fuerza política unida, organizada, como el organismo de dirección internacional del proletariado, como la organización mundial del genuino marxismo revolucionario, obviamente ha dejado de existir. Este hecho plantea la lucha por la dirección internacional del proletariado en una forma extremadamente elemental como la primera tarea que enfrentan los revolucionarios".


 


Este remedo de caracterización, y la subsiguiente conclusión, deliberadamente inexacta y vaga, es una síntesis del carácter del documento, y permite entrever a dónde conduce: Si la IVª Internacional "sufrió un grave proceso de degeneración política y fragmentación organizativa…", es necesario precisar el alcance de uno y otro. El determinante es el primero; de aquí surge también la existencia o no de la IVª, y en condición de qué existen los grupos que se reclaman de ella. El documento, virtualmente, no lo caracteriza, lo que constituye su principal incoherencia.


 


Acerca de la lucha "en una forma elemental…", nos referiremos más adelante.


 


Balance


 


La síntesis cronológica (parágrafos 1 al 12) no deja de evidenciar los violentos virajes que, de conjunto, se han resuelto en cada crisis, por un reforzamiento del curso derechista tanto del SU como de las otras organizaciones.


 


Luego de ¡45 años! de profesar todos, todos los virajes posibles, primero en forma empírica, luego elaborándolos en forma "teórica", cabe la pregunta de cómo es posible seguir caracterizando a estos grupos como "centristas de tipo especial". En verdad, se soslaya la caracterización a partir de su estructuración en y para la clase. Vale aquí la precisión de O. Coggiola: no son organizaciones basadas en la clase obrera que oscilan entre reformismo y revolución, ni tampoco organizaciones masivas que postulen reformar el capital a través del progreso de las conquistas del movimiento obrero.


 


Por lo tanto, no son centristas ni reformistas. Así como las referencias al trotskismo son desconectadas de la intervención concreta, así también la referencia de las organizaciones está divorciada de la intervención de las secciones nacionales en sus respectivos países. Por lo tanto, el documento es, por un lado, superestructural, y por el otro, abstracto, al no precisar las raíces sociales y de clase de sus políticas; es decir, carece de caracterización, ya que el marxismo y su continuación histórica, el trotskismo es la unidad de teoría y práctica.


 


Confusionismo – Fisiologismo


 


Las citas anteriores permiten verificar una constante del documento: enunciación del antirrevolucionarismo de las corrientes mencionadas que llevaría, automáticamente, a caracterizarlas como ajenas al trotskismo, estructuradas en clases extrañas al proletariado, etc, para, a renglón seguido, suavizar, corregir las conclusiones: "Tomadas en su conjunto, con las pequeñas fuerzas que permanecen en el terreno del trotskismo ortodoxo, forman el movimiento trotskista mundial, la actual IVª Internacional. La actual IVª Internacional, aunque dividida en diferentes organizaciones que deben ser consideradas más exactamente, fracciones separadas de la misma organización y dominada por varios tipos de política revisionista, no está muerta. Puede y deber ser políticamente regenerada y organizativamente reconstruida" (parágrafo 13).


 


Los trotskistas de Causa Operaria luchando dentro del PT por un programa clasista, los trotskistas del SU haciendo de perros guardianes de Lula contra la izquierda y presidiendo los tribunales disciplinarios. Los trotskistas británicos apoyando a la Argentina cuando Malvinas, los trotskistas del Militant Labour llamando a una "guerra obrera" contra el país atrasado; instructivo y edificante espectáculo para el obrero avanzado, centro de las preocupaciones de la ITO. Estos pocos ejemplos debieran servir para ilustrar la nocividad del blanqueo político que el documento efectúa. La conclusión contenida en la cita, conclusión a priori, necesita por cierto del lenguaje y la construcción anticientífica del documento (trotskistas ortodoxos, "adhesión distorsionada al programa del trotskismo", etc.).


 


Primero las ideas


 


Todo el esfuerzo regenerativo por remontar la bancarrota del SU, LIT, CIR, etc., para reconvertirlos en centristas, resulta comprensible en la parte final del documento, que es su núcleo, con la conclusión claramente entrista, y las consideraciones "tácticas" de tal entrismo, es decir, la justificación de la forma extremadamente elemental de que hablábamos al comienzo. En lo referente a la reivindicación programática, vale la refutación de O. Coggiola: el stalinismo puso más empeño en editar y difundir las obras de Marx, Engels y Lenin que los trotskistas europeos, sin por eso dejar de ser contrarrevolucionarios (es más, hasta mediados de los 60 sostuvo en su programa la dictadura del proletariado). La mención a "corrientes minoritarias", entre ellas PO, es inexacta: se moteja al PO de sectario y nacional trotskista, en lo que para los autores del documento sería una estrechez localista: sin embargo, PO ha elaborado una delimitación tanto del SU, como del CIR, como del morenismo, sin haber despreciado, más bien pudiendo entablar una lucha programática y política superior gracias a esta delimitación.


 


Están equivocados los autores: no cualquier capilla que distribuya agencias nacionales es internacionalista, así como el entrismo no implica intervención revolucionaria sin la caracterización y situación que lo justifique; por el contrario, puede ser sinónimo de dependencia política a corrientes agotadas para la revolución, y que consecuentemente se han convertido en obstáculos para ella.


 


El documento de la ITO critica al SU y otras corrientes por diluir la tarea de construir la IVª, al fabricar sujetos intermediarios para esta tarea. Al carecer de base caracterización real de las corrientes citadas, abona la misma tendencia.


 


 


Notas:


 


(*) Oposición Trotskista Internacional, "La crisis de la IVa Internacional y las tareas de los trotkistas consecuentes", En Defensa del Marxismo n° 14, Buenos Aires, setiembre de 1996.

La lucha por un partido revolucionario en Brasil


La lucha por la construcción de un partido revolucionario es la expresión concreta del esfuerzo para hacer que la clase obrera, clase explotada y oprimida de la sociedad, evolucione hacia una conciencia de clase, de su situación y de sus objetivos y, por lo tanto, actue como postulante al poder político.


 


Esta lucha tiene un carácter tanto nacional como internacional, o sea, se desenvuelve igualmente a partir de la experiencia de las luchas de la clase obrera en cada país e internacionalmente.


 


Marx y Engels fueron los primeros en formular de manera acabada en oposición a las teorías anarquistas y socialistas utópicas el objetivo fundamental de la lucha del proletariado, la toma del poder político. Los fundadores del socialismo científico desarrollaron su lucha en un terreno que era, al mismo tiempo, nacional e internacional, dadas las condiciones económicas y políticas de la Europa de la época, como se puede verificar en el carácter internacional de la Liga de los Comunistas y en la Asociación Internacional de los Trabajadores, la Iª Internacional, ambas relacionadas con las revoluciones europeas del siglo XIX, tanto las revoluciones burguesas de 1848 en toda Europa, como la revolución proletaria de 1871 en Francia.


 


El anarquismo


 


Como en muchos países latinoamericanos, la clase obrera brasileña se organizó para dar sus primeros pasos bajo la bandera del anarco sindicalismo, movimiento que creó los primeros sindicatos obreros en el país y la primera central sindical, la Confederación Obrera Brasileña (COB). El sindicalismo anarquista tenía, indudablemente, un carácter revolucionario, siendo protagonista en innumerables de las más importantes luchas obreras en el país, como la huelga general de 1917 y la huelga de los gráficos de 1922, así como en las primeras conquistas obreras jornada de ocho horas, lo que obligaría a la burguesía a reconocer, a su modo, la voluntad de los obreros en la legislación laboral de la CLT en la década del 30.


 


La principal limitación del anarquismo fue, justamente, su negativa a luchar por un partido político y hacer a la clase ocupar su lugar como elemento político decisivo en los destinos del país. Esta limitación llevó al colapso tanto a las organizaciones obreras construidas a lo largo de cuatro décadas de impresionantes luchas, como también de las propias formaciones anarquistas.


 


Esta derrota no fue resultado simplemente de la formación del Partido Comunista en 1922, como muchos historiadores en general, de influencia stalinista prefieren afirmar, sino que fue resultado de la derrota política del movimiento obrero tanto de anarquistas como stalinistas ante el nacionalismo burgués, corporificado en las revueltas tenentistas que culminarán en la Revolución del 30.


 


La dominación implacable por el varguismo de los sindicatos obreros, formados por el anarco-sindicalismo y dirigidos en los años 30 por anarquistas y stalinistas, fue la expresión del fracaso de las ideas anarquistas de abstención política. El destino de la clase obrera en los años siguientes que marcaría la vida de las organizaciones obreras por casi siete décadas fue el resultado de la victoria política de la clase burguesa.


 


El aborto del Partido Comunista


 


El Partido Comunista de Brasil fue creado en 1922 como resultado del impacto tardío de la Revolución de Octubre de 1917 sobre elementos de vanguardia del anarco-sindicalismo. Su primer congreso agrupó tanto a la elite intelectual del movimiento libertario, en la persona de Astrogildo Pereira, como a sus principales líderes obreros, como el dirigente de la huelga general de 1917, Joao Jorge de Costa Pimenta, dirigente de los gráficos paulistas.


 


No obstante, el PCB nunca consiguió, a pesar del espíritu revolucionario de sus integrantes, dotarse a sí mismo de un programa revolucionario, vale decir, de una comprensión real de las relaciones entre las clases sociales en el país. Pesaba sobre él la tradición de casi cuarenta años de anarco-sindicalismo y el total desconocimiento de la doctrina marxista. Fue eso lo que llevó a Trotsky, en el IVº Congreso de la IIIa Internacional, a proponer, y obtener, el rechazo de la afiliación del PCB a aquella organización revolucionaria internacional, reconociendo ipso facto al partido brasileño como un partido centrista que procuraba avanzar hacia el comunismo.


 


Esta evolución, además, fue abortada por la crisis de la propia IIIª Internacional y de la URSS, a partir de la muerte de Lenin en 1924. Ya en 1927 estaba siendo implementada, en un partido que había conquistado posiciones importantes en el interior de la clase obrera, la famosa doctrina del llamado "tercer período", la cual, irónicamente, no era, en muchos de sus aspectos más que una caricatura senil del propio anarco-sindicalismo. La evolución posterior del PCB lo llevará a ser asimilado por una de las alas del nacionalismo burgués, el prestismo, lo que redundará en su destrucción completa a partir de 1937. Del PCB que será reconstruido en la Conferencia de Mantiqueira en 1945, no es posible decir nada en términos de partido revolucionario. De ahí data el inicio del aparato dominado por la burocracia stalinista en forma integral.


 


El trotskismo brasileño, surgido sobre el final de la década del 20, es en parte un factor de resistencia a la criminal política nacional del PCB, particularmente en la llamada cuestión sindical, cuando Joao da Costa Pimenta y varios integrantes de la llamada Oposición Sindical dejan el partido a causa de la política verdaderamente provocadora de los stalinistas en relación a los sindicatos; y principalmente, de la lucha internacional de la Oposición de Izquierda dirigida por Trotsky, la cual es traída a Brasil, desde Europa, por el más destacado cuadro intelectual del PCB en ese momento, el joven Mario Pedrosa.


 


Los trotskistas brasileños tuvieron el gigantesco mérito de dar los pasos iniciales en la estructuración de un programa revolucionario verdaderamente marxista, a través de la asimilación de la teoría de la revolución permanente y de una lúcida adaptación a la historia y la realidad brasileñas, de oposición al abstencionismo tanto de los anarquistas como del PCB, con su teoría de dos bloques igualmente reaccionarios de la burguesía; es decir, de la política de las principales organizaciones obreras en relación a la lucha interburguesa, sosteniendo la necesidad de una intervención política independiente de la clase obrera en el proceso revolucionario de la década del 30 a través, por ejemplo, de la distinción entre las fracciones de la burguesía, en conflicto por la consigna de convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente.


 


Los trotskistas brasileños, independientemente de sus limitaciones políticas, que eran muchas y naturales en un agrupamiento en formación, simplemente no tuvieron tiempo de colocarse política y organizativamente a la altura de los acontecimientos revolucionarios de la década del 30, que sacudirían violentamente al país en la revolución del Estado Novo. Juntamente con el PCB y los sindicatos, fueron barridos del escenario político y desorganizados, a partir de la represión en masa desencadenada como reacción al putsch dirigido por Luis Carlos Prestes en 1935.


 


En 1939, esta situación de disolución recibirá un coup-de-grace con la adhesión de Mario Pedrosa a las tesis del ala derecha del Socialist Worker´s Party,dirigida por los intelectuales del partido como James Burnham.


 


El golpe militar de 1964


 


En los años que van desde la caída de Getúlio Vargas, en 1945, al golpe militar de 1964, la clase obrera, a pesar de sus gigantescas luchas, como la huelga de los 300 mil en 1953 y la huelga de los 600 mil en 1963, no conseguirá liberarse del dominio político e ideológico del trabalhismo varguista, organizado políticamente en el PTB, que a través del fenómeno del peleguismo controlará una mayoría de sindicatos subsirvientes de la política oficial de los gobiernos nacionalistas, pero también reaccionarios, y del PCB. Estos dos partidos mantuvieron, en la mayor parte de estos años, un efectivo frente único que, inclusive, comprendía el lanzamiento de candidatos del PCB, colocado en la ilegalidad por el gobierno Dutra, a través de listas trabalhistas.


 


La función fundamental de este frente popular varguista-stalinista fue la de impedir que la clase obrera sobrepasase el marco del régimen político nacido del golpe contra Vargas y de la Constituyente reaccionaria de 1946, impidiendo no sólo el desarrollo de una organización política de la clase obrera, sino luchando con todos los medios para reforzar el régimen vigente en los sindicatos a partir del Estado Novo y asimilado por la nueva Constitución, y combatiendo inclusive, con extremo vigor, la constante tendencia a la constitución de comisiones de fábrica, que tuvieron un papel dirigente en las huelgas del 53 y 63.


 


El golpe militar del 64 diversas veces anunciado a partir del 45 fue el resultado de la insuperable cobardía política del nacionalismo burgués ante el imperialismo y sus aliados, que ganaron un combate sin lucha alguna, y de la traición del PCB stalinista, que hizo todo lo posible para arrastrar a la clase obrera detrás de la burguesía nacionalista.


 


La clase obrera pagó un alto precio por su falta de organización independiente y por su seguidismo al stalinismo y a la burguesía, perdiendo todo control sobre sus propias organizaciones, siendo proscripta políticamente y convirtiéndose en víctima, en más de una vez, de una redoblada superexplotación para reactivar la fuente de ganancias de la burguesía. La contrarrevolución burguesa imperialista retomó y profundizó en escala inédita todo el proceso de dominación del Estado Novo.


 


Los años de dictadura


 


Los años del régimen militar van a presenciar el inicio de la decadencia final del PCB, el "partido" que tenía a principios de la década del 60 cerca de 100 mil militantes en la ilegalidad. Más abrupto todavía será el ocaso del nacionalismo, el principal responsable por una derrota sin lucha, pero minado también por la incorporación de la mayor parte de sus efectivos al régimen militar.


 


Como resultado de esta crisis de las principales organizaciones que dominaban a la clase obrera, y como producto de los violentos ataques del régimen militar contra sus condiciones de vida, la clase obrera, y también la juventud estudiantil, realizaron varias tentativas de acción independiente. Estas acciones se manifestaron, por un lado, en la constitución de las comisiones de fábrica que recuperaron el sindicato metalúrgico y organizaron la huelga general, con ocupación de fábrica, de Osasco, en el Gran Sao Paulo, en el 68, y en las oposiciones sindicales en Sao Paulo, a partir de la "Batalla de la SE" contra el gobernador Abreu Sodré, el 1º de Mayo de 1968. Estas oposiciones ya comenzaron a sustituir al stalinismo y al varguismo en el movimiento obrero en la década del 60, y a llevar adelante una lucha contra la burocracia por la independencia de los sindicatos en relación al régimen militar.


 


Otra manifestación de la crisis del stalinismo es la proliferación de organizaciones centristas, que parten de las posiciones stalinistas y que van a evolucionar inevitablemente hacia el foquismo, en forma efectiva o ideológica, como el PC de Brasil, Acción Popular y Política Obrera. El foquismo se establecerá, en realidad, como un obstáculo poderoso al desarrollo de tendencias independientes en el interior de la clase obrera y de la juventud, a través de la perspectiva del camino "fácil" hacia la revolución, que prescindía del programa, de la organización, en fin, del trabajo arduo de construcción de un partido revolucionario.


 


El foquismo será arrasado por la represión del gobierno de Médici, y las oposiciones sindicales llegarán al final de los años 70, en el auge de la crisis de la dictadura, en total decadencia y descomposición.


 


Crisis de la dictadura y ascenso obrero


 


Los años de estabilidad del régimen militar se acaban en 1974 cuando la retracción económica, la inflación, el fin de las inversiones externas, etc., anuncian el fin del llamado "milagro brasileño". La crisis del "modelo económico" de la dictadura divide al frente burgués y a la "oposición"; en realidad, uno de los partidos del propio régimen gana las elecciones de 1974. El gobierno de Geisel, que sucede al violento gobierno de Médici, será un instrumento de un cambio de frente del régimen, con su política de "distensión lenta y gradual". La impasse en el proceso de "distención", o sea, en los acuerdos entre las distintas camarillas políticas del régimen y de la oposición, de las diferentes alas de la burguesía que las manipulaban, lleva a la oposición abierta al régimen a través de espectaculares movilizaciones estudiantiles en el 77.


 


En 1978, los obreros de las grandes montadoras del ABC, en rebeldía a la dirección sindical (vinculada en ese momento a la oposición burguesa), dirigida por Lula, entran en huelga poco después de la firma del convenio colectivo, indicando el fin del régimen de trabajo de la dictadura y señalando el inicio del ascenso obrero, que iría a revertir el período de largo reflujo del 64 al 78.


 


El ascenso obrero colocó a la orden del día una completa reestructuración de las relaciones entre la clase obrera y la buguesía, cuyo cambio principal estaba justamente en el cuestionamiento de las relaciones estatales establecidas para la clase obrera: independencia sindical, renovación de las direcciones sindicales, central obrera y partido obrero; todas estas cuestiones fueron colocadas como producto del agotamiento, en todos los aspectos, del último cambio del régimen salido de la revolución del 30.


 


El Partido de los Trabajadores


 


A pesar de la variada y abundante mitología creada en torno de los orígenes del Partido de los Trabajadores, éste no fue una criatura de la clase obrera y sus luchas, sino de un grupo de dirigentes sindicales y políticos burgueses y pequeñoburgueses que procuraban, por sobre todo, arrastrar a la clase obrera detrás del "frente amplio de oposición" que era el PMDB, partido creado y mantenido por la dictadura militar.


 


Lejos de buscar una acción independiente para construir un partido obrero, Lula y los que lo acompañaban apoyarían a Fernando Henrique Cardoso en la elección del 78, quedando claro que trabajaban por la formación de una especie de "izquierda democrática y popular" en el interior del PMDB, con elementos sin compromiso evidente con el régimen militar, como era el caso de los líderes del PMDB Tancredo Neves, Ulysses Guimaraes, Paulo Brossard, Franco Montoro, etc.


 


Lo que llevó a la formación del PT no fue el deseo de expresar políticamente, en un terreno independiente, las huelgas del 78/79/80, sino el hecho de que el ascenso obrero, iniciado por estas huelgas, mostró la inviabilidad de constituir un ala "democrática y popular" en el interior de un partido monopolizado por los agentes del régimen militar y de los grandes capitalistas.


 


Todo el esfuerzo político e ideológico de quienes propusieron la constitución del Partido de los Trabajadores estuvo concentrado en impedir y no en formar un partido de clase, independiente de la burguesía. Primeramente, plantearon la constitución de un "Partido Popular" para excluir, de entrada, la idea de un partido de clase; convocaron a elementos abiertamente ligados a la burguesía, como los hermanos Santillo y otros, y combatieron cualquier idea de un programa socialista, revolucionario, proletario, defendiendo con firmeza la estrategia de la participación de los trabajadores en el Estado de la burguesía.


 


Particularmente evidente fue la intención de evitar la organización política de la clase obrera en un partido independiente, como la oposición sistemática a que los sindicatos, dirigidos por la burocracia lulista, asumiesen la defensa de la construcción de un partido de los trabajadores. Así el PT se transformó en una superestructura política que procuró y procura hasta hoy convertirse en un monopolio que manipula la representación electoral de la clase obrera e influencia a la burocracia dirigente de los sindicatos, exactamente como fue el PTB en las décadas del 40 al 60; no obstante, sin conseguir atraer a una parcela de la burguesía a su interior, debido a las contradicciones venidas de la presión obrera sobre el partido.


 


El PT no fue la construccción de un partido de masas como soñaron muchos, sino el aborto de las tendencias a la organización política independiente de la clase obrera. Este aborto fue el resultado de la victoria de una política consciente, corporizada en el ala mayoritaria del partido, que defendió desde el primer momento una política burguesa para el movimiento obrero.


 


Esta capitulación política en masa de la izquierda trotskista (Democracia Socialista, El Trabajo, Convergencia Socialista, actual PSTU) y centrista-foquista (Acción Popular, Movimiento de Emancipación del Proletariado, PCBR, etc.) fue llevada adelante a través del completo abandono de cualquier programa independiente de la burocracia, bajo la ideología de que el programa revolucionario iría a estrechar al PT, o sea, romper el frente único con el ala burguesa del partido.


 


El ascenso obrero, la CUT y las oposiciones sindicales


 


El ascenso obrero llevó a una completa subversión de las antiguas relaciones entre los sindicatos y el Estado, en realidad entre la propia clase obrera y el Estado. En el terreno de la organización política, la burocracia sindical que lanzó la propuesta del PT, propuso la formación de una central obrera históricamente ausente del panorama político del país desde los tiempos del anarco-sindicalismo con todos los interventores sindicales impuestos a la clase obrera por la dictadura militar, desde las federaciones gubernamentales hasta los notorios agentes de policía de la dictadura, el DOPS, como el presidente del sindicato metalúrgico de San Pablo, Joaquim dos Santos Andrade y los remanentes stalinistas.


 


De este proyecto reaccionario nació la Comisión Pro- CUT, mezcla de los sindicalistas "auténticos" de la burocracia lulista, stalinistas y burócratas ligados al régimen militar y al MDB.


 


El desarrollo del ascenso se dio, no obstante, por ondas de crecimiento de la lucha obrera. En 1980, los despidos en masa de cerca de 10 mil obreros en el ABC, aceptados pasivamente por la burocracia lulista, contenían la primera ola de ascenso y de luchas obreras contra la dictadura, produciendo un reflujo que duraría hasta 1983, cuando un número infinitamente superior de categorías obreras entraría en lucha. El inicio de este ascenso, impulsado por el crecimiento de la inflación, dio lugar a la mayor ola de huelgas de la historia del país y a la ruptura de la Pro-CUT, convocando la burocracia lulista como medida defensiva a un congreso de fundación de la CUT ese año.


 


Este ascenso impulsó, también, el surgimiento de millares de oposiciones sindicales por todo el país, las cuales, por sus gigantescas debilidades políticas, cayeron rápidamente bajo el control de la burocracia sindical, proceso éste que fue velozmente impulsado por las fáciles victorias en innumerables sindicatos, ante las decadentes direcciones burocráticas incapaces de adaptarse a la nueva etapa de huelgas.


 


El crecimiento de las huelgas, la facilidad con que ellas se reproducían ante la inflación creciente y la facilidad con que eran derribadas las podridas estructuras del régimen militar en los sindicatos, producirían una ilusión típica del anarco-sindicalismo, en el sentido que el partido obrero no cumplía ningún papel decisivo, ilusión compartida por la mayor parte de la izquierda. Esto permitió que la burguesía, la burocracia petista y la burocracia sindical tuviesen las riendas en todos los acontecimientos decisivos, que significaron espectaculares derrotas de las masas en todos los momentos: en la campaña de las Directas Ya, que terminó con la elección de Tancredo Neves en el Colegio Electoral; en el Plan Cruzado, que desarmó la ola de huelgas que había alcanzado más de 15.000 paros en sólo un año; en la victoria de Collor sobre Lula en las primeras elecciones presidenciales; en la campaña de Fora Collor, que terminó en un acuerdo entre todas las alas de la burguesía; en el Plan Real, que desarmó la crisis política extraordinaria producida por la caída de Collor; y finalmente, en la elección de Fernando Henrique Cardoso, entre un sinnúmero de crisis menores.


 


Conclusiones


 


El dominio de las posiciones democratizantes y capitalistas en el PT y en la CUT reproduce las impasses de la historia de las luchas obreras, relatadas sumariamente en este artículo, que llevaron a que la burguesía tuviese la última palabra en el desenlace de las crisis políticas, inclusive en momentos de extrema debilidad, como la crisis pos-1929 cuando la economía capitalista mundial y brasileña estaban en la lona.


 


En todos los momentos resalta la ausencia de un programa revolucionario que apunte a una salida de la crisis fuera del régimen democrático de la burguesía, a través de un gobierno obrero y campesino; de una organización independiente formada en las luchas de la clase obrera, sobre la base de ese programa y esa estrategia.


 


Las enormes ilusiones despertadas por la creación de la CUT y del PT, que la mayoría de la izquierda fue incapaz de analizar desde el punto de vista de clase revolucionario, llevaron al completo agotamiento del impulso inicial del ascenso de 1978, y al retorno de las organizaciones sindicales a una situación similar a la vigente dictadura, con modificaciones apenas cosméticas. Este hecho va quedando más claro en la medida que la burguesía que desde el 78 se demostró incapaz de encontrar una fórmula que dé una legislación estable a los sindicatos está, en este momento de reflujo, poseída de una verdadera furia legislativa que apunta claramente hacia la reestructuración, a partir de la actual relación de fuerzas entre la clase obrera y el Estado, a un redoblado intervencionismo estatal en las organizaciones obreras.


 


Toda esta situación se ve agravada por la experiencia que está siendo realizada por el Partido de los Trabajadores de constitución de un frente popular, que procura bloquear por todas las vías la acción independiente de la clase obrera. El frente popular es la expresión en un momento de decadencia de los partidos burgueses frente a las masas, de la subyugación de las organizaciones obreras para que las masas se vuelquen nuevamente hacia la burguesía desprestigiada. El laborioso proceso de corrupción de las direcciones obreras y de los sindicatos a través del frente popular y de su política no es accidental, sino que muestra la política preventiva de la burguesía ante el agravamiento de la crisis capitalista, la cual no fue superada ni por el reflujo transitorio de la clase obrera ni por los malabarismos del Plan Real, sino que continúa agranvándose, aumentando su potencial destructivo precisamente debido a las maniobras dilatorias de la burguesía brasileña y del imperialismo.


 


El total fracaso de la dirección democratizante del PT, de anclaje anarco-sindicalista en el movimiento obrero, y el agravamiento de la crisis capitalista, replantean la cuestión de la construcción de un partido obrero en la arena política.


 


El desenlace de la crisis capitalista será necesariamente un desenlace revolucionario y, en ese carácter, no podrá ser resuelto sino por las grandes masas de la población, en un sentido o en otro. No obstante, la política revolucionaria no podrá prosperar, por más revolucionaria que se anuncie la situación, si no es por medio de una vanguardia de militantes entrenados, vale decir, instruidos, formados, conscientes y eficientes, a través de una larga intervención en la lucha de clases, iluminada por el programa de la revolución permanente, o sea por el marxismo.


 

Antecedentes de la restauración capitalista en Cuba


Cuando el 1º de enero de 1959 Fidel Castro entró en La Habana se rompió el mito de que a 90 millas del imperialismo yanqui no pudiera triunfar la revolución. Fue una revolución democrática que, bajo las presiones del imperialismo y del gran capital, fue tomando medidas radicales y expropió a los capitalistas. La revolución se había transformado en la primera revolución socialista de América Latina.


 


Revolución permanente


 


Al declarar el carácter socialista de la Revolución, Fidel Castro buscó comprometer el apoyo diplomático y militar de la Unión Soviética. Pero se puso en evidencia que las revoluciones en nuestra época no pueden culminar sus tareas si no se transforman también en anticapitalistas, socialistas. Los PC stalinistas propugnaban que no podía haber en Latinoamérica una revolución de carácter obrero y socialista. Cuba demostró que esto no era así. La revolución cubana fue un golpe muy importante contra los PC stalinistas. Se acababa de realizar el 20º congreso del PCUS, que había declarado que la marcha hacia el socialismo sería por vía pacífica y parlamentaria. La Revolución Cubana vino a desmentirlo. No hubo casi PC que en los años subsiguientes a la Revolución Cubana no comenzara un proceso de crisis y de rupturas con motivo de todo esto.


 


La Revolución Cubana demostró, en poco tiempo, las ventajas de los métodos de planificación centralizada anti-capitalista. Rápidamente eliminó los grados más grandes de miseria; se eliminó por completo el analfabetismo. Hoy en día, uno de cada quince cubanos es estudiante o ha cursado estudios universitarios, uno de cada ocho tiene un título técnico. En materia de salud, desaparecieron todas las enfermedades endémicas, la tasa de mortalidad infantil es la más baja de Latinoamérica, y ha tenido un desarrollo de las fuerzas productivas superior a otros países que estaban en su misma situación en 1959. En los primeros años de la Revolución, a pesar del bloqueo y de las dificultades económicas, el salario real y el nivel de vida de los trabajadores cubanos creció enormemente.


 


Internacionalismo o burocratización


 


El triunfo de la Revolución Cubana planteó rápidamente el problema de su extensión. En 1965, hubo una importante revolución en la República Dominicana que fue ahogada políticamente por el nacionalismo burgués y, militarmente, por el imperialismo. Va a ver toda una serie de tentativas y de movimientos revolucionarios de diversas características. A fines de la década del 70 vuelve a levantar el proceso revolucionario en Centroamérica, con el triunfo de la revolución nicaragüense.


 


Pero los procesos revolucionarios, si no se extienden a nivel internacional, tienen que entrar inevitablemente en una situación de reflujo, lo cual significa, en lo interno, burocratización. Esto es previsible si el impulso revolucionario no logra establecer una supremacía internacional de la clase obrera. El reflujo recrea las tendencias a una burocratización.


 


La burocracia que se crea tiende a asimilarse a las relaciones internaciones del momento. En el marco de las relaciones internacionales dominadas por la política de coexistencia contrarrevolucionaria entre el imperialismo y la burocracia soviética, la tendencia que se va a plantear en el régimen cubano es a asimilarse a ese cuadro político después de haber intentado, por algunas vías empíricas (foquismo), extender la Revolución. Cada vez que en la situación política internacional se creó un pico de crisis revolucionaria, la tendencia de las burocracias fue a tratar de converger más rápidamente con el imperialismo para frenarla. En 1968, los obreros de Francia se levantaron y los obreros, en Checoslovaquia, tiraron al gobierno de la burocracia stalinista. Esos movimientos no triunfaron, pero asustaron terriblemente tanto al imperialismo como a la burocracia y aceleraron su convergencia para tratar de asfixiar y controlar al movimiento revolucionario. Por un instante, la burocracia rusa tuvo el temor de que los trabajadores checoslovacos tomaran el poder y generaran una situación revolucionaria en todo el bloque soviético. También el imperialismo lo tuvo: era un alza revolucionaria que se desarrolló mundialmente (Checoslovaquia, Mayo francés, ofensiva del Tet en Viet Nam, Cordobazo en la Argentina, etc.). Esto acelerará la tendencia restauracionista de la burocracia rusa, asustada por la perspectiva de perder sus privilegios a manos de la acción revolucionaria de los obreros. En aquel momento, Castro se coloca en contra de la revolución en Checoslovaquia: apoyó abiertamente la invasión de los tanques rusos. El Che Guevara ya no estaba al frente del Estado; había sido asesinado en Bolivia. Y el mismo hecho de su retiro de la dirección cubana para tratar de impulsar la Revolución Mundial fue considerado, en su momento, como una disidencia entre sectores burocráticos del PC cubano y el Che, que quería extender la revolución a toda costa y no quería encerrarse en un proceso de burocratización del Estado Obrero cubano. 


 


Esta tendencia de Fidel Castro de llegar a un acuerdo con la burocracia soviética, incluso con el imperialismo, se va a ir profundizando. En forma contradictoria, cuando estalla la revolución en Nicaragua, Reagan reclama un acuerdo concreto a la burocracia rusa para tratar de contener la revolución centroamericana. Gorbachov viaja a La Habana y, con Fidel Castro, se comprometen a no apoyar los procesos revolucionarios y a tratar de resolver por "métodos pacíficos" todos los problemas en Centroamérica. La insurrección nicaragüense fue más profunda que la cubana: costó 50.000 muertos, fueron insurrecciones populares de características pocas veces vista en la historia. Pero el sandinismo en el gobierno de Nicaragua asesorado por Fidel planteó que no repetiría la historia de Cuba: de expropiar a los capitalistas. Conocemos el desenlace: de entrada se hizo un gobierno con la incorporación de la Chamorro y, finalmente, el sandinismo fue expulsado del poder por una coalición burguesa. Fidel había cambiado de posición: era partidario de luchar por un Nuevo Orden Económico mundial. Planteaba la necesidad de que los países latinoamericanos integraran un frente común para afrontar la deuda externa, un acuerdo con las burguesías latinoamericanas para tratar de renegociar, con el imperialismo, la situación de la deuda externa en plena expansión y crisis.


 


Fue contenida la revolución en Nicaragua, fue desarmada la guerrilla en El Salvador, el Farabundo Martí llegó a un acuerdo de "pacificación" y todos los movimientos que estaban en desarrollo y tenían una posición importante en la lucha de clases centroamericana fueron controlados, desarmados y pacificados, con el propósito de salvaguardar un acuerdo de paz en toda la región y permitir al gobierno cubano llegar a un acuerdo más general con el imperialismo. Ya Fidel había declarado, en 1986, que no había posibilidad de una revolución socialista en América Latina por lo menos por 50 años y que, por lo tanto, había que revalorizar los regímenes democráticos, los acuerdos con los sectores progresistas, la unidad de todas las burguesías latinoamericanas. Es decir, retrocedía en su propio pensamiento revolucionario.


 


Esta es la base política sobre la que se está desarrollando el proceso de restauración capitalista en Cuba. En general, los castristas plantean que se ha llegado a esta situación porque cayó la Unión Soviética y el campo socialista. La caída de sus principales aliados habría obligado al castrismo a adoptar el curso que tiene en la actualidad, que es llamar al capital extranjero a Cuba. Pero esto no es cierto, porque la crisis con Gorbachov y el Muro de Berlín son de la década del 90. Y toda la política que llevó a un estrangulamiento económico de la Revolución Cubana se inicia mucho antes.


 


La deuda externa


 


Fidel acompañó, igual que todos los gobiernos latinoamericanos, de los países coloniales y de los Estados obreros, todo el proceso de lo que se llamó la acumulación de la deuda externa. Cuba pasó de 2.000 millones de dólares en el 82-83, a 6.500 millones de deuda externa en el 87. Es decir, en la misma época en que gran parte de los países latinoamericanos se endeudaron creando el fenómeno político-económico de la deuda externa. A pesar del bloqueo yanqui, Cuba recibió empréstitos de bancos extranjeros. La deuda, que se triplicó en 3-4 años, ya no pudo ser pagada a partir de 1986. Prácticamente, el 30% de las exportaciones cubanas se destinaban al pago de los intereses, lo que sumado a la parte de capital que tenía que ir amortizando, era más del 70% de las exportaciones cubanas. En el 86, como Cuba no estaba en condiciones de pagar la deuda externa, Fidel se dirigió al Club de París, que es un consorcio de grandes bancos, a plantear la necesidad de renegociar los pagos de la deuda externa. El Club de París reclamó entonces que Cuba pagara con ciertas concesiones económicas y políticas, como se hizo con otras naciones. Como Cuba no estaba en condiciones de cumplir esto, se produjo la moratoria de la deuda externa, y eso le corta el crédito internacional.


 


Vemos, entonces, un fenómeno muy parecido al de otros países semicoloniales. Cuba, por lo tanto, siguió el proceso de endeudamiento que creó el imperialismo a nivel internacional. Nosotros sabemos por todos los estudios que se han hecho que ése fue un endeudamiento fomentado por el propio imperialismo. Los grandes bancos, con sus excesos de capital, obligaron a los gobiernos a endeudarse. Cuba siguió esta tendencia parasitaria.


 


Socialismo en el CAME


 


La economía cubana estaba por completo integrada a la Unión Soviética y a los países de Europa oriental. A pesar del bloqueo norteamericano, que comienza en el 62, el 40% del comercio internacional de Cuba era con Occidente 30% con países imperialistas y el otro 10% con países semicoloniales. En 1973, Cuba retoma el comercio con la Argentina. Antes, con Chile. Tenía un comercio importante, y no solamente respecto de países semicoloniales como el nuestro, sino también países imperialistas importantes. Pero en 1972, Fidel asocia a Cuba al CAME, bajo la dirección de la burocracia rusa, y prácticamente el 90% del comercio cubano se terminará realizando con ese bloque económico. Esto se aceleró con la crisis de la deuda en el 86, cuando Cuba, sin divisas y por falta de crédito internacional, disminuyó drásticamente su comercio con Occidente. "En 1986, el gobierno cubano dice un economista de la isla toma la decisión de mantener reducidas al mínimo posible las relaciones económicas con los países capitalistas y concentrar la mayor proporción de éstas con los países del CAME, sobre todo con la URSS" (1).


 


Hay una serie de estudios de economistas cubanos, y del propio gobierno cubano, que demuestran que desde que se asoció al CAME, en el 72, hasta el año 85, se produjo un deterioro importante en los términos de intercambio entre lo que exportaba Cuba hacia el mercado común con la URSS y lo que importaba desde allí en detrimento de Cuba. En el 85, se calcula que se había producido un desbalance del 70% en ese comercio. Nada más que en trece años, se había producido un desbalance importante.


 


Se dice que la Unión Soviética sostenía a Cuba económicamente, que la Unión Soviética le vendía petróleo a Cuba a crédito a un precio fijo, y como una forma de ayuda permitía que Cuba revendiera los excedentes que ahorraba. Cuba reexportaba unos 2-3 millones de toneladas de 12 millones que recibía, convirtiéndose en fuente de cerca del 40% de las divisas que recibía la Isla. La caída de los precios internacionales del petróleo, desde el 85, impactó negativamente en la economía cubana (y creó una fabulosa deuda con la URSS). En la actualidad, la deuda externa cubana está en el orden de los 9.000 millones de dólares. Pero esta deuda externa, es la deuda externa con los bancos imperialistas, porque existe al mismo tiempo una deuda que sigue en discusión, por la cual Rusia le exige a Cuba 15.000 millones de rublos.


 


Desarrollo atrasado y deformado


 


Pero el punto quizás más importante es que esta relación económica que estableció Cuba con la CAME significó una perpetuación del atraso y una deformación de su desarrollo económico total. Porque Cuba comenzó a comprar máquinas y equipamientos para su industria a la URSS y a los países de Europa oriental. Pero esas máquinas y equipamientos eran muy atrasados tecnológicamente. Como eran comprados a crédito y por la relación que había establecido la burocracia rusa con Cuba, prácticamente Cuba se llenó de una cantidad de maquinaria que, desde el punto de vista comparativo con las tendencias de productividad del mercado mundial, eran obsoletas. Y esto condujo a una productividad muy baja respecto a los parámetros internacionales. Cuando en 1990 se rompen las relaciones económicas entre el CAME y Cuba, y todo el comercio de Cuba retrocede prácticamente a una octava parte, Cuba se da cuenta que tiene que reformar por completo todo el sistema industrial.


 


Cuba es gran exportadora de azúcar. Otra exportación importante es el níquel. Las plantas y las máquinas que le compró a la URSS, para equipar dicha industria, llevaron a que el precio del níquel cubano quedara completamente descolocado. Las inversiones que está realizando Cuba hasta el día de hoy son para tratar de transformar la maquinaria utilizada en la fabricación de níquel, que insume una cantidad de energía descomunal, que Cuba por otra parte no tiene (porque no tiene petróleo, ni gas), lo que la encarece terriblemente. Esto fue el resultado de la alianza política que establecieron Fidel y la burocracia rusa y que ha llevado a una deformación total de la economía cubana. Esto también se evidenció en los planes de producción cubanos. Cuba se empeñó, más que nunca, en su principal producción: el azúcar. Y lo que siempre fue criticado cuando estalló la Revolución Cubana, el monocultivo, nunca fue revertido.


 


Por lo tanto, si uno hace el análisis en qué fueron invertidos los 6.500 millones de dólares de la deuda externa, que llevaron la asfixia a Cuba, cómo se equipó Cuba industrialmente, etc., va a ver que todo el plan económico que se desarrolló en esos 20 años fue un plan económico completamente parasitario.


 


La capacidad de importación de Cuba había caído, entonces, de 8.000 millones de dólares en 1989 a 2.000 millones en el 91. Pero aun así tenía déficit del comercio exterior: quiere decir que no exportaba nada. Exportaba nada más que una parte del azúcar; el níquel no lo podía exportar o lo exportaba en condiciones muy desventajosas. Tuvo que comenzar una política de reconversión industrial para revertir esta situación. Por ejemplo: Cuba importa muchos alimentos porque no tiene agricultura (produce sólo cítricos y azúcar). Comienza, recién en el 90, a dedicar una parte de la tierra a producir ciertos cultivos (arroz, etc.), para poder alimentar a su población. Porque antes importaba una parte importante de su alimentación. Con la energía lo mismo. Como tenía el petróleo ruso, no buscó en ningún momento ninguna otra fuente alternativa. Hacia el final de la relación con la URSS, se empezó a construir una planta de energía atómica que hubiera reemplazado una cuarta parte de las importaciones de petróleo. Esto quedó detenido por la crisis: todavía faltaban invertir 1.000 millones de dólares.


 


Estatismo no es socialismo


 


En el año 68, Cuba estatiza toda la producción comercial, mercantil, agrícola; de la mano del apoyo político a la contrarrevolución en Checoslovaquia, se decide la estatización total de toda la economía. Eso no es socialismo, sino estatismo. Hasta hace unos años atrás, todo el comercio minorista estaba en manos del Estado, controlado por una creciente e inútil burocracia. Esto no era socialismo, porque socialismo no es estatización indiscriminada. El socialismo supone el control en manos del Estado de los principales medios de producción, pero no el control burocrático de los kiosquitos, etc. Esto último crea una frondosa burocracia. Uno no espera que el socialismo sea el control de la pequeña producción, sino el control de la gran producción, y a la larga, con el desarrollo de las fuerzas productivas, que la pequeña producción sea absorbida por la gran producción. Llegó a formarse un régimen de características recontraparasitarias (muy bien caricaturizado por la película Guantanamera) que, lógicamente, en el 90 llega al colapso.


 


Viraje restauracionista


 


Esta situación, creada por la política parasitaria y burocrática, llevó a plantear una redefinición estratégica. Se impone el racionamiento y se plantea la apertura externa, usando las ventajas comparativas de la economía cubana: el turismo y la mano de obra calificada.


 


Lógicamente, esto condiciona el desarrollo económico y social, porque hay que construir hoteles e infraestructura para el turismo. Capitales mexicanos desarrollan una industria del cemento que es una de las más importantes de Centroamérica. Con el turismo aparece un comercio complementario. En 1980, Fidel había rechazado impulsar una industria del turismo, porque significaba eran sus argumentos en aquel momento una deformación en el desarrollo económico de Cuba, y producir una diferenciación económica y social dentro de Cuba.


 


Legalidad restauracionista


 


Para desarrollar esta apertura al capital extranjero, se toman una serie de medidas políticas y económicas. En 1992 se produce una reforma de la Constitución y se declara la posibilidad de las privatizaciones. A partir de ahí, vienen una cantidad de leyes, que van abriendo el camino a una intervención creciente del capital. La Ley 140 del 93 permite la tenencia y comercialización de divisas extranjeras.


 


Van a regir dos monedas. En Cuba está el peso convertible y el peso corriente. Entre el peso convertible y el corriente hay una relación aproximada de 25 a 1. El área de los hoteles y de las negociaciones maneja el peso convertible. El salario de los trabajadores se paga en pesos corrientes. Hay dos monedas que se manejan simultáneamente, produciendo una diferenciación económica.


 


En octubre del 95 sale una nueva ley, la Ley 77, que es votada por unanimidad en la asamblea popular cubana (todas las leyes son votadas por unanimidad), que autoriza un régimen muy liberal en materia de inversión de capital en el país. El artículo 10, por ejemplo, plantea que se puede invertir en todos los sectores, menos en educación, salud y defensa (pero sí en las fábricas de defensa). El capital extranjero puede ejercer la dirección de las empresas. Se dan ventajas impositivas impresionantes y por períodos largos. Se pueden repatriar dividendos sin ningún tipo de problemas. Se liquida el monopolio del comercio exterior. Las empresas pueden importar y exportar libremente, están autorizadas para hacerlo en todo lo que se refiere al ámbito de su producción. Se permite la instalación de zonas francas. Hay un boom de inversiones: más de 600 grupos capitalistas que están trabajando en diversas categorías y sectores. Es un sector que está en constante desarrollo y que es alentado en forma abierta. Pero esta situación no ha logrado superar la crisis de Cuba. Como en la Argentina, entran capitales, compran fábricas, privatizan, pero esto no significa que el país haya salido de la crisis.


 


Competencia y desocupación


 


No se ha logrado eliminar el déficit del comercio exterior, que se va agregando a una deuda externa creciente. La economía dual ha abierto una polémica en el seno del PC cubano y en la burocracia dirigente en Cuba. Se plantea eliminar las dos economías que están en paralelo para llegar a un solo régimen económico. Esto significaría el régimen de mercado en forma abierta, de libre penetración de capitales extranjeros en todas las áreas, incluso la privatización de las empresas estatales. Para que esto avance, habría que tomar dos medidas fundamentales: acabar con lo que quede de la planificación económica estatal, posibilitar la quiebra de las empresas estatales y el despido de los obreros. Esto, para los capitalistas, es muy importante. No ha habido nunca un desarrollo de una economía capitalista sin ejército de desocupados.


 


Capitalización


 


Lo que se está reclamando también es la capitalización de la deuda cubana, o sea, una privatización general de todas las empresas estatales mediante el canje de la deuda externa.


 


El imperialismo está mayoritariamente de acuerdo con este tipo de medidas y piensa que éste es el curso que debe seguir el proceso. El imperialismo norteamericano utiliza el bloqueo como un arma. El imperialismo piensa que la deuda externa se va a ir cobrando, que se va a privatizar todo lo que existe, y que Cuba va a ser reasimilada. Esto lo ha entendido el imperialismo mundial: en este momento, hay inversiones en Cuba de alemanes, franceses, ingleses, españoles, de todos los imperialismos, e incluso de norteamericanos que, imposibilitados por la política de bloqueo, usan sus filiales en el exterior y usan testaferros para llevar adelante las inversiones.


 


Cuba tiene la particularidad de contar con una colonia de exiliados muy fuerte económicamente, que reclama la devolución de las propiedades que les confiscó la Revolución. Pero esta devolución parece bastante difícil en muchos aspectos, porque una parte de estas propiedades ya está en manos de otros capitalistas. La liberalización de las inversiones extranjeras ha planteado el problema de si los "gusanos" que viven en el extranjero también pueden invertir. Fidel ha respondido por la afirmativa; que si los "gusanos" vienen con capitales y con tecnología, están en las mismas condiciones que el resto. Efectivamente se está explorando un proceso de inversión: una parte de los capitales que está entrando es de los "gusanos".


 


El año que viene, el Papa va a Cuba. Y el Papa negoció con el imperialismo norteamericano que levantara el bloqueo de giros que la colonia cubana de La Florida hacía a sus parientes en Cuba, y está reconstituyendo el partido clerical. Se plantea la devolución de los derechos políticos. La colonia de los "gusanos" está dividida: una parte es totalmente intransigente o finge, y otra parte está de acuerdo en iniciar un "diálogo nacional".


 


Tenemos dos procesos: la apertura de Cuba al capital extranjero, y junto con eso, la presión para que la apertura económica vaya de la mano de lo que se llama la apertura política, devolución de los derechos políticos, preparación de elecciones "democráticas" en Cuba, etc.


 


Diferenciación social


 


Las medidas económicas aperturistas están produciendo en Cuba una diferenciación social muy grande. En primer lugar, hay muchas familias que ahora están autorizadas a recibir dólares del exterior. Tenemos un 25% de la población que recibe giros del exterior. En general, es el sector más ligado a los exiliados. Un dólar es igual a 25 pesos cubanos, y el salario promedio de un trabajador cubano es de 350 pesos corrientes. Una parte de los precios en pesos corrientes es baja. Tiene precios bajos, subvencionados.


 


El segundo problema es que las empresas que radican sus capitales pagan los salarios en dólares, pero no a los trabajadores, sino al gobierno, que paga a los obreros en pesos corrientes. Se produce una expropiación del trabajador.


 


Teóricamente, el gobierno lo hace para mantener un igualitarismo, si no, los trabajadores que están en empresas extranjeras ganarían 20 veces más que sus compañeros que trabajan en empresas estatales. Pero es una expropiación. Para los que tienen pesos convertibles hay tiendas especiales. Se pueden comprar en Cuba productos especiales sólo con dólares o pesos convertibles. Y a eso no tiene acceso el trabajador común. Los únicos que tienen acceso son los que reciben dinero de la emigración (los giros que manda la familia), la gente de la burocracia estatal o los que tienen algún tipo de acceso a la corrupción del régimen hotelero. El gobierno cubano ha ido eliminando los subsidios sociales, para nivelar el déficit de presupuesto.


 


Crisis y revolución política


 


El régimen cubano mantiene una lucha con el gobierno norteamericano por el problema de los derechos políticos. Desde ya que no otorga ningún derecho político a los trabajadores cubanos. En Cuba no existen sindicatos libres e independientes. No existen partidos políticos, sólo está el partido político oficial, y todo el régimen político cubano está regimentado. La población nunca se pronuncia en función de una estrategia o de un programa de conjunto. No tiene posibilidad la población de organizarse políticamente. Y crece, cada vez más, el poder personal, bonapartista, de Fidel.


 


¿Qué tenemos por delante? Una liquidación total del régimen político que comenzó en el 59. Vuelve el capital, las masas no tienen ningún principio de organización. Entendemos perfectamente que en una situación económica difícil se procure llegar a acuerdos con sectores capitalistas. En la Rusia soviética, después de una guerra civil muy prolongada, Lenin hizo acuerdos con algunos capitales extranjeros para explotar ciertas áreas económicas que la URSS no tenía posibilidad de desarrollar (extracción de petróleo, etc.). Pero Lenin mantuvo el control de todas las palancas decisivas del Estado en sus manos, el control del comercio exterior, el control de la banca, de las principales industrias, y, más importante que eso, obligó a que los capitalistas reconocieran la existencia de sindicatos. Pero en Cuba no, el derecho de huelga está prohibido, los sindicatos no existen. Cuba es, en la actualidad, para los capitales extranjeros que se han radicado, un paraíso. Porque el régimen cubano garantiza una estabilidad total, una tranquilidad social como no existe en otro país. Se pretende seguir avanzando en el proceso de apertura económica con un gobierno centralizado, que vaya arbitrando los conflictos. Hay un régimen que mantiene todavía cierto consenso, pero que avanza lenta pero sistemáticamente contra las posiciones de las masas: permite el acrecentamiento del capital externo, permite el acrecentamiento de la influencia de los partidos contrarrevolucionarios (los "gusanos", el clero) y ha abierto un proceso de restauración capitalista.


 


Frente a esto, lo que interesa a una corriente revolucionaria es cómo levantar un programa de transición que permita a los trabajadores organizarse en forma independiente. Derecho a tener sindicatos y a las huelgas. Derecho al control obrero sobre las industrias nacionales y privadas. Impedir que vengan los partidos contrarrevolucionarios. Legalidad para todos los partidos que dicen defender los principios de la revolución socialista. Es un programa contra una intervención del imperialismo extranjero y de los "gusanos", que impulsa a la clase obrera a luchar contra el restauracionismo capitalista y en defensa de las conquistas de la revolución.


 


 


 


Notas:


1. Julio Carranza Valdés, Cuba: los restos de la economía.


 

La huelga de los mineros rusos de febrero de 1996


La huelga de los mineros rusos del carbón que comenzó el 1º de febrero de 1996 fue extensa y dramáticamente presentada por los medios occidentales como una potencial y decisiva intervención a favor de todas las víctimas de "la terapia de mercado", que podría haber concluido poniendo el último clavo en el ataúd de la reforma. En realidad, la huelga fue levantada a las 3 de la madrugada; el fin de la huelga apenas fue informado en Rusia, solamente un periodista aburrido por no tener noticias había informado antes de irse a dormir que la huelga continuaba. Técnicamente, la huelga fue suspendida hasta el 1º de marzo, pero la continuación de la huelga fue apenas discutida en la reunión del presidium de los sindicatos del 28 de febrero. ¿Cómo pudo una huelga comenzar como un estallido y finalizar tan pronto casi con un gemido?


 


Los mineros en el movimiento obrero


 


Desde la huelga minera que abrazó a toda la Unión Soviética en julio de 1989, los mineros del carbón han sido considerados, incluso por ellos mismos, como la vanguardia del movimiento obrero. Las huelgas de los mineros de 1989 y 1991 jugaron un papel decisivo, acelerando la desintegración del sistema soviético y de la misma Unión Soviética. Desde 1992, apoyados en sucesivas huelgas y amenazas de huelgas, los mineros obtuvieron concesiones del gobierno, que les posibilitó reducir el impacto de la catastrófica disminución de la producción sobre el empleo y su standard de vida. Aunque el gobierno, consecuentemente, trató de aislar sin cesar a los mineros, siguiendo el ejemplo de Margaret Thatcher, primero accediendo a sus peticiones, mientras aplastaba a otros trabajadores acusándolos de egoístas y sectarios, las sucesivas huelgas de los mineros obtuvieron el apoyo de las masas, tanto en la sociedad en general como en los medios políticos. De esta manera, los mineros han sido capaces de presentarse como la vanguardia de la clase trabajadora, luchando no solamente por sus intereses sectoriales sino también por los intereses de conjunto. El hecho de que el Banco Mundial haya dirigido su atención a esta industria en los últimos tres años, proponiendo un acabado programa de cierre de minas, modelado en relación a lo llevado adelante en Gran Bretaña), eleva el significado de la lucha de los mineros a una amplia escala.


 


Al mismo tiempo, la organización de los gremios es, en muchos aspectos, muy débil. En primer lugar, los mineros están divididos en dos sindicatos. Uno es la Unión Independiente de los mineros (NPG), que emergió de los comités de trabajadores surgidos de la huelga de 1989. Aunque es mucho menor que el "Rosugleprof", el NPG se formó por fuera del antiguo sindicato estatal el citado antes y aunque sus miembros estén irregularmente distribuidos, tiene una fuerza desproporcionada respecto a su número, porque organiza a los obreros que trabajan en el subsuelo. El liderazgo del NPG estuvo siempre firmemente asociado a Yeltsin; el presidente del sindicato, Alexsander Sergev, es miembro del consejo consultivo de Yeltsin, y recibió un sustancial apoyo de la AFL-CIO (1), de la que comenzó a depender estrechamente (2). Por consiguiente, la NPG ha tendido a apoyar la economía de mercado, a defender al gobierno, y a culpar por los problemas de la industria carbonífera a la dirección de ésta, en todos los niveles. La mayoría de los líderes de Rosugleprof, como los de la NPG, surgieron del movimiento huelguístico de 1989, pero la Rosugleprof se identifica mucho más con la gerencia de la industria y dirige el grueso de los reclamos por las condiciones laborales sobre el gobierno. Aunque en las minas y en los niveles regionales (a excepción de Kuzbass), los dos sindicatos cooperan frecuentemente en estos días, y los miembros de la NPG participan en las acciones de la Rosugleprof (3), la división política entre sus dirigentes representa una seria barrera para la colaboración en la representación sindical de los intereses comunes de sus miembros (4).


 


Segundo, ninguno de los sindicatos tiene una organización sindical verdaderamente efectiva. Por un lado, ambos sindicatos dependen excesivamente de la gerencia en todos los niveles: la principal función del sindicato a nivel de la empresa sigue siendo la de administrador del aparato de la obra social y asistencial. Los líderes sindicales, por lo general, se consideran ellos mismos como parte del aparato gerencial (5). Donde la NPG ha establecido grupos primarios, generalmente están también asimilados al cuerpo directivo; las oficinas de la NPG fueron provistas por la Rosugol, el cuerpo directivo de la industria carbonífera. Como una reacción contra el "centralismo democrático" de la era soviética, ambos sindicatos han descentralizado sus estatutos, de manera tal que la mayor parte de las cuotas sindicales permanece en el nivel local, donde se utilizan principalmente para pagar beneficios sociales. Hay una limitada comunicación entre el centro y la base, y las decisiones de los cuerpos superiores no son obligatorias para las inferiores. En estas circunstancias, se ha probado muy difícil conducir huelgas organizadas y disciplinadas como un instrumento sindical.


 


La huelga de 1989 fue simplemente una explosión espontánea, con los dirigentes del sindicato oficial sentándose en las negociaciones del lado opuesto a los huelguistas, como miembros de la delegación común gobierno-partido-sindicato.


 


La huelga de 1991 comenzó como una huelga de un día y se desarrolló espontánea y ampliamente más allá del control de los comités de los trabajadores y de la recién fundada NPG. Entre 1991 y 1994, la mayoría de las huelgas, o llamados de huelga, eran huelgas de los directores , huelgas que fueron estimuladas, o al menos tenían el apoyo tácito de éstos, en su lucha por obtener recursos de Moscú. La huelga de febrero de 1996 fue la primera huelga nacional de los mineros convocada por el sindicato frente a la expresa oposición de la gerencia de la industria.


 


Tercero, el triunfo de los mineros, a pesar de la debilidad de su organización, debió en gran parte su éxito al apoyo que recibieron de otros trabajadores. Sin embargo, aunque los mineros gozan de un amplio apoyo a sus peticiones, han mostrado escasa solidaridad hacia otros grupos de trabajadores. Durante la huelga de los mineros de 1989, en todas las regiones carboníferas, trabajadores de otras industrias, del transporte y la construcción, de servicios municipales, de la salud y la educación, ofrecieron a los mineros su apoyo y les propusieron parar en solidaridad. Sin embargo, los mineros rechazaron todas estas ofertas argumentando que ellos podían resolver todos los problemas (no solamente los de ellos, sino también los de toda la población) mediante sus esfuerzos, y que era mejor que los demás trabajadores continuaran trabajando para garantizar las necesidades de la población (6). En 1989 se dio el caso de que la huelga fue decidida en base a un pliego de reclamos redactado no sólamente por los mineros, sino también por las autoridades locales a favor de toda la población, pero la exclusión de otros grupos de trabajadores del movimiento privó a los últimos de la experiencia de lucha a través de la cual podrían surgir dirigentes, desarrollar sus propios conocimientos, organizacionales y de negociación, y construir sus propias organizaciones.


 


Mientras tanto, los empleadores y las autoridades políticas aprendieron rápidamente y se fueron preparando para sofocar los siguientes intentos para poner en pie organizaciones independientes de trabajadores, ni bien aparecían. Por ejemplo, muchas de las huelgas de maestros y trabajadores de la salud, que sacudieron a Rusia en la primavera de 1992, tuvieron un origen espontáneo pero fueron rápidamente controladas por el cuerpo directivo y los burócratas del viejo sindicato, que las usaban para sus propósitos de obtener recursos del gobierno, de manera que el impulso para desarrollar una organización independiente de los trabajadores fue neutralizada.


 


No podemos culpar sólamente a los mineros por el desigual desarrollo del movimiento de los trabajadores, pero su vanguardismo jugó ciertamente su papel, reproduciendo y reforzando la pasividad de otros grupos de trabajadores. Por otra parte, a pesar de la dependencia de los mineros del sostenimiento de otros trabajadores para su triunfo, no conocemos un solo caso en el que los mineros hayan actuado en solidaridad a otros grupos de trabajadores, más allá de enviar ocasionales mensajes de apoyo. En las regiones carboníferas, los maestros y trabajadores de la salud estaban muy afectados en 1991 por tener que pagar precios inflacionados por los altos salarios de los mineros, y se encontraban empeñados en una acción sindical para obtener incrementos salariales y compensar la inflación. Pero lejos de apoyar a los obreros del sector estatal, en 1991 y 1992, la NPG y los comités de trabajadores se oponían activamente a sus reclamos (fundamentalmente en el terreno político). En las huelgas regionales de setiembre de 1995 en Kuzbass, había al menos muestras de solidaridad entre mineros y maestros, pero en enero de 1996 no había coordinación, ni siquiera comunicación entre maestros y mineros, que estaban simultáneamente en huelga por los mismos reclamos de pago dirigidos al gobierno (tampoco hubo ninguna comunicación o coordinación entre los mineros de la ucraniana Donbass, que estaban en huelga exactamente al mismo tiempo, aunque una declaración de solidaridad fue recibida de los mineros de Kazakhstan).


 


El vanguardismo de los mineros es una ilusión, no solamente en el sentido que da una engañosa impresión de su fuerza y de su grado de organización, sino también porque da una falsa impresión de su independencia respecto a otros grupos de trabajadores. Ha sido sólamente cuando sus demandas lograron un amplio apoyo social y político, que los mineros tuvieron éxito. Aunque rechazaron las consignas políticas y la colaboración de algunas incipientes agrupaciones políticas y democráticas en 1989, el movimiento de los mineros obtuvo un amplio apoyo como un movimiento naciente obviamente democrático. En el curso de 1991, el movimiento de los mineros se politizó cada vez más, tal es así que forjó vínculos con el ampliamente respaldado movimiento por la reforma democrática, y, aunque fueron Yeltsin y los demócratas los que más se beneficiaron, los mineros fueron retribuidos en mayo de 1991 con generosos incrementos salariales, que muy pronto fueron erosionados por la inflación.


 


Desde 1991 a 1993, los mineros rápidamente se desilusionaron de los políticos y se volcaron cada vez más hacia formas sindicales de lucha, con la Rosugleprof desplazando gradualmente a la NPG como la representación dominante de los trabajadores. Sin embargo, el éxito de los mineros en este período no dependió de la fuerza de su sindicato, sino del apoyo que recibieron, por un lado, de sus empleadores, los que tenían igual interés en arrancar subsidios de Moscú y, por otro lado, las coyunturas políticas en las que los mineros presionaron por sus demandas. Así, la huelga del 6 de febrero de 1993 coincidió con la confrontación entre Yeltsin y el Soviet Supremo, y fue de acuerdo a los intereses del Ejecutivo que se pagó a los mineros para asegurar que no jugaran un papel político activo en un momento tan delicado. En forma similar, sólo fue necesaria una pequeña huelga local para obtener sustanciales concesiones de Gaidar, en la víspera de la elección de diciembre de 1993. Una relativa estabilidad política a lo largo de 1994 significó que los mineros no podían llevar a cabo acciones efectivas y estuvieron mayormente confinados a un papel de apoyo al cuerpo directivo de la industria. Sin embargo, la huelga de febrero de 1995 correspondió a una más amplia polarización política, en este caso vinculada al comienzo de la guerra de Chechenia, y atrajo mucho más apoyo político, asegurando a los mineros un masivo incremento en los subsidios estatales a la industria, que antes habían sido recortados según recomendaciones del Banco Mundial. Pero la huelga de Kuzbass del 12 de octubre de 1995, que se esperaba que llevaría a todos los rusos a la acción, casi no provocó ninguna reacción, porque coincidió con la puja por posiciones en el período pre-electoral, en el cual los mineros no tenían ningún papel para jugar.


 


La huelga minera de febrero de 1996


 


La huelga minera de febrero de 1996 se desató en un momento especialmente delicado, en una situación en la cual el Partido Comunista estaba en un giro que siguió a su triunfo electoral (con el 51 por ciento de los votos en la región carbonífera de Kuzbass). Anatoli Chubais, el último reformista en el gobierno, acababa de ser echado, y Yeltsin iba a anunciar su candidatura para la elección presidencial de junio. Todo el mundo estaba desesperado por aparentar su compromiso en el pueblo, y los mineros, una vez más con su huelga, se presentaron ellos mismos como representantes del pueblo. El trasfondo de esta huelga, como todas las de los últimos tres años, se encontraba en las demandas económicas de los mineros centradas en el pago de los subsidios estatales adeudados a esta industria.


 


La industria carbonífera rusa es dependiente de los subsidios gubernamentales en un grado sólo comparable con la agricultura y el sector militar, por lo que el gobierno desvió subsidios correspondientes a la generación eléctrica y el transporte ferroviario hacia el carbón. Como parte de su programa de estabilización, para cumplir los reclamos del FMI y el Banco Mundial, el gobierno intentó reducir la magnitud de los subsidios año tras año, lo cual implica el cierre de minas y recortes salariales, manteniendo a la industria bajo presión, a través de diferimientos y pagos en cuotas de los subsidios tanto tiempo como lo soportara. Por otra parte, la industria carbonífera sufrió también el no pago por parte de sus clientes, sobre todo de las plantas municipales de calefacción y generadoras de electricidad, porque los propietarios de estas últimas no cumplieran con la cancelación de sus cuentas. La baja en los subsidios, los retrasos en su pagos y el crecimiento de las deudas comerciales están asociados a la declinación de los salarios reales y al nivel de vida de los mineros, al deterioro de las condiciones laborales y a los grandes atrasos en los pagos de sus salarios; retrasos de tres y cuatro meses eran normales, sin indexación frente a la inflación cuando eventualmente eran pagados.


 


Las huelgas mineras se convirtieron en un aspecto del proceso regular de regateo entre los sindicatos mineros, la industria carbonífera y el gobierno sobre la magnitud, el pago y la distribución de los subsidios. En los últimos dos años, las huelgas espontáneas por el pago de salarios atrasados fueron la norma en la industria, tanto en las minas como a nivel de secciones. Por un período, esas huelgas espontáneas fueron exitosas en asegurar el pago de los salarios de las secciones o minas que paraban, pero esto tendió a implicar el desvío de los pagos de un grupo a otro de trabajadores. En este cuadro, el Rosugleprof se oponía a esas huelgas, mientras la NPG las apoyaba para construir su autoridad, afirmando que la causa del no pago de los salarios era la incompetencia gerencial y la corrupción, y no la resultante del no pago de los subsidios por parte del gobierno. A la inversa, el Rosugleprof focalizaba la responsabilidad en la política y la conducta gubernamentales y se concentraba en llamar a huelgas regionales y nacionales, que las instancias nacionales de la NPG se negaban a apoyar.


 


La decisión de cercar con piquetes el parlamento del 24 al 26 de enero de 1996 y parar desde el 1º de febrero en el caso de que el gobierno no cumpliera sus obligaciones, fue tomada por la dirección del Rosugleprof en su reunión del 11 de enero. Las negociaciones con el gobierno fueron complicadas por la renuncia del viceprimer ministro Anatolii Chubais, con quien se había firmado un acuerdo el 16 de enero. Recién el 23 de enero la dirección sindical se encontró con el primer ministro Chernomyrdin, en una reunión a la que asistió acompañado por el líder de la NPG, Aleksandr Sergeev, aunque la NPG no era parte de la disputa. El gobierno prometió preparar en el término de dos semanas una resolución preliminar concerniente a la distribución de un adicional de 3 billones de rublos para 1996, y la prórroga de un arreglo especial para la industria carbonífera conforme al cual, el 50 por ciento del dinero recibido de su actividad podría ser usado para sus propias necesidades empresarias, fundamentalmente para el pago de salarios, mientras que en otras industrias el 80 por ciento de sus recursos son derivados al pago de deudas impositivas. Sin embargo, los mineros no estaban dispuestos a esperar dos semanas. La reacción común fue que "el gobierno se estaba comportando como si fuera la primera vez que escuchaba sobre los problemas de la industria carbonífera. ¿Qué significa considerarlos dentro de dos semanas? ¿Qué han estado haciendo estos últimos cuatro años?; Tenemos que ir a la huelga!".


 


Desde el 24 al 26 de enero, alrededor de 900 mineros participaron de los piquetes frente a los edificios gubernamentales. Uno de los reclamos mineros era que Yeltsin se reuniera con ellos, ya que el gobierno se había mostrado renuente o incapaz de comprender los problemas de la industria. El 25 de enero, el presidente del Rosugleprof, Vitalii Budko, fue invitado a reunirse al día siguiente con uno de los principales asistentes de Yeltsin, Aleksandr Livshits. En ese encuentro, Livshits confirmó que 600 mil millones de rublos serían transferidos a las minas a fin de mes y que el presidente estaba dispuesto a garantizar a la industria el subsidio de 10 billones de rublos para 1996, igual en términos nominales al de 1995. Budko informó sobre los resultados de su encuentro a los piquetes mineros. El principal punto era que todas las promesas habían sido formuladas de palabra, pero faltaban en el papel. Esto era necesario para levantar los piquetes, retornar a sus regiones y para que todos abandonaran la huelga. Esta propuesta de mantener la huelga recibió aprobación. Después, los mineros apilaron sus carteles frente al parlamento y les prendiendon fuego, y dejaron sus cascos en forma de cerco.


 


En la mañana del 31 de enero, Yurii Malishev, director general de Rosugol (el cuerpo que administra la industria del carbón), consultó con los directores y presidentes de los sindicatos de empresas a través de una comunicación. La mayoría de los presidentes de los sindicatos confirmó que llevarían a la práctica la decisión del presidium de sus sindicatos, que había sido respaldada por una reunión de representantes de los mineros que participaban en los piquetes frente al parlamento. Yurii Malishev recurrió a esos dirigentes para tratar de dar vuelta la decisión, o al menos para posponer la huelga hasta el 10 de febrero, dándole tiempo a Rosugol para alcanzar una resolución constructiva al problema.


 


De acuerdo a las cifras de los sindicatos, alrededor del 87 por ciento de los empleados de la industria se unieron a la huelga nacional del 1º de febrero. Aunque hay probablemente una sobreestimación, la huelga fue, sin embargo, la más grande en la historia del sindicato. En respuesta, la Duma del Estado emplazó a los dirigentes del gobierno a dar cuenta del estado de los asuntos de la industria del carbón.


 


A pesar de la masiva respuesta, la huelga de febrero reveló la misma debilidad y falta de adecuación en la organización de los sindicatos que se había revelado en las huelgas anteriores. Así, tan pronto como las empresas comenzaron a pagar los salarios atrasados, sus colectivos de trabajo espontáneamente abandonaron la huelga y retornaron al trabajo. Este comportamiento, simplemente, ponía en peligro a los restantes mineros y a sus organizaciones; los dirigentes sindicales tenían que negociar con el gobierno frente a una huelga que se desmoronaba y que no estaba bajo su control.


 


El presidium del sindicato se reunió en la tarde del 2 de febrero para decidir qué hacer. El estado de ánimo entre los representantes regionales era continuar la huelga, aun cuando sus propios mineros estaban volviendo ya al trabajo. La dirección nacional del sindicato, mientras tanto, era favorable a terminar la huelga antes que colapsara. Como le dijo Budko a uno de los dirigentes regionales "¡Cómo puede usted votar por continuar la huelga nacional cuando usted no puede mantener en ella a los trabajadores de su empresa!". La discusión duró hasta la noche; el presidium votó a las tres de la mañana, por una mayoría de sólo un voto, por suspender la huelga. La decisión fue impopular, particularmente en ciertas regiones mineras, como Rostov, que se mantenían sólidas.


 


La debilidad de la huelga tiene numerosas fuentes. Primero, la ausencia de cualquier disciplina sindical; las minas volvían al trabajo sin esperar las decisiones de los cuerpos ejecutivos o las reuniones de los representantes de la mina. Esta falta de disciplina estaba estimulada por el hecho que los estatutos de los sindicatos, adoptados en reacción contra el centralismo de la era soviética, dejaban a cada colectivo con libertad para tomar sus propias decisiones, en todas las cuestiones. De manera que las decisiones de los cuerpos ejecutivos del sindicato no eran obligatorias para las organizaciones primarias, e incluso el sindicato no sancionaba a los rompehuelgas.


 


Segundo, muchas de las más rentables minas a profundidad o a cielo abierto no tenían interés en el resultado de la disputa, desde el momento que no dependían de los subsidios gubernamentales. De otro lado, los reclamos sindicales no tenían en cuenta el principal problema enfrentado por esas minas, que era la falta de pago de sus clientes comerciales. A pesar de las apariencias, el gobierno tenía responsabilidad por esta última situación, ya que el problema surge, en primer lugar, porque las empresas mineras no pueden sancionar a los clientes que no pagan. A la industria del carbón el gobierno le prohibió cortar el suministro del mineral a las plantas de energía. Muchas de estas minas no sólo no se unieron a la huelga, sino que incluso aumentaron su producción en un intento de expandir sus mercados. Entonces, tan pronto como comenzó la huelga, la asociación carbonífera a cielo abierto de Siberia occidental, Kuzbassrazrezugol, comenzó a abastecer de carbón a los complejos metalúrgicos de Novolipetsk y Cherepovets, tradicionales clientes de los yacimientos carboníferos de Vorkuta, cuyos trabajadores decidieron entonces volver al trabajo. Esta actitud no sólo debilitó la solidaridad sindical, sino que también repercutió negativamente en el impacto de la huelga en su conjunto (7).


 


Tercero, las líneas de demarcación entre empleado y empleador todavía no están claramente delineadas, particularmente en la industria del carbón. Esta, aunque formalmente privatizada, permanece bajo el control del Estado. Así, en todas las reuniones entre representantes del sindicato y directores de minas, directores generales de la asociación carbonífera y representantes de Rosugol, estos últimos constantemente enfatizaban sus intereses comunes con los trabajadores, en el sentido que todos estaban en el mismo barco, que sólo eran un único equipo negociando con el gobierno en beneficio de la industria en su conjunto, y que todos seguían siendo miembros del sindicato como en la época soviética. Sin embargo, cuando las fichas caían y los trabajadores necesitaban real apoyo para obtener concesiones del gobierno, los gerentes de varios niveles aparecían del otro lado de las barricadas. Entonces, mientras los directores estaban muy felices de contar con el apoyo del sindicato en sus negociaciones con el gobierno, las cosas cambiaban una vez que se llegaba a la huelga y los directores quedaban bajo la presión del gobierno, usando los fraudes en los libros comerciales de la industria para presionar a los representantes de los sindicatos en todos los niveles y levantar la huelga, poniéndolos bajo fuerte presión personal, diseminando falsas informaciones acerca de los objetivos de la huelga, deflacionando las cifras de huelguistas para fomentar un espíritu derrotista entre los trabajadores y pagando los salarios con el objeto de debilitar la huelga. De este modo, Victor Nekrasov, el director general de una de las más poderosas asociaciones carboníferas, Kuznetskugol, tomó prestado dinero a altas tasas de interés para pagar los salarios y para impulsar el retorno al trabajo en varias minas. Esto provocó una reacción en cadena en la región, debilitando la huelga y al sindicato, del cual Nekrasov es un afiliado, (el que, sin embargo, no tiene aún poder para sancionar a un miembro que comete un acto semejante. De la misma manera, como hemos visto, Kuzbassrazrezugol vendió carbón a los clientes tradicionales de Vorkutaugol. Malyshev, director general de Rosugol, antes y durante la huelga, fijó toda su atención sobre el sindicato en lugar de presionar al gobierno para que cumpliera las demandas de los trabajadores, argumentando que la acción del sindicato era irresponsable y provocaría una crisis en la industria de la que sería difícil recobrarse.


 


El colapso de la huelga produjo muchas recriminaciones, pero para muchos dirigentes del sindicato la principal lección de la huelga fue que el sindicato tiene todavía un largo camino por recorrer, antes de poder considerarse una fuerza efectiva, capaz de representar a sus miembros. Difícilmente los mineros puedan reclamar ser vanguardia de la clase trabajadora cuando no pueden sostener siquiera su propia huelga por más de 24 horas. La realidad es que si el sindicato de los mineros va a contribuir a construir el movimiento de los trabajadores en Rusia, primero tiene que poner su casa en orden. Rosugleprof tendrá su segundo congreso en Moscú del 22 al 24 de abril de 1996, en el cual muchas de las cuestiones planteadas más arriba serán discutidas. Dos problemas en particular, casi con seguridad, serán planteados: primero, la exclusión del sindicato de todos los que cumplen funciones de empleador, comenzando por los directores de las minas, miembros de asociaciones empresarias y la misma Rosugol. Segundo, la restauración del centralismo democrático en el sindicato, como base sobre la cual se debe construir una organización disciplinada que efectivamente sea capaz de cumplir con sus funciones sindicales.


 


Marzo de 1996


 


 


 


Notas:


1. AFL-CIO: Central Obrera de los Estados Unidos, cuya dirección es afín al Partido Demócrata.


2. El retiro del apoyo de la AFL-CIO a comienzos de 1996, seguido del posterior cambio de política por la remoción de su antiguo jefe, Lane Kirkland, determinó probablemente un golpe fatal a la dirección nacional de la NPG.


3. La NPG vio bastante debilitada su propia iniciativa para alguna acción nacional desde 1994. La huelga de febrero de 1996 fue apoyada por la mayoría de las regionales de la NPG, pero no por la de Kuzbass. Los representantes de la NPG articularon los piquetes frente al parlamento, pero la Rosugleprof no les permitía llevar sus carteles, debido a que sus sindicatos no habían contribuido a la organización de la acción.


4. Para un amplio informe sobre el desarrollo de la NPG, ver Simon Clarke, Peter Fairbrother y Vadim Borisov (1995), The Workers Movement in Russia, Edward Elgar, Cheltenham: capítulos 1 y 2.


5. Sobre el desarrollo de los sindicatos oficiales ver Simon Clarke, Peter Fairbrother, Michael Burawoy y Pavel Krotov (1993) What about the Workers? Workers and the Transition to Capitalism in Russia, Verso, London; Simon Clarke y Peter Fairbrother (1994) "The Emergence of Industrial Relations in the Workplace", en Richard Hyman y Anthony Ferner (editores) New Frontiers in European Industrial Relations, Blackwell, Oxford; Simon Clarke, Vadim Borisov y Peter Fairbrother (1994), "Trade Unions, Industrial Relations and Politicas in Russia", en Martin Myint y Paul Lewis (editores), Parties, Trade Unions and Society in East Central Europe, Frank Cass, London; Simon Clarke, Vadim Borisov y Peter Fairbrother (1994) "Does Trade Unionism have a Future in Russia?", en Industrial Relations Journal 25/1, Glasgow: 15-25; Vladimir Ilyn (1996), "Russian trade unions and the management apparatus in the transition period", y Vladimir Ilyin (1996), "Social contradictions and conflict in Russian state entreprises in the transition period", ambos en Simon Clarke (editores), Conflict and Change in the Russian Industrial Entreprise, Edward Elgar, Cheltenham.


6. Lo mismo sucedió en Donbass, donde en 1989 los mineros no permitían la entrada de trabajadores extraños en las cuadras de la ciudad donde tenían lugar las permanentes reuniones por la huelga. En la huelga de 1993 en Donbass, la situación fue muy diferente; allí los activistas mineros promovieron la generalización de la huelga (Simon Clarke y Vadim Borisov, 1994, "Reform and Revolution in the Comunist National park", en Capital & Class 53, Nº de Verano: 9-13; Vadim Borisov (1996) "The Strike as a form of labour activity in the period of economic reform", en Simon Clarke, editor, Labour Relations in Transition, Edward Elgar, Cheltenham).


7. Tanto la NPG como Rosugleprof rechazaron apoyar la huelga espontanea en la mina Yuzhnaya en Vorkuta, que duró desde el 14 al 20 de noviembre de 1995. Ambas organizaciones llamaron a los trabajadores a retomar el trabajo a la espera de una gran huelga que iba a tener lugar el 1º de diciembre en Vorkuta, convocada por Rosugleprof el 14 de noviembre y apoyada por la NPG el día siguiente. En un acto el 15 de noviembre los trabajadores rechazaron con gritos los pedidos de ambos sindicatos y de los Comités de trabajadores de la ciudad. El director de la mina paró entonces la producción de la mina cerrándola por reparación, y usó una pequeña cantidad de dinero que llegó para pagar a los huelguistas, como había sucedido otras veces en el pasado, no para ese fin sino para pagar a los trabajadores que repararon la mina (V.Ilyin: Vorkuta, sept-nov. 1995. Quarterly Report of the Information-Analitical Centre for the Coal-Mining Industry, ISITO, Moscow. El Information Analytical Centre es apoyado por un convenio con la Westminster Foundation).

Concepciones equivocadas sobre la llamada “acumulación originaria del capital”


Introducción:


 


¿Por qué los neoliberales no participan en esta discusión?


 


En la Facultad de Economía se está formando una corriente muy adversa al estudio de la Economía Política marxista, normalmente basada en prejuicios y no precisamente en un conocimiento profundo sobre el tema. Se sostiene que la "modernización" de la carrera de Economía pasa por la eliminación de esa materia en el plan de estudios. Son los neoliberales abiertos o encubiertos quienes lideran esta corriente y han logrado adeptos incluso en el campo de los profesores de Economía Política marxista, que en algunos casos se sienten derrotados…


 


En su expresión más extrema, algunos han llegado a comparar el aprendizaje de la Economía Política marxista con el latín: interesante conocerla como parte de la cultura de un individuo, pero absolutamente inútil en el mundo actual… afirmación temeraria que demuestra que, efectivamente, "la ignorancia es atrevida" y, en esta breve introducción, pretendemos demostrarlo (1).


 


Quisiéramos saber en qué se basa esta corriente para llegar a semejantes conclusiones. Nos preguntamos: ¿Habrán leído alguna vez algún texto de economía política marxista, aun cuando no fuese más que como parte de la historia del pensamiento económico? La verdad que la gran mayoría de los economistas de las diferentes escuelas de la economía burguesa, aquellos que algún día se dieron tiempo de leer algo de marxismo llegaron en el pasado y también actualmente a conclusiones totalmente diferentes y contrarias al pensamiento que manifiestan los partidarios de la mencionada corriente.


 


¿Conocerán estos señores, por ejemplo, la teoría del valor o de la plusvalía, la del salario o de la acumulación del capital y de la crisis económica, o en fin, la teoría de los precios de producción y los precios de mercado que plantea la economía política marxista?… muchos nos tememos que no, porque aquellos como el marginalista Eugen Böhm-Bawerk, por ejemplo, que estudiaron a Marx con un mínimo de seriedad, no osaron igualar sus teorías con el "latín" (2); contrariamente, las tomaron muy en serio, aunque no estuviesen necesariamente de acuerdo con ellas. Böhm-Bawerk consideraba tan importante la obra de Marx que dedicó su obra fundamental, la "Teoría positiva del capital" (3) a la lucha contra los conceptos de "El Capital".


 


Desde otra perspectiva y tomando al azar, podemos referirnos, por ejemplo, a Joseph A. Shumpeter, un estudioso de la historia del pensamiento económico, que no sólo reconoció la enorme importancia e influencia de Marx en su libro "Diez grandes economistas: de Marx a Keynes" (4), sino que reconoció que muchas de las ideas básicas de su propia obra (5) "son exactamente las mismas que subyacen en la doctrina económica de Karl Marx". En el prefacio a una de sus obras se puntualiza que lo más importante de la teoría de Marx es su "concepción de la evolución económica", para indicar que "probablemente baste esto para explicar el hecho de que todas las generaciones de economistas, una tras otra, vuelvan su mirada a la obra de Marx, aún cuando sean muchas las cosas condenables que encuentren en ellas" (6)


 


Podríamos seguir tomando indefinidamente citas de economistas de las más diversas orientaciones burguesas y que se refieren en términos similares a la obra de Marx, pero para muestra baste un botón. Es suficiente conocer superficialmente la historia de las doctrinas económicas para afirmar tal cosa.


 


Sin embargo, probablemente a esta altura, el lector neoliberal esté pensando que son autores del pasado lejano y que ahora, en los tiempos modernos, nadie se atrevería a afirmar semejantes cosas. Tenemos, entonces, a alguien que sin duda para ellos, y también para el profesor Mercado, es una autoridad y le escucharán con mucha atención y circunspección, uno de los maestros de la economía burguesa e imperialista de nuestros días, el profesor de la universidad norteamericana, Paul A. Samuelson, quien se ha tomado la molestia de estudiar la obra de Marx durante más de una década:


 


"El marxismo es quizás demasiado valedero para dejárselo a los marxistas. Proporciona un prisma crítico a través del cual los economistas de la corriente dominante pueden, en su propio beneficio, examinar sus análisis" (7).


 


Espero que lo mencionado sea suficiente para que nuestros detractores nos digan por qué hay incluso en el campo de los economistas imperialistas tantos estudiosos de "latín", que pierden lamentablemente su tiempo estudiando algo que no sirve absolutamente para nada y peor aún, dándole tanta importancia (8).


 


Ahora, pasando de la defensa al ataque, traigamos a colación un problema que nos permitirá descubrir las razones por las que algunos neoliberales atacan con golpes tan "bajos" a la Economía Política marxista, así iremos al fondo mismo del problema. Preguntamos: ¿Por qué los neoclásicos y neoliberales no participan en la discusión que se viene produciendo hace varios años en la carrera de Economía de la UMSA acerca de la Acumulación Originaria de capital en Bolivia?


 


Ya que ellos mismos no se pronuncian, nosotros lo haremos por ellos. Hay por lo menos dos posibles respuestas:


 


1. Consideran que siempre existió el capitalismo, desde la Colonia, en la época del incario, desde el Tahuantinsuyo y antes… que el capitalismo en Bolivia es eterno, sin comienzo ni fin. De ahí que no tenga ninguna importancia científica el análisis de la génesis del capitalismo atrasado boliviano.


 


2. Consideran que si bien tuvo un comienzo no tiene importancia en la medida en que es un problema "histórico", en el sentido peyorativo del término, tal como sólo un neoclásico-neoliberal podría concebirlo. En palabras del sabio Mercado sería "latín": interesante pero innecesario.


 


Suponemos que las dos respuestas se combinan en el cerebro de los neoliberales. Preguntamos: ¿Cómo se explicaría, entonces, la pequeñez del mercado en la economía boliviana? ¿Cómo se entenderían las deformaciones que presenta ese diminuto mercado boliviano con referencia al modelo de la competencia perfecta? ¿Cómo explicaríamos la desigualdad, en el plano tecnológico, en el desarrollo de los diferentes sectores de la economía boliviana? ¿Por qué la producción global es tan pequeña y tan deformada? ¿Por qué la economía boliviana no tiene una industria pesada?


 


En fin, surgen infinidad de preguntas que no pueden ser respondidas si no se estudia el proceso de surgimiento del capitalismo boliviano que, sin duda, presenta rasgos sumamente particulares.


 


Los neoclásicos y por ende sus engendros neoliberales de la hora actual utilizan un método que no les permite abarcar problemas tan profundos y trascendentales de la economía boliviana. Lucio Colletti ya apuntó que cuando se trataba de analizar las teorías de la crisis estructural del capitalismo y la posibilidad o no de su propia desaparición o negación, autores como Jevons, Marshall, Menger y Böhm-Bawerk, Pareto, etcétera, "jamás trataron y peor aún, jamás dijeron nada del problema", esto porque para ellos el capitalismo es algo que está "fuera del tiempo, es eterno" (9). Sólo faltaría completar ese pensamiento indicando que, por el mismo motivo, tampoco les interesa seguir los rastros hasta encontrar las raíces y el proceso de gestación de los problemas actuales. Su método es estrictamente empírico y ahistórico, no pueden penetrar en la profundidad de los problemas y tampoco pueden rastrear y encontrar la génesis de los mismos. De ahí arranca su profunda esterilidad no sólo para explicar los fenómenos económicos, sino también para resolverlos.


 


En síntesis, podemos decir que el método empírico de neoclásicos y neoliberales los conduce a colocarse unas poderosas "cocheras" en los ojos, que les impiden ver en la gran perspectiva hacia atrás y también hacia adelante, así como les impide ver en la profundidad, más allá de las apariencias. Por eso que se tornan conservadores, inmediatistas, superficiales; son los mejores administradores de los intereses de la burguesía, de los que controlan la economía y los resortes fundamentales de la sociedad.


 


Lo dramático es cuando estos señores, así de limitados en su capacidad de interpretación científica de la realidad, se convierten no sólo en jueces supremos, que pontifican sobre lo que es bueno y malo, sino que pretenden ser los poseedores absolutos de la verdad.


 


En esas condiciones, rápidamente pueden convertirse en pisoteadores de la libertad de pensamiento, sobre todo con aquellos que discrepan con sus planteamientos. En el fondo, puede descubrirse con facilidad la desesperación y odio que siente la burguesía contra aquella teoría que muestra su inevitable caída histórica. He ahí las raíces más profundas de los que quieren suprimir la Economía Política en la carrera de economía. En el momento actual resulta insoportable y peligroso para la mantención del orden de cosas existente.


 


Con esas líneas de obligada introducción, procedemos a abordar el tema de si hubo o no Acumulación Originaria de capital en Bolivia. Constituye una de las claves no la única para entender los problemas más importantes de la economía boliviana, sus leyes de funcionamiento y, por lo tanto, para abordar los problemas más importantes de la actualidad, aunque eso no les guste a los que creen que es "latín".


 


1. La acumulación originaria significa nacimiento del capitalismo


 


Hay muchos autores, inclusive aquellos que se reclaman marxistas, Ernest Mandel, por ejemplo, que sostienen que la acumulación originaria se viene produciendo a cada momento en las economías semicoloniales, donde todavía subsisten los modos de producción pre-capitalistas. Basta que se produzca la proletarización (transformación de pequeños propietarios, siervos de la gleba o esclavos, en trabajadores libres desposeídos de los medios de producción) en algunos sectores de la economía,que se bautiza a ese proceso como "acumulación originaria" (10).


 


En 1991 se presentó en la carrera de trabajo social de la UMSA, una investigación realizada en Coripata, en la que se sostenía que el enriquecimiento y la transformación de algunos cocaleros en burgueses (propietarios de empresas), significa ya la existencia de una acumulación originaria a partir de 1952. El autor de este ensayo participó en el debate anticipando el punto de vista que aquí se desarrolla. Véase: "La Acumulación originaria del capital en Bolivia, desde diferentes perspectivas" (debate académico alrededor de la Práctica de Trabajo Social en Coripata – Año 1990) UMSA – Facultad de Ciencias Sociales – Carrera de Trabajo Social, La Paz, junio de 1991.


 


Dos graves errores se pueden percibir en esa interpretación: 1) Se confunde el nacimiento de la célula, el proceso parcial, con el de todo el organismo. 2) No se comprende el momento en que se encuentra el desarrollo del organismo.


 


En primer lugar, la acumulación originaria para Marx no consistía simplemente en la proletarización de unos cuantos obreros o la destrucción de algunos resabios de modos de producción precapitalista. La categoría científica se refiere, más bien, al proceso de surgimiento del capitalismo, al parto o acto de nacimiento de este modo de producción en una determinada formación económico-social. Por lo tanto, se trata de un fenómeno global, no simplemente individual o sectorial aunque, como obvio, está constituido de una enorme cantidad de individualidades.


 


El equívoco de Mandel sería lo mismo que confundir, en el campo de la biología, el nacimiento de nuevas células en el organismo vivo hecho que se da a cada momento y en los diferentes órganos del cuerpo humano con el nacimiento de ese ser vivo como tal. Desde luego que en el organismo del perro todos los días y a cada instante están naciendo nuevas células, pero eso no nos autoriza a decir que se está dando a cada instante el proceso de la gestación del perro y su nacimiento. Si queremos hacer ciencia lo menos que podemos hacer es distinguir entre el nacimiento de las células y el del organismo en su conjunto, que son fenómenos cualitativamente diferentes.


 


Marx planteaba del siguiente modo la cuestión:


 


"…la acumulación del capital presupone el plus valor, la producción capitalista, y ésta la preexistencia de masas de capital relativamente grandes en manos de los productores de las mercancías. Todo el proceso, pues, parece girar en un círculo vicioso del que sólo podemos salir suponiendo una acumulación originaria previa a la acumulación capitalista (previus acumulation, como la llama Adam Smith), una acumulación que no es el resultado del modo de producción capitalista, sino su punto de partida" (11).


 


De ahí que el concepto marxista de la acumulación originaria no se puede confundir con la transformación en proletarios y burgueses que se puede dar en un determinado sector de la economía o, peor aún, si nos referimos a casos individuales. No basta constatar de que se estén disolviendo las relaciones de producción precapitalistas (feudales o de pequeños propietarios) en tal o cual sector, ese fenómeno ha seguido ocurriendo en las economías capitalistas de desarrollo clásico durante mucho tiempo, en el momento de la revolución industrial (siglos XVIII-XIX), y también en la época del imperialismo o fase superior del capitalismo, sin que esto nos autorice a hablar de una "acumulación originaria". Según Marx es una acumulación "previa a la acumulación capitalista". En ese sentido, es "punto de partida". Para no dejar ningún equívoco la comparó con la tradición bíblica:


 


"Esta acumulación originaria desempeña en la economía política aproximadamente el mismo papel que el pecado original en la teología. Adán mordió la manzana, y con ello el pecado se posesionó del género humano" (12).


 


No está demás subrayar por las enormes implicaciones que tiene que para Marx el concepto de capital no es el mismo que para la economía burguesa y particularmente para la economía clásica, en la que se confundía el instrumento de trabajo, la máquina, con el capital, o en su defecto se creía que el capital era una determinada suma de dinero. Por eso es que, un poco más abajo, aclara a qué se está refiriendo:


 


"El dinero y la mercancía no son capital desde un primer momento, como tampoco lo son los medios de producción y de subsistencia. Requieren ser transformados en capital. Pero esta transformación misma sólo se puede operar bajo determinadas circunstancias coincidentes: es necesario que se enfrenten y entren en contacto dos clases muy diferentes de poseedores de mercancías; a un lado los propietarios de dineros, de medios de producción y de subsistencia, a quienes les toca valorizar, mediante la adquisición de fuerza de trabajo ajena, la suma de valor de la que se han apropiado; al otro lado, trabajadores libres, vendedores de la fuerza de trabajo propia y por tanto vendedores de trabajo" (13).


 


En segundo lugar, no es lo mismo que las células nazcan en un organismo que recién se está conformando o que lo hagan cuando está en un período de desarrollo progresivo, o que, finalmente, las células surjan en un organismo que está en la decadencia biológica. En el primer caso se podría decir que forman parte de su proceso de nacimiento, en el último lo están haciendo como parte del proceso de decrepitud y de muerte de ese ser vivo. Una cosa semejante ocurre en la sociedad con el proceso de proletarización que se puede presentar en cualquier momento de desarrollo del capitalismo. Existe este fenómeno desde el momento en que está naciendo lo hace en siglos y continúa produciéndose a lo largo de toda su existencia, incluido el momento de decrepitud histórica del capitalismo.


 


En la culminación del libro I, cuando Marx, después de haber estudiado las leyes fundamentales de movimiento del capitalismo, plantea la previsión histórica de su futuro desenvolvimiento y la necesidad económica de su periclitación, en el punto sobre la "Tendencia histórica de la acumulación capitalista", nuevamente se toca el problema de la Acumulación originaria, pero esta vez desde una óptica diferente, desde la perspectiva del desarrollo futuro del capitalismo (14). Señala:


 


"El modo capitalista de producción y de apropiación y por tanto la propiedad privada capitalista, es la primera negación de la propiedad privada individual, fundada en el trabajo propio. La negación de la propiedad capitalista se produce por sí misma, con la necesidad de un proceso natural. Es la negación de la negación" (15).


 


Queda, pues, absolutamente claro que "la primera negación de la propiedad privada individual", esa "apropiación terrible y dificultosa de las masas populares" constituye la "prehistoria del capital. Comprende una serie de métodos violentos, de los cuales hemos pasado revista sólo a aquellos que hicieron época como métodos de la acumulación originaria del capital"(16).


 


Actualmente, el capitalismo a nivel mundial está en su fase de decadencia, como consecuencia del choque entre la producción social o colectiva (cada día más, por el predominio de las transnacionales en la economía mundial) con las relaciones capitalistas de producción y apropiación (17). Constituye un craso error señalar que en esa sociedad en decadencia se está dando nada menos que la "acumulación originaria", es decir el proceso de gestación y nacimiento del capitalismo.


 


En los hechos, eso no sucede ni siquiera en las economías del Sudeste asiático a las que los neoliberales ponen como modelo de desarrollo capitalista para los países atrasados, donde no ha existido propiamente una acumulación originaria de capital sino que las transnacionales se han trasladado sobre todo gracias a las favorables condiciones de superexplotación de la fuerza de trabajo que presentan esas economías para bombardear, desde ahí, al mercado mundial (18).


 


En términos estrictos, nos encontramos en el período que Marx avizoró como el de la "segunda negación".


 


"Esta restaura la propiedad individual, pero sobre el fundamento de la conquista alcanzada por la era capitalista: la cooperación de trabajadores libres y su propiedad colectiva sobre la tierra y sobre los medios de producción producidos por el trabajo mismo" (19).


 


De ahí que el error de Mandel y de todos cuantos piensan como él hay algunos que postulan que actualmente nos encontramos en el proceso de la acumulación originaria, no puede ser más evidente.


 


Lo anterior no quiere decir que, en determinados países, en ciertos períodos o sectores de la economía, no se puedan producir procesos de proletarización como consecuencia de la disolución de los modos de producción pre-capitalista. Ya hemos señalado que esos procesos en ningún caso pueden ser confundidos con la acumulación originaria de capital, como no se puede confundir el nacimiento de determinadas células en el organismo vivo con la gestación y el nacimiento de éste (20).


 


2. La Acumulación originaria como "conditio sine qua non"


 


Agustín Cueva, en su libro "El desarrollo del capitalismo en América Latina" (21) ha señalado que la Acumulación originaria del capital es una de esas "regularidades estructurales", que necesariamente tienen que repetirse ya que "no son más que expresión de las leyes que rigen la conformación, el funcionamiento y el desarrollo de cada modo determinado de producción" (22). Añade, sin embargo, que estas leyes no se manifiestan en su estado "puro", sino con una determinada especificidad.


 


Tomando en cuenta todas las circunstancias particulares, como es la implantación tardía en la época imperialista del capitalismo en el continente; o el hecho de que tiene que realizarse sólo sobre "una base interna" a diferencia del caso europeo que se "complementó y amplió con el excedente económico" de las colonias; o "lo que es más grave", afectada por el "intercambio desigual, la exportación de superganancias e incluso el pillaje puro y simple en los países neocoloniales"; a pesar de todas estas circunstancias particulares, "no la eximían de realizar, como requisito sine qua non, la acumulación originaria del capital."


 


La argumentación de Cueva podríamos resumirla en la fórmula: si es cierto que hay capitalismo en América Latina, es también cierto que ha tenido que haber acumulación originaria. Y nos apresuramos a decir que la conclusión es falsa.


 


Si tomamos en abstracto el modo de producción capitalista, es evidente que lo uno (modo de producción capitalista) está condicionado por lo otro (acumulación originaria) y en esa medida la afirmación de Cueva es correcta. Sin embargo, el problema es más complejo. Analicemos de cerca la cuestión pues constituye uno de los equívocos fundamentales que debemos rectificar para abordar con el método científico el problema que nos ocupa.


 


Si partiésemos de la convicción de que cada una de las naciones de América Latina y del mundo se encuentran la una al lado de la otra, independientes y separadas unas de las otras, con vínculos casuales entre ellas o que dichos vínculos no afectan el desarrollo interno de esas sociedades, tendríamos que llegar a la conclusión de que, indudablemente, tienen que repetirse las "regularidades estructurales" en todas y cada una de ellas. Sólo en ese supuesto resulta coherente el planteamiento de Cueva de que la acumulación originaria es una "conditio sine que non".


 


Lo que sucede en la realidad es que el desarrollo de las fuerzas productivas que ha provocado el modo de producción capitalista ha determinado el surgimiento de la economía mundial, que no es la simple sumatoria de las economías nacionales sino que funciona como una sola totalidad, que se rige por leyes que actúan por encima de las fronteras nacionales.


 


La realidad objetiva ha sobrepasado al precapitalismo, situación en la que cada país o sociedad estaba desvinculado de los restantes haciendo posible la "repetición" de las "regularidades estructurales" a las que se refiere Cueva.


 


En el caso de la Acumulación Originaria de capital, Cueva parte del supuesto de que en América Latina ésta se habría producido en el último cuarto del siglo XIX, momento en el que como él mismo señala ya se ha constituido la economía mundial y el capitalismo se encuentra en su fase imperialista, donde el capital financiero fusión del capital industrial y el capital bancario monopolista penetra en las economías atrasadas y precapitalistas de la periferia del capitalismo para incorporarlas no sólo en el mercado mundial desde el siglo XV, XVI ya lo estaban sino en el proceso productivo del capitalismo mundial, determinando de esta manera que las fuerzas productivas se constituyan en una unidad mundial.


 


Las economías de América Latina se incorporan de esa manera a la división internacional del trabajo determinada por las grandes potencias imperialistas, proceso que las convierte en productoras de materias primas y alimentos, afectando sustancialmente su desarrollo económico y social, al punto que se va a estructurar un capitalismo particular, con rasgos no conocidos hasta el momento.


 


La realidad era concreta: por un lado, los países capitalistas avanzados con un gigantesco aparato productivo basado en la maquinaria y enormes masas de capital, utilizando la última palabra de la tecnología, de la experiencia y del "know how" que se genera en varios siglos de desarrollo capitalista; masa de mercancías baratas venidas de las metrópolis, capaces de barrer con la incipiente industria de los países atrasados, etcétera. En el otro lado, un lento desarrollo pre-capitalista, gérmenes más o menos desarrollados de producción capitalista, en fin, bajo nivel de desarrollo de las fuerzas productivas con diferencias cuantitativas entre los diversos países de América Latina, incapacidad de competir con las metrópolis del capitalismo, sometimiento obligado a la división internacional del trabajo, etc.


 


No es correcto afirmar como lo hacen quienes siguen a A. Cuevas, que a pesar de esta nueva realidad que constituye la economía mundial con su polo avanzado y su polo rezagado, aspectos contradictorios de la misma unidad donde el uno es condición de existencia del otro y que están en permanente interrelación, el proceso de la acumulación originaria debía realizarse de todas maneras, aunque sea con sus propias especificidades y particularidades, como "conditio sine qua non" para la existencia del capitalismo en los diferentes países de América Latina.


 


Sostenemos que la existencia de la economía mundial como una totalidad, con sus propias leyes que afectan al conjunto del organismo económico, determina que el propio proceso de acumulación originaria, que en casi todos los países de América Latina había comenzado en la época de la colonia o posteriormente y que se venía desarrollando con ritmo más acelerado o más lento, sufra modificaciones sustanciales que es indispensable estudiar con toda precisión.


 


Las leyes económicas y de la historia así como en los diferentes campos de las ciencias naturales están sujetas a determinadas condiciones para realizarse, no pueden darse independientemente de todas las circunstancias, como podría desprenderse del planteamiento de A. Cueva. Si pensamos que eso es así, nos encontraríamos en presencia del dogmatismo que deforma la realidad para acomodarla a un determinado concepto preconcebido.


 


Lo que realmente sucedió es que la penetración del capital europeo y posteriormente del capital financiero se convertirá en un poderoso freno y en algunos casos se llegará al extremo de provocar un retroceso en el proceso de la acumulación originaria que se venía produciendo. En la mayor parte de las situaciones se producirá una frustración del proceso de acumulación originaria que se venía dando hasta el momento.


 


Paul A. Barán refiriéndose sobre todo a lo ocurrido en la India, intenta generalizar el proceso con las siguientes palabras:


 


"La irrupción del capitalismo occidental en los hoy países subdesarrollados, al precipitar con irresistible energía la maduración de algunas de las condiciones básicas para el desarrollo de un sistema capitalista, bloqueó con igual fuerza el crecimiento de las otras. La remoción de una gran parte del excedente corrientemente generado y previamente acumulado por los países afectados, no podía sino causar un serio retroceso de su acumulación primaria de capital" (23).


 


Así, podemos afirmar que en estos países, pero sobre todo en Bolivia, nace el capitalismo, pero lo hace sin que hubiese podido desarrollarse plenamente la acumulación originaria del capital; nace al influjo de la penetración del capital financiero internacional, con determinadas peculiaridades. Por eso que tampoco se trata del nacimiento del capitalismo a secas, sino que será un capitalismo sui-géneris, un capitalismo atrasado que supone la convivencia con los modos de producción precapitalistas. Estos no pudieron ser barridos por el desarrollo capitalista que "normalmente" penetra en todos los sectores de la economía y acaba con todo vestigio pre-capitalista. La frustración de la acumulación originaria explica precisamente esa obligada combinación del capitalismo con los modos de producción precapitalistas.


 


Como se ve, hemos llegado a una conclusión que choca con el sentido común y la lógica formal: hay nacimiento del capitalismo atrasado pero no acumulación originaria, ésta no es "conditio sine qua non" de aquél. Para entender ese aparente "quid pro quo" hay que comprender el proceso en toda su complejidad e intentando dejar de lado los esquemas rígidos y mecánicos. En caso contrario, no podríamos aprehender con el pensamiento la realidad concreta.


 


¿No se tratará, como supone A. Cueva, de una acumulación originaria muy "particular" y "específica" que explique, precisamente, esa convivencia del capitalismo con los modos de producción pre-capitalistas?


 


3. La unilateralización del concepto


 


Como se sabe, todas las escuelas burguesas en economía son víctimas por el método que emplean para comprender la realidad del fetichismo mercantil, de la cosificación de las relaciones sociales de producción. En esa medida, no logran ir más allá de las apariencias engañosas que velan la esencia del fenómeno económico. Por eso que identifican el capital con el dinero y en otros casos con los medios de producción; su método empírico les impide ir más allá de las cosas que se les presentan ante los sentidos. Los clásicos, por ejemplo, suponían que la existencia de los medios de producción en el proceso económico significaba el surgimiento del capitalismo: de ahí que hubiesen pensado que el capitalismo existió desde que el hombre logró elaborar los más primitivos instrumentos de trabajo.


 


Cuando investigaron el proceso de surgimiento del capital lo hicieron desde su propia óptica. A. Smith, por ejemplo, cuando estudió la "previus acumulation" se refirió a la acumulación de dinero e instrumentos de trabajo en manos de los capitalistas. Con ello quedaba limitada a su faceta apariencial la investigación sobre el proceso de surgimiento del capitalismo. Ocurre, como demostró Marx, que también en otros momentos de la historia económica se logró acumular ingentes cantidades de dinero, pero esto no dio lugar al surgimiento del capitalismo. Dicha acumulación dineraria estaba asentada sobre relaciones de producción de otro tipo, por ejemplo esclavistas.


 


Esos antecedentes explican por qué Marx tuvo que puntualizar cuál era el "secreto de la acumulación originaria", señalando que:


 


"El dinero y la mercancía no son capital desde un primer momento, como tampoco lo son los medios de producción y de subsistencia. Requieren ser transformados en capital. Pero esta transformación misma sólo se puede operar bajo determinadas circunstancias coincidentes: es necesario que se enfrenten y entren en contacto dos clases muy diferentes de poseedores de mercancías; a un lado los propietarios de dinero, de medios de producción y de subsistencia, a quienes les toca valorizar, mediante la adquisición de fuerza de trabajo ajena, la suma de valor de la que se han apropiado; al otro lado, trabajadores libres, vendedores de la fuerza de trabajo propia y por tanto vendedores de trabajo" (24).


 


En el caso de Agustín Cueva nos encontramos con el error polarmente opuesto al de los clásicos (A. Smith, D. Ricardo). Consiste en la reducción de la categoría "acumulación originaria" al proceso de proletarización: luego de señalar que la acumulación originaria supone "la constitución de la propiedad capitalista de los medios de producción y la creación de una mano de obralibre, corrige este concepto marxista indicando que:


 


"Separadas ocasionalmente en el espacio de formaciones sociales distintas, tales premisas forman sin embargo parte de un solo y único movimiento histórico que consiste en el establecimiento de un divorcio entre el productor directo y los medios de producción, secreto último y por lo tanto concepto de la denominada acumulación originaria" (25).


 


Para comprender la importancia de la mutilación conceptual que realiza A. Cueva, debemos remitirnos a la forma como analiza Marx la "acumulación originaria" en el caso inglés; en el capítulo XXIV de El Capital, después de revelar el "secreto" de este proceso, pasa a la formación del proletariado por la vía de la "expropiación de la población rural", proceso que va desde fines del siglo XV hasta la primera mitad del siglo XVII. Ya en este punto es necesario anotar la intervención del Estado en el proceso de expropiación de las masas campesinas y también en el proceso de proletarización efectiva, para lograr su incorporación al proceso capitalista de producción: por ello pasa revista a la "legislación sanguinaria contra los expropiados" y a las leyes reductoras del salario, prolongadoras de la jornada laboral y de prohibición de las organizaciones obreras.


 


A partir de este punto debemos poner atención especial, pues se verá con claridad la deficiencia metodológica de A. Cueva. Marx prosigue analizando la formación del otro polo, el polo del "propietario del dinero, medios de producción y de subsistencia".


 


Así, estudia el proceso de "génesis del arrendatario capitalista" (es decir, el capitalista agrícola), que pasa por un proceso de metamorfosis desde el siervo capataz y administrador, pasando por el "arrendatario libre" y por el "medianero", hasta concluir en el "arrendatario propiamente dicho", que ya tiene capital propio, contrata asalariados y paga una renta, ya sea en dinero o en especies al terrateniente.


 


En este punto hay que recordar lo que F. Engels escribió sobre la aristocracia inglesa en el momento de la revolución burguesa de 1689: "…aunque en aquel momento como ahora se la denominaba aristocracia, desde hacía mucho tiempo estaba transformándose en lo que Luis Felipe fue mucho más tarde: el "primer burgués del reino"(26). Aquí hay que llamar la atención al lector sobre un asunto que cobrará una enorme importancia cuando se trate de estudiar la acumulación originaria del capital en Bolivia: parte del proceso "clásico" de acumulación originaria está constituido por la transformación de los señores feudales en burgueses, al punto que en la "revolución" de 1689 constituyó un compromiso entre los sectores burgueses y los aristocráticos de la sociedad inglesa. Aquí hay hegemonía burguesa y la aristocracia se quedó con los cargos "decorativos" y sin trascendencia del régimen burgués.


 


El centro de la estructuración del polo burgués lo constituye el estudio de la "génesis del capitalista industrial", donde advierte que la transformación de los maestros gremiales, artesanos independientes, ex-siervos de la gleba, etc., en capitalistas es un método "demasiado lento" en la acumulación originaria del capital. Por eso pondrá de relieve los "factores fundamentales" en la acumulación originaria que son:


 


"El descubrimiento de las comarcas auríferas y argentíferas en América, el exterminio, esclavización y soterramiento en las minas de la población aborigen, la conquista y saqueo de las Indias Orientales, la transformación de Africa en un coto reservado para la caza comercial de pieles negras, caracterizan los albores de la era de producción capitalista" (27).


 


Pero además, el poder del Estado violencia organizada y concentrada de la sociedad juega un papel central en el proceso de la acumulación originaria, no sólo a través del sistema colonial, sino también "en el de la deuda pública, en el moderno sistema impositivo y el sistema proteccionista." En este último caso, el proteccionismo se convirtió en "un medio artificial de fabricar fabricantes, de expropiar trabajadores independientes, de capitalizar los medios de producción y de subsistencia nacionales, de abreviar por la violencia la transición entre el modo de producción antiguo y el moderno" (28).


 


De ahí la conclusión general: "La violencia es la partera de toda sociedad vieja preñada de una nueva. Ella misma es una potencia económica" (29).


 


El repaso del proceso anterior que puede resumirse en la afirmación de que la acumulación originaria del capital es la formación del polo proletario y del polo burgués nos permite comprender en su verdadera dimensión el concepto de la "Acumulación Originaria de Capital", para no incurrir en el gravísimo error de A. Cueva cuando intenta aplicar el concepto a las economías de América Latina. La unilateralización, la mutilación del concepto conducirá, como veremos posteriormente, a conclusiones sorprendentes que muestran, con toda nitidez, la equivocada interpretación que hacen de la categoría marxista y por lo tanto, la errónea comprensión de la naturaleza y el devenir de las economías de América Latina. Veamos.


 


Todos los casos que plantea y los ejemplos que da, tienen como punto de referencia solamente el proceso de proletarización, y a eso le llama "acumulación originaria de capital" en Latinoamérica.


 


Así llega a la peor de las caricaturas copiando trozos de algunas historias económicas de países latinoamericanos, en los que se señala que ha habido expropiación de los campesinos, de las propiedades de la Iglesia, etcétera presentando esos recortes como pruebas irrefutables de la existencia de la acumulación originaria en todas partes.


 


Donde ya se llega al colmo de la deformación es cuando se señala que en el Paraguay se realizó la participación de "capitalistas extranjeros". Prosigue:


 


"Y éste no es el único caso en que la acumulación originaria se realiza con la directa intervención de las fuerzas exógenas. En Nicaragua, por ejemplo, parece evidente que la invasión yanqui precipita ese proceso" (30).


 


Un poco más allá afirma:


 


"En Haití la situación es más clara todavía, en la medida en que son los propios ocupantes norteamericanos quienes se encargan de expoliar a los campesinos" (31).


 


En el caso de la República Dominicana dice que la acumulación originaria "sólo adquirió verdadera intensidad" cuando "el poder extranjero dictaminó por la fuerza la expulsión de los campesinos propietarios de las tierras codiciadas por las compañías norteamericanas" (32).


 


El error de Cueva aparece nítido en estos casos, por cuanto el polo burgués, en sus "acumulaciones originarias", no ha sido gestado internamente, lo ha sido muy débilmente o peor aún, el proceso ha dado lugar como en varios casos de América Latina a una feudal-burguesía, que no es precisamente la burguesía. Por eso aparece el capital extranjero expropiando a los campesinos a través de sus agentes internos, o lo hace directamente.


 


¿Cómo puede hablarse de "acumulación originaria" si uno de los polos, el polo burgués, está presente como consecuencia de otros procesos que históricamente se dieron en otros países que a fines del siglo XIX se convirtieron en potencias imperialistas? ¿Qué tiene de "originario" el capital norteamericano que penetra en las semicolonias con el objetivo de saquear los recursos naturales y llevarse el conjunto de la plusvalía a las metrópolis del capital? Nada, absolutamente nada.


 


Como hemos visto, la acumulación originaria supone tomando en cuenta los procesos internos y los internacionales la gestación y el parto de los dos polos fundamentales de la relación social de producción capitalista. No se trata de que sean o no exportadores de materias primas Inglaterra en el primer momento, fue exportadora de lana, materia prima básica de la producción manufacturera de hilados y tejidos sino si se van estructurando los dos polos.


 


En los casos presentados por Cueva se logra distinguir el proceso de proletarización aunque de una forma muy limitada, porque la mayor parte de las economías latinoamericanas sigue cargando el pesado fardo precapitalista pero en ningún caso la formación de la burguesía industrial, ya sea agrícola o la propiamente industrial. En la mayor parte de los casos presentados por Cueva sólo encontramos la formación de una burguesía comercial, usuraria y se encuentra la imbricación con los modos de producción pre-capitalistas y las clases dominantes que los expresan (terratenientes feudales, propietarios de esclavos, etc.). En América Latina es excepción la configuración de burguesías industriales, pero que incluso en este caso han resultado sometidas y convertidas en eslabón secundario del capital financiero internacional.


 


Si tomamos en cuenta el proceso de la acumulación originaria, tenemos que concluir que el capital financiero (imperialista), si bien juega un papel progresivo en cuanto se refiere a la aceleración de la proletarización, por el otro lado juega un papel de freno y obstáculo de la acumulación originaria, porque impide que la burguesía nativa pueda desarrollarse de manera plena, la convierte en una clase semiexplotada en la medida en que una buena parte de la plusvalía pasa a las metrópolis imperialistas; la reemplaza en el plano económico y, en el plano político, la somete y le hace perder cualquier vestigio de soberanía.


 


En síntesis, el capital financiero imperialista frena y en la mayor parte de los casos impide el surgimiento y desarrollo de una verdadera burguesía industrial nacional, y éste es el problema decisivo en toda la historia económica de América Latina y por lo tanto también en los grandes problemas del presente.


 


El planteamiento de Cueva es el caso de una deformación conceptual para adecuarla a una realidad rebelde, que no se adecua a los esquemas preconcebidos de la teoría. Cueva parte del principio dogmático de que si hay capitalismo en América Latina tiene que haber necesariamente, como "conditio sine qua non", la acumulación originaria de capital. En ese caso estamos en presencia de un principio inamovible que no se puede modificar ni siquiera haciendo concesiones a la realidad. La verdad es que en la mayor parte de los países de América Latina se tuvo un proceso de iniciación de la acumulación originaria, proceso que fue cortado, abortado precisamente por la presencia del capital financiero imperialista.


 


El fondo del error, ya lo hemos dicho, consiste en que no se tiene en cuenta la existencia de la unidad mundial de la economía capitalista, que se mueve con sus propias leyes y que actúa sobre las partes, a veces de una manera decisiva, como en este caso. 


 


Si las economías latinoamericanas se hubiesen encontrado separadas del contexto mundial, si la presencia del imperialismo y el capital financiero no hubiesen influenciado directamente en el desarrollo de los países atrasados, es indudable que la tendencia histórico-económica que se daba era hacia la consumación de la acumulación originaria del capital. La interferencia vino "desde fuera" (33) y se cambió el rumbo que tomaría la economía latinoamericana. No cabe duda que en el caso boliviano la distorsión fue aún mayor, por eso es que se ha constituido en una especie de caso "típico" de capitalismo atrasado.


 


Es cierto que en todos los casos mencionados por Cueva se da un proceso de proletarización por la acción de diversas fuerzas; sin embargo, no basta esto para hablar de la acumulación originaria.


 


 


 


 


Notas:


 


(*) Dirigente de la Oposición Trotskista del P.O.R.


 


 


1.Nos estamos refiriendo a las afirmaciones del licenciado Alejandro Mercado, profesor de Macroeconomía, que en un foro-debate realizado el mes de diciembre de 1992, en la carrera de Economía, con el licenciado Angel Zabala, comparó el latín con la Economía Política. El profesor Mercado pretende convertirse en la punta de lanza de la tendencia mencionada y como tal está obligado a fundamentar sus posiciones.


2. Aquí usamos la expresión "latín" en el sentido que la usa el licenciado Mercado, es decir como sinónimo de pérdida de tiempo, de absurdo. Se trata de una idea propia de un pragmático, un tecnócrata al que sólo le interesa aquello que tiene una utilidad práctica inmediata. Advierta el lector sobre el nivel al que ha llegado la universidad actual.


3. Eugen Böhm-Bawerk, Teoría positiva del capital, Turín, 1957. El autor, que estudió detenidamente el marxismo, trata de hacer una defensa intransigente del marginalismo. En su momento, esta obra tuvo gran predicamento, al punto que Von Wieser escribió que "si se prescinde de El Capital de Marx", ésta es "la obra teórica que más ocupó los espíritus desde la época clásica de nuestra ciencia". Es evidente que ahora ya no tiene ese sitial, pues sólo los iniciados conocen el nombre y la obra de Böhm- Bawerk.


4. Shumpeter, Joseph A. "Diez grandes economistas: de Marx a Keynes", Madrid, Alianza, 1971. Se trata de una autoridad en el terreno de la historia de las doctrinas económicas y que no puede ser acusado precisamente de ser filo-marxista.


5. Shumpeter se refería a uno de sus trabajos fundamentales: "Teoría del desenvolvimiento económico", obra publicada en 1911.


6. Se trata del prefacio de E. B. Shumpeter a "Diez grandes economistas… ob. cit., pp. 9-10.


7. P. A. Samuelson, "Economics: Winds of Change. Evolution of Economic Doctrine". Ed. McGraw-Hill, Nueva York, 1973, p. 866.


8. Nos parece ocioso detenernos en otras afirmaciones del licenciado Mercado en el mencionado foro, tan "sabias" como la primera, que la teoría económica es una sola, que se trata de una ciencia "exacta" y otras barbaridades por el estilo…


9. Colletti, Lucio. "El marxismo y el derrumbe del capitalismo", p. 19, Siglo XXI editores, Biblioteca del pensamiento socialista.


10. Mandel, Ernest. "El capitalismo tardío". Ed. ERA, 1985.


11. Marx, Karl. El Capital, Siglo XXI editores, S. A. (4a. edición), Tomo I, Vol. 3.


12. Idem ant.


13. Ob. cit., p. 892.


14. Compartimos la opinión de Maximilen Rubel en sentido de que el apartado séptimo del capítulo XXIV "Tendencia histórica de la acumulación del capital" estaba inicialmente ubicado como capítulo XXV y que, para burlar la censura, Marx cambió el orden y colocó en este último "La teoría moderna de la colonización".


15. Idem, p. 953-63.


16. Idem, p. 952.


17. Hasta ahora, ninguno de los "teóricos" neoliberales ni de los ex-marxistas convertidos hoy en sirvientes del capital, que sostienen que la caída de los Estados obreros degenerados del Este europeo (fueron mal llamados países socialistas) demuestra la eternidad del capitalismo, ha logrado demostrar que esa contradicción fundamental, descubierta por Marx, ha dejado de ser el núcleo de la crisis estructural que actualmente atraviesa el capitalismo. De ahí la debilidad de su planteamiento teórico. Contrariamente, las crisis económicas, el caos y la anarquía capitalista, el sometimiento de la inmensa mayoría de los países del mundo a las metrópolis imperialistas, etc., son otras tantas de las manifestaciones de dicha contradicción estructural, hoy tremendamente agudizada.


18. Esta tesis deberá ser tratada con mayor detención en otros trabajos para su mayor esclarecimiento.


19. Idem, p. 954.


20. Gustavo Rodríguez, en su Tesis: "La acumulación originaria de capital en Bolivia – 1825-1885", se dio cuenta de esta diferencia, aunque no logró sacar las consecuencias necesarias de la diferenciación. En la pág. 62 de su Tesis se lee: "…de facto se distingue una temporalidad histórica que nos permite apreciar dos circunstancias en el proceso de acumulación primitiva. La una consiste en una acumulación que da origen al capitalismo como Modo de Producción y en rigor constituye la verdadera acumulación originaria (el subrayado es nuestro, JPB); y la segunda, que ya entiende su existencia, que permite el surgimiento de las partículas o elementos fornantes del mismo que van a engrosarlo; entre las dos, la primera no sólo es vital, sino esencial".


21. Cueva, Agustín: "El desarrollo del capitalismo en América Latina", 1982, Siglo XXI editores, sexta edición.


22. ob. cit. p. 65.


23. Barán, Paul: "La economía política del crecimiento", pp. 201-202, Fondo de Cultura Económica, segunda edición en español, 1975. Es incompleto hablar de qué precipitó la maduración de algunas condiciones básicas para el desarrollo de un sistema capitalista. En realidad, el capitalismo traído por el capital europeo se impone de manera violenta y acabada a los países atrasados. Tampoco es correcto hablar de países "subdesarrollados", científicamente hablaremos mejor de países de desarrollo combinado, de capitalismo atrasado. En su momento, justificaremos estas observaciones.


24. Ob. cit., p. 892.


25. Agustín Cueva. "El desarrollo del capitalismo en América Latina", Siglo XXI editores, 6ta. edición, p. 65.


26. Engels, Federico. "Socialisme utopique et socialisme scientifique". Editions sociales-clasiques du marxisme, 1973, p. 41.


27. K. Marx, El Capital. Tomo I, vol. III, p. 939.


28. Ob. cit., p. 946.


29. Ob. cit., T. III, vol. III, p. 940.


30. A. Cueva, Ob. cit., p. 76.


31. A. Cueva, Ob. cit., p. 76.


32. A. Cueva, Ob., cit., p. 77.


33. En realidad, se trata solamente de la acción de los sectores más avanzados de la economía mundial sobre los más retrasados, que provocan efectos decisivos, como aquel de la estructuración de una nueva cualidad antes no conocida que es el capitalismo atrasado.


 

La flexibilidad laboral del centroizquierda

A propósito de Garzón Maceda


La Uepc, el sindicato docente de Córdoba, ha publicado unos "Apuntes sobre flexibilidad, desregulación y empleo", de Lucio Garzón Maceda (1), que resumen los conceptos volcados por el laboralista cordobés en una mesa redonda realizada en el local sindical. La importancia de estos "Apuntes …" va más allá de esta circunstancia. Lucio Garzón Maceda es hombre de consulta obligada de vastos sectores de la burocracia sindical, no sólo de Córdoba, y una voz escuchada por el activismo que está despertando a la vida gremial y política. Cuando los trabajadores de Cormec ocuparon la planta, Garzón Maceda fue el primer convocado y, desde la improvisada tribuna, fijó una estrategia que influye hasta el día de hoy en la conducta de la Comisión Provisoria.


 


"Lamentablemente, debemos trabajar con flexibilidad"


 


La idea de que la flexibilización laboral es un producto inevitable de la modernización capitalista fue planteada con estas palabras en las puertas de Fiat Auto. Para Garzón Maceda, los "equipos flexibles (flexibilizados) permiten responder a una demanda incierta y fluctuante (porque) en mercados que crecen y cambian con celeridad, el modelo fordista de equipos rígidamente especializados, no daría respuesta adecuada". La evolución del capitalismo habría llevado a que el crecimiento sea hoy más lento que el proceso de destrucción de empleos, "que se produce de manera simétrica, mundialización, competencia (y) tecnificación, de por medio".


 


A partir de esta caracterización, entiende que hay dos tipos de flexibilidad: la interna, dentro de la fábrica, que supone la polivalencia y la flexibilidad horaria, que permite "reaccionar mejor a las variaciones del mercado, sin perder productividad", y la externa, que es la que Garzón Maceda enjuicia particularmente. Esta, el "ideal liberal", supone que las condiciones de trabajo pueden ser revisadas permanentemente, al compás de la bolsa mundial, y elimina la estabilidad del trabajador. En este caso, dice Garzón Maceda, el trabajador "es un ajeno a la empresa, se pierde fidelidad, no hay posibilidad de capacitar ni de desarrollar polivalencias (y) obstaculiza la búsqueda de una mecanización flexible". La alternativa es un trabajador polivalente, con estabilidad laboral y flexibilización salarial acotada, lo que supone un salario mínimo fijado por un convenio marco por industria y negociaciones por fábrica. El modelo sería Europa, por su red social y los convenios "articulados", un lugar en el que "la empresa puede continuar siendo competitiva pese a que sus salarios sean altos no sólo es el precio el determinante, sino la calidad y la innovación (…Alemania)".


 


Entonces, en materia de flexibilidad, existe un mal menor.


 


Los supuestos falsos


 


Los supuestos del laboralista cordobés no existen en el mundo real.


 


La flexibilidad no es una exigencia impuesta por la demanda incierta y fluctuante de una economía "globalizada", en crecimiento, profundamente competitiva y tecnificada. Entre 1945 y 1965, la economía mundial creció a un 5% anual; entre 1975 y 1995, al 2%. Las profundas fluctuaciones, que existen, no tienen que ver con la demanda, sino con el proceso de racionalización capitalista, provocado por la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Las empresas no se expanden en función del desarrollo del mercado capitalista, sino por la eliminación de la competencia, en un proceso de furioso fagocitamiento entre pulpos (un ejemplo de la crisis actual es la propia industria automotriz, en la que las terminales se convierten en importadoras, las nuevas fábricas son armadurías con vistas al "intercambio compensado" en el seno del Mercosur, y las multinacionales ocupan el lugar de las autopartistas radicadas).


 


Más allá de tal o cual fluctuación, la competencia bajo el capitalismo se dirime en el grado de explotación al trabajador y esta lucha es hoy doblemente mortal, por una crisis en desarrollo de características históricas.


 


Por estas razones, la flexibilidad laboral no es una exigencia impuesta por los cambios tecnológicos del proceso de trabajo. Si el trabajador eventual o flexibilizado fuese una necesidad generada por los procesos de trabajo modernos, no se entiende porqué esto debería llevar a una reducción directa de los salarios horarios y de los sueldos mensuales, y a una derogación de los beneficios sociales, una tendencia presente en todo el mundo. La flexibilización laboral expresa la necesidad de la clase capitalista de recomponer la tasa de beneficio, ampliando el grado de explotación de los trabajadores, y esta tendencia toma ahora una forma absoluta (rebaja de salarios) por la existencia de la crisis. Se trata de una tendencia mundial e imparable, que no se detiene en la estabilidad laboral, ni en los salarios mínimos, ni en los convenios "marco".


 


¿Alemania?


 


La propia Alemania, que ha sido presentada como el ejemplo de un capitalismo capaz de generar producciones internacionales competitivas sobre la base de la calidad y la innovación, y al mismo tiempo salarios altos y consumo entre la población, no escapa a la regla general. La clase capitalista alemana atribuye la actual crisis de su país a estas "cualidades", invocando que la falta de colocación de los productos del país en el mercado internacional, o sea, la falta de competitividad, reside en los "altos costos salariales" y los "excesos de seguridad social".


 


Esta caracterización tiene dos evidencias.


 


En los últimos años se verifica una transferencia masiva y creciente de capitales alemanes hacia el exterior, que busca explotar un "costo laboral" mucho menor fuera de sus fronteras el costo de la hora de trabajo en Alemania es de 18 dólares, en Europa del Este de apenas 3.


 


Dentro de la propia Alemania, la clase obrera está librando una lucha denodada contra el intento de provocar una reversión histórica de sus conquistas sociales, que incluiría el aumento de la jornada diaria, el corte de vacaciones, la eliminación de restricciones al empleo femenino nocturno y el corte de la asistencia social y del subsidio a los desempleados. Los capitalistas de Alemania, presentados como defensores de los "recursos humanos" y de la calificación productiva, ponen como ejemplo a Taiwán o a Europa del Este, y utilizan a la masa de desempleados de Alemania oriental como un factor de presión para hundir salarios y conquistas.


 


La imagen de un capitalismo emancipado de la explotación del trabajo ajeno, fundado en aliviar la jornada de trabajo y mejorar la calidad de vida (que ha sido "comprada" incluso por todo un sector de la izquierda), no corresponde a este mundo (capitalista).


 


Convenio "marco"


 


Garzón Maceda opone la negociación colectiva "articulada" vigente en ciertos países de Europa al convenio individual que hoy rige en Nueva Zelandia, país que ha pasado a ser, no sólo para el laboralista, el paradigma del "capitalismo salvaje". Impugna en este país la eliminación del sindicato, la ausencia de salarios mínimos nacionales o regionales insertos en los convenios centralizados y la formación del salario en base al rendimiento.


 


No sólo no existe una oposición absoluta entre el convenio "marco" y el contrato individual, sino que aquél puede sólo disimular la existencia de éste. El planteo de negociación colectiva "articulada", doctrina oficial de la burocracia de la CGT y de la CTA, delata la intención de establecer "convenios marco" que luego pueden ser "ajustados" a las necesidades antilaborales de cada empresa, incluyendo el contrato individual. Las empresas han introducido la modalidad del trabajo en "círculos", con el objetivo de imponer una diferenciación de salarios entre distintos grupos de obreros, aun cuando ejecuten la misma tarea: por esta vía se cuela el "salario individual", el ingreso en base a la "productividad" y la competencia abierta entre los trabajadores. Los "mínimos salariales" pueden cumplir la misma función que el actual "salario mínimo", es decir, ninguna.


 


La negociación "articulada" no preserva el convenio por industria, que fue impuesto por los sindicatos para suprimir la competencia entre los trabajadores, y puede ser el taparrabos del convenio por empresa y del "arreglo" individual. Tiene todos los defectos y ninguna virtud: anula el convenio único y saca la negociación de los acuerdos por empresa de manos de los representantes de estas empresas, reservándola a la burocracia.


 


Devaluación


 


Para Garzón Maceda, todo el debate sobre la flexibilización está distorsionado por la ley de "convertibilidad", que somete al país a un peso sobrevaluado y crea una situación que fuerza devaluaciones encubiertas o indirectas, tales como la desregulación laboral, las exenciones impositivas a los empresarios y la baja de las remuneraciones. En lugar de subir el tipo de cambio (devaluar) para impulsar un vuelco exportador, el gobierno rebaja el costo laboral para lograr el mismo objetivo sin tocar la paridad cambiaria.


 


En el debate burgués entre "estabilizadores" y "proteccionistas", Garzón Maceda se ubica entre estos últimos y es partidario de que este sinceramiento preceda todo el debate sobre la reforma laboral ("si el objetivo es abaratar costos, primero hay que conseguir que haya demanda de trabajo y después buscar el trabajo barato, porque sin pedidos, nadie toma empleo aunque sea baratísimo"). Para conseguir que haya trabajo, Garzón Maceda propone crear una demanda a través de fuentes presupuestarias de financiación sustitutiva que deberían pagar los empresarios, protección para ciertos rubros de la industria alejados de la competencia internacional y, aunque "de eso no se habla", la devaluación. Un programa antipopular y antiobrero, aunque se lo vista de otro modo y, por sobre todas las cosas, "carente de equidad". No llama a desconocer la deuda externa, componente fundamental del gasto público; no dice cómo hacer para cobrarles a los empresarios que ya no pagan sin anular el secreto bancario y disponer el control obrero sobre la banca, el gran capital y el comercio exterior, por lo que banqueros y empresarios aportan cero. Los trabajadores, en cambio, se deben "poner" rigurosamente con una nueva rebaja de salarios a través de la devaluación y la aceptación de la reforma laboral.


 


Frepaso


 


Garzón Maceda no habla sólo por él. Sus posiciones apuntan en la misma dirección del Frepaso, una franja del radicalismo y el 99 % de la burocracia sindical. Punto por punto, es la propuesta del Frepaso frente a la flexibilización laboral presentada por Carlos Auyero (Clarín, 29/11), que incluye "un sistema flexible de retribución", un "salario base articulado" y "una participación en los beneficios" o ingreso por productividad laboral hacia adelante (el Frepaso no plantea arrancar el aumento salarial que corresponde al 40% de incremento en la producción logrado por el esfuerzo obrero en los últimos años).


 


Esto no es otra cosa que la aplicación del convenio Fiat a escala nacional, un tejido antiobrero que la burguesía nacional y el propio imperialismo están armando frente a la bancarrota capitalista y que busca, allí donde puede, entrampar a los propios trabajadores.


 


 


 


Notas:


1. Lucio Garzón Maceda: laboralista cordobés, asesor del Smata Córdoba durante muchos años y secretario de Trabajo del gobierno de Alfonsín, durante una parte de su gestión.

Indigenismo y Marxismo


Pocas semanas atrás, un lector de Prensa Obrera cuestionó la defensa que desde allí se hacía de la movilización de las comunidades mapuches e indígenas en nuestro país. El PO no haría "otra cosa que capitularle a la presión milenarista-romanticista de esos sectores movilizados, quedando …(en el) oportunismo" (1).


 


Bien mirados, los genocidios de aztecas, incas, mapuches, araucanos y tantas otras comunidades indígenas, primero bajo la conquista de la madre patria y los jesuitas, después bajo el dominio de las oligarquías y las burguesías emancipadoras y aun de los marines, tuvieron la función de abonar la penetración del capitalismo.


 


Aún hoy, casi una cuarta parte de nuestro continente se encuentra poblado de comunidades campesinas aborígenes, que en países como Guatemala son su mayoría absoluta, y que en México, Perú, Brasil, El Salvador, Ecuador o Colombia, se encolumnan entre los principales movimientos insurgentes. Aún hoy, la "espantosa realidad" y la "agresión colectiva" que sufren los indígenas del Amazonas o de Pernambuco, similares a las de los neuquinos o los de la sierra peruana, "tiene que interpretarse como una tentativa de genocidio" (2), según lo denuncia el Consejo Indígena Misional de Brasil, una institución de la Iglesia.


 


Nuestro crítico quien nos cuestiona "ante todo en términos metodológicos" pretende sostener sus argumentos nada menos que en Marx. El fundador del socialismo científico habría devenido en un justificador de los genocidios en defensa de la labor civilizadora del capitalismo. ¡Como si Marx no hubiese sido el que denunció, como nadie en su época, los atropellos de la guerra de ocupación yanqui en México, de la guerra del opio en la China, de la defensa de la libertad contra toda forma de esclavitud, de la autodeterminación nacional (Irlanda, Polonia)! ¿Cuál fue, si no, el sentido de su defensa de Lincoln en la guerra de secesión norteamericana, contra los esclavistas del sur (a quienes apoyó la civilizada Inglaterra)?


 


La penetración históricamente revolucionaria del capitalismo en la India, y más en general en los países atrasados, no lleva a Marx a una defensa o encubrimiento de condiciones "contingentes", donde el capitalismo "no (tenía) otras formas de imponerse" (3). Marx no dejó de observar la forma bárbara con la que procedió el capitalismo en la India. "Más que la historia de cualquier otro pueblo, la administración inglesa en la India dice Marx, en El Capital ofrece una serie de experimentos económicos fallidos y realmente descabellados (en la práctica, infames). En Bengala crearon una caricatura de la gran propiedad rural inglesa; en la India Sudoriental, una caricatura de la propiedad parcelaria; en el Noroeste, en la medida en que les fue posible, transformaron la comunidad económica india, con su propiedad comunal de la tierra, en una caricatura de sí misma". Se adelantó así en señalar la ley del desarrollo desigual y combinado, que Lenin y Trotsky desenvolverían más tarde en la madurez del capitalismo-imperialista.


 


El crítico de Prensa Obrera se coloca en el campo del positivismo, una doctrina que imbuyó, en el siglo pasado, a las élites oligárquicas liberales de América Latina. Sarmiento en la Argentina coincidía con Justo Sierra y los llamados "científicos" en México, en que "los indios y razas mezcladas eran gente irremediable y peligrosa, condenada biológicamente a la inferioridad y la tutela".


 


Curiosamente, se nos acusa de actuar de acuerdo al "método revisionista a lo Fermín Chávez". El crítico seguramente ignora que los nacionalistas a lo Chávez, Puigross y Cía. no fueron defensores de los indígenas, sino de una fracción de la oligarquía (la del interior contra la porteña, y ni siquiera, porque inventan a un Rosas antiimperialista que fue la encarnación del centralismo portuario); también defienden a la cruz (de la Iglesia que acompañó la conquista española después de la inquisición) y a la espada (del ejército de línea que presentan como encarnación de la nación).


 


Revisionistas y liberales coincidieron siempre en el primer término del lema comptiano de "orden y progreso". Como representantes de la misma clase social, esto es lo que importa. Las divergencias sobre el segundo término han pasado casi al olvido. Fermín Chávez acaba de agradecer al neo-liberal Menem su reivindicación de Rosas (4). ¿Acaso el Frepaso no ha unido a los antisarmientinos de Mary Sánchez con los socialistas liberales de La Porta y Cía.?


 


Las extraordinarias rebeliones indígenas en todo el continente, que duraron más de tres siglos, y que tuvieron sus expresiones más altas en los levantamientos de Túpac Amaru y los "comuneros" en los actuales dominios de Perú y Colombia a fines del siglo XVIII, y en la gran revolución de la isla de Santo Domingo a principios del último siglo, emancipando antes que en ningún otro lado a los esclavos del continente, y destruyendo los privilegios de los colonizadores y de la Iglesia; no son reivindicadas ni por revisionistas ni por liberales.


 


Casualmente, cuando las burguesías chilena y argentina recalientan el viejo plato del nacionalismo de pacotilla, vale la pena resaltar que los mapuches se encolumnaron masivamente en el campo de las fuerzas republicanas en las guerras civiles de 1851 y 1859 en Chile. Y una vez derrotados esos levantamientos, las tolderías sirvieron de refugio a importantes dirigentes republicanos.


 


Esto llevó, entre otras cosas, a la masacre conjunta de 1880/1, mal llamada, en ambos países, conquista del desierto; Argentina colonizó la Patagonia, y Chile concluyó la colonización de sus provincias sureñas y Magallanes (el actual territorio chileno de la isla de Tierra del Fuego).


 


La lucha contra el indio brinda la posibilidad de examinar cuán profundamente reaccionaria fue la acción de las armas en nuestra historia nacional. La lucha contra el indio tiene ya el carácter de una guerra civil bajo el virreinato, a partir de 1777 con el virrey Cevallos, en beneficio de los grandes hacendados terratenientes que van a liderar la independencia. Unitarios y Federales no tuvieron divergencias respecto a la cuestión indígena. Lavalle, Dorrego, Quiroga y Rosas, todos ellos, participaron vívamente de la primera conquista del desierto, practicada desde mediados de 1825, que va a concluir en la gran ofensiva de 1833. Un estudio oficial del Ejército argentino del año 1974, que estudia esa "guerra que tuvo el carácter de Nacional, desatada ofensivamente en el año 1833 contra tribus indómitas, rebeldes, audaces y delictivas", destaca sintomáticamente la colaboración y la sincronía de todas las ofensivas contra los indígenas de nuestro país, con el ejército y los gobiernos chilenos durante todo el siglo pasado (5).


 


De algún modo, la gran oligarquía terrateniente no tuvo patria a pesar de que sus representantes políticos se pinten frecuentemente de nacionalistas, porque como sucedió en el sur con los Menéndez, pasaron a reinar sobre ambos lados de la cordillera (y en cierta medida lo siguen haciendo hasta hoy), mandando a exterminar a los indios.


 


Notas:


1. Prensa Obrera, Nº 522, 5/12/96.


2. La Nación, 13/1/97.


3. Ver Prensa Obrera, Nº 522, 5/12/96.


4. La Nación, 15/1/97.


5. Política seguida con el Aborigen, Comando General del Ejército, Círculo Militar, Tomo II período 1820/53, cursivas del original.

Psicoanálisis, formación de la personalidad y educación, Freud y Lacan

Exposición realizada en los cursos de formación de la “Alliance des jeunes pour le Socialisme” (AJS), en las Pascuas de 1976.


I. La obra de Freud y sus límites


 


La obra de Freud es una obra con diversos componentes. En ella se oponen tendencias materialistas, científicas y tendencias idealistas, ideológicas. Es necesario saber que Freud comenzó su carrera intelectual por la química. Después, por razones de éxito social, dificultades por las que atravesó en la Viena de fin del siglo XIX, se orientó hacia la patología, particularmente la patología de enfermedades mentales. En una carta a su amigo Fliess, posterior al descubrimiento del psicoanálisis, Freud dice que está convencido de que en el futuro las perturbaciones de la sexualidad podrán ser curadas por medios bioquímicos, pero que como por el momento no se dispone de estos medios hay que hacer algo. De esta manera, el psicoanálisis sería, en el espíritu de Freud, una solución de espera ante la falta de medios bioquímicos, que algún día, podrían prevalecer. Estamos aquí ante un materialismo médico. No estamos ante un materialismo dialéctico. La sociedad no entra en juego. Es un materialismo de médico de fin de siglo XIX. Pero este materialismo de fin de siglo XIX, entre los médicos de esta época, aparece como infinitamente ilustrado si se lo compara a ciertas producciones y sub-producciones ideológicas actuales, de las que tendremos oportunidad de hablar. Por lo tanto, el psicoanálisis es el desvío al que hubo que recurrir en ausencia de medios bioquímicos destinados a curar las perturbaciones psicosexuales. Para tratar de evaluar la importancia de las tendencias materialistas y de las tendencias idealistas en la obra de Freud, les propongo considerar, en ella, tres períodos.


 


Los tres períodos de la obra de Freud


 


1) Un período que va de 1895 a 1914; 1895 a 1900: descubrimiento del psicoanálisis; 1900 a 1914: afirmación del psicoanálisis y construcción también de una sociedad de psicoanalistas; por fin, conquista de un público en Austria, en Alemania y, enseguida, en dirección a los EE. UU.


 


2) Un período que va de 1914 a 1934: período en el cual el psicoanálisis ya ha triunfado en un cierto número de sectores y donde Freud va a desarrollar su teoría de la estructura de la personalidad.


 


3) Un último período que va de 1934 a 1939. Es un período trágico: Freud es atacado por un cáncer en la mandíbula del cual morirá; y hay un cáncer de carácter histórico que desborda a la persona de Freud, es el hitlerismo que va a enviar sus tropas a Viena. Freud y sus amigos deberán pagar un rescate muy elevado a los nazis para que pudiera abandonar el país y fuera a morir a Londres.


 


Si retomamos rápidamente estos períodos: en el primer período, Freud descubre la realidad del siquismo inconsciente, pero la descubre no a través de la especulación, no a través de un desarrollo metafísico. Freud llega a la hipótesis del inconsciente en su experiencia como terapeuta, en su experiencia de médico que trata de curar ciertas enfermedades mentales. Es a partir de los síntomas neuróticos, de los sueños y de los actos fallidos, que Freud se libra a la hipótesis de la existencia de un psiquismo inconsciente, más importante que el psiquismo conciente y que le sirve en realidad de infraestructura.


 


Y al mismo tiempo, en relación estrecha con su terapéutica, Freud es llevado a descubrir que el contenido de este psiquismo inconsciente es sexual, es decir que está ligado a los estados de una vida sexual que comienza en el nacimiento y no en la pubertad, en tanto que proceso en el cual el individuo se construye como personalidad singular en relación con una cierta búsqueda del placer. Los grandes descubrimientos de Freud aparecen ya en "La interpretación de los sueños", en 1900. Los grandes descubrimientos de Freud son los descubrimientos de este período: es la fundación del psicoanálisis, que representa un avance hacia una asimilación científica de los procesos psíquicos.


 


La represión, el inconsciente y la sociedad


 


Es interesante evocar en relación con este primer período, el concepto de represión, porque este concepto va a jugar un rol a través de las distintas etapas de la carrera intelectual de Freud. Cuando Freud encuentra la presencia del inconsciente en el tratamiento de sus enfermos, especialmente en los grandes neuróticos, él se plantea el problema de la génesis de este inconsciente. ¿De dónde viene? Freud, en un cierto número de textos, en la"La interpretación de los sueños", en la "Introducción al psicoanálisis" y en "Los tres ensayos sobre la teoría de la sexualidad", responde que el individuo, desde su nacimiento, está dotado de un conjunto de pulsiones, es decir, de un equipamiento animal. La sociedad en la que ocurre, en la que estamos insertos; esta sociedad, a través de la organización familiar, ejerce sobre nosotros un cierto número de presiones. Se nos va a forzar en el ejercicio de nuestros instintos alimentarios, excréticos, sexuales, y estas presiones de la sociedad, ejercidas por la madre y por el padre, van a ser interiorizadas; Freud dice, incluso, introyectadas por la personalidad en formación, de tal manera que ya no vamos a necesitar más del gendarme parental, que nos transformaremos en nuestros propios gendarmes. En esta interacción de la sociedad con sus presiones y de la naturaleza con sus pulsiones, Freud hace dialéctica sin saberlo, como todos aquellos que se han dedicado a una práctica científica verdadera. Y esta dialéctica hace que Freud supere el nivel del materialismo puramente médico, porque hace intervenir la relación sociedad-naturaleza. Entonces, el inconsciente es, en el fondo, el producto de la represión, es decir, el efecto de este proceso a través del cual la sociedad obstaculiza, por ejemplo, nuestras pulsiones incestuosas, homosexuales e incluso heterosexuales, pero de una manera tal que no tenemos conciencia. El rechazo es, él mismo, un proceso inconsciente, generador del inconsciente. Por lo tanto, el inconsciente no es enigmático para Freud, no es misterioso. Se podría decir que hay inconsciente porque hay sociedad. La base real del inconsciente es la explotación del hombre por el hombre y la represión de las fuerzas vitales que resulta de esta explotación, aunque Freud no hubiera ido hasta ahí.


 


La libido y sus dos manifestaciones


 


Segunda etapa: 1914-1934. Se admite que hay un giro en 1914 en la obra de Freud con el artículo: "Introducción al narcisismo". He aquí rápidamente de qué se trata. En el primer período (1895-1900), Freud dice: hay instinto sexual (libido) y también un instinto del yo, del interés, un instinto de conservación. Bien entendido, todas las obras de este período muestran que la potencia de la libido le gana de lejos a la potencia de este instinto de conservación, de este interés. Pero Freud piensa que existe, yuxtapuesto en el inconsciente a la libido. En 1914, Freud constata que, en efecto, la libido puede manifestarse, y se manifiesta, de dos maneras.


 


La libido objetal: el sujeto embiste sobre un objeto; aquella en la cual la libido actúa como un boomerang sobre el sujeto. Uno se ama, y Freud constata que la libido del niño es una libido fundamentalmente narcisista.


 


El amor que el bebé, el muchacho tiene por su madre, es de hecho el amor que tiene por sí mismo a través de la madre. La fase de la pubertad no ha sido atravesada. No hay una verdadera capacidad de inversión objetal; es, de hecho, una sexualidad autoerótica la que está en curso. Entonces, el descubrimiento del narcisismo es una cosa muy importante, porque elimina la hipótesis bastante débil del segundo instinto, la hipótesis del instinto del yo. En realidad, en el inconsciente todo es libidinal. En 1914, Freud ha llegado hasta el final de la explicación por medio de la sexualidad. Pero la libido, si es que tengo derecho a hablar en lugar de Freud, funciona dialécticamente. Comporta una contradicción interna entre su aspecto objetal y su aspecto narcisista. También, a partir del descubrimiento del narcisismo, Freud puede dar una explicación global de la neurosis, cualquiera sea el síndrome neurótico que tenga que enfrentar. Freud puede decir que la neurosis resulta una insuficiencia de la superación del narcisismo infantil. La neurosis es un reflujo hacia el narcisismo infantil, hacia el autoerotismo que se traduce por una incapacidad de inversión objetal. Y es a partir de este descubrimiento que Freud va a llegar a su "segundo tópico", es decir hacia su concepción de la estructura de la personalidad, con las tres instancias que se conocen: el ello, el yo y el súper-yo.


 


El "ello", el "yo" y el "súper-yo" y la dialéctica naturaleza-sociedad


 


En realidad, no hay tal cosa como primer tópico y un segundo tópico. En realidad, hay una tentativa de caracterización del psiquismo, que hace intervenir al inconsciente, al preconciente y a la conciencia. Después, hay una tentativa de definición de la personalidad. Entonces, esta tentativa se realiza según las tres instancias del ello, el yo y el súper-yo. Y encontramos en la formación del yo y del súper-yo, la dialéctica naturaleza-sociedad de la cual ya he hablado. Freud dice "arribamos a la vida con un ello". El ello es nuestro equipamiento pulsional, el que no difiere de un individuo a otro, que es el equipamiento pulsional de la especie.


 


Pero en el contacto con el mundo exterior, es decir, con el mundo social, familiar, se constituye, en la periferia del "ello", una nueva instancia que es el "yo".


 


Por lo tanto, es claramente la dialéctica naturaleza-sociedad la generadora del yo, de la personalidad en formación. Vamos a ver después que, con Lacan, todo ocurre como si estas banalidades no hubieran sido admitidas, como si se las quisiera rechazar. En realidad, el "yo" se segrega a partir del "ello" en el contacto con la realidad social y Freud, dialéctico una vez más sin quererlo y sin saberlo, es obligado a darse un último concepto para explicar que las normas de la sociedad no son solamente sufridas por el individuo sino interiorizadas, introyectadas. Para explicar esta interiorización hay que recurrir a una tercera instancia, que es el "súper-yo", nacida del ideal del "yo". El "súper-yo" es la sociedad, la socialidad más precisamente, que se ha interiorizado en cada uno de nosotros. Es la parte de la ideología (Freud no lo dice pero se lo descubre bastante fácilmente), es la parte de ideología que tenemos en nosotros. Incluso, si queremos destruir la sociedad burguesa, tenemos un "súper yo" burgués, como otros han tenido un "súper-yo" feudal, esclavista, etc. El "súper-yo" de Freud es una tentativa de explicación a nivel de la psicología y a nivel de la formación de la personalidad individual de lo que Marx había ya descubierto, establecido a nivel del devenir socio-histórico y de las relaciones entre las clases constitutivas de la sociedad.


 


Un problema va a plantearse a partir de la estructura "ello/yo/súper-yo". O bien se pretende explicar la personalidad solamente a partir de ella, su formación, su desarrollo, sus deformaciones y su patología, como lo hace la mayor parte de los psiconalistas. En este caso, caemos en el psicologismo. O bien recurrimos al materialismo histórico.


 


A partir de los problemas del segundo tópico freudiano, está la gran cuestión que aún permanece ¿Es que se va a articular el "ello" a la sociedad existente en la cual están aprisionados los individuos? ¿Es que se va a ir hasta el final en la explicación del "súper-yo", particularmente considerando que el "súper-yo" es represivo y que esta represión ha determinado un síndrome neurótico?


 


¿Es suficiente reubicar el "súper-yo" en su lugar o hay que interrogarse sobre la sociedad circundante? ¿No es acaso la sociedad que es patógena? ¿Es que la multiplicación de las neurosis en el período capitalista agonizante de hoy puede simplemente ser explicada por los "súper-yo" que se desarticulan, o debe ser reportada a la sociedad y a los instrumentos de clase de esta sociedad?


 


De la ciencia y la metafísica


 


Aquí se plantea la cuestión principal de la explicación del psicoanálisis por él mismo, por medio del mismo y en sí mismo, de acuerdo a una pretendida autonomía psíquica en la que la mayor parte de los psicoanalistas pretenden no caer, pero a la cual vuelven como el perro de las Escrituras a su vómito, en su práctica y en su concepción verdaderas. Si usted encuentra a alguien que sea diferente, tráigamelo.


 


En su último período, Freud va a librarse a especulaciones. Una de sus selecciones de artículos se llama "Metapsicología"; es bastante revelador. Freud va a tomar partido con relación a su práctica medical, con relación a sus experiencias de terapeuta, y va a librarse a especulaciones en las cuales va a evocar a Schopenhauer, Nietzche y otros. Freud alcanza en este momento una tercera clarificación de los problemas del inconsciente y la sexualidad.


 


Según él, dos fuerzas, dos principios actúan a través de los seres vivos, especialmente los seres humanos. Uno de esos principios lo llama Eros, ya no es más la libido, es de cierto modo la potencia de amor, un poco libidinizada; es el Dios Amor de los griegos que le sirve de referencia. El otro es Tanatos, es decir, la muerte.


 


Freud nos indica que al interior del ser vivo, es decir en el organismo, hay una cierta presencia de lo inorgánico. Claude Bernard había descubierto ya antes que Freud que lo orgánico está hecho siempre de bioquímica, es siempre un hecho físico-químico.


 


Para Freud, esto da lugar a una especulación de acuerdo a la cual al interior de la potencia de creatividad propia de la vida, es decir, el Eros, hay una potencia de muerte que se traduce por el automatismo de repetición.


 


Cuando no somos capaces de superar un estadio de nuestra vida psicosexual estamos condenados a la repetición. Y este automatismo de repetición es la muerte en el corazón mismo de la vida y es lo que llevará al síndrome neurótico, incluso la psicosis. Lo que no es vivido con un mínimo de conciencia está condenando una repetición en la opacidad, en el inconsciente. Entonces, desde siempre y para siempre, Eros y Tanatos están en conflicto y, en este momento, Freud cae en la metafísica.


 


Freud no ha explicado el ascenso del hitlerismo con relación a la burguesía mundial, al capitalismo internacional y al enfrentamiento entre el proletariado y la burguesía; el hitlerismo se transforma, en su pensamiento, en un efecto de Tanatos, un efecto de la potencia de la muerte. Refluimos, por lo tanto, a ideas de carácter metafísico y religioso. El hombre está maldito, esto nunca andará bien y, después de haber subido algunos escalones, uno está condenado a redescender a los abismos.


 


Estas últimas especulaciones freudianas van a afectar el concepto de represión del que ya he hablado. La represión es el resultado de presiones sociales contra nuestras pulsiones animales, es la dialéctica naturaleza-sociedad. Pero si hay una potencia mortífera de lo inorgánico en lo orgánico, hay otra fuente de represión, que ya no tiene que ver con la relación naturaleza-sociedad y que es una fuente absolutamente incontrolable. No se vincula más con experiencias terapéuticas. Nada la puede justificar en la práctica del doctor Freud. También, esta represión "originaria", anterior a la relación naturaleza-sociedad, va a ser uno de los puntos de referencia favoritos de Lacan en su interpretación rectificadora del freudismo.


 


Los límites de Freud


 


Antes de pasar a Lacan, quisiera marcar que los descubrimientos de Freud han tenido límites. Y estos límites hay que precisarlos, sin lo cual se arriesgaría de acreditar al psicoanálisis freudiano una pertinencia que no tiene completamente.


 


El primer límite con que Freud ha chocado es la sexualidad femenina. Hay que tenerlo en cuenta. La niña es pensada por él enteramente con relación al varón. De una manera general en Freud, la mujer es el hombre menos el pene, lo que que hoy aparece como muy ampliamente falso, insuficiente y mistificador. Es importante ver cómo la concepción de Freud ha tropezado con esto.


 


Por otro lado, el segundo límite de Freud, que es un límite cultural, es su "eurocentrismo". Freud ha escrito principalmente un libro muy malo que se llama "Totem y Tabú", que está hecho con indicaciones de la etnología colonial de la época, donde se compara a "los primitivos" con los niños y los neuróticos. ¡Desconsolante! Esto muestra que Freud no pudo salir del sistema cultural del occidente judeo-cristiano. Particularmente en la teoría de Edipo, "piedra de toque" del psicoanálisis, según los propios términos de Freud. La teoría del Edipo demanda o reclama hoy, por lo menos, ser repensada y superada en cuanto a la formulación que Freud le ha dado.


 


El tercer límite es el psicologismo freudiano. Cuando Freud sale de su gabinete, del lugar donde se encuentran el diván y los neuróticos, y cuando pretende esclarecer por medio del psicoanálisis el mundo que lo circunda y su historia, en ese momento Freud cae en el psicologismo y nos da desarrollos ideológicos que no tienen ya nada de científicos.


 


 


 


II. El oscurantismo lacaniano


 


Es bueno recordar que en vida de Freud, el psicoanálisis, la Sociedad de Psicoanálisis, fue sacudidas por polémicas internas y una sucesión de escisiones. Y es bueno recordar que todas estas escisiones tuvieron lugar con relación a la cuestión sexual, a la explicación sexual de las neurosis y, más generalmente, del funcionamiento del inconsciente y la personalidad.


 


Es primero la ruptura de Adler, quien va a evolucionar hacia una especie de psicología social reformista, vinculada con la socialdemocracia austríaca y sus acciones políticas.


 


Las principales corrientes psicoanalíticas fuera de Freud


 


Luego va a ser la ruptura de Jung, quien va a llegar a una interpretación cuasi teológica de lo que él llama inconsciente colectivo, los arquetipos sedicentes que están presentes en nosotros a partir del devenir subterráneo de las civilizaciones.


 


Lo que se separó de la problemática de Freud, se reveló mucho menos vivaz, mucho menos creador que el desarrollo de esta problemática. Hubo un tiempo donde uno se reclamaba de Adler o de Jung. Ese tiempo ya ha sido superado y se puede decir que, a título póstumo, Freud ha ganado; y ha ganado porque, efectivamente, los descubrimientos del psicoanálisis y los descubrimientos del inconsciente y de su contenido en materia sexual perduran, siguen siendo un avance hacia un conocimiento científico del psiquismo, en tanto que las especulaciones de Adler o de Jung han dado la espalda a tal orientación.


 


El psicoanálisis, sin embargo, fue profundamente sacudido por la Segunda Guerra Mundial. Un número importante de analistas era de origen judío-alemán o austríaco. Algunos murieron por el hitlerismo, otros emigraron a Estados Unidos. También el psicoanálisis, después de la Segunda Guerra Mundial, con Freud desaparecido, se transformó en algo diferente al psicoanálisis del tiempo de Freud.


 


Esto quiere decir que ese psicoanálisis, que tiene por centro principal a los Estados Unidos, se transformó en un psicoanálisis de adaptación a la sociedad capitalista en descomposición. Esta degeneración del psicoanálisis a la americana ha provocado un cierto número de críticas. Y precisamente Lacan, en 1953, pronuncia un discurso con mucho eco en el Congreso Internacional de Psicoanálisis en Roma. Este discurso, que en los medios lacanianos se llama el discurso de Roma, es en suma la fundación del lacanismo; se lo encuentra en los Escritos bajo el título "Función y rol de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis".


 


Aparición de Lacan


 


En este discurso de Roma, Lacan se dirige a los dirigentes, a la mayoría americana de la Asociación Internacional de Psicoanalistas y denuncia con mucho sarcasmo el lado "adaptacionista" del psicoanálisis americano. No habla, naturalmente, de burguesía, de degeneración burguesa del psicoanálisis. Dice: el psicoanálisis del otro lado del Atlántico ha degenerado en técnicas de "relaciones humanas", e incluso de "ingeniería humana", del arte de hacer buenas relaciones con fines comerciales, mercantiles, etc.; del arte del condicionamiento de los individuos para que puedan funcionar. Yo digo en el cuadro de la sociedad capitalista. Pero Lacan no va hasta ahí.


 


Esta denuncia de la degeneración del psicoanálisis del otro lado del Atlántico por parte de Lacan provocó, naturalmente, impresión. Y un cierto número de analistas o de gente que navega en torno al psicoanálisis ve en Lacan al hombre que levantó la bandera de la crítica contra el aburguesamiento "yanqui" del psicoanálisis. Pero las críticas al psicoanálisis habían comenzado mucho antes de Lacan. Y si uno tuviera un cuadro se podría mostrar el rol central del psicoanálisis americano y decir que, con relación a este rol central, hubo tentativas críticas, algunas de las cuales pueden ser calificadas de críticas de izquierda y otras de derecha. Porque se puede denunciar a la sociedad burguesa aspirando no a la sociedad comunista y participando de la lucha del proletariado contra esta sociedad, lo que significa una crítica de izquierda. Y se puede también denunciar a la sociedad burguesa actual diciendo que ella está cayendo al abismo y que hay que volver a una sociedad aristocrática con poder represivo, etc. El fascismo es una crítica de derecha. No es suficiente criticar la degeneración americana del psicoanálisis para ser acreditado como un crítico de izquierda, como un crítico revolucionario o una crítica liberadora. La crítica de izquierda del psicoanálisis fue esbozada alrededor de 1923 por hombres como Reich, Marcuse, y Fromm.


 


Los "freudomarxistas": Reich y Marcuse


 


Aunque haya concluido en una impasse, Reich dice en su "Revolución sexual", cosas que son sumamente interesantes. Muestra la expansión de la vida sexual en el período de la Revolución de Octubre y en el período inmediatamente siguiente. Enseguida demuestra que la reacción burocrática staliniana se tradujo en un retorno a la represión sexual, en un retorno a los temas y a las prácticas familiaristas, natalistas, etc.


 


Pero cuando Reich pretende explicar el fascismo, particularmente el fascismo hitleriano, y ve en el tipo "patriarcal" de la familia alemana la fuente del fascismo hitleriano, cae en el psicologismo. Porque esta familia burguesa, esta familia "patriarcal", en el sentido de Reich, se explica a partir de la dominación de clase de los propietarios feudales y los capitalistas, lo que Reich no hace.


 


Reich, por el contrario, invierte la relación real. El ascenso, el "resistible ascenso de Hitler", como dirá más tarde Brecht, se transforma para Reich en irresistible, porque en la estructura fundamental de la familia alemana "patriarcal" ya estaba, en germen, el hitlerismo. Ridículo psicologismo, que no permite enfrentar al hitlerismo y que desarma a las masas con relación a él.


 


Por lo tanto, Reich intentó una crítica de izquierda pero fracasó. Marcuse también intentó una crítica de izquierda, e igualmente fracasó. Llegó, en su estancia en los Estados Unidos, a acusar al proletariado de aburguesamiento y se entregó a los marginales (minorías étnicas, estudiantes, hippies e incluso marginales sexuales), a fin de relevar al proletariado, supuestamente fatigado de la lucha revolucionaria, en la lucha por lo que Marcuse llama la "liberación total". Acá también hay un abandono del terreno del materialismo histórico.


 


Dicho de otro modo, el freudomarxismo nació de una preocupación legítima: la de articular los descubrimientos de Freud con el materialismo histórico, y los freudomarxistas tuvieron razón en plantear el problema. Lo que ocurre es que no supieron tratar científicamente la cuestión y se deslizaron al psicologismo, ya presente en Freud, en la variante de la ideología burguesa de la que se nutrieron hace algunos años, en Inglaterra, y que se llama el "izquierdismo", y particularmente las formas notoriamente descompuestas de este "izquierdismo".


 


Precisemos que Lacan no se ubica para nada en este sector. No se sitúa del lado de Reich y de Marcuse. Por otra parte, Lacan no cita casi a Reich y a Marcuse, salvo una o dos veces, y en términos extremadamente críticos. En mi opinión, la crítica del psicoanálisis oficial por parte de Lacan no es una crítica de izquierda como sí lo es la de Reich y Marcuse; es una crítica de derecha y yo diría, incluso, de extrema derecha.


 


Lacan: una crítica de derecha de base idealista, "estructuralista"


 


Esta crítica, la del discurso de Roma, se expresa particularmente bien en estas citas sacadas del Seminario XI: "el inconsciente está estructurado como un lenguaje". Es el punto de partida lacanista. Lacan nos dice que desde Freud ha ocurrido algo nuevo: los descubrimientos de la lingüística. Los herederos de Freud deberían, entonces, beneficiarse de estos descubrimientos para interpretar correctamente la herencia freudiana. Aquí viene la cita que acabamos de evocar:


 


"La mayoría de esta asamblea tiene algunas nociones de lo que yo he adelantado aquí: el inconsciente está estructurado como un lenguaje que se vincula a un campo que nos es mucho más accesible que en tiempos de Freud. Yo lo ilustraría por medio de una cosa que está materializada en un plano seguramente científico en un campo que explora, estructura, elabora Lévi-Strauss, quien le ha puesto el título de pensamiento salvaje". Lacan nos invita, entonces, para comprender el inconsciente descubierto por Freud, a tomar por base el estructuralismo cuya expresión acabada se encuentra en Lévi-Strauss.


 


Para Lévi-Strauss, hay en el origen de toda realidad humana la potencia combinatoria permanente del espíritu. ¿Qué es este espíritu? Es el punto de partida absoluto. También es misterioso y enigmático, como todos los puntos de partida metafísicos y teológicos.


 


Usted toma el poder combinatorio del espíritu, y a partir de ahí todo se encadena. Esta es la ideología levisstrausiana. Esta potencia combinatoria es generadora de estructuras que uno encuentra en la lengua, en los sistemas de parentesco y en los sistemas económicos, etcétera. Un sistema económico sería el producto, en un momento dado, de la potencia combinatoria del espíritu, y esta potencia combinatoria del espíritu habría engendrado el esclavismo, el feudalismo y el capitalismo. Es siempre la potencia combinadora del espíritu y ella sola la que haría el trabajo en la historia. "El Pensamiento Salvaje" es esta obra donde Lévi-Strauss dice que en el Neolítico no se era menos inteligente que ahora, sino que la potencia dominatoria del espíritu engendraba otras combinaciones. En relación a la continuación de nuestra cita de Lacan, élla es todavía más reveladora.


 


"Antes que toda experiencia, antes de toda acción individual, antes incluso de que existieran las experiencias colectivas que no son vinculantes sino a las necesidades sociales, hay algo que organiza este campo y que inscribe las líneas de fuerza iniciales; es la función que Claude Lévi Strauss nos muestra ser la verdad de la función totémica y que reduce la apariencia, la función clasificatoria primaria".


 


Es lo que yo llamaba, porque así la llama Lévi-Strauss, la potencia combinatoria del espíritu, una potencia combinatoria misteriosa que constituye un comienzo absoluto para toda realidad. Y Lacan concluye precisando:


 


"Desde antes de que se establezcan relaciones que sean propiamente humanas, ciertas relaciones ya están determinadas, están tomadas en todo lo que la naturaleza puede ofrecer como apoyo que se dispone en temas de oposición. La naturaleza ofrece, para decir la palabra, significantes, y estos significantes organizan de modo inaugural las relaciones humanas, las estructuran y las modelan".


 


Entonces, usted ya está advertido, no tenga la idea absurda de buscar la relación entre el animal humano y su medio; no tenga la idea absurda de buscar en la práctica productiva de la especie humana cualquier cosa que explique lo que tenga que ver con el espíritu. Hay una potencia combinatoria que trabaja, no sabemos en qué se apoya ni de dónde viene, etc. Es el puro misterio y, naturalmente, los hechos humanos, la relación entre los individuos, el tejido de las sociedades, son efectos resultado de esta potencia combinatoria misteriosa del espíritu humano.


 


En "Materialismo y Empiriocriticismo", Lenin criticaba a algunos ideólogos de 1908 y los estigmatizaba denunciando lo que en ellos venía de Berkeley, el obispo idealista de Gran Bretaña de comienzos del siglo XVIII. Lenin observaba que Berkeley era un obispo anglicano y lo llamaba siempre obispo Berkeley. Yo me permitiría decir hoy que este obispo, en cuestión de idealismo, era un niño de pecho al lado de Lacan.


 


Ya que para escribir lo que yo acabo de leer, es decir, para explicar que antes de toda relación social, antes de toda existencia psicosocial, real, está la potencia combinatoria del espíritu, hay que ubicarse en la punta extrema del idealismo oscurantista y místico. De tal manera que debemos decir que el obispo Berkeley no era sino un monaguillo al lado de este Papa del idealismo que es Lacan.


 


El evangelio según San Juan de Lacan …


 


Por otra parte, en el discurso de Roma, Lacan se las agarra con Goethe. Como es sabido, el Evangelio según San Juan comienza con la famosa afirmación de que "Al comienzo fue el verbo". En su Fausto, Goethe le hace decir a Mefistófeles: "¿Al comienzo era el verbo? No. Al comienzo fue la acción". Y Marx estaba particularmente atado a esta frase, porque efectivamente, Goethe, pensador burgués, pensador que no podía alcanzar los horizontes de la clase obrera y del materialismo dialéctico, había comprendido, sin embargo, que no era la teoría lo que venía primero sino la práctica. Entonces, al comienzo no estaba el verbo sino la acción. Lacan vuelve sobre este punto, en el discurso de Roma, y dice: "contrariamente a la reversión goetheana, primero está la palabra".


 


Esto significa que la tesis fundamental del lacanismo, a saber, que "el inconsciente está estructurado como un lenguaje", tiene como base no la unidad científica entre la teoría (freudiana) y la práctica (psicoanalítica), sino la vieja fantasía (teológica y metafísica) de acuerdo a la cual el verbo sería el creador de las cosas. ¡Esto es el "modernismo" lacaniano!


 


A partir de acá, Lacan está condenado a una concepción completamente lingüística del psiquismo y de toda la realidad humana. Nos dice, "el inconsciente es el discurso del otro". Esto quiere decir que, actualmente, yo trato de articular ciertas palabras y de utilizar ciertos términos concientemente, pero que atrás hay un cierto inconsciente. El inconsciente como discurso del otro, significa que habría en mí, yo y el otro. De esta manera, se refluye a una teoría de la alienación desvinculada de toda referencia a la explotación, realidad que ni siquiera se le ocurre a Lacan. La explotación del trabajo social sería en esta perspectiva una de las manifestaciones, entre otras, de la potencia combinatoria del espíritu. Ustedes ven porqué no se detiene en esto.


 


En un seminario, Lacan vuelve a Hegel, a la dialéctica del amo y del esclavo, pero únicamente en el plano de una figuración simbólica de la alienación. Dicho de otro modo, estamos alienados, estuvimos alienados y siempre estaremos alienados. Es la vieja canción judeo-cristiana que ha acunado a generaciones y generaciones antes de nosotros, que no estamos obligados a aceptar, pero que nos sigue acunando todavía.


 


… O el deseo precede a la necesidad


 


Agregaría tres cosas para caracterizar la empresa de Lacan.


 


Primero, el deseo, porque éste, éste sí que hace destrozos.


 


No es el deseo lo que causa la conmoción, sino lo que Lacan dice del deseo lo que causa conmoción en cierto sector intelectual, naturalmente en sus "Tres ensayos sobre la teoría de la sexualidad".


 


Freud, parte de constataciones completamente materialistas. Tenemos hambre, vamos a tratar de comer; tenemos sed, vamos a tratar de beber; y en un momento determinado tenemos ganas de hacer el amor, y bien, vamos a tratar de hacer el amor. Para Freud, está la necesidad que es de origen psicológico, después, la vivencia de esta necesidad y la conducta de realización de esta necesidad. Freud no hace ningún misterio acerca de la necesidad sexual. La necesidad sexual se inscribe en el organismo humano, es decir, en un sistema que, cuando conoce un desequilibrio, tiende a hacer lo que corresponde para restablecerlo. Para Freud esto está muy claro, la necesidad sexual está en la base, y el deseo es la vivencia de esta necesidad sexual.


 


Ahora, ¿qué hace Lacan de esto? Lacan invierte completamente la relación. Afirma que el deseo es el resultado de la ley del significante. Puesto que el significante no logra jamás significar suficientemente lo que quiere significar, resulta de esto una especie de tensión puramente espiritual. Y esta tensión no se sabe cómo se agarra y pone en funcionamiento nuestro cuerpo. Para Lacan, no es más el deseo el que resulta de la necesidad sexual, sino la necesidad sexual que resulta no sabemos porqué ni cómo del funcionamiento de la ley del significante que da lugar al deseo. En realidad, esto no es tan enigmático, puesto que antes de Lacan estaban los curas, que se expresaban en forma más vulgar que él para decir lo mismo. Y ya hace dos mil años que los curas dicen alguna cosa sobre el deseo.


 


Ellos dicen que el deseo es una forma de perdición, porque en lugar de desear a tal mujer, lo que se me reclama es desear a Dios y la unión con Dios. Al mismo tiempo, se me invita a considerar que jamás arribaré a saciar mi deseo, porque el único medio sería la unión con el infinito del Creador. Hay toda una cantidad de especulaciones clericales que han llevado a ciertos extremistas a enmascularse en los primeros tiempos del cristianismo. Lacan es esto. Es una especie de beatitud clerical dada en un lenguaje pretencioso, en una jeringoza casi inaccesible, y que finalmente no dice otra cosa que esta pobreza.


 


Toda la concepción del deseo y de la sexualidad en Lacan, es una concepción de origen clerical; son las formas más oscurantistas del cristianismo que nos son vueltas a dar. A Lacan le gusta decir y repetir en los seminarios: "No hay relación sexual". Para él solamente hay masturbaciones paralelas. Claro, la relación sexual puede degenerar en una doble masturbación, y Reich ha dicho cosas también sobre la precariedad de la relación sexual, sobre los peligros de la repetición, de la monotonía, etc. También dijo que la relación sexual existe, aunque no le guste a Lacan. E insistir sobre la negación de la relación sexual es, en los hechos, invertir de una manera idealista la sexualidad y vincularla a estas sedicentes potencias del significante, a la potencia combinatoria del espíritu, de la cual el deseo sería un resultado y de la cual la necesidad sexual sería solamente uno de sus múltiples efectos.


 


… O la mujer no existe (simbólicamente)


 


En otro texto de los Escritos, que se llama "La significación del falus", Lacan se libró a especulaciones sin límites. El significante de los significantes, nos dice, lo habían descubierto los antiguos: es el falo. ¿No hemos caído en el sexismo más vulgar? En realidad, los antiguos es antes que nada la esclavitud. Engels dijo que en el régimen capitalista, la mujer es el obrero del hombre. Esto quiere decir, además, que en el régimen esclavista, la mujer era la esclava del hombre, y que en el régimen feudal, la mujer era la sierva del hombre.


 


Fundamentalmente, la relación entre los sexos reproduce las relaciones sociales de base, es decir, las relaciones sociales de producción que constituyen a la sociedad. Si se dice "el falo es el significante de los significantes", se reproduce la ideología fálica, falocrática, que está ligada a la división de la humanidad en clases.


 


Lacan protesta y dice: "es simbólico", el falo es simbólico. En realidad, si ustedes leen este texto, "La significación del falo", verán que Lacan da vueltas alrededor de la cacerola, para finalmente no salir de la idea fundamental de que el hombre vive en la angustia de perder su pene, y que la mujer, la niña, la joven, vive en la desgracia de no disponer en su cuerpo de un pene. Es el aspecto más oscurantista, más reaccionario del freudismo, que se encuentra utilizado a partir de la ideología filosófica de Heidegger.


 


Lacan dice: "la mujer no ex-iste". La palabra existe, así cortada, viene de Heidegger, más o menos bien traducida por Lacan. Quiere decir que el ser viril se manifiesta en una proyección. Es, pues, un símbolo fálico. Y como la mujer es cóncava, no puede proyectarse. Entonces, no ex-iste. A partir de lo cual, Lacan agrega que la sexualidad femenina es, quizás, el rostro escondido de Dios.


 


Todas estas banalidades clericales están expresadas en una jeringoza que da la impresión de pensamiento, cuando en realidad no piensan nada. Y lo que saca de quicio es ver que hay gente que estima con razón que las mujeres deben luchar por su liberación y que la relación entre los sexos debe cambiar, y que al mismo tiempo se hunde en las especulaciones lacanianas.


 


La forma en que escapan a esto es decir: "es simbólico". Ahora, yo digo, ¿simbólico de qué? Ya que desde que hablamos del falo, y no del símbolo "S", me parece que el simbolismo tiene una significación concretamente determinada.


 


… Y el verbo está siempre al comienzo


 


Tercero. En fin, Lacan se agarra a la noción de la represión original. Para él, la represión no es el efecto de la presión de la sociedad sobre el individuo y sus pulsiones. No es siquiera el automatismo de repetición, no es siquiera lo orgánico presente en lo orgánico. La represión es el hecho de que el significante no llega nunca a significarse completamente. Es el hecho de que nosotros, criaturas, no somos El Creador. No somos Dios, vieja canción clerical.


 


En el espectáculo que dio en la televisión, hace un año y medio, Lacan afirmaba: quién os dice que sea la familia la que engendra la represión, y que no haya una represión mucho más fundamental, que engendra la familia. Por esto, él no se estaba refiriendo a la represión de la clase dominante, sino a la represión en los abismos, una represión en las profundidades tenebrosas del inconsciente, tal como él lo imagina.


 


En fin, la doctrina de Lacan es una doctrina meta-psicoanalítica. Parte del psicoanálisis para llegar a su total ideologización. El lacanismo es una ideología cristiana, clerical, oscurantista, por su referencia al deseo de lo absoluto, al infinito, y por su recusación de la realidad de las relaciones sexuales. Es, al mismo tiempo, una ideología facistizante, porque retoma el tema heideggeriano del hombre como un "ser-para-la-muerte".


 


El lacanismo siente efectivamente la muerte, la de la burguesía. Es una ideología de la burguesía agonizante en la época de la putrefacción imperialista. Los gusanos pululan en el cadáver, es verdad, pero es un cadáver histórico y no un cadáver misterioso, simbólico, según la "ley del significante". Esta ideología clerical y facistizante no intenta siquiera explicar, con relación a la práctica, la formación y el desarrollo del psiquismo. De entrada, se instala en lo misterioso, en lo enigmático, en la represión originaria, en la "ley" inexpresable del significante. Por supuesto, yo sé lo que me respondería Lacan: todo lo que pertenece a la realidad humana, no puede expresarse en un lenguaje. Es verdad, todo lo que se expresa, se expresa en un lenguaje. Pero nada, absolutamente nada, permite concluir de esto, ni autoriza a concluir de esto, que todo lo que existe es lingüístico.


 


Hablar de amor y hacer el amor son dos cosas diferentes.


 


Hablar de producir un objeto y producir este objeto son dos cosas diferentes. El que niegue esta evidencia, tendría que reflexionar, creo, en este aspecto, sobre su estado mental, y más fundamentalmente sobre la naturaleza de la fantasía idealista. En Lacan, esta fantasía va hasta el final: todo es reducido a la expresión, al lenguaje, como en el idealismo de un Berkeley, esta forma extrema y ridícula de la especulación ideológica.


 


 


III. Algunos problemas pedagógicos actuales


 


El lacanismo no es una simple extravagancia. No es sorprendente que Lacan haya producido esto y que haya lacanianos, si se admite que estamos históricamente en lo que Lenin llamó el estadio superior del capitalismo, es decir, el imperialismo, del cual caracteriza los rasgos de parasitismo y putrefacción a todos los niveles, incluso a nivel cultural, y si se admite que vivimos la agonía del capitalismo como decía Trotsky, es decir, la agonía de todo un sistema de civilización, en el cual las fuerzas productivas de la humanidad han dejado de crecer. Hay que constatar que toda la creatividad es la que está cuestionada.


 


La burguesía, ya no está más, hoy, en condiciones de engendrar nuevos sistemas intelectuales. No puede sino repetir sistemas anteriores, oscureciéndolos. El lacanismo, desde este punto de vista, es un síndrome histórico: el de la sociedad capitalista que está reventando, llevado al extremo.


 


¿Qué hay que hacer de Lacan? La interpretación de Freud por parte de Lacan representa una reacción tal en toda la línea, que no hay nada para sacar de ella, salvo la significación histórica que reviste para nosotros esta ideología de podredumbre, de la descomposición y de la muerte. En revancha, hay que volver a los descubrimientos de Freud, con la idea de que estos descubrimientos deben ser articulados al materialismo histórico para permitir a los investigadores encaminarse hacia un conocimiento científico de los fenómenos psicológicos.


 


La cuestión de "los dones" … y el culto de la personalidad


 


Hay una cuestión frecuentemente debatida entre los pedagogos que muestra que, sin referencia a los descubrimientos de Freud, no se puede resolver la cuestión planteada. Me refiero a la famosa cuestión de los "dones". Ustedes saben que gente como Sève se ocupó de estas cuestiones. Sève dice: "los que afirman que vuestro hijo no está dotado, son reaccionarios". En este punto, tiene razón, porque la ideología de los "dones", la ideología de acuerdo con la cual en el nacimiento existirían "dones" que nos permitirían transformarnos en grandes matemáticos, grandes artistas, en tanto que la ausencia de estos "dones" nos llevaría a barrer la basura, es una ideología monstruosa que la burguesía no cesa de utilizar para la defensa de sus intereses de clase. A lo cual se vincula el racismo, que pretende que ciertos pueblos están dotados y otros menos o nada dotados, al igual que el sexismo, que pretende que los hombres tienen una inteligencia práctica y que las mujeres son buenas para las actividades afectivas o emocionales.


 


Todo esto son formas de la ideología burguesa devenidas más virulentas en la medida en que la burguesía entró en decadencia, puesto que en el siglo XVIII había pensadores como Diderot o Helvetius que iban en un sentido inverso, negaban estas sedicentes desigualdades de la naturaleza entre los individuos, entre los sexos y entre los pueblos.


 


Nunca se ha dispuesto, como hoy, de tantos medios pedagógicos para permitir la expansión de la personalidad. Pero nunca tampoco, en la formación de esta personalidad, el despilfarro ha sido tan considerable. Esto se debe a la burguesía podrida, decadente, y no solamente a lo que Sève, en un largo estudio sobre la cuestión de los dones, llama el "poder gaullista".


 


El psicoanálisis nos aporta alguna cosa en este dominio. Nos aporta el condicionamiento biográfico, al que Sève, en tanto que stalinista, prefiere no referirse, porque no puede referirse a una cosa que sería un aporte como el de Freud, que no entra dentro del cuadro del esquema ideológico staliniano.


 


¿Qué es el condicionamiento biográfico? Freud nos dice que, a partir del momento en que nacemos, se desarrolla "una dialéctica" entre nosotros y nuestros padres, nuestro ambiente familiar, etc., a través de la cual nosotros nos construimos. Este condicionamiento biográfico interviene en las tres etapas de la sexualidad infantil. Lo que quiere decir es que, nacidos dentro de una misma familia, los niños van a recibir condicionadores biográficos diferentes, porque su lugar no es el mismo en la familia, y que la relación que se da entre los padres y con los hijos no será la misma según los casos, de acuerdo al rango entre los hermanos y las hermanas. De este modo, el condicionamiento biográfico freudiano nos lleva al problema que yo planteaba al comienzo: o bien el psicologismo, o bien una articulación con el materialismo histórico. El condicionamiento biográfico freudiano es un descubrimiento relativo al proceso de la formación de la personalidad. Pero este descubrimiento no alcanza por sí mismo. El condicionamiento biográfico es un condicionamiento en una familia que pertenece a una clase determinada, que hace que las posibilidades del niño se encuentren ya amputadas o atrofiadas desde el momento mismo en que sale del vientre de su madre, en esta familia determinada que pertenece a una clase determinada.


 


Entonces, Sève, incapaz de integrar los descubrimientos freudianos, oscila entre una "teoría" de la uniformidad del individuo, del igualitarismo abstracto que justifica un cierto rol del individuo en la historia, y ese "famoso culto de la personalidad", que es uno de los conceptos más pintorescos del stalinismo, que pretende explicar lo que nosotros llamamos la reacción burocrática, la degeneración stalinista del partido bolchevique y del Estado obrero de Rusia, por un culto que viene no se sabe de dónde ni porqué, ni cómo, en torno de la personalidad de Stalin, o en torno de la personalidad de algunos jefes, grandes o pequeños.


 


Esta noción de culto a la personalidad, de la cual Sève no ha efectuado su superación crítica, muestra que a partir del stalinismo es absolutamente imposible plantear los problemas de la articulación entre el condicionamiento biográfico y otros descubrimientos freudianos y el materialismo histórico, como método de análisis, en sus estructuras y en su desarrollo.


 


Althuser, Foucault, Louran: "En el comienzo fue la institución"


 


A renglón seguido se plantea la cuestión de las instituciones en su relación con la educación. La educación se desarrolla al principio en una institución que se llama la familia; continúa en una institución que se llama la escuela. La formación y el desarrollo del súper-yo se hacen a partir de la realidad institucional de la familia y de la escuela. O bien uno es marxista y sabe que la realidad misma de la institución pertenece a una superestructura de la sociedad y que, en consecuencia, esta realidad de la institución no puede explicarse más que por la infraestructura, es decir, las relaciones sociales de producción, las clases y la lucha de clases que las expresa; o bien se aísla la institución. Puesto que si Freud lleva en sí un peligro permanente de psicologismo, existen otras teorizaciones ideológicas de la institución, en gente como Althuser o como en Foucault. Estas teorizaciones tratan de la institución separándola de su fundamento, de lo que Marx llamaba la base real de la sociedad, las relaciones sociales de producción, y hacen de ellas una especie de fuerza propia, enigmática en sí mismas. Es acá, repitámoslo, que llegamos a una especie de "o bien, o bien" fundamental. O bien se piensa que la opresión, la represión, son fenómenos resultantes de la explotación de clase del trabajo social; en este contexto se es marxista, o por lo menos se adopta el punto de partida marxista. O bien se cree que la opresión y la represión son fenómenos fundamentales, muy generales, en los cuales la explotación del trabajo es un aspecto, una resultante, un caso particular y en este caso uno le da la espalda al marxismo. Así, la relación maestro-alumno es la que hoy es, porque la base de esta relación es la sociedad de clases dominada por el capital, que es lo que nosotros pensamos. O bien esa relación procede de un "discurso", como dice Lacan, en sí mismo opresivo. Este sedicente carácter opresivo de la enseñanza y del profesor con relación al alumno, existiría independientemente de toda base a investigar en la explotación del trabajo social, en la estructura de clases de la sociedad.


 


Entre, de un lado, las especulaciones althuserianas sobre los "aparatos ideológicos del Estado", las especulaciones de Louran sobre "el análisis institucional", las especulaciones de Foucault sobre el universo carcelario y, de otro lado, el marxismo, hay que elegir. Ciertamente, los fenómenos de los cuales se ocupan Foucault y Louran existen, pero lo que Foucault y Louran retoman es una concepción no marxista y antimarxista que se ha diseñado ya en todas las tratativas anteriores de concebir a la superestructura más o menos independientemente, o por así decirlo de manera autónoma respecto de la infraestructura.


 


Denunciar formas de opresión y represión como relativamente independientes del modo de explotación del trabajo social es retroceder más allá del marxismo y participar del distraccionismo ideológico.


 


De hecho, la insatisfacción de las necesidades de educación, que son inmensas en nuestra época y cada vez más, vividas concientemente como tales, es un dato extremadamente importante. La satisfacción de estas necesidades de educación (cuantitativa y cualitativamente) no puede ser obtenida en el cuadro actual. El modo de producción capitalista obstaculiza absolutamente la satisfacción de las necesidades educacionales fundamentales. En consecuencia, los educadores, munidos de sus aspiraciones y sus ilusiones, buscan una pedagogía "liberadora", como si ella pudiera nacer y funcionar en el cuadro del capitalismo agonizante. En realidad, no vamos a resolver estos problemas por medio de una pedagogía liberadora. Es la Revolución social en el Oeste y la Revolución política en el Este, es la Revolución mundial, destructora del sistema mundial del capitalismo, la que puede abrir la vía a una práctica apta para satisfacer, un día, las necesidades generales y fundamentales de educación que comenzamos a descubrir actualmente.


 


Esta es la razón por la que hoy, la transmisión de los saberes, la contribución a la formación de la fuerza de trabajo, tan atacada por nuestros izquierdistas y ultraizquierdistas, es, en este período oscurantista y de barbarie burguesa creciente, más importante que las llamadas innovaciones pedagógicas, que las llamadas pedagogías autoliberadoras, que no son, en realidad, más que engaños, que colocan a sus seguidores en la impotencia.


 


 


IV. Conclusión


 


Concluyamos brevemente con las ideas siguientes:


 


No existen actualmente ciencias humanas, ciencias sociales, ciencias del hombre y la sociedad. Todo esto son ideologías, son expresiones deformadas e invertidas de las relaciones reales de producción, que se enmascaran bajo el nombre de "ciencias sociales", "ciencias humanas", "ciencias del hombre y la sociedad", etc. Lo que existe hoy es el método y las adquisiciones del materialismo histórico. Y seamos justos, lo que existe son algunos descubrimientos puntuales, algunos descubrimientos parciales, efectuados a pesar de las ideologías que se bautizan a sí mismas como "ciencias del hombre", etc. Existen descubrimientos parciales, puntuales, efectuados por tal o cual economista, sociólogo, historiador burgués, pero que no constituyen un conjunto verdaderamente científico. Por otra parte, no hay que entristecerse, porque el materialismo histórico nos muestra que la explotación del hombre por el hombre en el modo de producción capitalista engendra la opacidad de las relaciones de producción reales; engendra, a través de la ideología, la imposibilidad de captar de una manera científica la realidad social en la cual vivimos. Uno se puede reclamar del materialismo histórico, pero eso no quiere decir que logrará disipar, por sí solo y por un esfuerzo solamente intelectual, la opacidad engendrada por el modo de producción capitalista.


 


No se puede esperar actualmente que por un bello esfuerzo en nombre del marxismo, algunos grandes pensadores hagan una psicología científica o una sociología científicas, una historia o una economía científica, en tanto que el modo de producción capitalista continúe ahí. El materialismo histórico son las bases, es el método, el avance decisivo, pero el materialismo histórico enseña que no es la conciencia la que puede preceder a la práctica revolucionaria. La diferencia entre los marxistas y los no marxistas es que los marxistas saben porqué existe esta opacidad. Sève, hundiéndose en las tinieblas stalinianas, da, en el estudio al cual yo me refería hace poco, ejemplos de la URSS, el país "del socialismo realizado", según él.


 


En su libro "Marxismo y teoría de la personalidad", el mismo Sève se libra a múltiples contorsiones conceptuales para rechazar, no los subproductos oscurantistas del psicoanálisis, sino el freudismo mismo. Y en una obra ulterior, escrita en colaboración con C. Clement y Pierre Brun, nuestro stalinista no va más lejos.


 


En realidad, el stalinismo, en tanto ideología de justificación de la burocracia usurpadora y parasitaria, se ha transformado, desde 1933, en lo contrario del marxismo, cuya terminología utiliza fraudulentamente. Esta ideología burocrática esclerotizada puede modificar ciertas formas de su expresión, puede darse las apariencias publicitarias del "rigor" o de la "apertura". Pero es por naturaleza incapaz de distinguir entre los descubrimientos científicos de Freud y sus prejuicios ideológicos, entre el freudismo y el psicoanálisis degenerado de hoy, cuya expresión más acabada es el lacanismo.


 


Advertimos, contra las maniobras del aparato stalinista y contra el izquierdismo descompuesto, que la educación, su práctica y su teoría, no puede erigirse en sí misma en proceso de liberación individual y colectiva ni en propedéutica a la revolución.


 


Hacer de la revolución un efecto, una consecuencia de la educación, de lo que algunos llaman ahora concientización, es caer en una visión ideológica de las cosas, en una doctrina de la evangelización de tipo cristiano, contra la cual precisamente el marxismo se opone.


 


La educación es, en realidad, un terreno de enfrentamiento entre las clases. Es un sector de actividad de las sociedades en las que vivimos. En lugar de soñar con una "educación liberadora", nos corresponde ayudar a los educadores, en tanto que trabajadores, en su lucha contra la burguesía y el Estado burgués.


 


Frente a las tentativas presentes de la burguesía en vistas del desmantelamiento de la educación pública y de la destrucción de las conquistas educacionales del movimiento obrero revolucionario, los trabajadores de la educación emprenden combates defensivos que, en realidad cuestionan la dominación de clase de la burguesía y la sobrevivencia del Estado. Es acá que se sitúan los verdaderos problemas de la educación y no en las sedicentes innovaciones pedagógicas.


 


Estas "innovaciones" son la forma ideológica detrás de la cual tienden a disimularse las empresas reaccionarias y oscurantistas de la burguesía y del Estado burgués.


 


El progreso en el conocimiento de la formación y el desarrollo de la personalidad y en la realización de las aspiraciones pedagógicas más elevadas, pasa, en nuestra época, por la preparación conciente, es decir organizada, de la revolución proletaria.


 

“La independencia del arte, para la revolución; la revolución para la liberación definitiva del arte” (2da parte)

1896-1996, centenario del nacimiento de André Breton principal inspirador del movimiento surrealista


El surrealismo al servicio de la revolución


 


En enero de 1927, los surrealistas ingresan al partido Comunista francés (PCF). No podía haber peor momento para la toma de tal decisión, al menos desde el punto de vista de las ilusiones que alimentaban. Ese año, después de una prolongada lucha de fracciones, Trotsky es exiliado en Alma-Ata y se profundizan las persecuciones a los trotskistas, que se presentan como Oposición de Izquierda del PC de la URSS. El proceso que Trotsky caracterizó como Thermidor, la reversión de la revolución por una de las alas del partido revolucionario, a semejanza de lo que ocurriera en Francia en 1792 con la caída de Robespierre, estaba en auge. La revolución alemana, gran esperanza de los revolucionarios rusos, había sido derrotada por la falta de iniciativa de la dirección del PCA, concluyendo una secuencia extraordinaria de derrotas de la revolución mundial. Por estas hazañas, Stalin sería apodado por Trotsky, de forma certera, como "el gran organizador de derrotas".


 


En tales condiciones políticas, las relaciones entre el PCF en acelerado proceso de estalinización y el grupo nucleado en torno a Breton no podrían ser sino de crisis total.


 


La crisis en las relaciones con el PCF se hace sentir desde el primer momento. Breton es sometido a un verdadero inquisitorio por los dirigentes partidarios, los que quieren impugnar el surrealismo como "teoría contrarrevolucionaria". En cuanto el poeta procura pacientemente explicar los fundamentos del movimiento, queda patente que los stalinistas están lejos de tener algún interés real en una discusión honesta sobre el tema. Breton es rápidamente colocado en situaciones difíciles dentro del partido, siendo designado a una célula de los trabajadores del gas, donde su acción está cercenada de manera vejatoria. Ingresado en enero, en mayo ya no participa más de las reuniones de célula.


 


Este período, que va desde 1928 hasta 1935, cuando se da la ruptura definitiva con los stalinistas, no obstante, está lleno de realizaciones. Breton publica el Segundo Manifiesto del Surrealismo, donde evolucionan sus posiciones políticas en dirección al marxismo y a la crítica del stalinismo, y varios escritos capitales del surrealismo, tales como Nadja, la Introducción al discurso sobre el poco de realidad, ¿Qué es el surrealismo?, Vasos comunicantes, La Inmaculada Concepción y Revolver de cabellos blancos.


 


La revista la Revolución Surrealista es sustituida por otra, cuyo nombre marca la radicalización política del movimiento, El Surrealismo al Servicio de la Revolución.


 


En 1930, no obstante, el grupo va a sufrir una nueva crisis y una de las más importantes defecciones, en un episodio lamentable.


 


Louis Aragon viaja a la URSS para participar de la II Conferencia Internacional de escritores proletarios y revolucionarios. Al regreso, bajo la influencia del stalinismo, sus relaciones con los antiguos amigos se tornan ambiguas y tensas. En marzo de ese año, a propósito de la publicación de un poema de contenido político, es procesado por incitación al homicidio. Breton sale en defensa de su compañero a través de un panfleto titulado Miseria de la poesía, donde se pronuncia contra el uso de la poesía para fines judiciales y contra el crimen de opinión. Aragón, sin embargo, bajo la influencia de la dirección stalinista, desautoriza públicamente la defensa y se produce la ruptura definitiva. A partir de ahí, uno de los principales integrantes del surrealismo evolucionará como apologista del stalinismo y hará carrera a través del aparato político del PCF.


 


Breton, procura colaborar con el PCF en el terreno literario, pero las relaciones solamente empeoran. En 1930, propone la creación de una Asociación de Artistas y Escritores Revolucionarios (AEAR), que será fundada en 1932 por iniciativa del PCF, pero sin su participación. Aun así, mantiene un trabajo en común hasta marzo de 1933, cuando la política de los stalinistas convierte cualquier colaboración en inviable y Breton abandona toda actividad en la AEAR. En agosto de ese mismo año, a propósito de la publicación de una crítica a la URSS en El surrealismo al servicio de la Revolución, piden una retractación que evidentemente es negada, llevando a su expulsión formal de la AEAR.


 


La tensión en las relaciones no tiene por base solamente los métodos inquisitorios del stalinismo; más bien estos son la expresión de la evolución de la situación internacional, y consecuentemente, de la política interna e internacional de Stalin.


 


En la URSS están en plena marcha las purgas que llevarán a la liquidación física de la vieja guardia bolchevique. En el exterior, el PCA, bajo las órdenes de Stalin, capitula sin lucha ante el ascenso del nazismo al mismo tiempo que sabotea las posibilidades de lucha unificada de la clase obrera contra Hitler en función de la llamada política del tercer período. En Francia, el escenario es francamente reaccionario. Después de la derrota de Alemania, Stalin, aterrado con la posibilidad (convertida en realidad por su política en Alemania) de guerra entre aquel país y la URSS, concluyó el famoso pacto con el reaccionario gabinete de Laval; el futuro artífice del régimen títere del mariscal Petain, preanunciando la política de los frentes populares, o sea de colaboración con la burguesía imperialista. Los surrealistas, y Breton en particular, se oponen frontalmente a esta política.


 


El conflicto va a estallar en ocasión de la realización de un Congreso Internacional de Escritores por la Defensa de la Cultura, organizado por la AEAR para junio de 1935. En las vísperas del Congreso, el escritor ruso Ilya Eheremburg había publicado un texto con las más bajas calumnias contra los surrealistas, donde lo menos que afirmaba era que el surrealismo era una excusa para no trabajar y que todos ellos eran pederastas. Pocos días antes del congreso, el azar colocó frente a frente, en una calle de París, a Breton con el escritor que iría a hacerse famoso por su venalidad al servicio de Stalin. El francés no vaciló, agarró al otro por el cuello y le dio una serie de bofetadas.


 


Los aparatchiks literarios del PCF, hipócritamente, abrirían una gritería contra la "falta de ética" de Andre Breton, intentando impedir la participación de los surrealistas en el evento. Solamente un acontecimiento trágico, el suicidio de René Crevel, en la víspera del congreso, intimidó a los stalinistas y permitió que Paul Eluard leyese al final del encuentro y en condiciones muy precarias, un discurso escrito por Breton donde se condenaba el pacto Stalin-Laval y la política stalinista para la cultura y el arte.


 


Estos dramáticos acontecimientos sellan la ruptura definitiva de los surrealista con los stalinistas en todos los terrenos. Después del Congreso el grupo publicará un manifiesto, redactado por Breton, que condenará abiertamente el cercenamiento del congreso, y también, del mismo modo, el retroceso político y moral de la URSS. El texto será publicado bajo el título Del tiempo en que los surrealistas tenían razón, firmado por veinticinco personas.


 


A partir de ahí, los surrealistas evolucionarán en dirección al trotskismo, participando activamente de la lucha contra la política del Frente Popular, de la defensa del líder exiliado de la revolución rusa, lo que resultará en una fértil colaboración entre Breton y el propio Trotsky, exiliado en México, en el proyecto de la Federación Internacional por un Arte Revolucionario e Independiente, la FIARI.


 


"Total licencia para el arte": El manifiesto de la FIARI


 


La ruptura de los surrealistas con el stalinismo fue el resultado de su evolución revolucionaria y, en este sentido, constituye un fenómeno peculiar en el cuadro de la evolución de la intelectualidad a partir de la década del 30. La mayoría de la intelectualidad en ese momento evoluciona hacia posiciones stalinistas y, posteriormente, hacia una ideología abiertamente reaccionaria como producto de su desilusión con esas posiciones.


 


La aproximación entre el surrealismo y el trotskismo, por otro lado, es muchas veces resumida a la colaboración entre Breton y Trotsky. Este hecho, de la mayor importancia, no obstante, está lejos de agotar el fenómeno. Ex surrealistas como Pierre Naville que en realidad, nunca se apartó completamente del grupo e integrantes de vanguardia del movimiento, como Benjamín Peret, se convirtieron en militantes trotskistas e, inclusive, dirigentes por largos años. En Brasil, los intelectuales y artistas ligados al grupo de Mario Pedrosa, como Patricia Galvao, estaban muy cerca del surrealismo a pesar del predominio del nacionalismo en las huestes del modernismo brasileño, incluso en sus sectores más radicales.


 


En 1938, Breton viaja a México, último lugar de exilio del gran revolucionario, y juntos escriben un documento capital y sin precedentes en la historia de las relaciones entre el arte y la política: el Manifiesto por un Arte Revolucionario e Independiente, que vendría a ser el llamado a la construcción de la Federación Internacional por un Arte Revolucionario e Independiente, la FIARI, un agrupamiento de artistas y escritores que luchase por el carácter revolucionario de la creación artística, y como tal, se rebelase contra las tentativas tanto de la democracia, como del fascismo y del stalinismo, de subyugar y domesticar la actividad artística para sus fines contrarrevolucionarios.


 


Escrito por Breton y corregido a partir de observaciones y discusiones con Trotsky, el Manifiesto, comienza analizando la amenaza que la descomposición del capitalismo, ahora bajo la ficción del fascismo, representa para la civilización humana en su conjunto. Para los autores del documento, la actividad creadora no puede nacer en un contexto de estrangulamiento de la actividad humana, hecho que violaría las leyes específicas de la creación espiritual. En este punto, el manifiesto expone una idea cara al surrealismo, la del azar objetivo, la cual es explicada como una "manifestación espontánea de la necesidad", un concepto claramente marxista: "un descubrimiento filosófico, sociológico, científico o artístico, aparece como un fruto del azar precioso, es decir, como una manifestación más o menos espontánea de la necesidad. No hay que pasar por alto semejante aporte, ya sea desde el punto de vista del conocimiento general (que tiende a que se amplíe la interpretación del mundo), o bien desde el punto de vista revolucionario (que exige para llegar a la transformación del mundo tener una idea exacta de las leyes que rigen su movimiento). En particular, no es posible desentenderse de las condiciones mentales en que este enriquecimiento se manifiesta, no es posible cesar la vigilancia para que el respeto de las leyes específicas que rigen la creación intelectual sea garantizado" (del Manifiesto por un Arte Revolucionario e Independiente).


 


Estas "leyes específicas" están colocadas bajo la presión del fascismo y del stalinismo, cuyo esfuerzo para regimentar a la intelectualidad o más simplemente, para acallar toda manifestación de libertad espiritual representa un serio desafío. Por este motivo "el verdadero arte, es decir aquel que no se satisface con las variaciones sobre modelos establecidos, sino que se esfuerza por expresar las necesidades íntimas del hombre y la humanidad actuales, no puede dejar de ser revolucionario, es decir, no puede sino aspirar a una reconstrucción completa y radical de la sociedad, aunque sólo sea para liberar la creación intelecual de las cadenas que la atan y permitir a la humanidad entera elevarse a las alturas que sólo genios solitarios habían alcanzado en el pasado" (ídem).


 


Nada podría estar más lejos del actual programa democratizante de la intelectualidad en todo el mundo, que considera que la "democracia" capitalista es el ambiente adecuado a la creación literaria: "al mismo tiempo, reconocemos que sólo la revolución social puede abrir el camino a una nueva cultura" (ídem).


 


La lucha por la revolución social está lejos, obviamente, de representar para los autores del Manifiesto una sumisión a la burocracia stalinista, todo lo contrario. Más aún, la URSS de Stalin no aparece como un baluarte de la defensa de la civilización contra la embestida reaccionaria del imperialismo y del fascismo, sino como parte de esta embestida: "Bajo la influencia del régimen totalitario de la URSS y a través de los organismos llamados culturales que dominan en otros países, se ha difundido en el mundo entero un profundo crepúsculo hostil a la eclosión de cualquier especie de valor espiritual. Crepúsculo de fango y sangre en el que, disfrazados de artistas e intelectuales, participan hombres que hicieron del servilismo su móvil, del abandono de sus principios un juego perverso, del falso testimonio venal un hábito y de la apología del crimen un placer. El arte oficial de la época estalinista refleja, con crudeza sin ejemplo en la historia, sus esfuerzos irrisorios por disimular y enmascarar su verdadera función mercenaria" (ídem). La impugnación del stalinismo desde un punto de vista revolucionario marxista se destaca como un clarín en el panorama intelectual del siglo, donde los intelectuales de izquierda creyeron su deber cumplir el papel de instrumento venal de la política de la burocracia del Kremlin cayendo a niveles de bajeza política y moral sin precedentes, como Pablo Neruda que participó del asesinato de Trotsky, Ehremburg, Boris Pasternac y Jorge Amado, en Brasil.


 


En oposición al papel pseudo revolucionario atribuido al nefasto realismo socialista impuesto por la burocracia, el Manifiesto define en su fidelidad a sí mismo el verdadero papel revolucionario del arte: "La oposición artística constituye hoy una de las fuerzas que pueden contribuir de manera útil al desprestigio y a la ruina de los regímenes bajo los cuales se hunde, al mismo tiempo que el derecho de la clase explotada a aspirar a un mundo mejor, todo sentimiento de grandeza e incluso de dignidad humana" (ídem). Para eso, entonces, "La necesidad de expansión del espíritu no tiene más que seguir su curso natural para ser llevada a fundirse y fortalecer en esta necesidad primordial: la exigencia de emancipación del hombre" (ídem).


 


El Manifiesto de la FIARI retoma la idea fundamental del marxismo sobre la literatura y la libertad de pensamiento: el oficio del escritor y de artista como fin, y no como medio. En nuestros días debemos retomar vigorosamente "la idea que el joven Marx tenía del papel del escritor". Es claro que esa idea debe abarcar también, en el plano artístico y científico, a las diversas categorías de productores e investigadores. "El escritor decía Marx debe naturalmente ganar dinero para poder vivir y escribir, pero en ningún caso debe vivir para ganar dinero… El escritor no considera en manera alguna sus rabajos como un medio. Son fines en sí; son tan escasamente medios en sí para él y para los demás, que en caso necesario sacrificaría su propia existencia a la existencia de aquellos… La primera condición de la libertad de la prensa estriba en que no es un oficio. Nunca será más oportuno blandir esta declaración contra quienes pretenden someter la actividad intelectual a fines exteriores a ella misma y, despreciando todas las determinaciones históricas que le son propias, regir, en función de presuntas razones de Estado, los temas del arte. La libre elección de esos temas y la ausencia absoluta de restricción en lo que respecta a su campo de exploración, constituyen para el artista un bien que tiene derecho a reivindicar como inalienable. En materia de creación artística, importa esencialmente que la imaginación escape a toda coacción, que no permita con ningún pretexto que se le impongan sendas. A quienes nos inciten a consentir, ya sea para hoy , ya sea para mañana, que el arte se someta a una disciplina que consideramos incompatible radicalmente con sus medios, les oponemos una negativa sin apelación y nuestra voluntad deliberada de mantener la fórmula: toda libertad en el arte." (ídem).


 


Estas ideas capitales conservan todo su vigor. En aquel momento, la descomposición capitalista se presentaba bajo la forma de un estrangulamiento impuesto por los regímenes totalitarios contrarrevolucionarios de Hitler y Stalin, que parecían detentar toda la iniciativa política, y regimentaban a los intelectuales para sus objetivos ideológicos. En los tiempos actuales, esta situación lejos de haberse modificado se profundizó con el predominio de las tendencias democratizantes del imperialismo. Hoy, la consigna de la democracia es "escribir para vivir y ganar dinero", lo que, con la crisis del stalinismo y la ofensiva ideológica de la burguesía imperialista en descomposición llevó al más completo dominio del mercado sobre la creación artística y toda la actividad intelectual, las que, salvo rarísimas excepciones, no son más que un apéndice de aquella ofensiva.


 


En esta defensa de Total licencia para el arte , relata el propio Breton, Trotsky superó en conciencia libertaria al defensor por excelencia de la libertad en el arte. De acuerdo a su propio testimonio "frente al proyecto inical donde yo había formulado: Total licencia para el arte, excepto contra la revolución proletaria, fue el camarada Trotsky que nos previno contra los nuevos abusos que se podrían cometer con esta última parte de la frase y lo eliminó sin vacilación" (1).


 


Este concepto de libertad total para el arte, está lejos de significar un abandono de la dictadura proletaria. Breton y Trotsky dejan claro que "reconocemos, naturalmente, al Estado revolucionario el derecho de defenderse de la reacción burguesa, incluso cuando se cubre con el manto de la ciencia o del arte" (ídem). El arte no puede ser estrangulado en sus medios y objetivos, pero la política revolucionaria no puede ser regida por las leyes del arte. Por eso, una cosa es utilizar todos los medios para la defensa del régimen de clase, de los intereses de la clase dominante en el Estado revolucionario, esto es, de la clase obrera; y otra cosa es, que el Estado procure imponer a los artistas, escritores e intelectuales una partitura que le es extraña y contradictoria con su propio impulso creador. En este sentido, señala el Manifiesto que "entre esas medidas impuestas y transitorias de autodefensa revolucionaria y la pretensión de ejercer una dirección sobre la creación intelectual de la sociedad, media un abismo. Si para desarrollar las fuerzas productivas materiales, la revolución tiene que erigir un régimen socialista de plan centralizado, en lo que respecta a la creación intelectual debe desde el mismo comienzo establecer y garantizar un régimen anarquista de libertad individual. ¡Ninguna autoridad, ninguna coacción, ni el menor rastro de mando!" (ídem).


 


Más aun. La defensa intransigente de la libertad de espíritu no exime a los revolucionarios de que se preocupen, con el arte y los artistas revolucionarios, de defender sus posiciones revolucionarias en el terreno artístico; el arte, como todas las actividades sociales, además de ser un instrumento de emancipación de la humanidad, es un terreno de lucha para la emancipación humana: "De cuanto se ha dicho, se deduce claramente que al defender la libertad de la creación, no pretendemos de manera alguna justificar la indiferencia política y que está lejos de nuestro ánimo querer resucitar un pretendido arte puro que ordinariamente está al servicio de los más impuros fines de la reacción. No; tenemos una idea muy elevada de la función del arte para rehusarle una influencia sobre el destino de la sociedad. Consideramos que la suprema tarea del arte en nuestra época es participar consciente y activamente en la preparación de la revolución. Sin embargo, el artista sólo puede servir a la lucha emancipadora cuando está penetrado de su contenido social e individual, cuando ha asimilado el sentido y el drama en sus nervios, cuando busca encarnar artísticamente su mundo interior" (ídem).


 


El objetivo político práctico del Manifiesto es el de crear una organización de lucha por estas ideas: "Es hallar un terreno en el que se reuniían, los mantenedores revolucionarios del arte, para servira la revolución con los métodos del arte y defender la libertad del arte contra los usurpadores de la revolución. Estamos profundamente convencidos que el encuentro en ese terreno es posible para los representantes de tendencias estéticas, filosóficas y políticas, aun un tanto divergentes. Los marxistas pueden marchar ahí de la mano con los anarquistas, a condición de que unos y otros rompan implacablemente con el espíritu policíaco reaccionario, esté representado por José Stalin o por su vasallo García Oliver" (ídem).


 


Esta organización será la FIARI, que reunirá a diversos artistas importantes, principalmente en Francia, pero que será rápidamente abortada por el inicio de la II Guerra Mundial (setiembre de 1939) y por el asesinato de Trotsky (agosto de 1940). No obstante, a pesar de su corta duración, la FIARI y la obra conjunta de Trotsky, se levantan como un esfuerzo desde entonces, que contrasta con otras ideologías y fuerzas políticas, un esfuerzo de gran magnitud, por la defensa de la libertad no sólo del arte, sino de toda y cualquier expresión del espíritu humano.


 


El final del Manifiesto realiza una síntesis brillante:


 


"He aquí lo que queremos:


 


La independencia del arte por la revolución;


 


la revolución por la liberación definitiva del arte."


 


 


 


Notas:


1- De un discurso de Breton publicado en Breton-Trotsky, Por un arte revolucionario e independiente, de Valentín Facioles, org.

Para una des-historia de la IVª Internacional

Combats et Debats de la IVª Internationalede François Moreau


Los procedimientos de la degeneración pablista y su encubrimiento por los post-pablistas


 


Como ya vimos (1) , el balance que F. Moreau hace del período posterior al III° Congreso de la IVª Internacional, y de la escisión que le sucede, tiene un carácter derechista.


 


Para este exponente del Secretariado Internacional, luego Secretariado Unificado (SI-SU), el abandono de los planteos "catastrofistas" que hace la IVª a partir de ese congreso, responde al "retroceso" que se operó en la situación mundial y a la "orientación izquierdista (de los partidos comunistas occidentales) en respuesta a la política de confrontación del imperialismo, como se vio en el período de 1947 a 1952" (2).


 


El SU se toma definitivamente toda la cicuta de los argumentos que destruirán políticamente a la IVª, colocando a los que osan levantar un planteo revolucionario en la época como poco menos que virtuales "delirantes" (3).


 


Para imponer esta orientación, el SI, bajo la dirección de Michel Pablo, va a recurrir a procedimientos arbitrarios y totalitarios. F. Moreau justifica esos procedimientos en nombre de "ciertas ideas (dominantes) de la época", y aún más, porque así se "quería combatir las presiones centrífugas que pesaban sobre el movimiento" (trotskista).


 


Esa "concepción organizacional", reconoce F. Moreau, tuvo consecuencias "nefastas", implicó "la imposición de una disciplina al nivel de las instancias de dirección sobre las cuestiones de organización, que obligaba a todos los miembros del SI (por ejemplo) a defender sus decisiones frente a la Internacional" (4). Por esta vía se expulsó a la mayoría de la organización francesa que combatió las tesis pablistas, y más tarde se abrieron todo tipo de intrigas en otras organizaciones.


 


En nombre de las "obligaciones estatutarias", dice F. Moreau, la organización francesa va a ser intervenida poco tiempo después del III Congreso de la IVª. Esa posición del secretario general, Michel Pablo, en el SI, se impone "por una votación de 5 a 4. El dirigente británico, Healy, y el representante del SWP americano, votaron a favor de Pablo, en tanto que Ernest Mandel y Livio Maitán se pronunciaron contra él … (Mandel) fue designado para jugar ese rol" de interventor.


 


F. Moreau nos quiere demostrar así que "felizmente aquella concepción fuertemente defendida por Pablo no pudo imponerse jamás completamente", porque sucederá que los críticos de aquella intervención van a terminar siendo los escuderos de M. Pablo, mientras que los defensores serán sus futuras víctimas. En los dos años posteriores a aquella resolución, van a terminar fuera de la IVª dirigida por M. Pablo, además de la mayoría del PCI francés, el SWP americano y las secciones inglesa (dirigida por Healy), canadiense, china (emigrada en Hong Kong) y suiza, todas las cuales habían votado las resoluciones pablistas del III Congreso. Alrededor de la "Carta abierta a los trotskistas del mundo entero", suscripta y publicada por el SWP en noviembre de 1953, se conformará el Comité Internacional (CI), fruto de las intrigas que en esas organizaciones va a suscitar M. Pablo, y que la Carta denuncia. La misma, que luego van a suscribir todas esas organizaciones, pasó a ser de algún modo su acta fundacional.


 


"El grupo argentino de N. Moreno dice F.Moreau se acercará a él (al CI) más tarde", fruto del fracaso de la orientación pablista que Moreno había aceptado de unificación en la Argentina de las dos organizaciones que se reclamaban de la IVª. Moreno mantuvo hasta 1954 posiciones ultraizquierdistas (5), frente a una política abiertamente capituladora ante el peronismo de Posadas (la corriente de Jorge A. Ramos había roto relaciones ya con la IVª, aunque de algún modo, en su postura ante el peronismo, va a llevar hasta el final, antes que M. Pablo en Argelia, el LSSP ceilanés y Bejar en Perú, la disolución del trotskismo en el nacionalismo burgués).


 


Moreno se reclamó "pablista de la primera hora", como recuerdan correctamente los historiadores del Mas que acaban de editar su segundo tomo (6). Es totalmente falso, sin embargo, lo afirmado allí en el sentido del que la organización morenista "formó parte de él (el CI), desde su carta de marzo de 1953, en la que rompíamos políticamente con Pablo" (7).


 


Esta obra que acabamos de mencionar es útil para indagar también en los ya citados procedimientos. Y dicho por Nahuel Moreno, tiene un valor especial. Refiriéndose a un debate en el III Congreso de la IVª, del que Moreno participa como delegado, declara que "en la cuestión del Frente Unico (antiimperialista) nosotros éramos quienes estábamos equivocados y aprobamos documentos con sendas autocríticas escritas. Estas autocríticas tienen dos objetivos, permitir una real superación del movimiento comprendiendo la causa de nuestros errores y dar un ejemplo, ya que todo el mundo ha cambiado su programa en media hora de discusión sin decir agua va ni agua viene" (8) (!).


 


Según F. Moreau, los procedimientos pablistas, sin embargo, no pusieron en duda el "funcionamiento centralista democrático internacional", y además insiste no tienen "comparación con las prácticas de ninguno de los agrupamientos internacionales rivales".


 


Se refiere así al CI, que no alcanzó "a tener más que una o dos conferencias mundiales", y cuya inconsistencia llevó al poco tiempo (1957) a la reapertura de conversaciones entre el SWP americano y el SI, que llevarán finalmente a la reunificación de 1963, bajo el rebautizado Secretariado Unificado (SU).


 


F. Moreau, abogado en esta causa del SI-SU, alcanza su cumbre defendiendo al pablismo. Peor que los ex-stalinistas devenidos en vulgares democratizantes que reniegan vergonzozamente de su pasado, por lo menos de palabra, el trotskista François Moreau, convertido también a la defensa de la democracia como todo el SU, va a reivindicar, en cambio, toda su trayectoria. La escisión de 1952/53 no habría sido una reacción ante la degeneración de la IVª por limitados que fueran sus alcances, sino un "golpe de fuerza" contra el centralismo democrático, una expresión de la "manía faccional y falsificadora" de los firmantes de la Carta, cuyo "método … toma prestado del stalinismo".


 


El pablismo, agente de la burocracia termidoriana


 


Todo el período que va de la escisión de 1952/53 a la reunificación de 1963 está signado por la descomunal ilusión abierta por los trotskistas del SI en la regeneración de la burocracia stalinista. Como ya vimos, ésta sería un agente del progreso social, y más aún, instrumento de la lucha contra el capital.


 


El glacis soviético (todo el Este europeo desde Polonia y Albania a la URSS) era mantenido por el stalinismo con acuerdo del imperialismo bajo una mordaza totalitaria, sólo comparable al fascismo. El pablismo, como lo había denunciado el trotskista francés Bleibtreau-Favre en su crítica a las tesis de Michel Pablo de 1951, se encontraba sometido a la opinión pública dominante en la pequeño-burguesía, que cortejaba a los imperialismos democráticos y presentaba al socialismo real como su estandarte. Esta posición era complementaria de los acuerdos contrarrevolucionarios de posguerra entre el imperialismo y la burocracia staliniana. Para el SI, la guerra fría había pulverizado aquéllos, cuando en realidad ésta no es más que la vía tortuosa por la cual se pueden vehiculizar los acuerdos entre dos regímenes que, a pesar de su carácter contrarrevolucionario común, tienen una base social antagónica. El pablismo cae, así, preso de una brutal ceguera.


 


Desde mediados de 1953, en el mismo momento en que el glacis amenaza estallar por una imponente movilización popular tras la muerte de Stalin, desde Berlín, Praga y Budapest hasta los campos de concentración del Artico, el pablismo se coloca de espaldas a este movimiento y reniega abiertamente de todos los pronósticos y tesis del trotskismo. El pablismo se va a colocar en el campo de la defensa del ala liberal de la burocracia (Kruschev en la URSS, Gomulka en Polonia) contra el movimiento obrero alzado frente al termidor soviético.


 


En vez de alertar a las masas sobre el peligro de estas fracciones de la burocracia el peligro mayor, en el sentido que se trata del sector reformista que se coloca, incluso, en la posición de cierto coqueteo con las reivindicaciones populares, para poder estrangular al movimiento obrero, como finalmente va a ocurrir, el SI va a contribuir a cimentar la autoridad de esta burocracia, a la que llamará "centrista".


 


En relación a esta cuestión, F. Moreau dice que "reivindicar las reformas no es abandonar la lucha por la revolución. Reconocer que una reforma fue obtenida, no significa darle el apoyo al gobierno que la hizo". De inocente esto no tiene nada. Se trata de un abandono total de la lucha por la revolución política en los Estados obreros, bajo el dominio de una burocracia contrarrevolucionaria.


 


Tempranamente, frente a los levantamientos obreros de junio de 1953, en Berlín oriental, el SI afirmó que "los dirigentes soviéticos están obligados a perseverar en dirección de mayores y reales concesiones, para no correr el riesgo de perder el apoyo de las masas y provocar explosiones más fuertes. No podrán detenerse en el medio del camino" (9).


 


F. Moreau no puede ocultar que en Berlín se dio "la primera salva de la revolución política", pero sin embargo, afirma para justificar la negativa del SI a reclamar el retiro de las tropas rusas de Alemania oriental ¡esto se escribía 40 años después de la masacre de los obreros berlineses!, que "esa consigna, en amplitud, no correspondía para los obreros de Berlín oriental, porque deseaban fraternizar con los soldados del Ejército Rojo y evitar una confrontación prematura".


 


El "SI, en 1956, en plena rebelión de los obreros polacos, saludó el papel dirigente del POUP (el PC polaco) transformado por la tendencia Gomulka, expresión deformada de la tendencia de las masas, pero tendencia centrista que evoluciona hacia la izquierda. Días después, Gomulka lanzaba a la policía contra los huelguistas y estudiantes (los obreros terminarán derrumbando a Gomulka en 1970). Cuando la revolución húngara de 1956, el SI pablista criticó a Imre Nagy (secretario general del PC húngaro, que se coloca a la cabeza de la rebelión, y acabó asesinado por la burocracia rusa) por maniobrar fuera del campo de clase. El campo de clase era … el Kremlin" (10).


 


En este cuadro, no puede extrañar que en las filas de la IVª levantaran cabeza corrientes abiertamente pro-stalinistas. F. Moreau informa, por ejemplo, que en el SWP de los EE.UU. apareció "una tendencia opuesta al levantamiento húngaro y favorable a la intervención soviética, bajo la dirección de Sam Marcy. Esta corriente va a dejar el SWP para formar el Workers World Party (WWP), que existe hasta nuestros días".


 


El Manifiesto del Congreso del SI realizado un año después de los acontecimientos polacos y húngaros el Vº, seguía reivindicando la política del entrismo en los partidos comunistas, y planteaba de hecho su derecho a reintegrarse al movimiento comunista: "Exigid se dirigía a los PP.CC. la reconstrucción de una Internacional Comunista en cuyo seno, en un pie de estricta igualdad, los Partidos Comunistas elaboren en conjunto la línea común que conduzca al triunfo mundial del comunismo" (11). ¡La lucha de León Trotsky y el movimiento cuartainternacionalista, desde 1933 en adelante, quedaba completamente a un lado!


 


Un "número especial" de la Revista Marxista Latinoamericana, de abril de 1958, que editaba el posadismo en Montevideo para todo el continente, consagrado a reproducir las principales resoluciones e intervenciones del Vº Congreso del SI, tenía un prólogo que decía así: la IVª Internacional tiene como "fin … ubicarse no como negación crítica del stalinismo, sino como una alternativa positiva de la línea comunista, en todos los dominios …".


 


¡Todo esto después de las masacres de Berlín y Hungría, y del rápido desvanecimiento de la democratización polaca (Gomulka va a apoyar, a los pocos días de asumir, la entrada de los tanques rusos a Hungría)!


 


La conclusión de toda esta temprana y profunda degeneración llevó al pablo-mandelismo a la elaboración de una tesis, que Daniel Bensaïd recuerda en el prólogo del libro que comentamos, y que nos da la pista de los periplos posteriores del SI-SU: "En un comentario de julio de 1954 sobre la significación del IVº Congreso mundial, Mandel sistematiza así una periodización de la conciencia de clase: la primera ola se caracterizaría por la espontaneidad de las masas, la formación de direcciones empíricas, antes que se profundice un movimiento hacia el marxismo revolucionario: Estas tres características pueden ser resumidas por una sola fórmula: la primera fase de la revolución mundial es la del centrismo, y la aplicación en gran escala de la táctica entrista, decidida a los inicios de los años cincuenta, toma todo su sentido a luz de una perspectiva tal ".


 


Como para esta gente "la conciencia de clase" es una cosa dada para siempre, se trata, en consecuencia, de una fórmula eterna que conduce a reproducir regularmente el mismo mecanismo de parásito. El marxismo ha sido transformado así en un fetiche de fórmulas y reglas que sirven para justificar los acontecimientos. De su función histórica como guía para la acción de las masas e instrumento para vencer los obstáculos, no quedan ni rastros.


 


Pasada por el tamiz de la crítica, la obra de F. Moreau es una monumental radiografía de esta labor mistificadora, de destrucción de la IVª Internacional.


 


Descomposición rampante


 


Por considerar insuficiente la adaptación del SI a la burocracia termidoriana, a principios de los 60, se va a producir la escisión de la corriente posadista, que controlaba la mayoría de las secciones latinoamericanas (el seguidismo de Posadas al stalinismo no tuvo prácticamente parangón, transformándose en un apéndice de éste, aun bajo la secta que concluyó en nuestros días). Años después, se produce la escisión también del mismo Michel Pablo.


 


Respecto a la primera, F. Moreau va a hacer, una vez más, un balance por derecha, culpando en particular a la sección cubana orientada por Posadas de "críticas irresponsables" al régimen castrista, que "comprometieron las posibilidades de discusión y acercamiento con la dirección de la revolución cubana, en pleno proceso de definición programática y estratégica". Es decir, las víctimas de la represión castrista serían sus responsables, por una injusta crítica que, por tanto, justifica la represión.


 


Es lo mismo que va a hacer el SU, casi 20 años después, en oportunidad de la revolución nicaragüense, frente al morenismo (otra corriente rastrera del nacionalismo y del stalinismo, que mamó del pablismo, al igual que el posadismo). El SU se va a colocar, también, junto a la represión sandinista contra la Brigada Simón Bolívar un contingente de militantes de esta corriente que se sometió política y militarmente al sandinismo, y que casi sin haber entrado en combate, va a ser expulsada del país ni bien asume el gobierno chamorro-sandinista.


 


(En el caso de la revolución nicaragüense, el SU va a llegar muy lejos, reivindicando los acuerdos de paz en toda Centroamérica. F. Moreau va a expresar esta identificación con la estrategia política del FSLN, que "hizo posible la conclusión de acuerdos circunstanciales con las fuerzas burguesas incluso a nivel gubernamental en el cuadro de una estrategia revolucionaria de conjunto, que desembocó en la formación de un Estado Obrero y en su consolidación". ¡Esto era escrito en la misma época en que la coalición de la UNO, burguesa e imperialista, desplazaba democráticamente del Estado … obrero al comandante Ortega!).


 


Respecto a la escisión de Michel Pablo, quien va a terminar fuera del SU en 1965, y más tarde rompiendo con la idea misma de la necesidad de la IVª, ésta va a tener lugar, básicamente, como resultado de dos procesos: por un lado, la tendencia a la reunificación burocrática de la IVª, con el SWP y el morenismo, reclama un cambio de cara que permita justificar la maniobra. (La misma estará pavimentada en las posiciones comunes de la mayoría de los reunificados en torno a la idealización del castrismo con la parcial excepción del morenismo, que inicialmente tuvo la misma posición que el lambertismo y Healy, caracterizando al castrismo como un movimiento gorila, de raigambre derechista y proimperialista) (12).


 


Michel Pablo va a llevar hasta sus últimas consecuencias sus planteos, liquidando hasta la existencia formal del movimiento trotskista. Fue necesario que esto llegara muy lejos para que el SI reaccionara, lo que hizo temerosa y vergonzozamente. Desde hacía mucho tiempo Michel Pablo "jugaba dice F. Moreau un rol personal importante como consejero del gobierno de Ben Bella", el líder nacionalista que pactó con De Gaulle la independencia de Argelia. La acusación tardía de esta situación sirvió al SI, a su vez, para esconder sus responsabilidades en Argelia, donde ni siquiera pudo poner en pie una organización formalmente trotskista, dado que el ex-secretario general se negaba a la posibilidad "de construir un grupo argelino", dadas sus funciones oficiales.


 


Cuando estalla el conflicto chino-soviético, en 1963, con enfrentamientos armados entre ambas burocracias, según explica F. Moreau, el SI vira hacia las "posiciones más progresistas" de la burocracia maoísta, que reivindica frente a "la conciliación (de la burocracia soviética) con el imperialismo, en detrimento de las revoluciones anticoloniales". La burocracia china había reclamado, antes que nadie, la invasión soviética a Hungría, e iba a ser la principal responsable del estrangulamiento de la revolución en Indonesia, por el sometimiento del PC prochino al régimen nacionalista de Sukarno (probablemente, la derrota más grande de un movimiento nacionalista en la década del 60). Más tarde, esta burocracia va a sellar los famosos acuerdos con Nixon, que abrirán tempranamente a China a la mayor colonización imperialista de los Estados obreros, jamás conocida hasta el presente.


 


M. Pablo y su tendencia (la TMRA), en cambio, frente al conflicto entre ambas burocracias, van a dar su apoyo al PCUS contra el PC chino. F. Moreau reconoce que "las posiciones que él (M. Pablo) defendía ahora sobre la URSS, identificaban la revolución política con el movimiento de reformas kruschevianas".


 


Contemporáneamente a estas dos escisiones, se va a producir, en 1964, la expulsión del SI del Lanka Sama Samaja Party (LSSP) de Ceylán (hoy Sri Lanka), por su "degeneración reformista", según F. Moreau. Esta "había sido la principal sección de la IVª Internacional en los años cincuenta y la única que disponía de una influencia de masas". Ese año va a ingresar a una coalición gubernamental con el principal partido nacionalista burgués del país, lo que conduce al SI a esa medida.


 


Pero esta degeneración, reconoce F. Moreau, viene de muchos años antes, a partir de "una rutina parlamentarista". "Ya en 1960, la fracción parlamentaria del LSSP había votado a favor del presupuesto" del partido gubernamental, con el que luego se va a coaligar.


 


El SU no sólo es incapaz de detener la degeneración, sino que, al igual que en Argelia, ve diluirse bajo sus pies a sus partidarios sin poder hacer nada.


 


Pero aun en "este triste episodio de la historia del trotskismo", F. Moreau no pierde oportunidad de atacar a quienes "retardaron la reunificación de 1957, llevando la pesada responsabilidad de haber debilitado la Internacional durante el período crucial de la evolución reformista del LSSP". ¡Los culpables de la degeneración estarían así absueltos! Además, esos errores serían inevitables, según F. Moreau, ¡si hasta el "partido bolchevique conoció esas presiones", y encima estaba "el obstáculo lingüístico, que le impedía (al SI-SU) dirigirse directamente a la base del LSSP"!


 


La evolución posterior del SU es más conocida. Al viraje guerrillerista, que llevó al derrumbe político y físico de toda una generación revolucionaria en América Latina (y cuyos principales exponentes van a terminar dando la espalda a la IVª Internacional sobresale, en este punto, la experiencia del ERP-PRT de Santucho en la Argentina), le siguió la orientación apologética del fenómeno eurocomunista, usina de todas las teorías partidarias del socialismo con democracia. Es decir, de la liquidación de la lucha por la revolución social bajo el capitalismo, y de la abolición del monopolio definitivo de los medios de producción en los Estados obreros, a favor de la apertura. En esta convergencia está, también, la simiente de la postura abiertamente favorable a la perestroika y la glasnost que defendieron el SU y el mandelismo, que los llevó a capitular en toda la línea frente a la burocracia restauracionista. ¡Si según el SU, en Nicaragua hay … Estado obrero, cómo sorprenderse que aún sigan afirmando la existencia de ellos en todos los Estados detrás de la ex-cortina de hierro, en los que la burocracia se ha transformado en el principal factor de la restauración capitalista y de la más terrible degradación social!


 


Ambos procesos, el viraje guerrillerista y luego, el planteamiento eurocomunista, al igual que la postura previa filo-staliniana, no deben sorprender. Como caracterizó en su momento el Partido Obrero, todas estas posturas tienen el denominador común de girar en torno a la opinión predominante de la pequeño-burguesía y la desconfianza en la acción revolucionaria de la clase obrera. En su lugar, el SI-SU van a colocar a las nuevas vanguardias, que constituirían primero los estudiantes, luego los movimientos feministas y/o ecologistas.


 


A partir de 1973, el SU va a saludar prácticamente todos los acuerdos contrarrevolucionarios que, bajo el manto protector del imperialismo mundial, se les impone a las masas en lucha, con la complicidad de sus direcciones traidoras. Entonces, como recuerda F. Moreau, la mayoría del SU apoyó los acuerdos de París entre Kissinger y Ho Chi Minh, que mantenían la división contrarrevolucionaria de Vietnam, y que van a ser barridos por el ascenso imparable de la revolución indochina, que expulsa a los yankis de toda la península.


 


El SU va a apoyar, más recientemente, los acuerdos contrarrevolucionarios que llevaron al Congreso Nacional Africano al gobierno, manteniendo todas las prerrogativas de la minoría blanca que implantó el apharteid, y después, los acuerdos de Oslo para Palestina, que refuerzan la opresión sionista en Cisjordania y Gaza, bajo la Autoridad del policía Arafat.


 


En la Historia de Pierre Frank, escrita pocos años después de la reunificación, el SWP americano era presentado aún como uno de los grandes partidos trotskistas. Veinticinco años después, en la obra de F. Moreau, se informa que el SWP abandonó el movimiento trotskista, pasándose abiertamente al campo del castrismo. Para el SWP, éste "era la mejor dirección comunista y el núcleo del nuevo movimiento comunista internacional en el que el SWP se inscribía". "El SWP dice F. Moreau teoriza sobre la necesidad de una etapa democrática, es decir capitalista, volviendo así a las concepciones mencheviques o, en el mejor de los casos, a las bolcheviques anteriores a 1917".


 


La lectura crítica de la obra de François Moreau debe servir para un examen de nuestra tarea presente. La reconstrucción de la IVª Internacional está en el orden del día, pero está claro que no existen atajos. La labor de poner en pie el programa revolucionario no puede ser sustituida por ninguna maniobra, exige el mayor esfuerzo de deliberación y delimitación política.


 


 


 


Notas:


 


1. En Defensa del Marxismo nº 15.


2. Pierre Frank, en 1968, en la obra ya citada, decía, por ejemplo, que "en los países capitalistas propiamente dichos se produjeron fenómenos harto sorprendentes … Un capitalismo que había perdido sus colonias y más floreciente que nunca, con una clase obrera casi exclusivamente preocupada por su nivel de vida y sin aspiraciones políticas …".


3. Es lo que dice textualmente F. Moreau del PCI, la organización trotskista francesa, cuando ésta caracterizó la huelga general de 1953 de "haber puesto a Francia al borde de la revolución proletaria".


4. El texto entre paréntesis es del original de F. Moreau. En adelante, como lo hicimos en la primera parte de este texto, de no mediar indicación en contrario, todo texto entre paréntesis dentro de un párrafo encomillado es nuestro.


5. Ver Julio N. Magri, "Apuntes a la Historia del trotskismo argentino" y "Otra historia morenista del morenismo", en En Defensa del Marxismo, Nros. 2 y 10, y Osvaldo Coggiola, Historia del trotskismo argentino, CEDAL, tomos I y II.


6. El trotskismo obrero e internacionalista en la Argentina, Palabra Obrera y la Resistencia (1955-59), Editorial Antídoto, 1996.


7. Id. ant. Los autores ni se tomaron el trabajo de chequear las fechas; en la misma obra dan, después, la fecha correcta de la Carta. Este lapsus, con todo, es sólo una minucia en relación al ocultamiento y la mistificación de la historia de esta corriente, cuyo primer tomo ya fue analizado por esta revista (Ver nota 5). Este segundo tomo supera con creces las imposturas del anterior.8. De un informe de N. Moreno de la época, que los autores reproducen en el primer tomo de la obra: El trotskismo obrero e internacionalista en la Argentina, Del GOM a la Federación Bonaerense del PSRN (1943-1955), Editorial Antídoto, 1995.


9. Declaración del SI de 1953, citada por Osvaldo Coggiola, en Trotsky, Ontem e hoje, Nosso Tempo, 1990.


10. Osvaldo Coggiola, Op. Cit.


11. Revista Marxista Latinoamericana Nº 8, número especial, abril de 1958, Montevideo.12. Es con el mismo fin, que en el Congreso de unificación "los estatutos fueron modificados para poner fin al hipercentralismo de los años cincuenta, particularmente suprimiendo la posibilidad de la Internacional de nominar las direcciones nacionales y reconociendo la soberanía de las secciones sobre las cuestiones de táctica nacional" (F. Moreau).

Olvidados por el Marxismo (Milcíades Peña – Silvio Frondizi)


Horacio Tarcus ha escrito "El Marxismo Olvidado”, un libro cuyo propósito es, según su propio autor, “inventar una tradición" argentina de intelectuales marxistas críticos, contrapuestos a los "intelectuales orgánicos” ligados a los partidos (1). “Inventar" (siguiendo a Hobsbawm, dice Tarcus) en el sentido de que las tradiciones “no son meras supervivencias del pasado en el presente, sino construcciones hechas desde el propio presente sobre el pasado”. Para crearla, Tarcus elige a Silvio Frondizi y a Milcíades Peña, a quienes considera arquetipos de intelectuales marxistas “outsiders, enfrentados con el conjunto del arco político cultural”. Para Tarcus fueron “olvidados” y hoy no son patrimonio de ninguna de las “tradiciones reconocidas en el campo del pensamiento izquierdista argentino”. Tarcus se asombra y se queja por el “olvido" en que los dejó el mundo académico, pese a que él hace uso de muchos de los aportes, de Peña en particular.


Para Tarcus, ellos comparten un “marxismo crítico” y hasta un “ajuste de cuentas con el trotskismo argentino”, también una “visión trágica del mundo contemporáneo” y hasta un trágico destino: Peña se suicidó a los 32 años, en 1965, y Frondizi fue asesinado en 1974 por la Triple A.


 


Fracaso y marginación


 


El primer problema del libro es este propósito inicial. Un intelectual marxista es, por sobre todo, un militante de la causa de los explotados, un organizador revolucionario del movimiento obrero. Ya Marx había señalado, a poco de romper con la izquierda hegeliana, que la tarea del intelectual revolucionario no consiste en interpretar al mundo sino en transformarlo. O para decirlo en los términos del propio Marx —que usa Tarcus—, en la praxis. En los propios casos elegidos por Tarcus, de Peña y Frondizi, sus mejores momentos han coincidido con sus esfuerzos militantes por construir y participaren la construcción de una organización revolucionaria. Sólo el fracaso de estos propósitos los lleva a quedar marginados de una militancia orgánica; en ningún caso es una elección consciente y voluntaria. Tarcus, que presume de historiador, ni siquiera se preocupa por entender y explicar las circunstancias históricas de estos fracasos, integrarlos como un aspecto del desarrollo de una con-ciencia y una práctica revolucionarias y superar las limitaciones que llevaron a estos fracasos. Esa sería una manera de construir una verdadera tradición marxista, siendo además fieles a sus objetivos revolucionarios. Hacer un culto del fracaso, erigirlo en “programa” y pretender “inventar” una tradición con ello, es inevitable que conduzca también al fracaso.


 


El culto al fracaso es el eje del libro y su principal conclusión. “Ni la visión de Frondizi ni la de Peña organizan el pensamiento según certezas ni se constituyen ellos en modelos ‘positivos’ para armar linajes, que cohesionen fuerzas políticas según líneas de acción claras y definitivas" (2). En realidad, la verdadera tragedia de Peña, como de Frondizi, fue el fracaso en sus pretensiones de construir o de colaborar para poner en pie organizaciones revolucionarias. La tragedia de Tarcus es pretender hacer de estos fracasos una tradición y hasta un programa. Este carácter desmoralizado y derrotista del planteo queda en evidencia desde el vamos. Tarcus señala: “Es posible que los años 90 permitan esa recuperación (de Peña y de Frondizi pues)…ya no hay espacio para la euforia militante. Acaso la contundente evidencia de la derrota que se vive en estos desconsolados 90 permita un acercamiento más apropiado a esta tradición".


 


Intelectuales y partido


 


Tarcus va a partir de un axioma que constituye su propia versión de la "tragedia nacional”: “la relación de los intelectuales marxistas argentinos (sic) con las direcciones políticas fue siempre tensa, y colocaba a los primeros en un dilema costoso: quedarse en las filas del partido para ilustrar teóricamente la línea oficial bajo la tutela de la dirección, o alejarse a producir en libertad al precio de un aislamiento gravoso… los intelectuales marxistas argentinos de esta época liberan sus potencialidades creativas cuando, no sin dificultades y costos graves, logran romper con las estructuras políticas que los constriñen”. En 1993, Tarcus había adelantado estos mismos planteamientos en un artículo (3). Como señalaba acertadamente Osvaldo Coggiola al comentar un pasaje de ese artículo, "quien crea que estas palabras se ajustan como anillo al dedo a la relación entre el stalinismo y la intelectualidad de izquierda, se llevará una gran desilusión… pues Tarcus se refiere al conjunto de los partidos de izquierda ‘desde el viejo Partido Socialista hasta la más pequeña organización trotskista, pasando desde luego por el poderoso Partido Comunista “(sic)” (4). Y continúa Coggiola: “Se prescinde pues, de la diversa base de clase y de los diferentes (y a veces hasta opuestos) objetivos políticos e históricos de dichos partidos, para caracterizarlos en común como enemigos iguales de la actividad intelectual 'en libertad’, y esto vale tanto para los que defendían los campos de concentración stalinistas y rompían huelgas en la Argentina, como para los que luchaban contra esos campos y desarrollaban una actividad clasista en el movimiento obrero".


 


Ya que se ha mencionado la crítica de Coggiola, digamos que Tarcus se esfuerza por criticar a Coggiola… pero no sabe cómo hacerlo. Ignora la crítica al argumento central de “El Marxismo Olvidado", que Coggiola formulara en el artículo antes mencionado, y aunque se refiere a él por lo menos veinte veces en su largo libro, no lo cita nunca (y no son citas las que faltan en el libro). Pero si quiere criticar a Coggiola, ¿por qué no se refiere al único texto en que Coggiola se ocupa de él? Tarcus le atribuye a Coggiola cosas que éste no dice. Según Tarcus, Coggiola habría enjuiciado a Peña y a Frondizi “desde la perspectiva de un presunto trotskismo ortodoxo”, “apelando a la clásica fórmula adocenada según la cual son intelectuales pequeñoburgueses”. ¿Dónde y cuándo Coggiola reivindicó la “ortodoxia trotskista”? Más adelante, Tarcus dice que Coggiola estaría “disgustado” (sic) porque Peña habría puesto en cuestión “el supuesto izquierdista (que sería el de Coggiola, AR) de que la clase obrera es ontológicamente revolucionaria”. Tarcus se atribuye aquí el don de leer el pensamiento y hasta de percibir las emociones de los demás. Se trata no ya de un intelectual pequeñoburgués, sino de un pequeño- burgués intelectualmente irresponsable.


Hecha esta digresión, volvamos a Peña y a Frondizi. Tarcus afirma que “Peña y Frondizi… eran los intelectuales orgánicos de un partido inexistente”. En sentido estricto, esto no es verdad (¿qué fueron el Mir, Praxis, las sucesivas organizaciones morenistas?). Admitámoslo en sentido genérico (eran grupos u organizaciones pequeñas que no llegaron a ser partidos): ¿qué queda entonces de la “tensión intelectual/partido” que presidiría la trayectoria de ambos? Nada, pues faltaba uno de los términos de la contradicción. O si no, eran "precursores intelectuales” de un futuro partido —algo así como los Plejanovs argentinos—, con lo que toda la base de la “tragedia” (libertad intelectual versus disciplina partidaria) se cae como un castillo de naipes. En resumen, Tarcus ni sabe de lo que habla.


 


Tarcus no se preocupa por ubicar históricamente ni por caracterizar con un criterio de clase a los “intelectuales" a los que se refiere. De ese modo, aparecen formando parte del equipo de los creativos libertarios junto a Peña y Frondizi, figuras como Puiggrós y Laclau, que devinieron intelectuales “orgánicos” de la burguesía después de sus rupturas con el stalinismo y la “izquierda nacional”, respectivamente. Tarcus extraña, en realidad, una tradición de marxismo académico, no militante ni partidario, por eso glorifica a los Puiggrós y Laclau, naturalmente que sin aportar ninguna evidencia de que tengan algo que ver con el marxismo ni durante su paso por los “partidos” ni cuando rompieron con ellos. Al comienzo del libro Tarcus se lamenta de que “a diferencia de lo ocurrido en otros países, el marxismo argentino no ancló en las universidades”.


Detrás del ataque a los opresivos aparatos partidarios, el blanco principal de Tarcus son las pequeñas organizaciones trotskistas a las que dedica sus más despectivas observaciones: “El trotskismo orgánico, partidario, nunca dio muestras de orientar una política intelectual destinada al estudio de la historia argentina, la estructura de clases de su sociedad, o sus tradiciones políticas… el trotskismo vernáculo fue, de las corrientes políticas argentinas, el más renuente a concebirse a sí mismo como una tradición política o cultural local… su esfuerzo por destacar un internacionalismo militante, lo condujo a instituirse imaginariamente como continuidad pura y simple del bolchevismo internacional… el desencuentro entre la tradición trotskista y la historia es un fenómeno no sólo local sino mundial”.


 


Quizás ésta sea la causa por la cual, a pesar de que Peña y Frondizi son identificados hasta el presente como “trotskistas”, no hay en las 450 páginas del libro de Tarcus ninguna referencia a la IVa Internacional, su historia, su organización, sus divisiones y sus debates. Los diversos autores que se han ocupado del asunto — Robert Alexander, "Trotskysm in Latín América", “International Trotskysm Pierre Frank, “Historia de la IVa Internacional”-, Livio Maitán, “Apuntes a la Historia del Trotskismo en América Latina”— sí se ocupan de las corrientes políticas de Peña y de Frondizi y hasta de sus personas. Livio Maitán, dirigente del Secretariado Unificado de la IVa Internacional, se entrevistó con Frondizi, en viaje a la Argentina en los años 60. El propio Tarcus transcribe fragmentos de Peña en los que éste reivindica el "trotskismo ortodoxo", ignorando que ésa era la denominación de lafracción internacional en la que se encontraba la corriente morenista (el “Comité Internacional" y su “Slato": Secretariado latinoamericano del trotskismo ortodoxo). La historia y posiciones de la IVa iluminan diversos aspectos de las trayectorias de Frondizi y Peña: al despreciarlas, Tarcus revela desprecio por sus propios biografiados.


 


Como señalara Coggiola en el artículo antes citado, “la artillería de Tarcus tiene un blanco preciso, pero es una artillería leve: no consigue sino repetir el cliché histórico del nacionalismo contra el internacionalismo marxista (preocupación con la lucha de clases mundial, en detrimento del conocimiento de la realidad y tradiciones nacionales, que el nacionalismo separa meta- físicamente de las internacionales), que fue también el pretexto de todos los marxistas pasados con armas y bagajes al nacionalismo o al peronismo” (5).


 


Inventando” la biografía: Peña


 


Para sostener sus tesis, Tarcus se ve obligado a deformar e "inventar” (esta vez no en el sentido de Hobsbawm sino en simple castellano) la propia biografía de sus elegidos, a desmerecer sus esfuerzos militantes y presentarlos como trágicos fracasados que sólo se liberaron al romper con la militancia.


 


En el caso de Peña, la tesis de que liberó su fuerza creadora a partir de romper con el “partido” es insostenible. Como relata Coggiola (6), “Peña fue un precoz militante trotskista. En el primer congreso del POR (liderado por N. Moreno), en diciembre de 1948, ya encontramos a Radio (seudónimo de Peña) como delegado, cuando debía contar entre los 16 y 17 años… Sin duda es ya desde esa época uno de los principales (si no el principal) teórico. En 1956 teoriza, desde las páginas de Estrategia, el 'entrismo orgánico' en el peronismo de la corriente morenista, de la que se desvincula orgánicamente hacia 1957, manteniéndose políticamente solidario con ella”.


 


Sólo mediante una arbitraria y prejuiciosa dicotomía, Tarcus va a pretender escindir la obra política de Peña de sus creaciones “intelectuales” (no políticas). Llega incluso a presentar a Peña como un escriba. El artículo de Peña en Estrategia, que según Tarcus es “la más sólida justificación teórica de la táctica entrista del grupo morenista” (tiene un) “carácter de escrito 'por encargo’, o a lo sumo de trabajo nacido, antes que de la conclusión necesaria de su propia concepción histórica sobre el peronismo, de la solidaridad política y afectiva con el que había sido su grupo político”. Tarcus utiliza esa dicotomía para presentarla como “la tensión entre el intelectual revolucionario y el intelectual orgánico del partido, entre el antiperonismo de Peña y el ‘peronismo-trotskismo’ de Radio (su seudónimo en el morenismo) había llegado a su punto máximo". Tarcus ni se interroga sobre las razones de esta tensión, pues ya tiene su esquemita pre armado, es la tensión entre el intelectual creador y el partido opresivo, y su solución liberadora, romper con “el partido". En realidad, como ocurre a lo largo de todo el libro, los verdaderos problemas comienzan allí donde Tarcus los deja. Develar esa contradicción, explicar las circunstancias políticas en las que se desplegó, permite comprender el enorme valor y a la vez los límites de la obra de Peña, a la luz de la propia historia y las limitaciones de la corriente política en la que se formó y en la que militó.


Hay páginas francamente cómicas. En 1956 Peña publicó un folleto: "Profesores y revolucionarios. Un trotskista ortodoxo responde al profesor Frondizi", criticando sus posiciones políticas, su “movimientismo”, su “personalismo’, etc., Tarcus se pregunta: ¿cómo se pudo llegar a una confrontación de este tipo?”, de la cual “no resultan evidentes las razones de aquel trágico desencuentro’’, etc. Peña escribió, como militante de su corriente, contra el dirigente del Mir-Praxis, exponiendo claramente sus divergencias: para Tarcus, éstas no tienen importancia, lo que revela que no se toma en serio ni a Peña ni a Frondizi. No se trata de un “desencuentro”, sino de una divergencia. Pero Tarcus tampoco formula la pregunta como lo haría un historiador (¿por qué motivo se publicó el folleto, en aquella oportunidad, en esa circunstancia?). Y se mete a pontificar sobre sus “diferentes idiosincrasias", diversos orígenes familiares, la “arrogancia paternalista de Frondizi”, “el resentimiento de Peña, el advenedizo”, e idioteces semejantes que no vienen al caso. En el folleto, según Tarcus, “Peña se nos presenta tironeado internamente entre Moreno y Frondizi, entre el partido y la teoría”. Como no hay nada en el folleto que pruebe semejante “tironeo”, cabe suponer que Tarcus incorporó el ectoplasma de Peña en 1956, como en el candomblé. Todo esto es absurdo y revela que Tarcus, so pretexto de biografía, se limita a incorporar sus pobres prejuicios presentes en dos intelectuales revolucionarios del pasado.


Tarcus, que se declara ferviente admirador de la obra histórico intelectual de Peña y, en especial, de sus aportes en relación a la caracterización de las clases dominantes argentinas, escinde metafísicamente estas elaboraciones de su rol como militante de una corriente política trotskista, y de la lucha política e ideológica para imponer esta concepción enfrentando a las variantes stalinistas y nacionalistas, que efectuaban la apología del liberalismo burgués en un caso (stalinismo) y del peronismo en el otro. Tarcus va a presentar aislada y deformadamente sus aportes a la investigación marxista de la historia argentina. Tarcus afirma que “Peña termina por desvincularse definitivamente del grupo morenista entre 1958 y 1959”. Pero resulta que los trabajos históricos fueron “escritos por Peña durante los años 1955 a 1957”, tal como informan los propios editores póstumos de su obra. Uno de sus principales discípulos y editor de sus obras, Jorge Schvarzer, sostiene en la presentación del propio libro de Tarcus (7) que todo lo que viene escribiendo sobre la burguesía industrial argentina “no hacía más que decir, de manera reiterada, renovada, actualizada, en otro lenguaje, lo mismo que Milcíades Peña había dicho en 1957". 


 


¿Dónde queda, después de esto, la famosa creatividad que Peña habría adquirido después de su ruptura con el “partido"?


 


En realidad, el único verdadero “aporte” de Peña posterior a su ruptura con el morenismo es su tesis sobre el "quietismo y conservatismo" de la clase obrera argentina, que publica en la revista Fichas en 1964. Pretender, como hace Tarcus, que con esta tesis Peña demuestra su ruptura con el morenismo y con el "entrismo”, es por lo menos unilateral. En realidad debemos considerar esas tesis como un esfuerzo desmesurado por salvar lo que se pudiera de su pasado fervor “entrista”. Es que con la tesis del “quietismo" Peña elude el balance sobre la responsabilidad de la izquierda, del trotskismo y, en particular del morenismo, donde militó tantos años, en la derrota sufrida por el proletariado en ese período, y en el reflujo posterior, achacando la responsabilidad a cierta naturaleza “conservadora" de la clase obrera argentina. El morenismo había ingresado al peronismo y había militado “bajo la disciplina del General Perón” desde 1956 (duró hasta 1964). Durante ese período, no sólo atacó a quienes intentaban desde otras posiciones una política clasista en el movimiento obrero, sino que llegó al extremo de acatar la orden de Perón de votar por Frondizi en 1958, estrangulando todo el esfuerzo de la resistencia obrera al golpe gorila del 55. Esta posición fue tan rabiosamente capituladora, que ni siquiera pudo explicarse por la presión del supuesto "atraso político” de las masas. Pese a la orden de Perón (apoyada, además del  morenismo, por el PC), un millón de trabajadores votaron en blanco (una cifra enorme para los padrones de la época). Al apoyar a Arturo Frondizi, stalinistas y morenistas facilitaron la recomposición del Estado y desarmaron a la vanguardia obrera, que se enfrentó valerosa,  combativa pero políticamente en forma desorganizada, a la ofensiva antiobrera, privatizadora y entreguista del frondicismo (que no por nada es reivindicado por el menemismo). Así fue como se llegó a la huelga general semiinsurreccional de enero del 59, que es derrotada por el frondicismo, que instaura un régimen de terror contra el movimiento obrero (Plan Conintes) y que lleva al reflujo posterior. Peña, en medio del reflujo, desprecia a la clase obrera, a la que acusa de aburguesamiento porque había logrado un nivel de consumo superior al de los demás trabajadores latinoamericanos (pero sin reconocer tampoco que no fue un simple don del cielo, como pretende Peña y avala Tarcus, sino que fue el resultado de una vigorosa lucha, desplegada especialmente entre 1942-46 y toda vez que la burguesía amenazó con quitar esas conquistas; algunas de las cuales, aunque muy devaluadas, continúan hasta hoy). De todos modos, si en Peña es por lo menos comprensible su visión de una clase obrera quietista durante el reflujo, ¡qué se puede decir de Tarcus, que conoce perfectamente que sólo cuatro o cinco años después de escritas las tesis de Peña, el mismo proletariado “quietista" y especialmente el del "alto consumo”, el proletariado de las fábricas automotrices de Córdoba, iba a inaugurar con el Cordobazo de 1969 un ciclo de características espectaculares en lo que hace a la combatividad del movimiento obrero, que va a durar hasta el golpe militar de 1976!


 


En relación a la obra histórico política de Peña, a sus valiosos aportes y limitaciones, debemos tener presente que cuando Peña se incorpora, el morenismo estaba marcado por un profundo sectarismo de características antiperonistas: Perón era caracterizado como agente inglés y oligárquico, al igual que los demás movimientos nacionalistas de la región (Moreno llegó a apoyar el golpe gorila y rosquero contra el nacionalista Villaroel en Bolivia, que inauguró el famoso sexenio negro que va a culminar con la revolución boliviana del 52). Para el morenismo de ese entonces, el 17 de octubre fue un movimiento demagógico motorizado y controlado por la policía. En ese ambiente se formó el joven Peña, que va a demostrar sus mejores virtudes en sus implacables combates contra stalinistas y nacionalistas burgueses (incluidos los ex trotskistas devenidos alcahuetes del nacionalismo como Ramos). Frente a los primeros va a demostrar el embellecimiento que hacía toda la historiografía stalinista glorificadora de la línea liberal Mayo Caseros para anclar a la burguesía ‘democrática’ en una “tradición" pertinente, usando la terminología de Tarcus (el stalinismo apoyó a la proimperialista Unión Democrática del 45). Peña también va a denunciar a los “revisionistas”, que tras el embellecimiento del supuesto linaje "nacional” de Rosas y hasta de Roca, pasando por Yrigoyen, van a desembocar en el apoyo incondicional y desembozado al peronismo.


 


La fuerza de Peña va a residir en mostrar los rasgos parasitarios de la burguesía argentina, la profunda ligazón y entrelazamiento con la oligarquía y el imperialismo, su falta de agallas para emprender una efectiva resistencia al imperialismo y su postración ante él.


Su falta de autonomía y de voluntad industrialista y su acomodamiento parasitario a los superbeneficios de las ventajas naturales del país (la pampa). Pretender colocar estos análisis al margen del esfuerzo por desarrollar una corriente política trotskista revolucionaria es desmerecer lo que el propio Peña hizo y buscó hacer conscientemente, para inventar otro Peña, un “intelectual" con añoranzas académicas al gusto de Tarcus.


 


Es la propia formación de Peña la que permite ubicar sus limitaciones, en particular su comprensión unilateral del impacto de las crisis y de la lucha de clases; por un lado, en la estructura de la clase dominante, así como en sus consecuencias políticas y en sus efectos en el desarrollo del movimiento popular y la diferenciación política de la clase obrera. Peña desmerece el significado de la crisis de 1890 y la de 1930, que a su tumo van a dar lugar al radicalismo y al peronismo. Si bien es correcto caracterizar sus limitaciones, no pueden ser identificados con los partidos conservadores en el primer caso, y con el gorilismo en el otro. Esto también lleva a una unilateral visión de la intervención de las masas en esa crisis, y del 17 de octubre, como protagonismo popular y de intervención de la clase obrera en todo el período del 43/46, y luego en el período 55/59. En este segundo período, el morenismo ya había pegado un profundo viraje que Peña acompaña y hasta ayuda a justificar teóricamente (el “entrismo” en el peronismo).


 


Silvio Frondizi


 


En relación a Frondizi, Tarcus fuerza de un modo casi grotesco su ubicación como marxista, desde el momento que el propio Frondizi jamás pretendió serlo. Frondizi, en sus momentos de mayor influencia (1955-1965), se consideraba en forma mesiánica un factor de síntesis superadora de los movimientos existentes (peronismo y antiperonismo, marxismo y humanismo, stalinismo y trotskismo), pero de ningún modo reconocía una filiación que lo identificara y lo comprometiera con un movimiento práctico determinado. En ese sentido, si bien Silvio Frondizi reconoció haber recibido influencias marxistas y trotskistas, de ningún modo se lo puede calificar de marxista. El propio Tarcus lo encuadra entre los marxistas humanistas, es decir, los antecesores del  eurocomunismo y del restauracionismo gorbachoviano. Frondizi, de lo que se ufanaba, era de no ser encasillado ni como marxista ni como trotskista.


 


Pero aun este aparente modelo de independentismo termina siendo la mejor demostración del absurdo de la tradición de fracasados que quiere inventar Tarcus. Porque Frondizi deambuló durante años en el medio académico e intelectual, pero tuvo un solo período de cierta influencia, desde mediados de la década del 50 a comienzos de la del 60. Esto coincidió, y no es casualidad, con su intento, por más limitado que fuese, de construir una organización política revolucionaria. Al fundar Praxis, Frondizi no abandona sus veleidades. Los militantes lo llamaban profesor y ellos se consideraban sus discípulos. Pero ante el empantanamíento de las principales corrientes de izquierda de la época tuvo una virtud, lo que determinó su momento de mayor influencia: supo desmarcarse de las ilusiones que despertó el frondicismo (de su hermano Arturo) en la pequeña burguesía, que se volcó tras el apoyo de Perón a esa candidatura en las elecciones de febrero de 1958 (incluyendo, como ya se vio, al grupo morenista —con Peña incluido— como al Partido Comunista). La pequeña organización liderada por Silvio Frondizi criticó duramente ese alineamiento y llamó a votar en blanco, coincidiendo con esa enorme masa de trabajadores peronistas que así lo van a hacer.


 


Este período es importante también porque coincide con la revolución cubana, que aportaba una superación al ciclo revolucionario de la década del 50 (Bolivia, revolución obrera estrangulada; Guatemala, movimiento nacionalista pequeño burgués derrotado). La oportunidad de Silvio Frondizi, al igual que lo ocurrido con las elecciones del 58, provenía menos de sus virtudes que de los tremendos errores de los demás. No olvidemos que el PC no sólo apoyó a Arturo Frondizi, sino que caracterizaba a las guerrillas castristas como aventureras (en su momento, el PC había sido aliado de Batista durante la segunda guerra mundial). El morenismo, por su parte, además de haber votado a Frondizi, cargaba con su entrismo en el peronismo y, como consecuencia, consideraba a Batista como el Perón cubano y a Fidel como el golpe gorila contrarrevolucionario. Frondizi, que tempranamente salió en defensa de Fidel y hasta se pronunció por el socialismo, incrementó con esto su influencia en los medios estudiantiles.


 


Como Tarcus huye de la lucha de clases como de la peste, evita cualquier balance político y se pierde este rico período que va a desembocar en la huelga general de enero del 59. Ricardo Napurí, dirigente peruano que en ese entonces era uno de los principales activistas de Praxis y dirigente sindical, recuerda con nostalgia, en un reciente artículo en Página/12, sus sugerencias a Silvio Frondizi, en ese período, para incorporar trabajadores frente al partido de “cuadros”  estudiantiles e intelectuales que pretendía Frondizi. Silvio Frondizi, sin embargo, no fue  consecuente con sus propios logros, y también sucumbió a la presión movimientista properonista. Al poco tiempo se orientó hacia un movimientismo progresista. Tras sucesivas rupturas, terminó postulando un trabajo vecinal en los barrios y disolviendo su grupo político a comienzos de la década del 60. 


 


Suicidio y asesinato: una tragedia moral


 


La cuestión del suicidio de Peña y de la muerte de Frondizi, asesinado por la Tripie A, ya supera el  nivel de las divergencias políticas para convertirse en una cuestión de moral revolucionaria. Es miserable comparar el asesinato al suicidio y casi presentar al asesinato como un suicidio, como si lo correcto en el caso de Silvio Frondizi habría sido abandonar el país y exiliarse como sugiere Tarcus. En la presentación del libro publicado por El Rodaballo, su sobrino, Marcelo Frondizi, destaca el carácter militante de Silvio al permanecer en el país. Porque si seguimos el  razonamiento de Tarcus, ¿los que seguimos militando éramos suicidas y teníamos una visión trágica del mundo? ¿Y Fisher y Búfano, militantes de Política Obrera y dirigentes fabriles asesinados por las 3A, eran suicidas también? Es indudable que a Tarcus no sólo le falla la comprensión histórica de la huelga general del 59 y de la etapa previa al Cordobazo. Tampoco tiene la más remota idea de la Argentina del 74/76 y en especial de las condiciones que permitieron la emergencia de la huelga general de junio-julio del 75, que expulsó a López Rega del gobierno y que abrió una de las experiencias más ricas de lucha de la clase obrera contra el peronismo en el gobierno, aunque hubiera terminado en derrota. 


 


La trayectoria y la obra de Milcíades Peña y de Silvio Frondizi plantean un gran problema histórico: el de la formación de una intelectualidad revolucionaria en la Argentina, en condiciones de dominio político del movimiento obrero por el peronismo, y de la intelectualidad de izquierda por el stalinismo. Peña y Frondizi fueron, junto a otros, creadores de una tradición intelectual y política que se manifestó de diversos modos. No fueron "olvidados” sino que fueron superados. Para salir de ese cliché —creado por la voluntad simiesca de Tarcus de parecerse a Michael Lowy—, Tarcus tendría que haberse planteado este gran problema histórico e investigarlo … algo que no realiza porque está más preocupado en proyectar sobre el pasado, su mezquindad política e ideológica presente.


 


 


Notas:


1. Horacio Tarcus, El marxismo olvidado en la Argentina; Ediciones El Cielo por Asalto, Buenos Aires. 1996, p. 21 (salvo indicación en contrario, todas las citas corresponden a este libro).


2. Horacio Tarcus, en Página ¡2,21/12/96.


3. “La visión trágica en el pensamiento marxista argentino: Silvio Frondizi y Milcíades Peña”, en la revista “El cielo por Asalto” N* 5, Otoño 1993.


4. O. Coggiola, “Trotskismo y 1hnguedia en En Defensa del Marxismo n° 6, julio de 1993. 


5. Ídem anterior.


6. Osvaldo Coggiola, El trotskismo en América Latina (1960/1985); CEAL, Buenos Aires, 1986.


7. Ver El Rodaballo n° 5 verano 1996/7.